![]() |
Revista
Latina de Comunicación Social 64 - 2009
|
|
Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información
y Nuevos Análisis de Comunicación Social |
|
La manifestación política de la identidad gallega en el voto: la influencia del galeguismo [1] Political expression of the Galician identity at vote: the Galician nationalism’s influence Dr. Xosé Ramón Rodríguez-Polo [C.V.] Profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación 2 - Universidad Rey Juan Carlos, URJC, Madrid joseramon.rodriguez.polo@urjc.es Dr. Manuel Martín Algarra [C.V.] Catedrático de Teoría de la Comunicación y de la Información - Universidad de Navarra, UNAV, ES mmalgarra@unav.es Resumen: En este artículo ponemos en cuestión la convención, comúnmente aceptada, por la que el respaldo electoral que reciben los partidos nacionalistas se toma como indicador del nivel sentimiento identitario en la opinión pública. Para ello analizamos el caso de Galicia exponiendo en primer lugar la estrategia desplegada por el movimiento galeguista desde los años cincuenta, con la que pretendía revitalizar la conciencia en la mayoría de la sociedad desligándola de cualquier adscripción ideológica, buscando expresamente que cuando se reinstaurase la democracia se pudiera manifestar de manera plural y abierta a todas las opciones políticas. A continuación examinamos el voto nacionalista en las primeras elecciones gallegas y confirmamos que éste se distribuye entre todos los partidos y que incluso son los partidos de ámbito estatal los que más voto nacionalista reciben. Como conclusión apuntamos la existencia de una vía alternativa de manifestación política de la conciencia identitaria que viene a cuestionar la convención que asocia el vigor político de una identidad con el voto a lo partidos nacionalistas. Palabras clave: Opinión pública; Comunicación política; Galicia; Identidad; Nacionalismo; Comportamiento electoral . Abstract: In this article we put into question the commonly accepted assumption in which electoral votes for nationalist political parties are taken as an indicator of the level of nationalistic identity on public opinion. In order to do this, we analyze the case of Galicia. First, we describe the strategy deployed since the 50's by the"galeguista" movement, through which it attempted to revitalize a nationalistic consciousness on the majority of the population without linking this consciousness to any particular political ideology. The explicit goal of this strategy was to allow, once democracy was restored, the expression of this national consciousness in a plural way and liberalization to any political option. Then, we examine the results of the first regional elections in Galicia and we confirm that nationalist votes are distributed among all political parties and that, in fact, state parties are the ones that achieve the majority of nationalist votes. As a conclusion, we point out the existence of an alternative political way from nationalistic consciousness, an alternative that questions the assumption that links regionalist feeling political vigour with the votes obtained by nationalist political parties. Keywords: Political Communication; Public Opinion; Galicia; Identity; Nationalism; Vote tendency. Sumario: 1. Introducción. 1.1. La asociación entre el sentimiento y el voto. 2. La estrategia del galeguismo. 3. Metodología. 3.1. Consideraciones sobre los datos. 4. Resultados. 5. Discusión. 6. Referencias bibliográficas. 7. Notas. Summary: 1. Introduction. 1.1. The association between identity feeling and vote. 2. Galician Nationalism strategy. 3. Methodology. 3.1. Considerations about data. 4. Results. 5. Discusion. 6. Bibliographic references. 7. Notes. Traducción supervisada por Chaxiraxi Leal Coello (licenciada en Filología Inglesa) 1. Introducción El análisis del comportamiento social es uno de los temas más complejos, y quizás por ello más interesantes, que se abordan desde las ciencias sociales. En la ciencia de la comunicación la preocupación por el estudio del comportamiento político, y especialmente electoral, ocupa una parte importante del trabajo de aquellos a los que Wilbur Schramm designó como los “forefathers”, los padres fundadores de la comunicación (Schramm, 1997). Las investigaciones dirigidas por Lazarsfeld, The People’s Choice (1944) y Voting (1954), siguen siendo una referencia inexcusable en el campo de los estudios electorales, no sólo porque fueran pioneros en el campo sino porque introdujeron el análisis de la opinión pública como elemento clave en el estudio del comportamiento electoral, abriendo la tradición de las investigaciones electorales en opinión pública (Rospir, 1994:28). Es precisamente esta virtualidad la que nos permite, desde la comunicación, aportar una mayor profundidad analítica que ayude a desentrañar ese complejo de percepciones, creencias, actitudes y predisposiciones que configuran en el ámbito social la relación con lo político, y que son los elementos que construyen unas determinadas pautas culturales que, a los investigadores, nos sirven como valiosos factores explicativos incluso en situaciones en las que miembros de una determinada comunidad participan desde contextos culturales diferentes (Valdez Zepeda et al., 2006). En este trabajo analizaremos la manifestación electoral del sentimiento identitario en Galicia indagando en primer lugar en la singular dirección que el movimiento galeguista quiere imprimir a la conciencia gallega para después examinar el reflejo electoral del sentimiento. Advertidos, procuraremos no incurrir en los riesgos que se han señalado para el estudio de contextos concretos (Martínez Nicolás, 2007: 216). 1.1. La asociación entre el sentimiento y el voto Es habitual que a la hora de hablar de nacionalismo se tienda a considerar como elemento determinante de su existencia la presencia de uno o varios partidos que recojan y canalicen el sentimiento identitario. Esta convención es la que ha imperado en los principales análisis comparados que se han realizado sobre el nacionalismo en España (Pallarés et al., 1997; Conversi, 2000; Keating, 1996; Díez Medrano, 1999), lo que ha llevado a relegar su estudio en Galicia y a centrarse en los casos catalán y vasco que sí se han desarrollado de manera acorde con este modelo convencional y cuentan con partidos nacionalistas de fuerte implantación que han gobernado o gobiernan sus territorios y que mantienen una influyente presencia en la política española (Linz, 1986; Llera, 1994 y Etherington 2003). Es evidente que el caso de Galicia presenta cuanto menos un desarrollo dispar frente a la evolución seguida en Cataluña y Euskadi ya que carece de un partido nacionalista importante hasta finales de los años noventa del siglo pasado [2]. Por lo que la aplicación de este modelo, de esta asociación entre sentimiento y voto a los partidos nacionalistas, no da explicación de cómo los gallegos manifiestan políticamente su conciencia identitaria, conciencia por lo menos al mismo nivel que la vasca o catalana en casi todas sus dimensiones como han señalado los estudios desde la transición (Jiménez Blanco, 1977; García Ferrando, 1982 y 1994; López-Aranguren, 1983). Esta singularidad ha sido vista como una “contradicción” (Villares, 1989: 504) o como la prueba de la falta de una “auténtica conciencia nacional” (Cabrera Varela, 1986: 309). Y sobre ello se ha construido la tesis de la incapacidad histórica del galeguismo para articular un partido político importante y desarrollar un espacio político propio, de la que sólo se salva el período del Partido Galeguista en la II República. Esta teoría de la “hegemonía imposible” presentada por Ramón Máiz (1986; 1996) sustenta la mayor parte de las investigaciones que sobre elecciones, partidos y opinión pública en Galicia se han venido realizando. Pero al estudiar en profundidad la evolución del movimiento galeguista durante el franquismo nos encontramos con la voluntad explícita de inaugurar una nueva vía que rebasa el modelo convencional, de adscribir el sentimiento identitario a un determinado partido, o partidos, para por el contrario abrirlo a la totalidad de ellos. Preservando de esta manera la defensa de la identidad y personalidad política de Galicia del debate político y partidista y, sobre todo, permitiendo la libre manifestación política de la conciencia gallega (Rodríguez-Polo, 2009). 2. La estrategia galeguista Después de la Guerra Civil española la iniciativa del movimiento galeguista, que había conseguido refrendar positivamente un estatuto de autonomía para Galicia en 1936, queda en manos de los jóvenes universitarios provenientes de las Mocedades Galeguistas, la agrupación juvenil del Partido Galeguista. Éstos dedicaron sus esfuerzos a la labor política clandestina empeñados, junto al resto de fuerzas políticas del interior, en reinstaurar en España la legalidad de la República. Su destacada presencia en el interior y sus activos contactos con el gobierno español en el exilio francés llevaron a que el más destacado de los galeguistas, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao –exiliado en Buenos Aires–, fuese nombrado en 1947 ministro del gobierno en representación de Galicia (Castro, 2000). Pero ya a finales de los años cuarenta las principales potencias occidentales –inmersas en el clima de la guerra fría– ven en España un claro aliado en su lucha contra el comunismo, por lo que decidien apoyarlo y revocar las sanciones que le había impuesto la ONU (Calduch Cervera, 1993). Este cambio en los apoyos internacionales y el fracaso del gobierno del exilio (Noia, 1999; Anasagasti, 1985), condujo a que todas las fuerzas políticas fueran abandonando progresivamente la actividad clandestina, conscientes de la inviabilidad de la restauración de la República y de la clara consolidación del régimen surgido de la Guerra Civil. En 1949 sale de la cárcel Ramón Piñeiro, el líder político del galeguismo interior, y junto al resto de dirigentes del Partido Galeguista deciden no plegarse a la inactividad en medio de ese ambiente desolador. Entendían que el galeguismo, al margen de las contingencias políticas, tenía la misión irrenunciable de defender la identidad y los derechos de Galicia y mantener viva la conciencia gallega. Pero percibían que si la labor del movimiento galeguista se mantenía limitada a la marginal actividad política clandestina, se apartarían cada vez más de su propia sociedad despreocupada de las cuestiones políticas e ideológicas (Piñeiro, s.d.; Fusi, 1999). Para ello elaboraron una estrategia encaminada a preparar a la sociedad para el escenario, por aquél entonces incierto, de una restauración de la democracia en España. Consideraron que debían diseñar, por tanto, una estrategia a largo plazo que, manteniendo de manera paralela su presencia entre la aletargada oposición clandestina, hiciera posible una acción sobre la opinión pública que contrarrestase la influencia del franquismo y fomentase la conciencia de la propia identidad, especialmente entre las nuevas generaciones que serían las que podrían sobrevivir al franquismo. Se trataba de ganarle a Franco la batalla por el futuro. Esta estrategia encontró su formulación en 1950 con la constitución de la Editorial Galaxia, que bajo la figura de sociedad anónima mercantil les permitía eludir el control político del régimen. La estrategia, que se fue desarrollando y completando a lo largo del tiempo, tuvo cinco ejes de actuación: i) La actividad editorial. Desde Galaxia se publicaron manuales de historia, lengua, etc., para que sirvieron de material formativo sobre Galicia. Se fomentaron las publicaciones ensayísticas y de investigación con la voluntad de hacer presente entre la intelectualidad el uso de la lengua gallega. Y se animó el panorama cultural editando obras de jóvenes autores y recuperando literatos que habían dejado de publicar después de la Guerra Civil. ii) El fomento y la recuperación de instituciones culturales. Fundaron el Patronato Rosalía de Castro dedicado a la poetisa, y a su cobijo celebraron todos los 25 de julio el "Día da Patria Galega". La institución cultural más antigua e importante de Galicia, la Real Academia Galega, se convirtió en un objetivo prioritario y mediante la progresiva incorporación de intelectuales galeguistas fue recuperando su carácter comprometido, llegando a ser una de las instituciones con mayor proyección pública. El antiguo “Seminario de Estudos Galegos”, destacado centro de investigación fundado por los galeguistas en los años veinte, se puede considerar también como otra institución en la órbita del galeguismo ya que, a pesar de que fue integrado en el CSIC y rebautizado con el nombre de Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos, se mantuvo en la dirección de las diferentes secciones a los responsables de las mismas en el antiguo Seminario. iii) La promoción de personalidades públicas. Todas estas instituciones culturales colaboraron para aumentar la presencia de destacados galeguistas en el espacio público: Rosalía de Castro se convirtió en estos años del franquismo en la figura más popular; Ramón Otero Pedrayo, que había sido diputado del Partido Galeguista en la II República, pasó a ser el símbolo vivo de la continuidad del galeguismo; y la larga nómina de autores de Galaxia fueron promovidos como importantes referentes públicos que personalizaban la revitalización de la cultura gallega. iv) La labor de contacto directo. Los galeguistas eran plenamente conscientes de que la gravedad de la situación obligaba también a un lento trabajo de restauración social que debía discurrir fuera de los cauces de la vida pública. Las tertulias, las conversaciones con galeguistas, las charlas sobre temas diversos y el trato de amistad fueron el verdadero germen del desarrollo del galeguismo durante el franquismo. En Compostela, alrededor de la figura de Ramón Piñeiro, fueron entrando en el galeguismo grupos de jóvenes universitarios que, al terminar sus carreras, fundaron por toda Galicia multitud de asociaciones culturales para continuar con las actividades que habían comenzado en Santiago. También se fueron acercando al galeguismo profesionales asentados, animados por los grupos galeguistas de las diferentes ciudades, que tuvieron una importancia fundamental en el desarrollo y sostenimiento de muchas de las iniciativas de las nuevas instituciones. Y algunos de ellos llegarían a tener, andando el tiempo, una enorme influencia en el proceso de formación y consolidación de la autonomía. v) La no adscripción partidista del movimiento galeguista. Este es sin duda uno de los elementos más originales y controvertidos de toda la estrategia. Está claro que el peso de la experiencia histórica (Máiz, 1986; 1996) revelaba la incapacidad de articular un partido político amplio. Pero también es cierto que los hombres de Galaxia tenían la voluntad de construir de manera integradora el país y no reducir el movimiento a un mero partido político. Por eso basaron su estrategia sobre el nexo común de todos los gallegos: la cultura. Se trataba de que toda la sociedad llegara a adquirir una clara conciencia de su identidad, en una identificación anterior y al margen de cualquier presupuesto político. Por este motivo el núcleo rector del movimiento liderado por Ramón Piñeiro rechazó la reactivación del Partido Galeguista y sí, en cambio, impulsó la formación de partidos gallegos. Era la afirmación categórica de que la conciencia gallega se debía manifestar de una manera libre, de acuerdo a la pluralidad de la misma sociedad. Los galeguistas entendían que la ideología era un elemento disgregador en la sociedad, y por ello defendieron con su ejemplo personal –participando ellos mismos en diferentes partidos estatales en las primeras elecciones autonómicas de 1981– que ningún partido político ostentaría la exclusividad del movimiento. Todo el esfuerzo de los hombres de Galaxia culminó en las primeras elecciones autonómicas de 1981. De ellas saldría el primer presidente de Galicia y, fruto del equilibrio de las diferentes fuerzas políticas, se decidiría el carácter de la autonomía; esto es, si iba a ser un autogobierno real o si se plantearía como un mero organismo administrativo. Para los galeguistas se trataba de que, ganara quien ganara las elecciones, la autonomía tenía que convertirse en el históricamente anhelado autogobierno. Y fue esta preocupación la que llevó a los mismos galeguistas, liderados por Ramón Piñeiro, a integrarse en los diferentes partidos estatales, que eran los únicos que podrían optar al gobierno de Galicia. Con su presencia sirvieron de referencia para la evolución de la autonomía y, a la vez, mostraron públicamente que el galeguismo no era patrimonio de nadie si no que estaba presente en todos los partidos, fuesen estos estatales o gallegos. 3. Metodología La Estrategia de Galaxia establece, por tanto, el doble objetivo de “galeguizar” la sociedad y de “galeguizar” la política. Es decir, por un lado pretendía que los valores e ideales del galeguismo dejasen de estar defendidos y representados únicamente por el movimiento y fueran asumidos por la sociedad; y por otro, que todos los partidos políticos asumieran los postulados del galeguismo. Traducido al ámbito del comportamiento electoral –lugar donde confluye la opinión pública con los partidos políticos– el éxito de esta estrategia significaría que aquellos votantes posicionados en el galeguismo distribuirían su voto por todos los partidos. O lo que es lo mismo, que la manifestación política de la conciencia gallega se realizaría de manera plural. El marco temporal en el que analizar la eficacia de la estrategia del galeguismo debe ser, sin duda, el período de la transición y formación de la autonómica y más en concreto las primeras elecciones autonómicas gallegas. Entendemos que ése fue el "escenario futuro" de restauración de la democracia para el que el galeguismo estuvo trabajando desde los años cincuenta. Centrarnos en las elecciones gallegas de 1981 supone además la ventaja de que en este período las instituciones autonómicas no se encontraban consolidadas y las posiciones de los partidos no estaban del todo claras como demostraron los intentos de “racionalización de las autonomías”, a través del recorte de competencias en los estatutos, o la Ley Orgánica para la Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) de 1981 ambas medidas promovidas por los gobiernos de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo, respectivamente, junto a la dirección madrileña del PSOE (Pérez Díaz, 1994). Lo que en principio debería evitar las tesis institucionalistas, que entienden que las nuevas administraciones que surgen, así como los partidos políticos en liza, promueven en la sociedad el sentimiento identitario (Martínez-Herrera, 2002; Penn, 2008). 3.1. Consideraciones sobre los datos Para examinar el comportamiento electoral tenemos que recurrir al análisis secundario de los datos de encuestas del Banco de datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Entre ellas no encontramos hasta el estudio 1420, de 1984, ninguna pregunta sobre el sentimiento regional-nacional. Pero el problema añadido es que este estudio, no está disponible para su uso informático. El estudio siguiente disponible es el 1497 y en él, debido a la fecha de la encuesta (1985), se encuentra distorsionado el recuerdo de voto a la Unión de Centro Democrático, UCD. Este partido, que desaparece de la escena política en 1982, presenta unos porcentajes muy por debajo de los que obtuvo en las elecciones de 1981, en que fue la segunda fuerza más votada. Parece que en la encuesta de 1985 la UCD sufre el efecto “bandwagon”, habitual en las encuestas postelectorales (Noelle-Neumann, 1995). Pero consideramos que esto no afecta a la validez del análisis ya que lo que queremos saber es si el votante autoposicionado como galeguista-nacionalista distribuye su voto entre todos los partidos, no el peso exacto en cada uno de ellos. Otra de las observaciones que debemos hacer es un breve comentario sobre cómo se mide en estas encuestas el sentimiento regional-nacional de os ciudadanos. Se hace solicitando al entrevistado que se ubique en una escala de identidades, empleando para ello la pregunta: “Querría que Ud. me dijera cuál de las siguientes frases expresa mejor sus sentimientos: 1. Me siento únicamente español; 2. Me siento más español que gallego; 3. Me siento tan español como gallego; 4. Me siento más gallego que español; 5. Me siento únicamente gallego”. A nuestro parecer el planteamiento de esta escala está lastrado por una visión conflictiva del nacionalismo, por lo que entendemos que no mide exactamente el nivel de sentimiento identitario, sino más bien el nivel de conflicto entre identidades. La crítica a lo que se ha venido denominando “escala Moreno” cuestiona su validez (Ruiz Jiménez, 2007), aunque está claro que hay otras posibles escalas y mediciones de la identidad más apropiadas (Sinnott, 2006), nos encontramos ante una cuestión abierta que se encuentra en debate (Moreno, 2006). Ante este panorama resulta lógico que para medir la identidad nacional se intenten introducir nuevos conceptos como es el caso de “orgullo nacional” (Smith, 2006), aunque por el momento no han demostrado su validez. En cualquier caso esta manera de medir el sentimiento regional-nacional se mantuvo en los estudios del CIS en exclusiva hasta los años noventa, introduciéndose a partir de entonces las escalas numéricas que ya empleaba para el posicionamiento ideológico. Por tanto, a pesar de la obligada crítica, ésta es la única escala de la que disponemos y entendemos que su uso es fiable para nuestro análisis, ya que con ella se han elaborado la mayoría de los estudios comparativos sobre el caso español. 4. Resultados Las primeras elecciones autonómicas celebradas en Galicia en diciembre de 1981 otorgaron representación parlamentaria a seis partidos: Alianza Popular (AP), Unión de Centro Democrático (UCD), Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Bloque Nacional Popular Galego‑Partido Socialista Galego (BNPG-PSG), Esquerda Galega (EG) y Partido Comunista de Galicia (PCG). Siguiendo la escala de sentimiento identitario empleada por el CIS en este estudio, agrupamos a los votantes en tres grandes bloques:
Cuadro 1
Fuente: elaboración propia sobre CIS (1497) Distribuyendo los votantes entre los diferentes bloques por partidos de ámbito estatal y de ámbito gallego (cuadro 1), observamos que la mayoría de la población (54%) se sitúa en la posición de indiferencia, o de ausencia de conflicto identitario. Y los que se posicionan como galeguistas (32%) suponen más del doble de los que se adscriben al bloque españolista (14%). Quedando patente, además, cómo los votantes galeguistas distribuyen su voto por todos los partidos tanto estatales como gallegos. Cuadro 2
Fuente: elaboración propia sobre CIS (1497) Si examinamos con un poco más detenimiento a los votantes galeguistas (cuadro 2), nos encontramos con un hecho llamativo: los partidos de ámbito estatal son los que agrupan el mayor porcentaje de voto galeguista (gráfico 1), incluso entre aquellos que se consideran únicamente gallegos. Gráfico 1
Fuente: elaboración propia sobre CIS (1497) 5. Discusión La evidencia empírica que acabamos de presentar, sujeta evidentemente a estudios posteriores, viene a poner en cuestión la asociación entre el voto a los partidos nacionalistas y la presencia de conciencia nacional en una sociedad, ya que como acabamos de ver, no funciona en todos los casos. Esta investigación pone sobre la mesa, por tanto, la posibilidad de la existencia en España de un modelo alternativo de manifestación política de la identidad que no se expresa por medio del voto a los partidos nacionalistas, si no que lo hace distribuyendo su voto entre todos los partidos. Y que esta vía alternativa de afirmación de la pluralidad ideológica de la conciencia identitaria está presente en Galicia en sus primeras elecciones autonómicas de 1981. Este modelo alternativo fue promovido explícitamente por el movimiento galeguista desde los años cincuenta, y por medio de él buscaba que toda la sociedad gallega se pudiese sentir comprometida con la afirmación y desarrollo de Galicia en una identificación anterior a cualquier presupuesto ideológico. Lo que llevaría a que el sentimiento identitario se manifestase políticamente abierto a todas las ideologías, y conseguiría que la identidad no volviera a convertirse en un elemento de discusión política. Los resultados de esta investigación se ven también reforzados por la postura defendida por Vilas Nogueira quien afirma que en Galicia sería equívoco pensar que el peso político del nacionalismo se reduzca al apoyo electoral que reciben los partidos nacionalistas, sobre todo considerando que la generalidad de los partidos han asumido las propuestas culturales y lingüísticas nacionalistas (Vilas Nogueira, 1992: 15-16). Esta investigación aporta un elemento explicativo del comportamiento electoral en Galicia que, aunque todavía debemos explorar más y analizar también su mantenimiento en el tiempo, viene a poner al menos en cuarentena la tesis de la “hegemonía imposible” (Máiz, 1986; 1996) en la que se apoyan, directa o indirectamente, la mayoría de los trabajos sobre opinión pública y elecciones en Galicia. De la misma manera que este estudio afecta a la comunidad científica, también creemos que abre el debate y la reflexión sobre los valores galeguistas y proyecta una sombra sobre la pertinencia del actual discurso nacionalista en Galicia. Y aunque entendemos que el debate público se encuentra secuestrado por los intereses partidistas (Cisneros Espinosa, 2006), compartimos la idea de que desde la academia tenemos la obligación de aportar nuestro grano de arena para enriquecerlo y liberarlo, colaborando para que la sociedad pase a convertirse en esa gran comunidad de la que hablaba Dewey (2004). En cualquier caso, este modelo gallego requiere por su singularidad y relevancia, tanto para el análisis del comportamiento electoral como para el estudio de la identidad en la opinión pública, una mayor atención, que esperamos haber despertado en otros investigadores. 6. Referencias bibliográficas Anasagasti, Iñaki, 1985: Castelao y los vascos, Bilbao: Idatz Ekintza. 7. Notas [1] Por la singularidad del movimiento mantenemos el término original en gallego a lo largo del texto. [2] En las elecciones autonómicas de 1997 y 2001 el Bloque Nacionalista Galego (BNG), una agrupación de partidos mayoritariamente de izquierda, que se convirtió en la segunda fuerza política en Galicia bajo el liderazgo de Xosé Manuel Beiras, con un 24,8 y un 22,6% de los votos respectivamente. Desde las elecciones generales de 2000 está presente en el Congreso de los Diputados. |
|