Revista Latina de Comunicación Social 6 – junio de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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La violencia en los programas televisivos

(2.727 palabras - 6 folios)

Lic. Daniel Cohen ©

Profesor titular de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina); presidente de la Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Ciencia.

dcohen@onenet.com.ar

En la década de los años setenta los estudios sobre la influencia de la televisión en los niños y adolescentes indicaban que los escolares veían un promedio de 1,5 a 3 horas por día la TV. En la década del ochenta, ese promedio se elevó de 2,5 a 5 horas por día.

Diversos autores coinciden en que los niños en edad preescolar, comenzando desde los dos años, miran alrededor de tres mil horas de TV antes de ingresar al primer grado del ciclo básico.

Durante el período de enseñanza primaria y secundaria, los estudiantes acumulan alrededor de diez mil horas de asistencia a clase, mientras que en el mismo tiempo gastan un promedio de quince mil horas frente a un aparato de TV. En conclusión, los niños y adolescentes contemporáneos dedican mayor tiempo a la TV que a la enseñanza formal.

Los estudios científicos demuestran que el consumo de TV aumenta gradualmente desde los tres años hasta el comienzo de la adolescencia. A partir de este período disminuye el promedio de horas frente al televisor, pero aumenta la preferencia por los programas violentos entre los varones.

También se ha concluido que los niños de bajo nivel socioeconómico ven más TV y tienen mayor interés por los programas violentos que los niños de niveles socioeconómico más altos.

Diversos estudios también revelan una correlación entre bajo rendimiento escolar y exceso de TV. Los niños con altos niveles de consumo manifiestan serias deficiencias en su capacidad oral y escrita.

Las estadísticas de los países donde se ha estudiado en profundidad este problema, revelan que el consumo tiende a mantenerse en los promedios actuales o a subir; pero en ningún caso a disminuir.

Violencia emitida y aprendizaje observacional

Uno de los análisis más completos sobre TV comercial en Estados Unidos, realizado por un equipo de expertos que dirigió G. Gerbner ('Violence in television drama'), demostró que el ochenta por ciento de los programas emitidos contenían al menos un incidente violento y que los programas de dibujos animados tenían la más alta frecuencia de actos violentos.

En la programación de TV de Argentina se llegó a contabilizar un promedio de treinta incidentes violentos por hora. Las cifras parecen exageradas, sin embargo su constatación es muy sencilla, basta sentarse frente al televisor en actitud crítica y sumar los episodios de violencia.

Un hecho importante descubierto en las investigaciones de la violencia en la TV es el fenómeno del aprendizaje observacional. Teoría avalada por muchos científicos que distinguen entre la adquisición de una conducta y su ejecución. De modo que la conducta aprendida puede ser almacenada y ejecutada posteriormente si se presentan las circunstancias apropiadas.

A partir de esta propuesta teórica se han realizado innumerables trabajos de campo cuyas conclusiones revelan patéticamente la relación entre la violencia difundida por TV y las conductas agresivas.

Los pioneros en investigaciones sobre la violencia ya aseveraban que los niños exhiben más conductas agresivas después de ver modelos agresivos en la TV o en el cine que en presencia de programas no agresivos o neutros. También se comprobó que los niños que muestran signos de angustia o malestar mientras observan escenas violentas, son menos propensos a tener conductas agresivas posteriormente. 

Algunos ejemplos clarificadores

En un análisis efectuado sobre programas elegidos al azar en dos series que tuvieron gran repercusión en los públicos infantiles en la década de los ochenta ('Popeye' y 'He-Man'), se contabilizó en los treinta minutos que duran cada uno los siguientes hechos de violencia: 

Popeye y sus amigos He-Man

35 golpes 28 golpes

8 mentiras 8 mentiras

24 burlas a una persona 1 muerte

4 "dulces conquistas" a una mujer 1 desaparición

tales como: tirarle del pelo, retorcer-

le el brazo, pegarle y encerrarla en

un armario.

Del mismo modo, el simpático Tom puede dar una clase de tortura en dos minutos: golpeando a un ratón con un libro, pegándole con una escoba, aplastándolo con la puerta o encerrándolo en las fauces de un perro. Estas escenas cotidianas forman parte de la pedagogía de la TV especialmente dedicada a los niños.

Sin embargo, no todas las investigaciones dan resultados alarmantes. Un estudio realizado sobre dos mil niños de Buenos Aires, encuentra que el promedio de horas diarias de consumo de TV está relacionado con la clase social a la que pertenece:

Clase media-alta 4 horas 06 minutos

Clase media-media 4 horas 37 minutos

Clase media-baja 5 horas 14 minutos

Clase baja 5 horas 55 minutos

Promedio general 4 horas 54 minutos

Estas cifras son significativamente más altas que la de los países desarrollados. Sin embargo, las conclusiones a las que llega el sociólogo José Luis de Imaz al analizar los resultados de la investigación mencionada son contradictorios con los efectuados en muchos otros países.

En el prólogo al libro ¿La televisión, forma o deforma?" (Merlo Flores de Ezcurra, Tatiana y Rey, Ana María), que contiene la investigación aludida, Imaz concluye: "La televisión argentina -mal que nos pese a los intelectuales- no siempre es la responsable del bajo rendimiento escolar, ni de la escasa ilustración, o de la pobreza del vocabulario que emplean los niños, o de su proclividad por las escenas de violencia. No, desde ese punto de vista la televisión no tiene tanta autonomía de vuelo, o por lo menos no podrá ser imputable de lo que ocurra en los medios sociales más pobres y deprimidos, ni en las familias peor constituidas".

"Las carencias de estos últimos -por el contrario- son de tal cuantía que entre ellos la televisión les amplía el vocabulario, despliega la fantasía o refuerza las pautas de violencia preexistentes en el medio..."

Algunos efectos estudiados

Los efectos que produce la recepción pasiva (no crítica) de programas de TV sobre las personas y esencialmente sobre los niños y adolescentes se puede analizar objetivamente a través de las reacciones que ellos mismos experimentan.

Mediante diversos estudios se ha podido comprobar la existencia de reacciones específicas cuando los niños son expuestos a programas con escenas predominantemente violentas. En estos casos los efectos pueden agruparse básicamente en siete categorías: imitación, liberación, estereotipo, refuerzo, miedo, acostumbramiento e identificación.

Imitación

Los niños tienen una marcada tendencia a reproducir en sus juegos acciones y actitudes observadas en su entorno (padres, hermanos, amigos, personajes de la TV, etc.). Aún antes de los tres años ya son frecuentes los actos por imitación. El niño copia o intenta hacer lo que otros hacen, ignorando la diferencia entre lo real y lo irreal, entre lo posible y lo imposible.

Así, que un niño se accidente cayendo de una escalera a la que intenta subir luego de haber observado cómo lo hizo su padre, es un efecto por imitación de la vida real. En cambio, de los programas de TV surgen efectos trágicos de imitación cuando los niños se "convierten" en Supermán, Batman o Robocop, es decir personajes irreales que se presentan a los niños como verosímiles.

Las experiencias demuestran que la contemplación de series violentas induce a los niños pequeños a provocar actos violentos.

Liberación

Al observar determinadas historias o escenas, algunas personas sienten una sensación de liberación, ingresan a un estadio psicológico en el que les resulta muy difícil controlar sus impulsos emocionales.

La exacerbación de estos impulsos desde escenas o argumentos de violencia o prostitución -por ejemplo-, incitan al menos latentemente a ciertos individuos. No hay evidencias de que la TV cause enfermedades mentales o alteraciones de la personalidad en los niños normales, per si que éstos encuentran en la TV un medio de escape de la realidad.

Estereotipo

La permanente exposición a escenas de contenido violento induce al receptor pasivo a internalizar que la única manera de resolver sus problemas y conflictos es por el camino de la violencia, con lo cual se fomenta la formación de patrones violentos, impropios del hombre como individuo y como ser social.

El niño tiende a identificarse con los valores que reflejan los personajes, en consecuencia adopta de los héroes violentos rasgos que se presentan como inevitables: la fuerza, el engaño o la violencia en sus múltiples formas.

Refuerzo

La manera en que la violencia es representada en las series televisivas contribuye a reforzar normas y valores de la sociedad allí representada. Que difieren, casi siempre, con las del receptor que no las puede asimilar con lo que ocurre en su entorno. La violencia emitida pasa a jugar un rol de agente reforzador que perpetúa un sistema de normas y valores, que se corresponde con el patrón del país de origen del material en contradicción con el país difusor del mismo.

Miedo

Las reacciones de miedo o terror son, en la amplía gama de efectos de la TV sobre los niños, las más perceptibles cotidianamente. Aunque las investigaciones en este aspecto son contradictorias en sus resultados, pues se encuentran efectos contrarios que varían con la edad, el género, la raza y el contenido mismo de las escenas.

El efecto traumatizante es, quizás, el aspecto más negativo entre las reacciones del niño o el adolescente frente a estos contenidos. Las pesadillas y temores nocturnos del niño aumentan cuando ha estado expuesto a escena violentas o de terror.

La música y los efectos de sonido que acompañan a las escenas de terror alcanzan a veces a un primer plano en el juego de los lenguajes de la TV, desplazando a la imagen a un segundo lugar. De modo que el efecto más traumatizante lo produce la banda sonora. La violencia verbal en las series o películas puede amedrentar a los niños más que la brutalidad física. Una pelea doméstica en la TV puede constituir una experiencia traumática para un niño, al reproducir situaciones similares a las que vive.

Acostumbramiento

La falta eventual de reacción frente a estímulos violentos reiterados es el resultado a largo plazo de la exposición prolongada a estas escenas. Un niño ve, en la TV, no menos de una muerte por día. Un mínimo de trescientos por año. En su primer año de receptor pasivo (entre los 3 y 4 años), el mismo niño tuvo la oportunidad de ver más muertes que un soldado en el campo de batalla y -además- con la ventaja de los detalles del primer plano. El acostumbramiento termina desplazando a cualquier efecto inicial de miedo o terror. Porque el niño se acostumbra progresivamente a cualquier estímulo ambiental -bueno o malo- mientras más lo experimenta.

Siguiendo nuestra hipótesis, aquel niño que comenzó -como la mayoría- a convivir con la TV desde los tres años, a los 18 años habrá visto no menos de tres mil muertes reales (en los noticieros) o ficticias (en series y películas). Entonces, cabe preguntarse: ¿Cuál será su reacción frente a la muerte, en la vida real, si ha convivido con ella gracias a la TV?

Identificación

Durante la infancia, el niño se forma en sus sentimientos, en su conducta y en la actividad del pensamiento. La incorporación del lenguaje le abre posibilidades de intercambio y esencialmente de integración social. Las formas de identificación más estables se producen en el período de la inteligencia intuitiva, que abarca de los 2 a los 7/8 años.

El aprendizaje, TV mediante, de normas de existencia basadas en la violencia y la muerte provocan en el niño la introyección de situaciones perjudiciales para su conducta social. Las series de violencia le enseñan a respetar normas que se imponen por la fuerza y relaciones antisociales frente a sus semejantes.

Un niño "consumidor" de violencia televisiva desde sus primeros años, será incapaz de progresar y madurar en el cultivo de vínculos fraternos y solidarios, sufriendo una regresión en el desarrollo de las identificaciones personales y sociales con posibles inclinaciones hacia vínculos negativos. Los comportamientos antisociales surgen de un proceso de desarrollo defectuoso de la vida afectiva. La falta de identificación con modelos sanos conduce a la frustración y ésta al ejercicio de conductas agresivas.

Una de esas conductas agresivas, afirman Mantei y Salomone ('El peligro de la identificación'), es la ira, que es una forma de indignación súbita que se manifiesta en una crisis emocional. En ella queda suspendida la acción de ataque físico hacia el adversario, se inhiben el pensamiento y el lenguaje, apareciendo el tartamudeo o la ronquera. Raramente la ira toma la forma de violencia hacia el otro, generalmente se irrumpe en insultos y gesticulaciones ofensivas. A veces llega a una violencia atenuada como el bofetazo... Esta autodestrucción afectiva se refleja día a día en la pantalla chica a través de ciertos personajes que demuestran maneras muy poco humanas de integración al mundo social y enseñan, sobre todo, formas de comportamiento distintas de las acostumbradas.  

Otros efectos para tener en cuenta

Una institución norteamericana sin fines de lucro, la National Coalition on Television Violence (NCTV), analiza y lleva estadísticas sobre las muertes provocadas por imitación o inspiración en series y películas difundidas por la TV, en las que prima un alto contenido de violencia. La NCTV registra anualmente varios casos de asesinatos inspirados por la TV y reconoce que las imitaciones directas de la violencia difundida son sólo "la punta visible de un gran iceberg".

Las escenas de violaciones también sirven a los imitadores. La difusión en TV de la película 'Nacida inocente', protagonizada por Lynda Blair, en cuyo argumento hay una escena de más de un minuto con la violación de la actriz por cuatro compañeras del reformatorio en el que están internadas, produjo su efecto en la vida real rápidamente. Cuatro días después de la proyección, tres niñas y un varón violaron a una muchacha con un procedimiento similar al de la película. Los autores del hecho declararon ante el juez, con absoluta naturalidad, que se habían inspirado en las escenas que vieron en la TV.

La calidad de los estímulos visuales y auditivos han convertido a la TV en un medio eficiente para provocar modificaciones en la conducta de los niños, cuando carecen de otros factores que lo impidan. "La TV origina actitudes donde no existían y puede modificar las existentes cuando no se presentan obstáculos" concluye el psicólogo venezolano Eduardo Santoro ('La TV venezolana y la formación de estereotipos en el niño'), porque "el refuerzo dado por la repetición y atractividad, unido a la actitud no defensiva que se adopta frente a la pantalla, hace que los mensajes tengan altas posibilidades de originar cambios en la conducta".

La médica y psicoanalista argentina Raquel Soifer ('El niño y la televisión'), no duda en considerar la adicción de los niños al televisor como "una nueva forma de neurosis: la televisiosis o la televisitis", cuyas características psicopatológicas son, entre otras, las tendencias a la regresión mental, a la imitación y al sometimiento; las intensas ansiedades persecutorias y fóbicas; el predominio de la desorganización mental y la dispersión de la atención.

La formación de la actitud critica

Ante estas evidencias, cabe recordar la conclusión del pediatra Hernán Montenegro ('TV: ¿Comunicación o contaminación?'), de que ya "es imposible seguir pensando que la TV es una forma inofensiva de entretenimiento".

Si nuestros niños son ingenuamente inducidos por el poder de atracción de los contenidos televisivos, es responsabilidad de los adultos proporcionarles métodos de autodefensa. De allí la necesidad de transmitir a los niños conocimientos mínimos, desde la escuela y la familia, que desarrollen rápidamente su actitud crítica frente a los mensajes que perciben.

La técnica más simple consiste en analizar detalladamente, con los niños, todos los elementos (icónicos y sonoros) de los programas preferidos, las características de sus personajes, los valores que se atacan o se defienden, los hechos violentos, la realidad, irrealidad o verosimilitud de las historias o escenas que se reproducen, etc.

La práctica cotidiana de "aprehender" con los niños a analizar lo que están viendo, les proveerá de formas de autodefensa frente a los contenidos que puedan causarles miedo, efectos de identificación o imitación o estereotipos inadecuados para su realidad social.

Esta técnica brinda la posibilidad de inculcar a los niños lo que deben ver y de advertirles sobre lo que "prefieren" ver. La TV es una escuela paralela, no formal y asistemática, pero escuela al fin, a la que se le dedica muchas horas diarias. Y si en las escuelas -como escribió Ernesto Sábato- "se enseñase lo que los alumnos declararan preferir, en pocos años tendríamos una nación de infradotados".


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Cohen, Daniel (1998): La violencia en los programas televisivos. Revista Latina de Comunicación Social, 6. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/
81coh.htm