Revista Latina de Comunicación Social 45 – diciembre de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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El espíritu científico frente al desafío sensacionalista. Guía para periodistas

Prof. Raymond Colle ©
Dr. en Ciencias de la Información
Santiago de Chile

Frente a un aparente auge de la manipulación sensaciona1ista de la información en algunos medios de comunicación, nos parece justa la actitud de un vasto público que denuncia este hecho y protesta por él. Pero al mismo tiempo, mezclada con esta actitud vá1ida y necesaria, se está desarrollando otra que, al contrario, nos parece más bien perjudicial. La crítica, en efecto, se extiende en algunos casos a la desautorización o ridiculización de los testigos o de los investigadores e informadores de fenómenos poco comunes o aún inexplicados. En este caso, se está incurriendo en un doble error censurado por la ética: falta de respeto a las personas (testigos, investigadores) y falta de respeto a la verdad, al no investigar los hechos antes de emitir el juicio. Esta situación hace urgente, a nuestro entender, una puntualización acerca de la actitud que todo analista objetivo y serio debería asumir: la actitud científica. Trataremos de mostrar como ha de aplicarse dicha actitud en el caso especifico de los "Objetos Voladores No Identificados" u "OVNIs", que ocupa cada vez más la atención de los periodistas en la actualidad.

1. La Ciencia y los "Casos Extraños"

Frente a un caso como éste, lo que debe preguntarse primero es si la Ciencia debe o puede rechazar algunas veces la consideración de ciertos hechos por su carácter "extraño". Acaloradas polémicas se han desarrollado al respecto, originadas principalmente en malentendidos respecto de lo que es la ciencia en su esencia y en sus objetivos. Por su misma naturaleza, la ciencia no puede excluir de su campo de acción ningún hecho que se presente a la conciencia investigadora del hombre. ¿Por qué, entonces, existen científicos que se desinteresan de ciertos tipos de problemas o incluso se oponen violentamente a su estudio?

Un motivo de ello es la enorme cantidad de información existente en todos los campos de la ciencia. Si resulta difícil para un especia1ista mantenerse al día en la literatura de su especialidad, más difícil le resultará juzgar temas relativos a otras especialidades o aún solamente conexos a la suya. Por otra parte, debe considerarse que algunos temas han sido mal expuestos por vulgarizadores poco prudentes y por aficionados al sensacionalismo. Cualquier hecho que parece estar en contradicción con las leyes naturales conocidas puede ser objeto de titulares desmesurados que sólo aumentan el escepticismo inicial y sano del científico, induciéndolo a veces –como ocurre en el caso de los OVNIs– a rechazar una información objetiva posterior. En éste caso, cae evidentemente en una contradicción fundamental con el espíritu de la ciencia, que exige que la mente permanezca abierta a la revisión de todas las hipótesis y de todas las teorías.

Pero esto no quita que todo científico debe actuar con prudencia y honestidad absoluta para someter constantemente las hipótesis al control de los hechos. Esta prudencia puede llevarlo a estimar que los argumentos de otros son insuficientes o inadecuados pero nunca a rechazar el estudio de un problema ni menos aún a desautorizar a quienes lo enfrentan seriamente.

En lo relativo a los OVNIs, el clima se cargó de mucha pasión en el Siglo XX y parece recién estarse "despejando" un poco. Esto llevó a algunos opositores a declarar que el número de pruebas era insuficiente para iniciar una investigación. ¿Pero cuántos proyectos de investigación nacen diariamente en base a presunciones mucho menos fundadas? Además, ¿no es la investigación, precisamente, un proceso de búsqueda de pruebas? Otros opositores han argumentado que las pruebas reunidas eran sólo testimoniales. Aparte de que es inexacto ya que existen registros tanto electromagnéticos y biológicos en suelos donde quedaron huellas físicas, como fisiológicos en hombres y animales, sin hablar además observaciones de radar, fotografías, vídeos, etc., es absurdo descartar el testimonio como prueba, por cuanto todo conocimiento descansa, en algún momento o en alguna parte, en testimonios.

Lo que debe exigirse es una suma de testimonios congruentes, provenientes de testigos independientes y confiables, lo cual se da ciertamente en el caso de los OVNIs. Cualquiera sea la naturaleza del fenómeno, dichos testimonio ya no permiten que su existencia sea negada. Es urgente, por lo tanto, consagrarle interés, esfuerzo y energía –o, por lo menos, respeto– de acuerdo a la importancia que sugiere el cúmulo, enorme ya, de testimonios.

2. Las pruebas en la ciencia y en este caso

Ya hemos hablado más de una vez de "pruebas" del fenómeno que tomamos como referencia concreta. Esclarecer este término resulta de suma importancia para plantear el problema en la forma científica adecuada. Filosóficamente definida, la prueba es una operación que logra convencer a la inteligencia de reconocer la verdad de una proposición o un hecho, sin que quede lugar a dudas. Esta operación consiste básicamente en la recopilación y entrega de informaciones relativas a la proposición o al hecho dudoso. Se encuentra limitada (dificultada o facilitada, según los casos, por numerosos condicionamientos externos, frutos de la acción del medio social o físico que influencia al individuo. Como toda la vida humana es una exigencia de adaptación a nuevas situaciones (y, por lo tanto, a nuevas informaciones), es comprensible que hayan mecanismos de protección que llevan al individuo a ignorar o rechazar informaciones que lo obligarían a cambiar demasiado sus esquemas mentales o su comportamiento habitual. En relación a los OVNIs existen numerosas ilustraciones de estos mecanismos de defensa, justamente por cuanto se trata de un fenómeno bastante conmovedor como lo era, en tiempos de Galileo, el plantear que la Tierra no era el centro del Sistema Solar. La historia de los casos de Copérnico y Galileo es, por lo demás, también muy ilustrativa de las dudas y de las luchas por las cuales deben pasar quienes ofrecen una nueva visión del mundo y hacia allí apunta la investigación en torno al fenómeno OVNI: hacia la necesidad de concebir una nueva cosmología, donde el lugar del hombre podría ser desplazado (1).

Frente al escéptico que pregunta qué pruebas existen, debe tomarse posición claramente, distinguiendo a lo menos tres categorías de pruebas:

  • la prueba científica "pura", fruto de la experimentación y de la medición,

  • la prueba lógica, fruto de la aplicación de reglas de razonamiento, y

  • la prueba "judicial", fruto de la acumulación de elementos tendientes a mostrar la validez de una aserción sin que ninguno de estos elementos sea capaz de convalidarla por sí sólo.

Las pruebas del fenómeno OVNI son esencialmente de este tercer tipo. Señalemos:

  • el número de las observaciones

  • su coherencia en el espacio y el tiempo

  • sus correlaciones estadísticas en el espacio y el tiempo

  • las confirmaciones cruzadas de idénticas observaciones

  • la calificación de los testigos y el número de los mismos para una idéntica observación

  • la autenticidad de por lo menos 4 a 5 % de las fotografías analizadas.

Además, no puede olvidarse que los testigos oculares NUNCA fueron contradichos por otros testigos oculares presentes en los mismos lugares y afirmando NO haber visto nada aunque se les haya llamado la atención, lo cual hace concluir en una existencia objetiva.

Como inicio de prueba científica, podemos citar:

  • las huellas en el suelo, con alteraciones de la composición química del terreno y de la vegetación (aseguradas por mediciones en terreno y en laboratorio)

  • el descubrimiento de "deyecciones" de materiales (algunas veces analizadas en laboratorio)

  • el registro de efectos electromagnéticos (mediante oscilografía u otros sistemas).

Aún llegados a este punto, podremos encontrar investigadores científicos que siguen dudando del fenómeno. Señalamos en el siguiente punto la principal fuente de las dudas del gran público. A este origen debe añadirse el hecho de la ambigüedad de la gran mayoría de los testimonios, que se manifiesta cuando se trata de profundizar los interrogatorios y obtener mayores detalles y precisiones. Sin embargo las imprecisiones son muy fáciles de entender por cuanto -ante todo fenómeno desconocido- escasean las palabras adecuadas y los intentos de comparación con fenómenos conocidos o la "autoexplicación" por parte de los testigos introducen todo tipo de confusiones (Recalquemos que hasta hace pocos años la mayoría de los testigos no tenía ningún conocimiento anterior relativo al fenómeno OVNI y que no faltan tampoco quienes fueron presa del pánico).

Pero estas ambigüedades son también el fruto de la ausencia de una estrategia adecuada de recopilación de información. Sólo estableciendo escalas de identificación y pautas de entrevistas "estándar" a aplicar a los testigos se inicia un desarrollo cualitativo de los datos testimoniales. Esto ya es una fase propia de la estrategia científica propiamente tal, que se inicia una vez establecidos suficientemente los hechos. Y ya varias instituciones públicas y privadas han dado este paso en distintos países europeos y latinoamericanos.

3. Naturaleza del fenómeno y origen de las dudas

La definición del fenómeno bajo estudio se encuentra en el mismo nombre con que se lo designa en la actualidad. Evoca la existencia de un gran número de observaciones congruentes de objetos voladores que, hasta el presente, no han podido ser identificados. Aunque no se sabe casi nada acerca de ellos, sí estamos llegando a un punto en que la realidad del fenómeno difícilmente puede seguir siendo negada. En efecto, los testigos del mismo pasan de varios millares, se reparten en todo el planeta, no tienen relación entre sí y, según algunas estadísticas, el 30% de ellos son profesionales que merecen la máxima confianza.

Frente a esta situación subsisten sin embargo numerosos opositores que hablan de "histeria colectiva", de alucinaciones, de autosugestión, etc. o formulan aún otros juicios -generalmente a priori- que no son en modo alguno expresión de una legítima actitud científica.

El origen de esta desconfianza y su difusión parece ser principalmente el fruto de una estrategia planeada en altos círculos de la Defensa de los Estados Unidos de Norteamericana. Después de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Aéreas estadounidenses quedaron muy intrigadas por repetidos avistajes de objetos desconocidos, rastreados por radar o aviones de caza. Las comisiones constituidas para investigar el fenomeno (como el Proyecto "Blue Book" que consideró 10.147 casos) han llegado, casi unánimemente, a negar su existencia, pero sin poder destruir elementos que mantenían vigentes las dudas. Así, por ejemplo, el Informe Ruppelt concluyó en 26,9 % de casos "no-identificados", a los cuales corresponderían informes detallados y confiables, de entre 4.400 casos revisados solamente de 1947 a 1952.

Pero resulta evidente que, desde el punto de vista de la estrategia militar, las autoridades no podían reconocer públicamente la violación del espacio aéreo con tal amplitud y sin que nada pudiera hacerse para detenerla. La Comisión Robertson, en 1953, declaró explícitamente en su Informe que debía evitarse "el desarrollo de una psicología nacional mórbida, gracias a la cual una propaganda hostil podría inducir una nefasta desconfianza hacia la autoridad constituida". Varios miembros de comisiones semejantes o de altas esferas militares, (como el Mayor Keyhoe y el Dr. Hynek) confirman que siempre se estimó preferible tender una "cortina de humo" ante el problema, lo cual no significa que se haya abandonado una investigación estratégicamente muy importante. Al contrario, prosigue bajo el mayor secreto posible, en la esperanza de lograr el dominio de la tecnología de los extraños aparatos que parecen estar surcando impunemente todos los cielos del mundo, acompañando incluso a algunos cosmonautas en sus pruebas.

Esta evaluación de las investigaciones y declaraciones oficiales, que hemos resumido brevemente, hace descubrir así motivos y razones para inducir en error a la opinión pública y para desacreditar a los científicos (y a los "aficionados") que no pertenecen a los círculos oficiales que niegan el fenómeno, lo cual deriva desgraciadamente en un gran desperdicio en los esfuerzos de investigación, de recopilación y de procesamiento de información.

Contrariamente a la tesis oficial norteamericana, las pruebas nos están llevando a admitir la existencia del fenómeno. Para proseguir en la consideración científica del mismo, dadas sus características, resulta necesario aislar y acumular las observaciones independientes que sea posible obtener, hasta que un análisis estadístico sea posible. De este modo, se puede esperar una información a la vez sobre la coherencia interna del fenómeno y sobre algunas de sus características. Así se lograría describir, con cierto grado de generalidad, cómo ocurre el fenómeno. Explicar el porque supone la elaboración de un modelo teórico inicial que dé cuenta de todos sus aspectos. Este modelo debe permitir elaborar una o varias hipótesis de trabajo destinadas a orientar la investigación posterior.

Los primeros pasos se ordenarían del siguiente modo:

Las hipótesis iniciales serán tales que cualquiera pueda ser tan válida como las otras, la incertidumbre –al iniciar el estudio de un fenómeno "nuevo"– siendo total. El análisis progresivo del problema y eventualmente el acopio de nuevas informaciones modificarán progresivamente las probabilidades relativas de cada hipótesis (haciendo que alguna sea más probable que las otras). El problema no estará resuelto mientras no se logre la certidumbre absoluta, es decir el aislamiento de la única hipótesis válida, lo cual no es siempre posible, por cuanto nuestros medios de investigación tienen limitaciones. Una vez que se destaque una hipótesis como más probable, y hasta que el problema esté resuelto por completo, se hace por lo tanto un "acto de fe" en la verosimilitud de la hipótesis, lo cual difiere mucho de su aceptación definitiva pero es indispensable para poder proseguir la investigación. O puede tomarse el punto de vista de Popper, que indica que –si hay suficientes indicios– la hipótesis más verosímil deberá ser aceptada hasta que surjan pruebas en su contra (principio de "falsabilidad"), lo cual es el modo en que por siglos ha avanzado la ciencia.

A titulo indicativo, las hipótesis relativas al fenómeno OVNI pueden ser agrupadas de modo general bajo las siguientes, categorías, con miras a escoger una estrategia de investigación:

La hipótesis "normal-física" ya ha sido descartada por los investigadores de las Fuerzas Aéreas (se refiere a la confusión con aviones, cohetes, satélites, globos-sondas, fenómenos atmosféricos, etc.), mientras la "normal-psíquica" se considera muy poco probable dada la amplitud y coherencia del fenómeno (supone alucinación o sugestión colectiva). La hipótesis "parafísica" dice relación con la eventual existencia de "mundos paralelos", mientras la "metapsíquica" se refiere a la manifestación de "principios espirituales" ("espíritus", "apariciones", etc). Quedan las hipótesis "extraterrastres", especialmente la "tecnológica", a la cual deberá prestarse –según parece– la atención preferente.

En efecto, frente a varias hipótesis cuyas probabilidades son muy parecidas o cuya naturaleza es muy diferente, debe escogerse por principio la que parece explicar los hechos en la forma más sencilla posible, es decir con el menor número de causas y con las causas más sencillas (Principio de Parsirmonía). El método científico invita, por esta vía, a probar primero la descripción y la explicación de los fenómenos en base a las solas reglas que rigen la materia.

En esta perspectiva, la hipótesis que mejor se presta para ser sometida a prueba -descartada la "normal-física"- es la "extraterrestre-tecnológica", de acuerdo a la cual los OVNIs serían objetos construidos y dirigidos por seres inteligentes venidos de otra parte del Universo. Aunque hagan uso de leyes y principios tecnológicos que desconocemos, es evidente que están sometidos, en nuestro ambiente, a las mismas leyes físicas que nosotros, leyes acerca de las cuales ya acumulamos numerosos e importantes conocimientos. El fenómeno OVNI llega a constituir así un poderoso incentivo para seguir investigando en campos ya explorados de la ciencia, pero en direcciones nuevas, como por ejemplo la antigravitación, el magnetismo, el efecto de las ondas, etc. Para quien rechaza, sin un mínimo estudio previo, hasta la evidencia del fenómeno, no existe lamentablemente tal incentivo.

Conclusión

Para concluir, el problema de los OVNIs presenta así -pero como en un paroxismo- la misma estructura que los demás problemas a los cuales se enfrentan los científicos: está referido a hechos insólitos o conflictivos que desafían la comprensión y provocan, por ello, la investigación.

El periodista no puede abordar ni éste ni otros fenómenos aún inexplicados sin un espíritu crítico, lo cual no quiere decir negativo ni escéptico sino abierto pero cuidadoso, el mismo punto de vista y la metodología del verdadero científico. El público no se merece menos y el sensacionalismo aplicado en casos que se consideren "anormales" o "paranormales" (sea el citado aquí o cualquier otro) termina haciendo a la ciencia el peor de los daños.
Nota
(1) En el mismo sentido, pero bastante alejado del sensacionalismo, se encaminan varias investigaciones llevadas por eminentes astrónomos en orden a descubrir fuentes de vida inteligente en otros cuerpos celestes. Un relato periodístico de estos proyectos se encontrará en la obra de W. SULLIVAN "No estamos solos", Ed. Noguer, Barcelona, 4a Ed. 1970, 374p.

BIBLIOGRAFIA

La bibliografía sobre el tema de los OVNIs es abundante, pero pocas son las obras realmente serias y confiables. Mucho más numerosas son las vulgarizaciones sensacionalistas, los relatos de "ciencia ficción" y otras obras que sólo logran confundir al público que desee algo más que entretención barata.

En castellano merecen mencionarse por su seriedad, aunque ya algo antiguas, las siguientes obras:

  • J. ALVAREZ LOPEZ & col.: "La Vida Extraterrestre", Ed. Kier, Buenos Aires, 1968, l73p.

  • L. ANGLADA FONT: "La Realidad de los OVNI a través de los Siglos", Ed. Kier, Buenos Aireé, 1968, 380p.

En inglés deben destacarse los trabajos del Dr. Hynek y las publicaciones del Dr. James E. McDonald, junto con KEYH0E, Donald E. "Aliens from Space".

Para el presente trabajo, hemos recurrido a la publicación belga de lengua francesa "INFORESPACE" y especialmente a los siguientes artículos:

  • F. BOITTE: "La preuve dans la recherche ufologique" (N.9,. 1973,pp.26-29)

  • M. CARROUGES: "Peut-on poser correctement le problème des soucoupes volantes?" (N.12, 1973, pp.14-22)

  • A. MEESSEN: "Hypothèses et stratégies de recherche" (N.24, 1975, pp.32-41)

  • J. SCORNAUX: "La méthode scientifique et le phénomène OVNI" (N.15, 1974, pp. 17-21)


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Colle, Raymond (2001): El espíritu científico frente al desafío sensacionalista. Guía para periodistas. Revista Latina de Comunicación Social, 45. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4507colle.htm