Natalia Álvarez Simó. Universidad de La Laguna.
Debray
Comenzaré analizando el origen de nuestra cultura de la imágenes.
Si revisamos la Historia, no daremos cuenta que desde las sepulturas del
Auriñaciense, las mastabas menfitas e Hipogeos de Egipto, las estelas
mesopotámicas, las plañideras de la cerámica griega
o las catacumbas cristianas... el arte ha nacido funerario .No cabe duda
de que desde un punto de vista histórico el nacimiento del arte
mantiene una estrecha relación con la muerte y todas sus manifestaciones.
De algún modo podemos decir que el arte nace de las tumbas.
Desde un principio la imagen ha nacido como presencia de la ausencia,
un intento de luchar contra el paso del tiempo y su inmediata consecuencia.
Este intento de detención de lo inevitable se fijaba mediante la
realización de la imagen, y dentro de su seno permanecía
retenida la vida. De esta forma la representación se nos muestra
como un acto llevado a cabo para poder ejercer un control sobre lo ignoto.
Este control se manifiesta mediante la objetualización que es lo
que hace posible desembarazarse del doble. La piedra aprisiona lo podrido,a
la descomposición de la muerte se opone la recomposición
de la imagen.
Es la muerte la que lleva a la pulsión plástica y a la
pulsión religiosa, al cuidado de la sepultura y al trabajo de la
efigie. Así como el sudario copto fue nuestra primera tela, la momia
es el cadáver hecho obra. Como diría Debray: <<La tibia
disecada del santo reclama el relicario, y el oratorio, y a su vez la peregrinación
y todo lo que viene después Del mismo modo el exvoto reclama el
retablo, el díptico, el fresco y por último el cuadro .Así
se pasa del amor de los huesos al amor al arte>>.
Occidente posee dos mitos que nos hablan del origen de la pintura,
uno es el de Narciso y el segundo es el de Debutash, me centraré
en este último ya que posee una estrecha relación con la
muerte.
Plinio en su Historia Natural nos narra el estado primitivo de la pintura
de la siguiente forma <<consistía en circunscribir con líneas
el contorno de la sombra de un hombre >> Esta etapa tiene su origen en
el siguiente relato <<la hija de un alfarero estaba enamorada de
un joven guerrero que iba a dejar la ciudad: la muchacha fijó con
líneas su contorno sobre la pared a la luz de la vela>> .De esta
forma la representación artística remite al estadio primitivo
de la sombra. La muchacha al dibujar la sombra consigue crear y retener
la imagen del amante, así se va creando una figura de sustitución,
es decir hace presente lo ausente. La sombra real se marcha con el viajero
que morirá en la batalla, mientras que el contorno de esta sombra,
fijado en la pared eterniza una presencia bajo la forma de imagen, consolida
un momento. En la víspera de la partida del amado es cuando la hija
del alfarero fija la imagen de su amante sobre la pared, de forma que la
verticalidad de la imagen, símbolo de viveza, exorciza el peligro
de muerte.
También en la literatura clásica encontramos otra forma
de retener la muerte: es la escena de Penélope en su telar, tejiendo
día tras día las imágenes con las que podrá
diferir la respuesta a sus pretendientes, nos ofrece el relato fabuloso
que se halla en el origen de cualquier relato. Hablar o tejer para no morir.
Deliberar para no tener que pronunciar la palabra definitiva. Devanar el
flujo de las imágenes, como ovillos, para escapar al rigor mortis.
Mientras nazcan imágenes de la canilla, mientras Sherezade prolongue
las palabras con palabras para adormecer la furia del rey, la muerte queda
aplazada. Gran relato augural de la génesis de las imágenes.
Diferir la muerte dejando correr el relato, recrea la mirada en la
imagen. Para conseguirlo, cualquier estratagema es buena. Así, Penélope
deshace de noche lo que ha tejido de día, sobre una tabula rasa
en la que bordar lo que nadie antes había imaginado. Ahora bien,
lo que teje Penélope día tras día, para matar el tiempo,
burlar la atención de los pretendientes y distraer su propia espera,
recordémoslo, no es una imagen cualquiera, se trata del hermoso
sudario de Laertes, padre de Ulises.
Todas las sociedades, independientemente de su trato con la muerte poseen
formas sepulcrales que demostraban su relación con la muerte. Sin
embargo, es en nuestra civilización en la que ya no saben construir
tumbas, se abre la posibilidad de rechazar este final escogiendo la incineración
como opción, es en esta elección donde la muerte parece estar
liquidada de una forma más completa. Se ha producido un rechazo
hacia la muerte, se ha expulsado de la sociedad y se intenta esconderla
para creer que no existe, es la muerte de la muerte lo que se fermenta
ha comienzos de la Modernidad.
Pero si la imagen arcáica surge de la tumba es como rechazo
de la nada y para prolongar la vida. Si la vida es el conjunto de fuerzas
que resisten a la muerte, el ornato es la primera muestra contra la muerte,
el arte es vitalidad, alegría, exhuberancia, vida. La representación
combate contra la muerte mostrando la viveza más absoluta, pero
lo que el siglo XIX introduce es la expulsión de la muerte.
A lo largo de la historia del arte han existido diferentes géneros
en los que su tema central estaba constituido por la representación
de la muerte, como las vanitas... donde era sometida, controlada, no solo
a través de las artes sino también de los ritos y la religión.
La muerte quedaba comprimida en el mundo de los sueños, de los fantasmas,
es decir en el imaginario, pero el miedo en el siglo XIX se hace tan terrible
que sobrepasa el umbral de lo indecible, se aparta y se huye de ella comenzando
a ocultarse bajo la apariencia equívoca de lo bello. La muerte de
la muerte golpea la imaginación, debilita nuestro sentido de lo
invisible, comienza a equipararse a un accidente. Poussin decía
<< la belleza es el terror domesticado>> pero ¿qué
ocurre cuando la muerte se hace salvaje?, no hay lugar para un género
de la muerte.
Una vez expulsada la muerte de su reino, es imposible de controlar,
se hace salvaje penetrando en la realidad, es entonces cuando los objetos,
las cosas más familiares se nos hacen extrañas, inquietantes.
La muerte ha traspasado las fronteras y se ha instalado en nuestra vida
cotidiana, no hay necesidad de imágenes de vida, aquello que dio
origen al arte cuando la muerte ha sido expulsada.
Estas tres ideas básicas, la expulsión de la muerte, la extrañeza de lo cotidiano y la falta de necesidad de imágenes que reflejen viveza, las encontramos recogidas por el máximo crítico de arte y teórico de la Modernidad, Baudelaire. En su texto sobre la Exposición universal de 1855 nos comenta la obra de uno de los pintores más venerados en la Francia del momento, Ingres. En su descripción habla de una sensación compartida por todos aquellos que habían acudido al gabinete del pintor:
<<esta impresión dificil de caracterizar, que tiene en sus proporciones algo, maléfico algo molesto y terrible hace pensar vagamente, involuntariamente en los desmayos causados por el aire rarificado por la atmósfera de un laboratorio de química o por la consciencia de un medio fantasmático yo diría más bien un medio que imita a lo fantasmático; de una población automática que altera nuestros sentidos por su muy visible y palpable extrañeza >>.
Baudelaire nos habla de extrañeza relacionada con lo fantasmático
y lo automático relacionado con Ingres, estandarte de la pintura
académica de la Francia del XIX, es significativo que Freud utilice
el término inquietante extrañeza para definir las obras de
Hoffmann pobladas de autómatas y fantasmas.
En 1919 Sigmund Freud, publica un texto que ha sido paradigmático
a la hora de deslindar lo siniestro de lo fantástico. Freud empleó
el término alemán Unheimlich (traducido como "lo siniestro"
o "la inquietante extrañeza") que posee un significado ambiguo.
Es decir, con él, Freud hace referencia a lo que permanece oculto,
pero también a lo que es conocido. Para la teoría psicoanalítica,
el ser humano siente una profunda angustia ante toda emoción reprimida
que retorna.
Este concepto aparece como comentario a una de las novelas más
representativas de la literatura fantástica El hombre de
arena de Hoffmann.
El sentimiento de "inquietante extrañeza" provocado por los relatos
fantásticos se debe a que despiertan en nosotros una creencia, deseo
o temor que existió en nuestra vida infantil y que después
fue reprimido. Por una parte se trata de una impresión extraña
que surge en nuestra vida psíquica y la perturba como si se tratase
de un elemento nuevo y por otra parte es algo familiar porque se relaciona
con las raíces más profundas de nuestro ser; se trata de
algo que ha salido a la luz pero que no debía haber salido de tal
modo que su salida supone la transgresión de una prohibición
y provoca angustia. Las novelas de Hoffmann estan pobladas de autómatas,
como la Olimpia del Hombre de Arena, o su cuento titulado Los
autómatas donde lo inquietante se produce en la confusión
de los vivos y los muertos. Cuando no hay una división clara entre
el más allá y el más acá, se agudiza la confusión
entre lo vivo y lo muerto, es entonces cuando aparece esa inquietante extrañeza.
En este sentido, lo siniestro se produce cuando se desvanecen los límites
entre la fantasía y la realidad, cuando lo conocido conduce a lo
desconocido, pero sin fronteras ni límites, de manera que lo ignoto
no opera como un mundo aparte respecto a lo familiar sino que acaba
constituyendo su perfecto reverso(1). Así
pareció entenderlo Alfred Kubin, dibujante austriaco que publica
la novela fantástica La otra parte en 1906 cuando concluye
las notas de su autobiografía diciendo: <<Mis pensamientos
continúan como siempre girando alrededor de lo desconocido y sin
embargo, familiar naturaleza de mi vida de este mundo>>.
Su universo está construido con una larga retahíla de
visiones, alucinaciones, de destrucciones y de muerte. La muerte adquiere
muy diversas caras en los dibujos de Kubin. Unas veces coexiste con la
vida a veces se antropomorfiza, a veces es gentil, otras se muestra cómica
La muerte patinando, donde arropada con todos los aditamentos adecuados
se dedica a patinar en una pista de hielo como un individuo más.
Son muchos los dibujos de Kubin donde se muestra la cara más dura
y salvaje de la muerte. La muerte se ha vuelto sucia y negativa.La medicina
del siglo XIX, cuando se afirma en la tesis según la cual la muerte
no existe en sí, ésta se convierte en negatividad. La personalidad
que se le reconocía al muerto desaparece, de la bella muerte se
pasa a la muerte sucia. Los antiguos códigos para canalizar y hacer
frente a la muerte desaparecen en el XIX puesto que la ciencia se ha encargado
de ir rollendo su dominio hasta la ilusión de suprimirla. Es entonces
cuando esos sentimientos que se salen fuera de lo común son rechazados
o acuden a tropel con una violencia insoportable sin nada para canalizarlos.
La imagen ya no está llena de vida ya no es exhuberancia contra
la que combatir a la muerte sino que se hace mortecino, se ha expulsado,
¿y qué queda en la imagen sino espacios donde no se puede
habitar, espacios irrespirables?.
Coincidiendo con la explicación que hace Freud de la inquietante
extrañeza, De Chirico publica en el mismo año, 1919, su Ensayo
sobre la metafísica donde, explica que el aspecto metafísico
de las cosas no nace de una situación excepcional sino que está
contenido en los objetos más familiares. En su obra observamos como
se disuelve el nexo establecido entre lo visible y su representación.
La inquietante extrañeza se refleja cuando se duda que un ser en
apariencia animado esté vivo y a la inversa, que un objeto sin vida,
no sea de alguna manera animado .
Es el caso de Misterio y melancolía de una calle de 1914.
Dos figuras aparecen en al cuadro la primera, una niña es la que
aporta el aspecto dinámico, la segunda parece la sombra de una estatua,
en la que es evidente su carácter amenazante. La niña representada
como sombra adquiere un aspecto mortecino mientras que la sombra en la
estatua le aporta una inquietante viveza.
En ella el espacio ha dejado de existir, los cuerpos han dejado de
vivir. Ningún aire inundó nunca esas terrazas. La sombra
aparece marcada aquí solo para indicar la pérdida de la atmósfera,
del universo respirable que había supuesto la pintura. Leonardo
y los renacentistas habían utilizado el claroscuro para mostrar
que el espacio de la pintura era consustancial al espacio real y que los
cuadros eran nuestra patria espiritual. Aquí la sombra se hace opaca
y dura como la piedra, prohibiendo el acceso al reino de la pintura, ya
no es más que el signo de la vergüenza de poseer un cuerpo,
después de haber sido en toda la historia de la pintura, la marca
de su honor. Se forja un nuevo espacio, nunca ningún ser ha vivido
en ese espacio, toda obra aparece así bajo el signo de la esterilidad
como a partir de este momento en toda la Historia de la pintura, desde
el Impresionismo, al Cubismo, Dadá, Surrealismo... Pintar ha dejado
de ser la marca de un poder sobre el mundo para convertirse en la constatación
de una desposesión. En ese nuevo espacio solo caben muertos.
La muerte es eliminada de la sociedad, hacer como si no existiera ,igual
que la enfermedad y el sufrimiento habían sido eliminados con la
medicina. Mientras las artes nacidas de la muerte donde las representaciones
mostraban lo vital se han ido oscureciendo en la Modernidad. De esta forma
la imagen se hace menos viva, se fuerza despiadadamente el entorno de los
muertos a callarse.
Bibliografía
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Clair , Jean : Elogio de lo invisible .Ed. Seix Barral ,Barcelona , 1999.
" " : Malincolia .Motivos saturninos en el arte de entreguerras .Ed.Visor .Madrid ,1999.
Milner, Max ; La fantasmagoría .Fondo de Cultura Económica, Mexico 1990.
Stoichita , Victor; Breve historia de la sombra .Ed. Siruela
,Madrid ,1999.
Nota1. Sigmund Freud ," Los siniestro", publicado en
Hoffmann, El hombre de arena.