Revista Latina de Comunicación Social 43 – julio - agosto de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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[junio de 2001]

Marginalidad y exclusión a comienzos del siglo XXI: la situación en la República Argentina

(3.321 palabras - 8 páginas)

Lic. Reneé Isabel Mengo ©

Profesora de la Universidad Nacional (Córdoba, República Argentina)

Fundamentación

En la transición del siglo XX al XXI los grandes estados, las grandes ciudades y, en general, las sociedades complejas se desarrollan sobre espacios muy amplios, casi mundiales, en los que resulta muy difícil definir fronteras y límites. Estas mismas entidades no logran ya -estamos en la sociedad de la información y del libre comercio- frenar lo que viene de afuera, lo que les lleva a confundir lo propio con lo extraño... Entonces resulta ya mucho más difícil distinguir lo que queda del modelo anterior, cómo insertarse en el nuevo, quiénes son los oponentes, los extraños, cuál es el espacio propio y lo que corresponde a lo ajeno dentro de su propio espacio.

Así surge la paradoja: una sociedad urbana, cada vez más llena de exterioridad – más bien confunde la exterioridad con la interioridad- tiende no a disolver fronteras, sino a cuartearse por dentro, a fragmentarse a levantar fronteras interiores. Hay una nostalgia por el pasado, un vacío que afecta a su identidad y su visión del futuro es incierta. Un urbanismo caótico, hostil e irracional, y una comunicaciones masivas en las que el sujeto es sólo un número y un índice de gregarización han levantado nuevas barreras entre los sujetos. La pérdida de la capacidad cohesiva de una sociedad cada vez más abstracta y aislacionista despeja el campo a la emergencia social.

La denominación "ciudad dual" sostenida por pensadores como Wacquant, Sarlo entre otros, sirve para describir los efectos que la polarización económica ha tenido y tiene en la geografía y ecología urbana. La imagen de ciudad dual y fracturada se dirige hacia las nuevas desigualdades provocadas por la eliminación de miles de puestos de trabajo y el retiro del estado en función de estado del bienestar, caracteriza no sólo a las ciudades posindustriales como Nueva York o Chicago, sino a las del denominado tercer mundo como San Pablo, México (D.F) y Buenos Aires.

La presente investigación trata de exponer teórica y prácticamente las causas de la "marginalidad y exclusión" con sus respectivas características en la Argentina del presente, y las posibles alternativas para adecuarse definitivamente al nuevo modelo que la realidad del nuevo siglo parece imponer.

Enfoque científico del análisis

Para comprender desde la comunicación los procesos, contextos y significados que se pretenden exponer en el presente artículo se emplea la "investigación cualitativa" dado que además incluye estudios etnográficos, trabajos de campo y estudios de casos. Lo que todos ellos tienen en común es el estudio sistemático de la experiencia vivida: Porqué reacciona la gente, su ubicación social y cultural, sus acciones, sus discursos, la percepción que desarrollan de sí mismos y en relación con el discurso dominante del modelo y la relación dialéctica de ello con los media.

Sólo la investigación cualitativa, sólidamente apoyada en una matriz semiológica y utilizando los últimos avances de la sociología interpretativa y de la antropología crítica, han podido acercar una aproximación al objeto de estudio.

El panorama de las disciplinas y sus respectivos ámbitos científicos más adecuados, a saber, son:

  • Psicología social: Marginación. Autodestrucción.

  • Sociología: Anomia. Violencia instrumental y represiva.

  • Antropología: Conflictos interclases. Violencia simbólica. Intensidad relacional. Territorialidad y vínculos. Sistemas culturales: producción y transmisión.

  • Semiótica: Construcción discursiva de los reclamos. Circulación del sentido. Manipulación e interpretación de textos.

Actuaciones y representaciones.

  • Comunicación: Estrategias y tácticas comunicativas, difusión y propagación del modelos, mensajes y recepción, relaciones e influencias entre individuos y grupos. Medios.

Discurso mediático: mezcla de todos los demás discursos y espectacularización. (1)

Las opciones discursivas presentes en el estudio son:

A. Psicosociológica

Ambas disciplinas se interesan por las conductas humanas, tanto individuales como colectivas.

Para la Psicología, el estudio de la deconstrucción de la identidad desde los entornos sociales de los que proceden los individuos como los objetos y sujetos se convierten en el blanco de las respuestas agresivas y violentas. La psicología analítica aporta las investigaciones sobre las pulsiones destructivas que proceden tanto de la sociedad (el superego) como del inconsciente. En psicología social, existen estudis analíticos- descriptivos sobre la violencia urbana; sectorizada; etaria.

Para la Sociología, en la actualidad estudia el fenómeno "anomia", es decir la desintegración de las reglas y el debilitamiento peligroso de los vínculos sociales. La anomia suele aparecer en períodos de cambios históricos y grandes transformaciones, y se expresa mediante manifestaciones de desorden que reflejan crisis de valores: esto es, caducidad de los viejos valores e inexistencia o fragilidad de los nuevos.

B. Antropología

Interesa el concepto de "sociedad de los objetos", una sociedad en la que la relación entre los sujetos, constitutiva en la época preindustrial, es ahora instrumental en función de la adquisición de objetos simbólicos. La pérdida de valor de las relaciones intersubjetivas, en beneficio de una representación simulativa de formas sociales, lleva al individuo a aceptar la violencia contra el sistema y de personas, como expresión de la identidad perdida.

Un nuevo aporte, la "antropología reflexiva", permite hacer estudios sobre la desigualdad urbana; la dominación racial; las políticas de criminalidad.

C. Semiótica y comunicación

Ambas tratan la "significación" en la manera de expresarse, de actuar y de demandar de las sociedades urbanas.

En una sociedad sometida a la emisión de información constante y masiva, lo primero que se debe detectar son los códigos expresivos específicos, tanto en la comunicación interna como para la sociedad externa.

Los estudios sobre comunicación y significación permiten profundizar en los discursos urbanos las claves de las demandas. Permiten también investigar la manera peculiar que tiene de atribuir sentido a sus acciones y valores.

El discurso mediático

Discurso de discursos, aprovecha otros discursos y, además, contribuye a difundir de forma masiva imágenes y modelos culturales. Otros colectivos, como el discurso oficial, el policial, el judicial, tiene un peso en el aparato discursivo que a veces resultan condicionantes para el análisis.

Las fuentes son esenciales para el análisis semiótico; no sólo porque permiten el conocimiento directo de los hechos, sino que son objeto de estudios específicos. El discurso social, y el de la violencia urbana, son el producto de la sinergia entre diferentes discursos y puntos de vista, ya que permite: enriquecer el cuadro de conjunto y contrastar las imágenes y contenidos que cada punto de vista propone y desarrolla.

Los materiales utilizados son heterogéneos y de naturaleza multimediática. En el presente análisis predomina los de soporte gráfico y de imágenes. Estos materiales revelan una concepción del mundo, de los valores perdidos y los nuevos a implementar.

Se recuerda que la metodología empleada es de análisis de textos y enunciaciones, material que ha recibido tratamiento fundamentalmente cualitativo, interesado por las categorías formales manejadas más que por los contenidos puntuales o por su relación cuantitativa.

Las explicaciones de autores sobre el tema

A continuación se expresa las opiniones de reconocidos intelectuales, quienes explican desde la formación que cada uno de ellos posee, las causas, características y alternativas de este fenómeno de crecimiento diario.

Löic Wacquant (2), provee de un conjunto de claves analíticas para pensar las causas, el funcionamiento y los efectos de la marginación y desigualdad social a través de una aguda observación de la realidad actual, incluida la de la Argentina para un estudio particular al respecto.

Considera que la Argentina, como otros países con cierta industrialización de Latinoamérica, está enfrentando el peor escenario, porque se está desarrollando las dos formas de marginalidad urbana al mismo tiempo. La villa miseria de 2001 no es la misma que la de 1970; hoy es una entidad híbrida, que padece a la vez escasez de trabajo industrial al viejo estilo y la abundancia de nuevos empleos precarios que no ofrecen un mínimo de estabilidad social. El espinoso dilema que esto crea es que todo política que reduzca un tipo de pobreza automáticamente incrementará el otro, y alimenta un doble descontento: el del pueblo y el de las elites del estado, quienes sin tomar en cuenta la ineficacia que han demostrado en otros países, insisten en implantar políticas que apuntan sólo a la contención punitiva de la miseria, justificando por un discurso que culpabiliza a los pobres de sus problemas. En todas partes, el siglo XXI parece un retorno al siglo XIX: la retórica victoriana que critica la "inmoralidad" e "irresponsabilidad" de los pobres, y así disculpa y exime de responsabilidad colectiva a la clase política y a la burguesía transnacional que controla el destino del capitalismo desregulado.

La pobreza del presente, continúa Wacquant, no es sólo por falta de trabajo sino también por la abundancia de trabajo ocasional, inseguro, mal pago, lo que implica que no se puede esperar que se solucione sólo aumentando el empleo. La pobreza urbana se concentró en territorios en territorios que están "desconectados" de las economías nacionales.

Es decir, empeoran en tiempos de recesión económica pero no mejoran en tiempos de reactivación, porque los beneficios que alcanzan a los sectores con alta calificación y altos ingresos no llegan a los sectores más bajos de la escala; en tanto estos últimos permanezcan desempleados o empleados en condiciones indignas, pierden el sentido del bien común y los lazos afectivos con el lugar donde viven. A estos "parias urbanos" les falta un lenguaje colectivo para articular sus experiencias y reclamos y esto agrava el desamparo. Antes se decía "trabajadores" y se englobaba a la mayoría de los habitantes de los barrios pobres. Hoy hay sólo definiciones por la negativa: los "sin empleo", los indocumentados, los "sin techo", todos expresan la marginalidad avanzada porque no es una expresión de atraso: florece en forma paralela a los mas avanzados sectores de la economía.

La inseguridad social, tanto como la física, los desórdenes urbanos y todos los conflictos generados por la pobreza persistente y la ausencia de un futuro viable mediante la policía y el aparato penal del estado, tanto para "barrer los indeseables" de las calles, "tolerancia cero", expresa un impulso por delegar en el sistema de justicia criminal el hacerse cargo de las consecuencias negativas de la desregulación de la economía y de la reducción de la protección social; se intenta invisibilizar los problemas sociales creados por la sumisión a la dictadura del "libre mercado". La glorificación del estado penal sirve a un doble propósito económico: forzar al nuevo proletariado a aceptar empleos inseguros como su horizonte normal de vida y mandar a casa a los que están "de más", aquellos para quienes ya no hay horizonte dentro de la economía.

Para completar los nuevos aportes de Wacquant, el autor señala cuatro lógicas estructurales que alimentan la nueva marginalidad, que, en conjunto, reconfiguran los rasgos de pobreza urbana en sociedades ricas, a saber:

  • El resurgimiento de la desigualdad social: la nueva marginalidad urbana no es la resultante del atraso, la ociosidad o la declinación económica, sino de la desigualdad creciente en el contexto de un avance y una prosperidad económica global.

  • La mutación del trabajo asalariado: la nueva marginalidad urbana es el subproducto de una doble transformación en la esfera del trabajo. Una es cuantitativa y entraña la eliminación de millones de empleos semicalificados bajo la presión combinada de la automatización y la competencia laboral extranjera. La otra es cualitativa e implica la degradación y la dispersión de las condiciones básicas de empleo, remuneración y seguridad social para todos los trabajadores, salvo los más protegidos.

  • El achicamiento y la desarticulación del estado de bienestar: son dos de las grandes causas del deterioro y la indigencia sociales visibles en las metrópolis de todas las sociedades. Es imperativo volver a ponerlo en el centro de la sociología comparativa para generar y reparar.

  • Concentración y estigmatización: la nueva marginalidad muestra una tendencia distinta en los conglomerados, convertidos en áreas "irreductibles", a las que "no se pueden ir" y son identificadas como pozos urbanos repletos de deprivación, inmoralidad y violencia donde sólo los parias de la sociedad tolerarían vivir. (3)

García Canclini (4), amplía el concepto sobre las problemáticas de las ciudades globalizadas y la de las ciudades emergentes. En las primeras figuran: Londres, Los Ángeles, Francfort y Hong Kong como sedes avanzadas de actividades financieras, consultorías, publicidad diseño, relaciones públicas, gestión de industrias audiovisuales e informáticas y los "centros regionales emergentes", entre ellos: San Pablo, México Taipei, Buenos Aires, donde los nodos de gestión de servicios globalizados coexiste con sectores tradicionales, actividades económicas informales o marginadas, deficientes servicios urbanos, pobreza, desempleo e inseguridad. Este segundo grupo de ciudades vive en la tensión entre formas extremas de tradición y modernización global. La desintegración y la desigualdad, o sea la dualización entre la ciudad global y la ciudad local marginada e insegura, son el principal obstáculo para que muchas ciudades se reubiquen en esta nueva etapa de su desarrollo.

Señala Borja y Castells(5), que un alto riesgo de la globalización es que se haga para una elite: se vende una parte de la ciudad, se esconde y se abandona al resto.

El desempleo

El desempleo genera violencia porque margina y destruye los lazos de pertenencia y porque entrena para la transgresión. En 1930, Sigmund Freud decía: "Ninguna otra técnica para la conducción de la vida liga a un individuo tan fuertemente a la realidad como poner énfasis en su trabajo, pues éste le da un lugar seguro dentro de la realidad, en la comunidad humana". Un empleo digno es esencial para sostener el equilibrio psíquico. (6)

En la Argentina de hoy, uno de cada cuatro habitantes es un joven que está en riesgo, desatendido e indefenso frente a la grave imposibilidad de incorporarse a un empleo productivo. Las tasa más altas de desempleo se registran entre los jóvenes de 15 a 24 años. El equilibrio emocional y la capacidad de goce no se sostiene sólo sobre el propio esfuerzo, reposan también sobre el eco y el reconocimiento de los otros. La actividad laboral organiza un ritmo de vida, provee de grupos de pertenencia y nexos personales estables y permite compartir proyectos productivos en común. El incremento de la violencia familiar, la drogadicción, el alcoholismo y las conductas antisociales terminan siendo el final inexorable de un circuito social de marginación. Las principales causas de muerte entre los jóvenes, hoy, son el homicidio y el suicidio.

Cuando la recesión se prolonga en el tiempo, ingresa en la categoría de depresión. La crisis argentina agita en la cabeza de la gente viejos y nuevos fantasmas. Son los de la violencia, el desempleo, la emigración, la inseguridad.

Algunas encuestas reflejan la tendencia de que la mitad de los argentinos se iría a vivir a otro país, que la mayoría que abandonaría su terruño son mujeres sobre todo integrantes de la clase media baja, y cuya edad en promedio es entre los 30 y 42 años, con educación secundaria.

Un ejemplo de este mapa de la pobreza lo constituye el partido de La Matanza, con 1.246.836 habitantes en un apretado territorio entre la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Desde años se sostiene por su valor electoral, pero ningún gobierno pudo alterar su situación precaria: el 30% de la población carece de elementos básicos para su subsistencia. En sus barrios, los niños aprenden supervivencia antes que la tabla del cuatro, también los códigos de violencia callejera.

Los psicólogos buscan explicaciones para los ataques a los colegios, el lugar donde deberían estar contenidos los conflictos sociales. "Es un síntoma de desintegración social. Es cierto que antes está el hogar; tampoco hay garantías. El 40% de los hombres y mujeres con capacidad laboral son desocupados o subempleados. Viven de la ayuda social, con programas de oficiales de trabajo precarios –150 dólares mensuales- o directamente abonados a los planes alimentarios.

La desocupación acentúa la resistencia a la solidaridad, respecto de otros desocupados y hambrientos que llegan de Paraguay, Perú y Bolivia. En las paredes de las ciudades se han visto afiches que reclamaban por una prioridad argentina en el mercado del trabajo. (7)

La violencia, cara visible de lo anterior ha convertido al vivir en una sofisticada estrategia para sobrevivir. Porque algo muy fuerte pasó en el medio y la vida sale muy barata en Buenos Aires.

En los últimos años se ha instalado de manera creciente la inseguridad en los habitantes de las grandes ciudades. El discurso de la violencia habla de la otra cara del fenómeno: la violencia como síntoma, como signo y estigma de una enfermedad social.

La consolidación de un modelo de exclusión social que castiga con virulencia feroz a los pobres condenándolos, para siempre y sin opciones, a condiciones terribles de vida, mientras miran por la calle por la televisión o en las revistas lo bien, lo lujosamente requetebién que la pasan los que el sistema sí integra, estimula esta nueva violencia extrema y demencial. Una violencia que encarna a sangre y fuego el discurso del odio y la desesperación.

¿De que sociedad estamos hablando? De la que está inmersa en un agudo, precipitado e irreflexivo proceso de latinoamericanización.

Es decir, la Argentina tradicional, fruto loable de la inmigración, la educación laica y obligatoria, la movilidad social, el estado distribucionista, el industrialismo, con una potente, culta y dinámica clase media era el país al sur del río Grande más parecido a los europeos. Lo era por logros, pero también por carencias: no contaba, por ejemplo, con una pobreza extrema –hambre inexistente en el país de los alimentos- y tampoco con la inseguridad que campeaba en la mayoría de las capitales latinoamericans. Hoy, Buenos Aires se parece más a San Pablo que a París, a Bogotá que a Berlín, a Caracas que a Madrid.

Conclusión

Estamos ante una sociedad más compleja y diferenciada, pero sobre todo fragmentada. El tema hoy no es la dicotomía pobres-ricos sino incluidos-excluídos, ciudadanos con futuro o sin él.

En el siglo XX, el filósofo José Ortega y Gasset describió la forma de ser del argentino como "futurismo concreto". Esto es, no el futurismo genérico del ideal común de una utopía colectiva, sino "un vivir desde las propias ilusiones como si ellas fueran ya la realidad". Uno de los mitos fundantes de nuestra identidad se vincula con aquello que fuimos o pudimos ser y no somos.

La Argentina creyó que era rica, y lo era, efectivamente, cuando la ganadería y los cereales brillaban más que el oro. Pero hoy ya no es así. Y la sensación de opulencia fue sólo embriaguez pasajera en los tiempos de la industrialización a la fuerza o la privatización acelerada.

La Argentina ya no es rica, porque hoy ser rico es poseer capital científico, propiedad tecnológica, know how, ventajas competitivas y no sólo recursos naturales. Pero tampoco es pobre, porque tiene recursos humanos calificados, con una sociedad desconcertada y dividida. No tiene por qué resignarse a un destino mediocre una nación que tuvo las bases para el desarrollo. No tiene por qué. Pero ello pasa por dejar de soñar en lo que fue para construir hoy lo que "es".

Notas

(1). Pere-Oriol Costa y otros: Tribus urbanas. Pág. 17. Paidós. Barcelona, 1997.

(2). Parias urbanos. Edit. Manantial. Buenos Aires, 2001.

(3). Wacquant, Löic: op. cit., pág 171 y ss.

(4). García Canclini, Neétor: La globalización imaginada. Pág. 168. Paidós. Buenos Aires, 1999.

(5). Borja y Castells: Local y global. Pág. 185. Edit. Taurus. Madrid,1997.

(6). Peyrú, Graciela. Médica psiquiatra. Especialista en violencia social. 2001.

(7). Sarlo, Beatriz: socióloga-investigadora de la U.N.B.A. 2001.

Bibliografía

Borja y Castells: Local y global. Taurus. Madrid. 1997.

Bourdie, P Wacquant, L: La astucia de la razón imperialista, Buenos Aires, 1999.

Diario "Clarín": 1/IV/01. 11/V/01. 26/V/01. 12/VI/01. 14/VI/01.

Pere-Oriol Costa y otros: Tribus urbanas. Paidós. Barcelona. 1997.

Wacquant, Löic: Parias urbanos. Editorial Manantial. Buenos Aires. 2001.

Touraine, Alain: ¿Podremos vivir juntos? Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 1997.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Mengo, Renne Isabel (2001): Marginalidad y exclusión a comienzos del siglo XXI: la situación en la República Argentina. Revista Latina de Comunicación Social, 43. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina43julio/29mengo.htm