Margen, eje y centro: iconografía de Heracles, Atlas y el árbol de las Hespérides.

Copyright: Francisco Diez de Velasco, versión española presentada al VII Colloque international du Centre International d'Étude de la Religion Grecque Antique: Héros et héroïnes dans les mythes et les cultes grecs. Valladolid, 26 de Mayo de 1999.


La iconografía del episodio de las Hespérides y Heracles ha sido bien estudiada(1). Se ordena en torno a tres grandes líneas de narración que se corresponden con dos versiones principales transmitidas por la literatura. Por una parte Atlas es pieza clave en las representaciones que beben en la versión que conocemos por la sistematización realizada por Ferécides(2): Heracles quedará sosteniendo el cielo mientras será el titánida el que recoja las manzanas. Por otra parte Paniasis(3) transmitió una narración diferente en la que el héroe tiene una posición activa accediendo directamente al jardín, matando a la serpiente guardiana y llevándose los frutos de oro. Esta caracterización violenta del episodio tiene en la iconografía menor testificación (sobre todo a partir de finales del siglo V) que otra que convierte a Heracles en pacífico visitante en un jardín de las Hespérides convertido simbólicamente en preludio (o paso clave) en su acceso al mundo de los dioses. Se trata de una versión que lo figura como un lugar de delicias, isla de los dioses y que tiene antiguos (como Estesícoro) y prestigiosos (como Eurípides) mentores literarios(4).
Mi interés en esta contribución, dados sus necesarios límites, consistirá en comentar dos conjuntos iconográficos en cierto modo concatenados; en primer lugar las representaciones del mito de las Hespérides aparecidas en territorio greco-africano y en segundo lugar algunos vasos que tratan el tema de un modo particularizado (figurando a Atlas y el árbol de las Hespérides como ejes del mundo) y cuyos ejemplos más claros fueron producidos por talleres apulos. Ambos conjuntos servirán para plantear que en una de las lecturas antiguas de este mito, que se manifiesta en la iconografía de modo diáfano, el episodio era entendido en el marco de una representación axial del universo como símbolo de la firmeza (solidez, habitalilidad, centralidad) del mundo pero también del camino hacia el reino celeste de los dioses.
 

I) El jardín en tierras de Cirene: propaganda y mito.

La representación más antigua de que disponemos es la tetradracma de plata de Cirene(5) (ilustración 1) fechable en torno al 500 a.e. en la que en el anverso se figura a la derecha a Heracles con maza y leonté, en el centro el árbol cargado de frutas y con la serpiente enroscada y a la izquierda una Hespéride(6): no aparece el menor signo de violencia en la escena. En el reverso se representa el silfión, producto vegetal que los de Cirene exportaban y que actuaba en cierto modo como un medio de caracterizar a la ciudad. Hacia el año 500 a.e. la ciudad griega africana de Cirene usaba el mito como un medio de identificación puesto que lo figuraba en el único vehículo de propaganda masivo con el que contaba, sus monedas. Es más, los cireneos de los albores del clasicismo estimaban que su región tenía una vinculación directa con el jardín de las Hespérides, reivindicando para su terruño la patria de este episodio mítico. Así se entiende que nombrasen Euespérides (también Hesperídes, el posterior Berenice-Bengazi) al emplazamiento que fundaron en la costa occidental de la Cirenaica durante la expansión territorial de comienzos del siglo VI a.e(7).
Esta confusión mito-realidad, parece testificar un plan orquestado, probablemente desde el palacio de los monarcas batíadas de Cirene, que debió de actuar como motivo propagandístico duradero. Aún hoy, como les ocurríó a algunos escritores antiguos (resulta muy ilustrativo el Pseudo Scylax)(8), nos hallamos atrapados en una maraña en la que el mundo de la leyenda se materializa en una localización física: el jardín de las Hespérides se convierte en la ciudad de Euespérides-Hespérides de tal modo que mito y realidad, desde antiguo y de modo reiterado, confluyen y se entremezclan en la Libia, límite marginal meridional-occidental de la expansión helena.
Esta temprana iconografía permite ilustrar el intento por parte de los griegos africanos de Cirene de apropiarse en su beneficio del valor propagandístico del mito e incluso quizá hasta de generar una versión del mismo que limase sus aspectos más violentos, redefiniendo el simbolismo heroico que pasaría de una confusa ordenación del mundo (por medio del exterminio de un ser monstruoso(9)) a una apertura de lo humano a dimensiones diferentes (que tienen su manifestación más clara en la apoteosis).
El repaso del material iconográfico posterior aparecido en la zona cirenaica, tres vasos áticos del siglo IV a.e., apoya la perdurabilidad del motivo una vez desaparecida la monarquía batíada.
En la propia Bengazi (la antigua Berenice, construida en las inmediaciones de las ruinas de Euespérides), en la necrópolis, apareció una pelike ática de figuras rojas, hoy en el Museo del Louvre (nºMN734)(10), atribuida por Beazley al "Pasithea painter", fechada en el primer cuarto del siglo IV a.e. y que plantea algunos problemas de interpretación. Presenta un esquema en cuatro figuras: a la izquierda dos mujeres, ofrecen de beber a Heracles, una de ellas portando un oinocoe y la otra lanzando la mano hacia el héroe; en el eje central de la composición se figura a Heracles, sentado, apoyado en su maza, bebiendo de un cantaros, con el rostro en casi completa frontalidad; a la derecha aparece un hombre barbado y apoyado en un bastón. La investigación, en la que ha pesado el criterio de Metzger(11) ha optado por incluir el vaso entre las representaciones de la apoteosis de Heracles, aunque Beazley, a modo de hipótesis planteaba que se trataba de Hespérides, Atlas y Heracles. Sin duda en el planteamiento de Beazley influía el vaso por el que dió nombre al pintor, también una pelike de figuras rojas, hoy en el Museo Metropolitano de Nueva York (nº08.258.20)(12), bastante semejante en su esquema compositivo y en el que en la posición de Heracles aparecía la Hespéride nombrada Pasitea en primer plano y tras ella el árbol y la serpiente. Pasitea lanza la mirada hacia su izquierda donde aparece Heracles apoyado en su maza como si fuera un bastón. A la izquierda de la composición se figura a una Hespéride guardando manzanas en su regazo y a Océano barbado portando bastón. Frente al resto de los vasos que refiere Metzger en su lista relativa a las representaciones de Heracles recibiendo la libación de hospitalidad que simboliza la apoteosis, el encontrado en Bengazi no incluye figuras divinas evidentes (como Hebe, Nike, Hermes o Atenea), no parece correcto defender una lectura exclusivamente apoteósica(13). Es posible que nos encontremos ante un vaso con una iconografía ambigua que permitiese que diferentes interpretaciones resultasen correctas, y una de ellas podría ser la del agasajo por parte de las Hespérides. Los griegos de Euespérides podrían haber comprado esta representación (o incluso haberla adquirido por encargo, hay que tener en cuenta que de los vasos atribuidos al pintor aparecieron en la Cirenaica casi la mitad(14)) porque de modo sutil relacionaría el jardín de la Hespérides (que las tradiciones locales situaban en su territorio) con el delicioso mundo de los dioses; un jardín en el que ni siquiera sería ya necesaria la referencia al árbol y la serpiente, y que ya se figuraría como mera antesala de las delicias del Olimpo a las que podrían acceder también los viajeros que se acercasen por aquellos parajes.
De enorme interés resultan también otros dos vasos con representaciones en ambos casos seguras de Hespérides y que, aunque también fueron producidos en Atenas(15), aparecieron en la Cirenaica(16) y sirven para ahondar en los gustos de los clientes africanos de los talleres áticos.
El primero es una pelike ática de figuras rojas, fechable hacia el 370 a.e., aparecida en Dernah (Cirenaica) y localizada actualmente en New Haven (Universidad de Yale nº1913.138)(17); en el centro aparece Heracles, sentado y recostado sobre el árbol en el que se enrosca la serpiente, a la izquierda se figura un Eros y una Hespéride que recoge frutas del árbol, a la derecha otra Hespéride, sentada y sobrevolada por un Eros y más allá otra Hespéride (o quizás Hera) y un sátiro.
El segundo es una hidria ática de figuras rojas aparecida en la Cirenaica, fechable hacia el 370 a.e. y localizada en el Museo Británico (nºE227)(18) en la que se figura a Heracles sentado y recostado sobre un árbol cargado de frutos (sin serpiente) mirando hacia una Hespéride que se dirige hacia él (entre ambos aparece un Eros). Tras la primera Hespéride aparece un jóven y otra Hespéride y a la derecha de la escena una tercera Hespéride, semidesnuda y cogiendo una manzana, otro jóven y una cuarta Hespéride.
Lo interesante de estos testimonios iconográficos es que optan por una figuración del mito no sólo no violenta sino presidida por la inequívoca armonía representada por los Erotes que revolotean en las proximidades de Heracles(19); solamente aparecen Erotes en otros tres vasos áticos de este tipo, uno aparecido en Tanagra(20) y otros dos(21) de los que se desconoce el lugar de hallazgo (por lo que, desgraciadamente no podemos saber hacia qué clientela estaban dirigidos y si ésta era africana).
En resumen, es muy significativo que los griegos de la región de Cirene hayan optado por comprar vasos áticos en los que se figuraban versiones tan cercanas a representaciones del jardín paradisiaco y tan alejadas de las narraciones literarias del trabajo hercúleo en las que suelen primar los aspectos violentos del mito. Si añadimos la temprana iconografía figurada en la tetradracma de Cirene, la opción por una presentación no violenta e idílica del episodio parece corresponderse con una apropiación y adaptación del motivo mítico desde una época tan temprana como el final del arcaismo. El jardín de las Hespérides entendido como antesala del reino de los dioses se hallaría para el imaginario de los habitantes de Cirene en su territorio, en las proximidades de la ciudad de Euespérides; este ámbito periférico del mundo heleno trocaría marginalidad en centralidad.
 

II) El árbol de las Hespérides y Atlas como eje del mundo

La presencia de Atlas en el jardín de las Hespérides es ingrediente clave en la versión ferecidea del mito, quedando relegado Heracles a la labor de soportar vicariamente los cielos. No nos interesa repasar la iconografía de este episodio bien conocido y en el que la presencia de Atlas se justifica en desarrollo de la narración mítica, sino algunas imágenes en las que Atlas aparece en el Jardín de las Hespérides junto a Heracles y el árbol, formando un conjunto de elementos que complica el diseño de la escena a la par que su significado (ya no se ajusta plenamente a la mera narración mítica sugiriendo un valor nuevo de la escena) y que termina permitiendo programas iconográficos basados en contrucciones axiales tan simbólicamente sugerentes como las que realiza en Apulia el "Darius painter". La iconografía servirá para adentrarnos en una especulación sobre la axialidad y centralidad que otros han desarrollado desde el análisis de las fuentes escritas(22), pero que gracias a las imágenes cobra una perspectiva más matizada.
En el material cerámico ático la presencia de Atlas sosteniendo el cielo mientras Heracles se acerca al árbol de las Hespérides se testifica junto con otras escenas de tema heracleo en la notable crátera de volutas de figuras rojas de comienzos del siglo V a.e. del "Kleophrades painter", desgraciadamente fragmentada (no conocemos el programa iconográfico completo) y diseminada en tres museos(23). Atlas aparece inmediatamente a la derecha del árbol en el que se enrosca la serpiente mientras Heracles parece tomar una manzana (el vaso está roto en este punto: ilustración 2); su papel no parece tener que ver con el desarrollo de la narración mítica que conocemos por Ferécides, sino con el de cumplir su cometido como soporte del mundo.
Más de medio siglo anterior, de interpretación menos clara para nuestro tema (no aparece el árbol de modo explícito), pero de un simbolismo muy sugerente resulta la famosa copa laconia del "Arkesilas painter" del Vaticano (nº16592)(24), hallada en Cerveteri, (ilustración 3) en la que a la derecha se figura a Prometeo, atado y sometido a suplicio y a la izquierda aparece Atlas cargando con el firmamento. Los dos extremos del mundo, simbolizados en ambos titanes se aúnan en una misma escena, Atlas soporta sobre su espalda la bóveda celeste, que, a su vez, tiene otro apoyo en la columna a la que está maniatado Prometeo, además todo ello descansa sobre una segunda columna de mayor tamaño: el conjunto parece estar simbolizando la firmeza arquitectónica del universo de un modo que quizá esté recordando especulaciones filosóficas contemporáneas(25). A la izquierda de Atlas se figura una serpiente, posiblemente más que un mero motivo decorativo se trate del guardián del jardín de las Hespérides(26), pues no hay que olvidar el interés mostrado por el pintor por motivos cireneos (la famosa copa que lo nombra en la que aparece el rey Arcesilao de Cirene(27)); por desgracia para nuestros propósitos en esta construcción iconográfica tan notable falta la presencia del árbol.
Coetáneo de este vaso y también obra de un artista lacedemonio (Teocles) resulta el grupo escultórico en madera de cedro del tesoro de los epidamnios en Olimpia que conocemos gracias a Pausanias(28). Por desgracia el autor no especifica el papel de cada uno de los personajes en la escena general (en su época las Hespérides habían sido trasladadas), aunque resulta significativa la presencia de Atlas sosteniendo el mundo, Heracles, el árbol, la serpiente y cinco Hespérides. Se puede defender que se tratase de una escena sin violencia (de hecho Pausanias no dice que Heracles esté luchando con la serpiente), pero las posibilidades de construcción axial debieron ser desde luego menores que las que permitía la pintura vascular.
La figuración de diferentes planos que desde mediados del clasicismo comienzan a emplear los pintores de vasos permitirá la construcción de escenas muy complejas que no se basan en la mera juxtaposición de franjas. En el material ático del que disponemos ningún vaso de este tipo presenta escenas de Heracles y Hespérides, de ahí que los vasos apulos que vamos a repasar resulten muy interesantes y parezcan únicos(29).
El vaso más útil para nuestro propósito es la crátera de volutas del "Darius painter", fechable entre el 340-320 a.e., localizada en el Museo Nacional de Nápoles (nº81934=H3255)(30) (ilustración 4). Se figura en la parte superior el plano cósmico de la escena con Atlas sosteniendo el firmamento, a la derecha Helios en una biga y a la izquierda Phosphoros a caballo. Frente a Atlas y conversando con él en un nivel inferior está Heracles y a su espalda Nike y Atenea sentada. El nivel inferior está centrado por el árbol con la serpiente enroscada formando un eje con Atlas, a su alrededor siete Hespérides aparecen en diversas actitudes. Se trata de una figuración del episodio que a la par que puede estar ajustándose a la versión de Ferécides (Heracles conversa con Atlas con la finalidad de intercambiar sus papeles) se ha construido de un modo que marca de forma inequívoca el carácter axial de Atlas y el árbol de las Hespérides.
Otra representación comparable, obra del mismo pintor o de alguien muy cercano a su estilo la encontramos en un ánfora fragmentaria antes en el Museo estatal de Berlín (nºF3245)(31), fechada entre el 340-320 a.e. La escena está dividida en dos franjas (ilustración5); en la superior Atlas, sedente en un trono y caracterizado como un monarca aparece acompañado por Heracles, Selene, Hermes y quizás Maya; en la franja inferior se figura el árbol y la serpiente, dos Hespérides (una de ellas alimentándola) y un Eros. Aunque las franjas pintadas están separadas por otra de palmetas (y por tanto presentan escenas independientes) resulta muy significativo que Atlas y el árbol de las Hespérides se figuren uno encima del otro. A pesar de que la resolución del motivo sea muy distinta en ambos vasos (tanto en lo que se refiere a Atlas como a la construcción general de la escena), la concatenación axial perdura. No parece que se trate de un esquema de tipo fortuito sino de una opción por parte del "Darius painter" de ordenar la escena de estos vasos monumentales por planos(32) de un modo que resalte que el mundo tiene un eje que une lo celeste y lo terrestre por medio de Atlas y lo terrestre y lo telúrico por medio del árbol y la serpiente(33). Hay que tener en cuenta que no todos los pintores de vasos apulos monumentales con escenas complejas que figuran al árbol de las Hespérides fueron sensibles a estas ordenaciones axiales que permiten una composición tan cargada de sentido. Así la abigarrada crátera de volutas apula del "Underworld painter", fechable entre 340-320 a.e., que a finales de la década anterior estaba a la venta en el mercado de antigüedades de Nueva York(34), a pesar de haber sido pintada por uno de los discípulos del "Darius painter", no tiene en cuenta las posibilidades axiales y el árbol con la serpiente enroscada aparece relegado a la extrema derecha de una escena dividida en dos planos: en el superior aparecen Atenea, Pan, Selene en una cuadriga (en el centro), Afrodita y quizás Peitho y en el inferior y sentado en un trono centrando la composición Atlas como monarca, a su derecha Heracles y detras de él Hermes, a su izquierda Gea y una Hespéride sentada. Hemos de reconocer que el "Darius painter" resulta también en su modo de tratar el tema de las Hespérides, un pintor excepcional(35), sensible a los valores simbólicos de las escenas que construye y que lo definen como un artista de cultura refinada, capaz de sugerir las implicaciones que, a mediados del siglo IV a.e., debía tener en algunos ambientes (de carácter filosófico o mistérico, también -o especialmente- en la zona suditálica) este mito de Heracles y Atlas(36). Pasemos a plantear un ensayo de aproximación a este tema, que podríamos denominar una lectura axial del mito, teniendo presente como apriori metodológico que, dada la polisemia del material mítico y la diversidad de sus recepciones, no puede tratarse más que de una aproximación tentativa(37).
 

III) Heracles en el jardín de los dioses o el viaje al cielo por el eje del polo

Tierra, inframundo y cielo parecen interconectarse en el vaso de Nápoles del "Darius painter", dos ejes para el mundo, Atlas (terrestre-celeste) por una parte y el árbol y la serpiente (terrestre-telúrico) por el otro. Pero si continuásemos ese eje hacia el firmamento, siguiendo la especulación mitológica-astronómica griega que conocemos por sistematizaciones ya a partir del siglo IV a.e., (aunque tienen una historia anterior incluso muy dilatada) alcanzaríamos una serie de constelaciones en extremo características.
En ese proceso de ordenación de la inescrutabilidad del cielo nocturno que es el trazado de constelaciones y cuya base mítica ofrece el catasterismo, en torno al polo celeste se imagina entre los griegos la constelación del Dragón y en sus aledaños la del Arrodillado. La interpretación mítica más común(38) estima que se trata del catasterismo de la serpiente de las Hespérides y de Heracles en el acto de enfrentarse a ella. Como en una inversión, lo que soporta Atlas resulta ser en el firmamento otra vez el árbol y la serpiente, eje cósmico multiplicado. Atlas por tanto se localiza en Occidente, pero a su vez también, desde otra perspectiva, ya no del plano bidimensional(39), en ese Norte que define la inmutabilidad, en el eje polar(40). Un extraordinario paralelo iconográfico medio milenio posterior se puede traer a memoria, el mosaico cosmológico de Mérida, donde el personaje que se resuelve iconográficamente al modo de Atlas es nombrado Polum(41), sostén de Caelum, clave en la firmeza de ese mundo perfeccionado y habitable gracias a los desvelos hercúleos en este caso de los emperadores romanos (ilustración 6). El esquema que subyace en la iconografía axial presente tanto en el material suditálico como en el mosaico romano es parecido (aunque la elaboración conceptual y alegorizadora -demitificadora- del mosaico de Mérida es extraordinariamente sugerente de una especulación mucho más abstracta): la inmutabilidad del firmamento refleja el orden del mundo, obra de héroes, sean estos mitológicos o reinen desde la capital romana.
Los pintores griegos, fieles a un entramado de tipo mitológico, reflejan una leyenda que a la luz de lo que hemos repasado aparece cargada de significado pues aúna una serie de motivos míticos del máximo interés. Por una parte está la naturaleza representada por el árbol, las manzanas y el jardín (un espacio clave)(42); por otra el mundo humano simbolizado en el héroe que en este caso no es otro que Heracles, el que desarrolla el cometido domesticador de los elementos caóticos, que permite rebajar a la escala del hombre y de modo definitivo el entorno natural (en un papel que corresponde en otras sociedades a la figura polimorfa que los especialistas denominan "héroe cultural"). En contraposición al héroe se imagina una díada, las doncellas y el dragón. Todo ello se desarrolla en el confín del mundo, en el límite en el que se disuelve la realidad, más allá del cual campea la alteridad de la Noche (en el mito, madre de las Hespérides). Se trata de un conjunto de elementos dotados de una carga simbólica muy destacada, que tienen además ubicación en un ciclo más complejo. Sin poder zanjar en una discusión abierta y muy intrincada sobre la antigüedad de la tradición de los trabajos hercúleos (quizá ya estaban bastante estructurados en la Heraclea de Pisandro de Camiro, aunque es meramente una hipótesis dado lo que se sabe de esta notable obra) parece claro que la lista canónica de los doce trabajos no nos ha llegado por una testificación literaria satisfactoria anterior a Diodoro de Sicilia(43). Este autor ofrece una ordenación de los tres últimos trabajos, que, aunque no es unánime, parece poseer una lógica simbólica rotunda. El décimo trabajo sería robar en el extremo occidente los bueyes de Gerión, el siguiente bajar al inframundo y capturar a Cerbero, el perro de tres cabezas que guardaba la entrada al mundo de los muertos y el último traer las manzanas de las Hespérides. El trabajo de las Hespérides estaría un grado por delante del descenso al inframundo en esa progresiva penetración en la alteridad que resultan ser los últimos trabajos heracleos.
La iconografía ilustra esta forma de entender la concatenación de episodios y vamos a comentar tres testimonios de gran interés, que ofrecen además elementos simbólicos muy significativos.
El primero, controvertido y ya revisado, lo ofrece la pelike del Louvre (nºMN734) encontrada en Bengazi en la que probables Hespérides servían de beber a Heracles en un ambiguo episodio de significado apoteósico (recordemos el vino de la divinización que testifican, por ejemplo, las láminas órficas(44)). En esta línea puede analizarse el segundo, una hidria de figuras rojas de Kerch del Museo Metropolitano de Nueva York (nº24.97.5)(45), fechable hacia el 350 a.e. En el centro, desnudo y laureado frente al árbol y la serpiente aparece Heracles, una Nike lo corona, tres Hespérides lo admiran y un jóven lo mira. Un Pan, una crátera y un sátiro, más que meros reflejos de una escena teatral quizá estén marcando que nos hallamos además en ese mundo de bienaventuranza en el que lo dionisíaco es ingrediente y que invade el jardín en otras ocasiones(46). El elemento más significativo de la escena es la presencia, a la derecha de la imagen, de un omphalós que marca la potencialidad sagrada y nuclear del lugar: el jardín se encuentra en el centro del mundo(47) y los que allí se aventuran (como el jóven) experimentan, aunque sólo sea momentáneamente, la vida de los inmortales, la bienaventuranza.
Como último elemento de ejemplo interesa la escena que aparece en el estamno ático de figuras rojas fragmentado y repintado del "Providence painter", custodiado en los museos del Hermitage y del Louvre(48), fechable hacia el 460 a.e. (ilustración 7). La representación forma un único motivo en ambas caras (las asas del vaso presentan figuras que marcan la continuación de la escena). El centro de la imagen (en la cara A) lo forman Zeus y frente a él Heracles con una manzana en la mano; tras Zeus aparece Hera (o Hebe) y Posidón en el asa. Tras Heracles se figura a Atenea y detrás y en el asa la serpiente enroscada en el árbol; a la derecha un personaje con cetro (que algunos han identificado con Atlas, aunque otros estiman que es un dios(49)) y detrás una Hespéride (o quizá una diosa) e Iris. La manzana parece jugar en este caso el fuerte y nuevo papel significante(50) de pasaporte que permite a Heracles acceder a la apoteosis, entrar a formar parte del elenco de los dioses; el árbol de las Hespérides radica ya en el mundo divino.
Los ingredientes del episodio se clarifican pues desde esta perspectiva (una de las posibles) de entender el mito: las manzanas de oro serían los frutos de la inmortalidad, el jardín de las Hespérides la antesala del mundo divino, las Hespérides las jóvenes diosas que detentan la llave del Olimpo y el manzano (y la montaña, representada por Atlas) el eje cósmico, el árbol del mundo que pone en contacto el reino de los hombres y el de los dioses, el ombligo del universo, donde confluyen los planos de la realidad y en los que se abre un estrecho paso de unos a otros(51). El jardín de las Hespérides resulta, por tanto, el lugar liminar en el que coexisten lo humano y lo divino, al que accede el héroe que ha conseguido superar la condición mortal.
El episodio de las Hespérides, culminación de la ordenación del mundo que realiza Heracles, además de otros diversos significados que en diferentes territorios griegos y en diversas épocas pudieron otorgársele (como el de la inversión de marginalidad en centralidad), debió ejemplificar entre algunas elites griegas (también africanas y suditálicas) la vía abierta a la superación de los límites de lo humano, un camino que no solamente se hallaba en el Occidente sino también en ese norte cenital y axial que marca la inmutabilidad en el baile de las constelaciones (la firmeza del orden del mundo). Simbolizaría un anhelo que en otro orden simbólico ilustran las láminas órficas: la búsqueda de un imaginario escape a las miserias de la finitud y limitación de lo humano.



NOTAS

1.  Dedicó al tema tres estudios pioneros (en la década de 1830) E. GERHARD recopilados en Gesammelte akademische Abhandlungen und kleine Schriften, I, Berlin, 1866, p. 16sq. (sobre este interesante investigador véase H. WREDE (ed.), Dem Archäologen Edouard Gerhard, 1795-1867, zu seinem 200 Geburtstag, Berlin (Winckelmann-Institut der Humboldt-Universität zu Berlin, vol. 2), 1997); resultan fundamentales los estudios de F. BROMMER (Herakles und die Hesperiden auf Vasenbildern in JDAI, 57 (1942), p. 105-123; Herakles, Köln, 2ed. 1972 (con más ilustraciones Herakles, New York, 1986) cap. 12; Vasenlisten zur griechischen Heldensagen (en adelante VL), Marburg, 1973, p. 71-74; Denkmälerlisten zur griechischen Heldensagen (en adelante DL), Marburg, 1971, p. 59-69) y los planteamientos de H. METZGER, Les représentations dans la céramique attique du IVe siècle, Paris, 1951, p. 202-210; K. SCHEFOLD, Götter und Heldensagen der Griechen in der spätarchaischen Kunst, München, 1978, p. 123sq.; Die Urkönige, Perseus, Bellerophon, Herakles und Theseus in des klassischen und hellenistischen Kunst, München, 1988, p. 163sq. Los artículos enciclopédicos del Lexikon de Roscher (s.v. Hesperiden (Seeliger) col. 2598sq.) y sobre todo del LIMC (s.v. Hesperides (McPhee); s.v. Herakles IVN (Kokkorou-Alewras); s.v. Atlas (Olmos); s.v. Ladon I (McPhee)) son claves; también R. VOLLKOMMER, Herakles in the Art of Classical Greece, Oxford, 1988, p. 16sq. o F. DIEZ DE VELASCO, El jardín de las Hespérides: mito y símbolo in id., Lenguajes de la religión, Madrid, 1998, p. 75-129 (con más bibliografía).

2. 3F16-17, Jacoby; nos ha llegado por caminos indirectos, principalmente schol. APOLL. RHOD., IV,1396; ERATOSTH., Catast., 3; HYG., Astr. poet., II,3 o schol. GERM., Arat., 60, 6sq.

3. F11, PEG, Bernabé = F10, EGF, Davies = F10, V. J. MATTHEWS, Panyassis of Halikarnassos, Leiden, 1974, p. 66sq.; Testimonia Hispaniae Antiquae (en adelante THA), IIA, 25, Gangutia; los caminos de transmisión son tan indirectos como en el caso anterior, principalmente ERATOSTH., Catast., 4; HYG., Astr. poet., II,6 o schol. GERM., Arat., 61, 2, además de la versión latina en AVIEN., Arat., II, 175sq.

4. Por ejemplo en STESICH., fr. S8, SLG, Page = PMGF, Davies = THA, IIA 16e, Gangutia = POxy. 2617, 6 o EUR., Hip., 741-751.

5. C.T. FALBE (et alii), Numismatique de l'ancienne Afrique, vol. I, Copenague, 1860 (rep. Bologna) nº23, p. 11; E.S.G. ROBINSON, Catalogue of the Greek Coins of Cyrenaica, London, 1927, pl. 2,19; BROMMER, Herakles und die Hesperiden... op. cit. (n. 1,), il.13; DL, 63,34; R. R. FRANKE/ M. HIRMER, Die griechische Münze, München, 1964, pl. 213; LIMC s.v. Herakles, nº2714; Hesperides, nº24.

6. Mejor que la ninfa Cirene como algunos han sugerido desde la síntesis de F. STUDNICKA, Kyrene, Berlin, 1890, p. 20.

7. HDT. IV,204. Véase F. CHAMOUX, Cyrène sous la monarchie des Battiades, Paris. 1953, p. 280sq.; el paso de Euespérides a Berenice lo repasa A. LARONDE, Cyrène et la Libye hellénistique, Paris, 1987 (1977), p. 382sq. Para la fecha (no seguramente establecida) de la fundación véase el estudio de B. JONES, Beginnings and Endings in Cyrenaican Cities in G. BARKER/ J. LLOYD/ J. REYNOLDS (eds.), Cyrenaica in Antiquity, Oxford (BAR, 236), 1985, p. 28sq. y los preliminary reports de las recientes excavaciones en la ciudad: J.A. LLOYD (et alii), Excavations at Euesperides (Benghazi): an interim report on the 1998 season in Libyan Studies, 29 (1998), p. 145-168 o A. BUZAIAN/ J. A. LLOYD, Early Urbanism in Cyrenaica: New Evidence from Euesperides (Benghazi) in Libyan Studies, 27 (1996), p. 129-152, que atrasan la fecha al primer cuarto del siglo VI a.e.

8. 108-109, Müller; es una fuente del siglo IV a.e. en la que el Jardín de las Hespérides es localizado en la región euesperitana, véase J. DELGADO, Geografía del mito de las Hespérides in M. MARTÍNEZ (ed.), Historia mítica del Archipiélago Canario, La Laguna (en prensa), ' 3; I. MALKIN, Myth and Territory in the Spartan Mediterranean, Cambridge, 1994, p. 186sq.

9.  La interesante lectura que realizan A. VERBANCK-PIÉRARD/ E. GILLIS, Héraclès, pourfendeur de dragons in C. BONNET (et al.), Le Bestiaire d'Héraclès (Kernos suppl. 7), Liège, 1998, p. 44-60, sp. p. 50 constata la diferencia de hazaña entre la muerte de la hidra y la de la serpiente de las Hespérides. Quizá ambos episodios tuvieron una tendencia a converger en una de las tradiciones, potenciándose los caracteres violentos, mientras que la versión no violenta resultase más claramente dotada de identidad diferenciada.

10.  Beazley Archive Database Number (en adelante BADN) 230397; ARV 1472,3; CVA, 8, pl. 48,3-4; METZGER, op. cit. (n. 1), nº41; LIMC s.v. Atlas, nº25; Herakles, nº1565, 3411; Hesperides, nº77.

11.  METZGER, op. cit. (n. 1) p. 213 la incluye en el subgrupo de representaciones de Heracles recibiendo la libación de hospitalidad; es de destacar la influencia previa del trabajo de P. MINGAZZINI, Le rappresentazioni vascolari del mito dell'apoteosi di Heracles in MAL, ser. 6, vol. 1 (1925-26), p.413-490 y el criterio de E. Pottier (lo plantea pero con punto de interrogación) en CVA, 8, p. 35; un estudio completo con la bibliografía reciente aparece en LIMC s.v. Herakles (Boardman), p. 121-132; 170-171.

12.  BADN 23396; ARV, 1472,1; Add., 381; METZGER, op. cit. (n. 1), nº17; VL, 72,11; LIMC s.v. Okeanos (Cahn), nº5; C. WEISS, Griechische Flussgottheiten in vorhellenistischer Zeit, 1984, p. 166,O4; H. A. THOMPSON, The Pedimental Sculpture of the Hephaisteion in Hesperia, 18 (1949), pl. 62,2; J. BOARDMAN, Athenian Red Figure Vases. The Classical Period (en adelante ARFV2), Londres, 1989, il. 378; LIMC s.v. Herakles, nº2720; Hesperides, nº29; Ladon I, nº2; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº134; H. GÖTZE, Die attischen Dreifigurenreliefs, in MDAI(R), 53, il.1; E. B. HARRISON, Hesperides and Heroes: A Note on the Three-Figure Reliefs in Hesperia, 33 (1964), pl. 14b (relacionan la escena con el famoso "Hesperidenrelief", fechable en torno al 420 a.e.).

13.  Seguimos a J. Boardman (LIMC s.v. Herakles, p. 171).

14. Dos de los cinco vasos del "Pasithea painter" aparecieron en esta zona africana: la pelike del Louvre de Bengazi que comentamos y otra, hallada también en Bengazi y también del Museo del Louvre (nºMNB1036; BADN 230398; ARV, 1472; Add. 381; CVA, 8, pl. 48,6-8; LIMC s.v. Dionysos (Gasparri), nº461) con representación de Dioniso en un carro tirado por un toro, un grifo y un león; de los otros tres vasos sólo se conoce procedencia de los fragmentos de pelike con representación de Eros aparecidos en Corinto y localizados en el Museo Arqueológico de esta ciudad (nºC1976.100; BADN 30575, la atribución es de Mac Phee), no tiene procedencia el vaso que nombra al pintor con tema de Hespérides ni tampoco otra pelike de tema edípico, atribuida por Bruckner y estudiada por J.-M. MORET, Oedipe, la Sphinx et les Thébains, Roma, 1984, il. 54.1 localizada en el Musée d'art et d'histoire de Ginebra (nº4793; BADN 14814).

15.  Y seguían los modos heroicos y bienaventurados de entender el episodio que testifican en Atenas no solo la iconografía vascular sino también diversos monumentos como el relieve de las Hespérides (HARRISON, op. cit. (n.12), p. 79) o el frontón oriental del Partenón (E. SIMON, El nacimiento de Atenea en el frontón oriental del Partenón in Coloquio sobre el puteal de la Moncloa, Madrid, 1986, p. 74sq.), en general DIEZ DE VELASCO, op. cit. (n.1), p. 50sq.

16.  Los tratan, presentando consideraciones respecto del carácter no fortuito de su aparición BROMMER, Herakles und die Hesperiden... op. cit. (n. 1), p.118; METZGER, op. cit. (n. 1), p. 208-209. El repaso a los vasos áticos aparecidos en la Cirenaica (gracias a las potencialidades de exhaustividad que ofrece la consulta a la base de datos del Archivo Beazley) permite plantear más conjeturas respecto de este carácter fortuito. Hay tres grandes localizaciones de procedencia, Cirene (con el enorme peso de los vasos hallados en las excavaciones del santuario extramuros de Demeter y Core, publicados por M.B. MOORE (et. al.), The Extramural Sanctuary of Demeter and Persephone at Cyrene, Libya, Final Reports III, Philadelphia, 1987), Bengazi, y localizaciones en general en la Cirenaica. En Bengazi se hallaron 32 vasos áticos (o fragmentos) siendo mayoritarias las escenas de Atenea entre gallos y las de esfinges, pero también se testifica un fragmento de vaso con Heracles y Busiris (BADN 28358) hoy en el Asmolean Museum de Oxford y el vaso de París, Louvre (MN734), que comentamos en este apartado (en general sobre la cerámica arcaica véase M. VICKERS/ D. W. J. GILL, Archaic Greek Pottery from Euhesperides, Cyrenaica in Libyan Studies, 17 (1986), p. 97sq.). La presencia de Heracles es mayor en Cirene. En el templo de Demeter y Core, de entre los 277 vasos (o fragmentos) hallados, 16 portan escenas de Heracles, destacando en tres casos la apoteosis, en otros tres casos el trabajo de Cerbero, en cuatro el trabajo del león y en especial un fragmento de escifo de figuras negras, hoy en el Museo de Cirene (nº409.14; BADN 28638; MOORE, op.cit. il.36,196) probablemente con Heracles y Tritón (otro personaje mítico que algunos ubicaban en la zona). En el resto de los vasos aparecidos en Cirene y que suman 29, el tema de Heracles también está bien representado: dos vasos con sátiros y las armas de Heracles, dos del león, uno del jabalí, otro de Heracles y amazonas y un último de Heracles en carro con Atenea (apoteosis). De los vasos aparecidos en general en la Cirenaica (procedencias diversas) y que suman otros 106 vasos tres presentan tema heracleo: un chous del "Nikias painter"del Museo del Louvre (N3408; BADN 217495; ARV, 1335,34; 1690; Paralip. 522; Add. 365) con escena cómica con sátiros en la que Heracles acompañado de Nike monta en un particular carro de apoteosis tirado por centauros, al que hay que añadir la hidria de Londres y la pelike de Yale con tema de Hespérides que estudiamos en este apartado. Tres vasos con Hespérides (aunque uno sea de interpretación más hipotética) encontrados en la Cirenaica de un total de 34 vasos áticos con este tema aparecidos en todo el mundo griego es un porcentaje significativo, cuyo valor aumenta si revisamos el resto de las procedencias de vasos (que sólo se conoce para 18 vasos). En Grecia (y en especial en Atenas) aparecieron 9 vasos, en Etruria 2 y en el Sur de Italia y Sicilia 4. No creo que sea posible defender un carácter fortuito de esta distribución en la que prima (al margen de las zonas de producción) el ámbito suditálico y siciliano y el cirenaico, máxime cuando en el Sur de Italia y Sicilia y en particular en la Cirenaica se estimaba que radicaba el motivo mítico que se ilustra en los vasos. En general sobre este tema (aunque sin la exhaustividad que permite la BAD) F. ELRASHEDY, Attic Imported Pottery in Classical Cyrenaica, in G. BARKER (et alii), op. cit. (n. 7), p. 205sq. Sobre el traslado a Occidente de mitos hercúleos e imágenes interesan las apreciaciones tanto de J. DE LA GENIÈRE, Essai sur les véhicules de la légende d'Héraclès en Occident (p. 11-27) como de F. GIUDICE, Il viaggio delle immagini dall'Attica verso l'Occidente (p. 267-327) in F.H. MASSA-PAIRAULT, Le mythe grec dans l'Italie antique, fonction et image. Actes du Colloque, EFR, Roma, 14-16 nov. 1996, Paris-Roma, 1999.

17.  Del "workshop of Hippolytos painter"; BADN 14674; H. GÖTZE, Die Deutung des Hesperidenreliefs, in JDAI, 64-64 (1948-49), il. 6; METZGER, op. cit. (n. 1), nº20; VL, 72,16; LIMC s.v. Herakles, nº2721; Hesperides, nº30; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº122.

18.  BADN 13295; CVA 6, pl. 93,2; A. FURTWÄNGLER/ K. REICHHOLD/ F. HAUSER, Griechische Vasenmalerei, München, vol. II, 1909, pl. 79,2; p. 103sq.; METZGER, op. cit. (n. 1), nº19, il.27,1; VL, 72,12; THOMPSON, op. cit. (n. 12), pl. 64,1; HARRISON, op. cit. (n.12), pl. 14dc; LIMC s.v. Herakles, nº2722; Hesperides, nº32; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº123.

19.  La relación Heracles-Eros no es común de ahí que resulte aún más significativa esta presencia en los vasos de la Cirenaica. Sin duda influye la reinterpretación del mito que se realiza de modo claro en el siglo IV a.e. erotizándolo, aunque un repaso a la BAD permite comparar magnitudes. Heracles-Hespérides con Eros aparece en cinco vasos, como estamos viendo; la escena con Neso-Dexámeno (de fuerte componente erótico en una de las maneras de interpretarla, véase LIMC, s.v. Nessos (Diez de Velasco) o DIEZ DE VELASCO, op. cit. (n. 1), p. 144sq.) la hallamos en tres vasos; escenas de apoteosis-boda en cinco casos y escenas en las que elementos del mundo dionisíaco están presentes forman el grupo principal (8 casos). Volveremos a revisar estos elementos (apoteosis-beatitud dionisíaca-jardín de las Hespérides) más adelante; no se trata de motivos fortuitos y marcan un modo particular de interpretar el episodio, que se explica no exclusivamente por la cronología del material.

20.  Paris, Petit Palais nº327, crátera de cáliz de figuras rojas atribuida al "LC group" por Schefold, fechable hacia el 340 a.e.; BADN 218280; K. SCHEFOLD, Untersuchungen zu den Kertscher Vasen, Berlin, 1934, nº260 fig.73; ARV, 1457,8; Add., 380; CVA, 15, pl. 24,1-4, 6; METZGER, op. cit. (n. 1), nº23, pl. 27,3 LIMC s.v. Atlas, nº26; Herakles, nº2725; Hesperides, nº34; ARFV2, il. 420.

21.  Una pelike de figuras rojas del Museo Allard Pierson de Amsterdam 3505, del "Workshop of Hippolytos painter" (SCHEFOLD, op. cit. (n. 20), nº355), fechable hacia el 350 a.e.; BADN 14160; CVA, 1, pl. 2,3-4; METZGER, op. cit. (n. 1), nº22; LIMC s.v. Hesperides, nº31; Herakles, nº2703 y una crátera de cáliz de figuras rojas de Leipzig (Universität nºT3549), fechable hacia el 340 a.e, atribuida al "LC group" por Beazley; BADN 340106; Para. 493 (1457, 8bis); Add., 380; LIMC s.v. Hesperides, nº35; Herakles, nº2724; E. PAUL, Attisch Rotfigurige Vasen (Universität Leipzig), Leipzig, 4 ed., 1997, pl. 25-27 (lo atribuye al "painter of Munich 2391").

22.  Por ejemplo el trabajo tan sugerente de A. BALLABRIGA, Le soleil et le Tartare, Paris, 1986, p. 75sq. Interesan, por ejemplo, también las apreciaciones de J. S. ROMM, The Edges of the Earth in Ancient Thought, Princeton, 1992; C. JOURDAIN-ANNEQUIN, Héraclès aux portes du soir, Paris, 1989, p. 539sq.; G. CRUZ ANDREOTTI, Tartessos como problema historiográfico. El espacio mítico y geográfico del Occidente mediterráneo en las fuentes arcaicas y clásicas griegas, Málaga, 1991 (microficha), p. 103sq. de entre una numerosa bibliografía (citada en parte en F. DIEZ DE VELASCO, op. cit. (n.1)).

23.  La parte principal en el J.P. Getty Museum de Malibú nº77.AE.11; las otras en París, Louvre nºG166 y Florencia, Museo Archeologico Etrusco nºPD507; BADN 201704; ARV, 187, 51-52 = 206, 130; Add., 188; A. GREIFENHAGEN, Neue Fragmente des Kleophradesmalers, Heidelberg (SHAW), 1972, pl. 20-25; LIMC s.v. Atlas, nº8; Herakles, nº1702.

24.  C.M. STIBBE, Lakonische Vasenmaler des 6 Jhs. v. Chr. (en adelante LV), München, 1972, nº196, il. 63; M. PIPILI, Laconian Iconography of the Sixth Century B.C., Oxford, 1987, nº92, il. 49; LIMC s.v. Atlas , nº1; Prometheus (Gisler), nº54; H. JUCKER, Herakles und Atlas auf einer Schale des Nearchos in Bern in U. HÖCKMANN/ A. KRUG, Festschrift für Frank Brommer, Mainz, 1977, p. 195-196, pl. 55,1; T. GELZER, Zur Darstellung von Himmel und Erde auf einer Schale des Arkesilas-Malers in Rom in MH, 36 (1979), il.1; J. BOARDMAN, Early Greek Vase Painting (en adelante EGVP), London, 1998, il. 422; C. M. STIBBE, Das andere Sparta, Mainz, 1996, il. 91-92.

25.  Como apunta N. YALOURIS, Astral Representations in the Archaic and Classical Periods and their Connection to Literary Sources, in AJA, 84 (1980), p. 314 al relacionarlo con la estancia espartana de Anaximandro.

26.  GELZER, op. cit. (n. 24), p. 175s.; contra: PIPILI, op. cit. (n. 24), p. 35.

27.  Paris, Biblioteca Nacional nº189 (CVA, 1, pl. 20-21); LV nº194, il. 61-62; EGVP, il. 420,1; STIBBE, Das andere... cit. (n. 24), pl. 13. La relación Laconia-Cirene fue notable y se refleja en la iconografía de las copas laconias (que por error la investigación llegó a estimar cirenaicas durante un tiempo), por ejemplo en la de Tarento (I.G. 4991), del "Cyrene painter" (LV nº358 p.192; PIPILI, op. cit. (n. 24), nº94) con probable representación de la Ninfa Cirene (LIMC s.v. Kyrene (Zagdoun), nº13) y el león. Sobre las relaciones laconia-Cirene por ejemplo S. STUCCHI, Die archaïsche griechischen Vasen und die Kyrenaica: Importen, Imitationen und Einflüsse, ein Überblick in H. BRIJDER (ed.), Ancient Greek and Related Pottery, Amsterdam, 1984, p. 139-143; I vasi greci arcaici e la Cirenaica: importazioni, imitazioni ed influenze in RAL, 39 (1984), p. 161sq.; los trabajos de G. SCHAUS, por ejemplo Evidence for Laconians in Cyrenaica in the Archaic Period in BARKER (et alii), op. cit. (n. 7), p. 395sq. (en ese mismo volumen interesan también los artículos de A. FAUSTOFERRI, Sogetti cirenaica della ceramica laconia (p. 337sq.) o M. NAFISSI, Battiadi e Aigeidai: per la storia dei rapporti tra Cirene e Sparta in età archaica, (p. 375sq.); en general I. MALKIN, op. cit. (n. 8), 158sq.

28.  VI, 19,8; V, 17,2; J. OVERBECK, Die antiken Schriftquellen zur Geschichte der bildenden Künste bei den Griechen, Leipzig, 1868, nº325-328; DL, 59,1; LIMC s.v. Atlas, nº6; Herakles, nº2689; Hesperides, nº64; K. SCHEFOLD, op. cit. (n. 1), p. 123; W. VOLLGRAF, Le péan delphique à Dionysos in BCH, 50 (1926), p. 287, nº4; G. BECKEL, Götterbeistand in der Bildüberlieferung griechischer Heldensagen, Waldsassen, 1961, p. 57-58 nºXVII.

29.  Así lo plantea VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), p. 18.

30.  A.D. TRENDALL/A. CAMBITOGLOU, The Red-figured Vases of Apulia (en adelante RVA), Oxford, 1978ss., II, 496,42, conocido de antiguo, hallado en Ruvo, y apellidado "vaso de Archemoros" (por la escena de la otra cara), ya lo estudió GERHARD (op. cit. n.1: recopilación de Archemoros und die Hesperiden, in AbhBerlin, 1841, p. 256sq.; Nachschrift zu der Abhandlung: Archemoros und die Hesperiden, in AbhBerlin, 1836, p. 359sq.; más general König Atlas im Hesperidenmythus, in AbhBerlin, 1836, p. 109sq.); SEELIGER, op. cit. (n. 1), col. 2599; S, REINACH, Répertoire des vases peints grecs et étrusques, Paris, 1899, I, p. 236; VL, 73,7; H. R. W. SMITH, Funerary Symbolism in Apulian Vase-Painting, Berkeley, 1976, fig. 8; LIMC s.v. Astra (Karusu), nº74; Atlas, nº12; Herakles, nº2686; Hesperides, nº56; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº116; la representación de astros la revisa K. SCHAUENBURG, Gestirnbilder in Athen und Unteritalien in AK, 5 (1962), p. 55sq., pl. 17,3.

31.  RVA II, 499,56; GERHARD, op. cit. (n. 1), pl. 19; J. BAYET, Herklé, Paris, 1926, p. 399 nº1; VL, 73,1; LIMC s.v. Astra, nº56; Atlas, nº19; Herakles, nº2688; Hesperides, nº57; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº115.

32.  Por ejemplo en la crátera de volutas que nombra al pintor (Nápoles nº3253; RVA II, 495, 18,38, fig. 176,1; A.D. TRENDALL, Red Figure Vases of South Italy and Sicily (en adelante RFSIS), London, 1989, fig. 203) en la que el mundo de los dioses se figura en la franja superior y el de los hombres en las inferiores.

33.  Recordemos la caracterización telúrica de esta serpiente en la que insiste HES., Theog. 334-335.

34.  K. SCHAUENBURG, Herakles bei Atlas in AA,1989, p. 23sq., il.1; LIMC s.v. Herakles, nº2688a; Hesperides, nº58; Ladon I, nº4; del "Underworld painter".

35.  Como en otros temas, no sólo destaca la monumentalidad de sus vasos, sino también son notables los temas mitológicos a los que apela y el modo en que los presenta, véase RVA, p. 482-508; RFSIS, p. 89sq. o C. AELLEN/ A. CAMBITOGLOU/ J. CHAMAY, Le peintre de Darius et son milieu, Genève, 1986, passim y p. 11-175.

36.  Las influyentes especulaciones astrales de los pitagóricos fueron tratadas por L. ROUGIER, La religion astrale des pythagoriciens, Paris, 1959; algunas apreciaciones interesantes en SCHAUENBURG, op. cit. (n. 30), p. 53sq.

37.  Quede claro que la postura defendida en este trabajo dista de postular la univocidad del mito o primar una interpretación meramente naturalista o astral (al modo de la mitología comparada de hace cien años);el mito es polisémico (mutación y recepción son clave) y se construye con elementos muy diversos (aunque hay que tener presente que la naturaleza puede ofrecer instrumentos para pensar muy evidentes vid. e.g. W. BURKERT, Creation of the Sacred, Harvard, 1996).

38.  Las sistematizaciones que conocemos por los pseudo ERATOSTH. Cat. 3-4; HYG., Astr. poet. 3-6.

39.  Quizá por eso Atlas se localice en el país hiperbóreo en algunas narraciones griegas; nos hallamos ante planos diferentes que no tienen porqué caber en un mapa en dos dimensiones.

40.  Véase el artículo de E. TIECHE, Atlas als Personifikation der Weltachse in MH, 2 (1945) p. 65-86.

41. Véase LIMC, s.v. Polum (Diez de Velasco); A. ALFÖLDY, Aion in Mérida und Aphrodisias, Mainz (Madrider Beiträge 6), 1979, il. 7 a-b; M.-H. QUET, La mosaïque cosmologique de Mérida, Paris, 1981 p. 106sq.

42.  Véase el estudio notable de A. MOTTE, Prairies et jardins de la Grèce antique, Bruxelles, 1973, 232sq.; para el simbolismo de la manzana M. K. BRAZDA, Zur Bedeutung des Apfels in der Antiken Kultur, Bonn, 1977, p. 86sq.

43.  IV,11-18; la Biblioteca atribuida a Apolodoro ha de ser como pronto del siglo I.

44.  Por ejemplo F. DIEZ DE VELASCO, Los caminos de la muerte, Madrid, 1995, p. 126sq.

45.  BADN 9525; atribuido al "Hesperidenmaler" por SCHEFOLD (Kertscher Vasen, Berlin, 1930 pl. 11; op. cit. (n. 20), p. 101 nº190, il. 35, 40); VL, 72,13; METZGER, op. cit. (n. 1), nº21, pl.27,4; BAYET, op. cit. (n.31), p. 137; W. AMELUNG, Herakles bei den Hesperiden in 80 Winckelmannsprogramm zu Berlin, 1923, p. 10sq., pl.II; LIMC s.v. Herakles, nº2723; Hesperides, nº33; G. RICHTER/ L. HALL, Red-figured Athenian Vases in the Metropolitan Museum of Art, New Haven, 1936, pl. 166; J. BOHAC, Kercske Vazy, Praga, 1958, fig. 12; HARRISON, op. cit. (n.12), pl. 14d.; BROMMER, Herakles... cit. (n.1), il.30; id. Herakles (New York), il.45; VOLLKOMMER, op. cit. (n. 1), nº124.

46.  A pesar de interpretaciones dispares la pelike de San Petersburgo (Hermitage St.1788) del "Group of London 230" (ARV, 1482) parece presentar a Dioniso y su cortejo en el Jardín de las Hespérides según SCHEFOLD (op. cit. (n. 45), pl. 24b; op. cit. (n.20), nº366) o METZGER, op.cit. (n.1), pl. 14,4, p. 204, nº24 (p. 131 nº48) (contra Beazley); LIMC s.v. Atlas, nº27; Hesperides, nº79; Pan (Boardman), nº245; BROMMER, Herakles und die Hesperiden... cit. (n.1) p. 118, IIb7; se trataría de una escena sin Heracles en la que Dioniso desembarca en la exhuberancia de un jardín en el que tampoco aparece la serpiente, quedando por tanto multiplicados los caracteres divinos y gozosos del emplazamiento. Estos elementos dionisíacos estaban presentes también en la pelike ya comentada aparecida en Dernah y custodiada en New Haven (Universidad de Yale nº1913.138). Véase sobre el simbolismo del jardín dionisíaco (y hesperideo) en P. Cabrera, Dioniso en un jardín. El espacio de la iniciación en la iconografía de los vasos apulios in C. Sánchez/ P. Cabrera (eds.), En los límites de Dioniso, Murcia, 1998, p.73sq.

47.  BALLABRIGA, op. cit. (n. 22), p. 84-85 llega, sin el uso de la iconografía (que hubiera aportado una nueva dimensión a su estudio), a plantear el carácter onfalico del Jardín. Su estudio de la topografía imaginaria de Atlas y el Jardín de las Hespérides (p. 75sq.) es extremadamente sugerente del carácter de totalidad cósmica (unión de planos) que simboliza el lugar. Resultan muy sugerentes las aportaciones en torno al onfalos de la isla de Calipso, a la que en Od. I, 50sq. se denomina hija de Atlas, habría que añadir la Hespéride llamada Calipso en el vaso paestano de Asteas del Museo de Nápoles nº81847 (A.D. TRENDALL, The Red-figured Vases of Paestum, Oxford, 1987, 86,135; RFSIS, ill. 351) para argumentar que onfalos y Hespérides se entrecruzan de modo reiterado.

48.  París, Louvre (nºC12161); San Petersburgo, Hermitage (nº1559=B640=St1641), BADN 207407 con ils.; ARV, 639,56; Para, 514; Add. 274; VL, 72, 1 (a1); REINACH, op. cit. (n. 30), I, p. 301; E. PAPOUTSAKIS-SERMPETIS, O zographos tis Providence, Athens, 1983, pl. 12-13; más bibliografía en la nota siguiente; los repintes en la parte de la manzana los cita J. BEAZLEY, Etruscan Vase Painting, Oxford, 1947, p. 43 (al repasar paralelos etruscos de la escena).

49.  LIMC s.v. Atlas, nº24 con bibliografía y discusión; Herakles, nº2875; Hesperides, nº74 con bibliografía y discusión. Las identificaciones de Atlas y Hespéride parten de GERHARD, op. cit. (n. 1) p.62 nº4; más bibliografía en METZGER, op. cit. (n. 1), p. 205; contra BROMMER, Herakles und Hesperiden... cit. (n.1), p. 112 o BEAZLEY (vid. n. 48).

50.  La novedad radica en que ha transformado su ámbito de significación. En la cerámica ática con escenas no mitológicas suele aparecer en representaciones de cortejo homosexual, siendo un buen ejemplo el fragmento de pelike de Cracovia, Czartoryski nº1320 del "Syriskos painter" (BADN 202986; ARV, 262,32) donde la flor y la manzana son los ingredientes del preludio amoroso; pero también aparece en manos de mujeres para sugerir connotaciones parecidas (incluso en escenas domésticas). En escenas mitológicas la referencia erótica subyacente es fuerte (Atalanta e Hipomenes; bodas de Tetis y Peleo; juicio de Paris); incluso en buen número de ejemplos iconográficos las manzanas de las Hespérides cumplen como objetos eróticos que se intercambian entre Heracles y las bellas jóvenes. El valor cambia en las escenas que dependen de la narración de Ferécides (la manzana es objeto de intercambio entre Atlas y Heracles) y sobre todo en esta escena que comentamos.

51. Se trata de un motivo con notables paralelos interculturales, tanto en el mundo bíblico como indoeuropeo. Se desarrolla una comparación con el mundo balto en DIEZ DE VELASCO, op. cit. (n. 1), p.120sq.