Revista Latina de Comunicación Social 20 – agosto de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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Periodistas especializados y acostumbrados: la divulgación de la ciencia

(21.800 palabras - 9 páginas) 

Lic. Carlos Elías ©

Licenciado en Ciencias Químicas y en Ciencias de la Información

Doctorando en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna y redactor de la Agencia Efe (Tenerife)

 

En este trabajo intento hacer una reflexión sobre la falta de periodistas verdaderamente especializados en España, sobre todo en las áreas relacionadas con las actividades científicas como el periodismo medioambiental, el sanitario y el científico. Mientras la sociedad demanda cada vez más información precisa sobre estos asuntos, porque también es más culta, los periódicos se dedican a trivializar la ciencia. Los diferencio de los periodistas acostumbrados: aquellos que, en mi opinión, se creen especializados porque llevan mucho tiempo en una sección. Y sostengo que la diferencia estriba básicamente en la formación universitaria de postgrado que adquiera el periodista. En este sentido, y debido al carácter segregatorio que las ciencias experimentales han tenido tradicionalmente en las facultades de humanidades españolas -entre las que se encuentran las de periodismo- creo que el problema radica en la falta de conocimientos mínimos de una parte importante de los periodistas españoles para abordar con rigor la información científica. La solución al problema estaría en el modelo anglosajón en el que se introducen niveles introductorios de estas materias la carrera de Ciencias de la Información, al igual que se hace con la economía, el derecho o la sociología en España. También debería impartirse introducción a la comunicación en las carreras científico-técnicas.

La especialización y la divulgación en la prensa diaria

La aparición de la radio y la televisión en el mundo de la información llevó a la prensa a especializarse para poder competir. Mientras la radio y la televisión aspiraban a la inmediatez, la prensa buscaba el análisis y la interpretación. Su camino debía pasar necesariamente por la reflexión. Nació así el periodismo especializado. Primero fue en política y economía, pero pronto aparecieron otras ramas como el periodismo educativo, científico, medioambiental o sanitario. Los principales diarios comenzaron a contratar a redactores especialistas en un principio para que elaboraran ese tipo de informaciones y, posteriormente, para realizar auténticos suplementos especializados.

Sin embargo, aunque la divulgación se haga fundamentalmente sobre la base de un periodismo especializado, la especialización no implica, necesariamente, una divulgación. Ésta estaría incluida dentro de los estilos periodísticos tradicionales en el periodismo explicativo. Sin embargo, es esta divulgación la que según muchos expertos puede salvar al periodismo escrito muerte anunciada. Y no le faltan datos para argumentar sus pronósticos. La lectura de prensa ha decaído en todos los países europeos y en Norteamérica. La excepción es España y los investigadores la explican como que el punto de partida, en cuanto al número de lectores y a niveles culturales de nuestro país, era inferior al de los países de su entorno. De ahí el moderado crecimiento.

¿Es necesaria la divulgación?

No creo que sea necesario profundizar en este asunto. Todos los expertos, desde la ONU, la UNESCO, los diferentes colegios profesionales y colectivos de investigadores coinciden en que la ciencia, la medicina, el medio ambiente, la economía o la historia deben ser divulgadas con rigor en los medios de comunicación como forma de contribuir a elevar en nivel cultural de un país. Otras, como la política, aunque no se escuchen voces a favor de su divulgación desde los sectores implicados, sí es cierto que la existencia de profesionales realmente especializados en este área contribuye a reforzar el papel de contrapoder que ejerce la prensa en un sistema verdaderamente democrático.

¿Quién debe hacerlo, los periodistas o los expertos?

La especialización en periodismo se origina en España en estos momentos como consecuencia de que en una realidad compleja -como la actual- el periódico prefiere asignar redactores a determinadas áreas para que se encuentren más cómodos en su trabajo y lo acometan con mayor eficacia.

Sin embargo, los antecesores de los periodistas especializados se encuentran en los colaboradores (1) que según el catedrático de Información Periodística Especializada de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Fernández del Moral, han constituido durante mucho tiempo el precedente más claro del periodista especializado.

Añade, en su libro "Fundamentos de la información periodística especializada" que este colaborador ha tenido cierto estatus en las redacciones periodísticas llegando a estar, en algunos medios, como fijo en plantilla dada la constante utilización que se hacía de sus servicios y recuerda que en especial se requerían sus conocimientos y se siguen requiriendo en los temas de carácter científico y técnico. Para Fernández del Moral, esta situación ha conducido a que muchos "especialistas" en determinadas materias se hayan convertido en periodistas especializados.

Sin embargo, lo habitual en España es que la especialización se adquiera por la vía de acudir siempre a un determinado tipo de acontecimientos informativos que tienen que ver con un contenido similar, ya sea en el ámbito de la sanidad, la educación, la ciencia, la política, la religión o el deporte.

El periodista, por tanto, sólo se limita a conocer quiénes son los responsables de esas áreas en las distintas administraciones públicas y privadas, y a disponer de una agenda de expertos -profesores universitarios, investigadores de centros oficiales, jefes de prensa de determinados organismos, directores generales, jefes de servicio, etcétera-. Es cierto que, con el paso del tiempo, se puede acostumbrar a redactar sobre ese tema, pero... ¿Será capaz de realizar un verdadero periodismo especializado? ¿Podrá realmente divulgar?

El DRAE define el término divulgar como publicar o poner un conocimiento al alcance del público. Sin embargo, en el contexto periodístico tiene una acepción más amplia: para que el público tenga realmente acceso a ese conocimiento, no basta sólo con transmitirlo; el verdadero conocimiento llega con la explicación de las circunstancias que concurren, así como del hecho en sí.

Es aquí donde se plantea el dilema. ¿Es capaz un periodista, al que el redactor jefe ha enviado circunstancialmente a una sección determinada, de convertirse en un redactor especializado capaz, incluso, de divulgar?

La respuesta no es sencilla. Básicamente depende de los gustos del periodista, de su formación previa, de su disposición para aprender y del nivel y circunstancias que los lectores tengan de esa materia concreta en la que el profesional del periodismo aspira a ser especialista.

¿Qué se entiende por periodista especializado capaz de divulgar y en qué se diferencia del acostumbrado?

La respuesta depende de la óptica con la que enfoquemos el tema. Desde el punto de vista del mensaje, el periodista especializado debe tener los suficientes elementos de juicio como para comprender lo que le dicen las fuentes y, sobre todo, para interpretar el contexto en el que lo dicen.

La divulgación exige una explicación de las causas y circunstancias que concurren en el hecho noticioso y esto sólo puede conseguirse con una adecuada cultura periodística del redactor. Un elemento importante a resaltar es que la cultura se adquiere -nadie nace aprendido- pero se debe manifestar un interés explícito para paliar esa carencia de conocimientos. Posiblemente sea aquí donde resida la clave del problema de la deficiencia de algunos periodistas especializados. Y es que, mientras existe entre los licenciados en Ciencias de la Información cierta inclinación, en especial por los temas de política, de literatura o, incluso, de cultura en general, -y en este sentido, considero que estas especialidades sí están mejor tratadas en la prensa-; no ocurre lo mismo con parcelas como la ciencia, la medicina o el medio ambiente.

Cuando la carencia de conocimientos en estas áreas es notoria, como sucede, por ejemplo con los que poseen un bachillerato orientado hacia las ciencias sociales o las humanidades -no existe ninguna asignatura de contenido científico en los planes de estudio actuales tanto de bachillerato superior como en la universidad-, el periodista no puede interpretar más allá de lo que le sugieren las fuentes sin correr el peligroso riesgo de equivocarse. En este caso, la divulgación, en el más amplio sentido de la palabra, se hace totalmente imposible.

Para Fernández del Moral, "la principal dificultad en este nivel estriba en la enorme separación entre las ciencias experimentales y las ciencias humanas, lo que se denomina en el lenguaje coloquial ‘las ciencias’ y ‘las letras’". Esta profunda separación ya fue definida en 1965 por C.P. Snow en su libro "El conflicto de las dos culturas" (2).

Estas dos sendas culturales provienen históricamente de la separación entre la mathemata griega y las ciencias formales de los sofistas, sólo que entonces existía una síntesis entre ambas vías de conocimiento y hoy, según Fernández del Moral, "la separación es mucho menos salvable y, desde luego, más profunda y generalizada. De ahí la necesidad de crear un clima propicio para la nueva síntesis".

En España, al contrario que en Estados Unidos, nunca ha habido un debate serio sobre cómo afecta la escasa formación científica formal de los periodistas y los licenciados en humanidades a la divulgación de la ciencia.

Así, en los libros sobre periodismo científico -al menos en las ediciones de 1990, 1992 y 1997- escritos por el actual presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico y profesor de esta materia en la universidad privada San Pablo-CEU, Manuel Calvo Hernando, no se menciona la necesidad o, al menos, la conveniencia de que el divulgador científico adquiera una formación universitaria en estas disciplinas.

Calvo Hernando enumera, en las sucesivas ediciones ampliadas y corregidas de sus manuales sobre periodismo científico, las características que debe poseer el periodista científico, entre las que destaca la claridad, la disciplina consigo mismo, la capacidad de concentración y de asombro, la paciencia, la preocupación y la tenacidad.

Considera asimismo que el objetivo primordial de este profesional debe ser la comunicación y divulgación de la ciencia, para lo cual debe enfrentarse, según Calvo Hernando, con un doble requerimiento: "Conocer el tema que va a tratarse y saber contárselo al público de modo sencillo y sugestivo, y traduciendo no sólo los conceptos, sino todo un lenguaje, y sin dejar un solo término científico (aparte de los que van entrando en la vida cotidiana) sin una explicación" (3).

Lo que no dice es cómo se consigue eso con la paupérrima cultura científica que se enseña en el bachillerato español de humanidades y cómo se soluciona si los actuales planes de estudios de las facultades de ciencias de la información no incluyen las disciplinas de divulgación e introducción a la ciencia entre sus asignaturas.

Entre los investigadores estadounidenses del periodismo científicos, la actitud frente a este problema de la falta de formación científica de los periodistas es radicalmente diferente, pues representa una parte fundamental de su discurso.

La profesora de Sociología de la universidad estadounidense de Cornell Dorothy Nelkin señala en su libro "La ciencia en el escaparate" (4) -en el que se recoge los modos de comunicación de la ciencia en los Estados Unidos- la absoluta necesidad de una preparación científica de los periodistas para poder evaluar lo que se les dice. Matiza, sin embargo, que aunque muchos ejemplos avalan la necesidad de que los periodistas tengan un mayor dominio metodológico sobre la ciencia, los divulgadores están divididos en cuanto a la importancia y profundidad de esa preparación científica formal.

Los que están a favor argumentan, según una encuesta recogida por Nelkin y publicada en la revista NASW Newsletter (5), que los periodistas con formación pueden juzgar de forma más crítica las cosas que se les dice y los métodos de investigación poco serios. Señalan que los periodistas con escasos conocimientos científicos tienen dificultades para encontrar argumentos técnicos, saber qué preguntas hacer y cómo valorar las respuestas. "Demasiados preocupados en lograr una comprensión básica, tienen poco tiempo y energía para interpretar los asuntos esenciales", señala Nelkin.

Los periodistas estadounidenses contrarios a esta formación científica, aun aceptando que es necesaria para alcanzar una mayor sofisticación, piensan, según la encuesta citada, que un exceso de educación científica puede perjudicarlos.

En su opinión, un periodista generalista planteará preguntas más simples que un especialista, por lo que obligará a los científicos a expresarse con más claridad y se podrá llegar más lejos en el alcance de la noticia. También consideran que los periodistas con demasiada formación pueden llegar a asumir los valores de los científicos y perder su capacidad crítica.

En este sentido, muchos periodistas opinan que los cronistas que son básicamente científicos ven las noticias en términos del progreso científico, mientras que los que son propiamente periodistas las ven en términos de sus efectos sobre la gente y la calidad de vida.

Lo que sí es cierto es que, en mi opinión, estos supuestos defectos se convierten en virtudes cuando se trata de un periodista de un gabinete de comunicación de un organismo científico. Resulta tercermundista que la mayoría de los responsables de prensa de estos organismos en España no cuenten con una adecuada formación científica además de la periodística.

Para John C. Burnham, profesor de Historia de la Universidad estatal de Ohio y autor del libro "Cómo la superstición ganó y la ciencia perdió: la divulgación de la ciencia y la salud en los Estados Unidos" (6) existe aún una falta de cultura científica entre los periodistas estadounidenses, sobre todo en los redactores de los periódicos pequeños, lo cual ha propiciado que en sus informaciones científicas predominen el sensacionalismo, la visión social y el fenómeno de la "agenda setting", hechos todos que han contribuido, en su opinión, a que la superstición haya ganado la victoria a la información científica y a que la ciencia esté cada día más descalificada.

Burnham considera que la falta de auténticos profesionales capaces de hacer atractiva la ciencia provoca que elijan el camino de la superstición y responsabiliza a los dirigentes de los periódicos y a su carencia de cultura científica del hecho de que los pensamientos mágicos y las supersticiones más rancias aparezcan con total impunidad en los medios de comunicación.

También critica a los científicos de los que dice que han dejado en manos de periodistas y gabinetes de comunicación la divulgación de las teorías científicas, dedicándose exclusivamente a sus laboratorios y olvidándose de que ellos también tienen la obligación moral de divulgar.

A juicio de Burnham, esto no sucedía en el siglo XIX, en el cual la ciencia gozaba de mayor prestigio que en el XX, hecho que atribuye a que en el siglo pasado los periódicos utilizaban para la redacción de su información científica prestigiosos colaboradores con amplia formación los cuales fueron sustituidos en el siglo XX por los periodistas.

Sin embargo, tampoco debería aceptarse que esta divulgación debería hacerla los científicos, los médicos o los ecologistas -que son los dueños del mensaje- y no los periodistas. Y es que, asumiendo que estos colectivos deberían estar más implicados en la divulgación y transmisión pública de sus conocimientos, aceptar que sólo debe estar en sus manos es como consentir que la divulgación de la política debe estar tutelada por unas fuentes interesadas como son los políticos.

En mi opinión, una circunstancia es que dispongan de espacio en los medios de comunicación para manifestar sus opiniones en la prensa y otra muy distinta que les corresponda a ellos la interpretación y la elaboración de la información de lo que acontece en el mundo político.

Con respecto a la ciencia, la medicina o el medio ambiente sucede lo mismo. Resulta inaceptable, en una sociedad tecnológica y científicamente avanzada como corresponde a las postrimerías del siglo XX, que las informaciones estén paralizadas o manipuladas por los expertos y que no existan periodistas especializados, capaces de divulgar, de interpretar o de descubrir los porqués de los hechos noticiosos que suceden en la realidad cotidiana y cuyas causas o consecuencias tienen que ver con aspectos científicos.

¿Cómo resolver este problema?

La solución a este problema, que en España se intenta obviar para no levantar ampollas en las ya de por sí delicadas relaciones entre las facultades de ciencias experimentales y humanidades la publicó en la revista "Arbor. Ciencia, Pensamiento y Cultura", editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en 1990, el entonces presidente de la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico, Julio Abramczyk.

En la página 159 del número 535, Abramczyk afirma que para evitar una mala divulgación de la ciencia "las universidades deben proporcionar oportunidades para el perfeccionamiento de los periodistas dedicados profesionalmente al área científica, como por ejemplo, periodos de estudio y entrenamiento en laboratorios de investigación, donde periodistas estarían en contacto por un cierto tiempo con los investigadores" (7). Añade que "ésta sería la solución ideal para una simbiosis maravillosa: periodistas aprendiendo nociones de importantes conceptos sobre los más diferentes ramos de la ciencia, y los científicos recibiendo, en contrapartida, la idea de que el contacto con los periodistas es realmente válido para el esfuerzo común en beneficio de toda la sociedad".

Esta idea también es compartida por el actual vicepresidente de Relaciones Institucionales del CSIC, Miguel García Guerrero, quien en la inauguración del II Congreso Nacional de Periodismo Ambiental en 1997 señaló: "La ciencia, no cabe duda, es parte esencial de la cultura y motor de la sociedad presente y futura y todos debemos contribuir al establecimiento de una verdadera cultura científica en la sociedad española" (8).

Emilio Muñoz, profesor de investigación del CSIC en el área de filosofía de la ciencia y ex presidente de esta institución científica, indicó en el I Congreso Nacional de Periodismo Científico, celebrado en Madrid en 1990, que conectar los medios de comunicación de una manera plana y eficaz con los científicos, deberían tenerse en cuenta, al igual que en otras actividades profesionales la multidisciplinariedad y la interdisciplinariedad. Sólo de esta manera el investigador conectaría en el mismo nivel con el periodista especializado en la transmisión de mensaje, aunque cada uno manteniéndose en su propia esfera (9).

Desde mi punto de vista, la solución a este problema de dificultad de comprensión de los mensajes científicos por los periodistas españoles se realizaría incorporando la ciencia a la cultura humanística de los españoles tanto en el bachillerato, como sucedía hasta los años 70, como en la universidad tal y como se hace en los países anglosajones, donde un licenciado en derecho puede, si así lo considera conveniente, realizar un curso de genética.

Sin embargo, teniendo en cuenta que esta circunstancia implicaría un cambio en la mentalidad heredada de la tradición latina de que la ciencia experimental no pertenece al mundo del pensamiento y por tanto al de la cultura, lo más pragmático sería posibilitar que los periodistas tuvieran acceso a clases de introducción a la ciencia en las que sin necesidad de acudir a fórmulas matemáticas o químicas se les explicaran los principios de organización del universo, de la vida o de la materia.

Esta formación debería ser recíproca con los científicos. Es decir: las carreras científicas deberían incorporar a su currículo la introducción de nociones sobre cómo se elabora la información así como de los mecanismos de funcionamiento de los medios de comunicación actuales. Tanto la primera como la segunda parte podrían englobarse en una asignatura que se denominaría periodismo científico o comunicación científica, muy común en las facultades anglosajonas y casi inexistente en los planes de estudios de las universidades españolas.

Con estas medidas no sólo se favorecería la divulgación de la ciencia sino que se pondrían las bases para evitar otro grave problema: la excesiva inclusión de anglicismos científicos en el idioma español, mencionado por la profesora de Historia de la Ciencia de la Universidad de Salamanca Bertha Gutiérrez Rodilla en su libro "La ciencia empieza en la palabra" (10). En él recuerda que la falta de expertos divulgadores de la ciencia en los periódicos ha propiciado que éstos en sus manuales de estilo no hagan caso al lenguaje científico, dejando la responsabilidad de la elección del término adecuado en manos del redactor.

Referencias

  • 1 Fernández del Moral, Javier. Fundamentos de la información periodística Especializada. Editorial Síntesis. 1993.
  • 2 Snow, C.P. El conflicto de las dos culturas. Proezas del pensamiento. México 1965.
  • 3 Calvo Hernando, Manuel. Manual de periodismo científico. Colección Comunicación. Bosch, 1997.
  • 4 Nelkin, D. Selling Sciences. How the press covers science an technology. Freeman, New York, 1987 (edición española: La ciencia en el escaparate, Fundesco, Madrid.)
  • 5 Degarmo, Scott. "An editor takes a survey: are scientist better writerrs than non scientist?" NASW News letter, 1981.
  • 6 Burhnam, John C. "How superstition won and science lost". Popularizing science and health un the United States. Rutgers University Press. 1988.
  • 7 Abramczyk, Julio. "La universidad y el periodismo científico". Revista Arbor. Ciencia, Pensamiento y Cultura. Números 534 y 535, junio-julio de 1990. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
  • 8 García Guerrero, Miguel. Discurso de inauguración del II Congreso Nacional de Periodismo Ambiental. Actas de este congreso editadas por la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA). Madrid. 1998.
  • 9 Muñoz, Emilio. "La nueva dimensión de la comunicación científica", conferencia recogida en las actas del I Congreso Nacional de Periodismo Científico. Madrid. 1990.
  • 10 Gutiérrez Rodilla, Bertha. "La ciencia empieza en la palabra. Análisis e historia del lenguaje científico". Ediciones Península. 1998.

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FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Elías, Carlos (1999): Periodistas especializados y acostumbrados: la divulgación de la ciencia. Revista Latina de Comunicación Social, 20. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999eag/
58elias.htm