Revista Latina de Comunicación Social 29 – mayo de 2000

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
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[Marzo de 2000]

La imagen periodística no fotográfica (II). El dibujo: definiciones y orígenes

(2.792 palabras – 6 páginas)

Dr. Carlos Abreu ©

Profesor Titular de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna

carbreus@etheron.net

 

El dibujo: aproximación conceptual

Para hablar del dibujo periodístico vamos a comenzar por reseñar algunas definiciones acerca del vocablo dibujo. A juicio de Leonardo da Vinci el dibujo era una deidad a través de la cual se creaba un mundo de la misma manera en que lo hizo Dios. (Díaz y Polito, en Esteva-Grillet, 1992: 35)

En opinión de Juan Acha (En Esteva-Grillet,1992: 61) lo "dibujístico" es la línea activa que revela subjetividades, describe figuras, las organiza en la superficie y las totaliza en una unidad sensitiva.

El Diccionario Universal del Arte de Pierre Cabanne (Díaz y Polito, en Esteva-Grillet, 1992: 35) lo define como la representación gráfica de una imagen trazada a base de líneas y de sombras, sobre una superficie plana.

Para el diccionario de la lengua española (1970) se trata de la proporción que debe tener en sus partes y medidas la figura del objeto que se dibuja o pinta. En otra acepción, lo considera una delineación, figura o imagen ejecutada en claro y oscuro, que toma nombre del material con que se hace.

La definición del DRAE merece dos comentarios. En primer lugar considera que pintar es una manera de dibujar, aun cuando tradicionalmente han sido dos artes u oficios similares pero diferentes. Otra cosa es que algunas pinturas hayan partido de dibujos como bocetos.

La imagen o figura producto de un dibujo, si bien suele emplear el "claro y oscuro", no tiene que limitarse a él. Existen dibujos elaborados a color. De hecho, en algunas publicaciones los observamos cada vez con mayor asiduidad.

A pesar de lo dicho, y si examinamos el asunto desde una perspectiva contemporánea, el desarrollo de las artes plásticas durante las últimas décadas, con sus innovaciones técnicas y nuevos materiales, "ha traído confusión en delimitar los confines entre el dibujo y otros géneros artísticos como la pintura y la escultura".

Será entonces necesario dilucidar -explican Natalia Díaz e Isabel Portillo- el momento en que el dibujo puede considerarse un género autónomo y cuando se constituye en un auxiliar de la pintura (En Esteva-Grillet, 1992: 35).

En esta línea de pensamiento, las citadas autoras agregan que la bidimensionalidad del dibujo ya no es un requisito principal para considerarlo como tal, concretamente cuando el artista utiliza como soporte chapas, alambres, latas, vidrios, etc.

Aun cuando la afirmación posee validez para el dibujo artístico exhibido en museos y galerías, no lo tiene para el periodismo iconográfico, actividad en la que se sigue utilizando el papel -o la pantalla de la computadora- como soporte final en el cual queda plasmada una imagen casi siempre de dos dimensiones.

La definición del Pequeño Larousse Ilustrado (1967) incurre en el mismo error del DRAE al señalar que el dibujo es la representación, con ayuda del lápiz, la pluma, etc., de un objeto.

Como veremos, las personas y las acciones en que estaban ellas involucradas fueron la materia prima de los primeros dibujos periodísticos. Aun cuando actualmente esta concepción se ha ampliado, los seres humanos siguen jugando un papel fundamental como sujetos de esta modalidad de expresión.

La misma limitación la encontramos en la definición de Natalia Díaz e Isabel Polito (en Esteva-Grillet, 1992: 35), cuando dicen que el dibujo sirve de herramienta para analizar y explicar gráficamente la realidad externa e interna de un objeto. De resto, su concepción sobre el dibujo resulta adecuada.

Más aspectos polémicos

En cambio, Manuel Quintana Castillo (en Esteva-Grillet, 1992: 63) ofrece una concepción más amplia al señalar que el dibujo es un ejercicio intelectual compuesto por un código de líneas y signos, mediante los cuales se puede interpretar la estructura de los objetos y la composición de los seres de la naturaleza.

Para Ignacio de la Mota (1994: 433), un dibujo es la imitación gráfica por medio de líneas y sombras de una determinada imagen y constituye la base de la ilustración, especialmente en los mensajes publicitarios.

El vocablo imitación nos parece adecuado para definir lo que es un dibujo. Empero, no compartimos el criterio de que esa imitación sea solamente de una imagen. La imitación en sí es la imagen y lo es de un referente, ya sea una persona, objeto, animal, otra imagen, etc. Respecto de que el dibujo sea la base de la ilustración también es relativo puesto que la fotografía y la caricatura, por ejemplo, son componentes, junto a él, de lo que usualmente se entiende por ilustración.

Finalmente, también es discutible decir que el dibujo forma parte "especialmente" de los mensajes publicitarios. Aun cuando no conocemos un estudio empírico que lo demuestre, basta observar los mensajes ilustrados, ora periodísticos, ora publicitarios, para percatarse de que en ambas actividades se utilizan, indistintamente, tanto los dibujos como las fotografías.

Más completa nos resulta la definición de José Martínez de Sousa (1992: 152-153) para quien el dibujo es la representación gráfica de objetos, seres, imágenes o figuras, sobre los más diversos materiales. En relación con el dibujo en prensa afirma que suele utilizarse para ilustrar una información. A continuación, Martínez de Sousa introduce un elemento polémico cuando señala que puede tratarse de un mapa, gráfico, esquema, viñeta, caricatura, chiste, cómic, etc., y es factible que sea ilustrativo, humorístico o publicitario.

Desde el punto de vista estrictamente semántico los mapas, gráficos estadísticos y caricaturas, entre otras, son modalidades de dibujo desde el momento en que son originados en el cerebro y elaborados por la mano del hombre.

No obstante, su uso constante y repetitivo a lo largo del tiempo ha hecho que se deslinden del dibujo y adquieran su propia rango, fisonomía y nombre.

Por ejemplo, con frecuencia se dice que la caricatura es un dibujo que distorsiona los rasgos de una persona. Y, en efecto, dibujo es, puesto que su autor utiliza trazos para su elaboración.

Sin embargo, desde el siglo XVI se le ha dado su propio nombre en virtud de las características que la distinguen del dibujo tradicional, vale decir, de aquél con fines figurativos. Es, pues, como dice Roberto Guevara (en Esteva-Grillet, 1992: 193), un derivado "directo" del dibujo.

En este orden de ideas, Ildemaro Torres (1982: 27) explica que al lado del registro fotográfico y "del grabado de ilustración, limitados a recoger y reproducir la imagen de la realidad", se desarrolló otra forma de expresión más dada a la interpretación, con una función crítica, vale decir, la caricatura.

De las cavernas al periodismo

El dibujo fue practicado desde los primeros tiempos, bien como adorno o con el fin de representar objetos, personas o animales. Prueba de ello son los vestigios encontrados en cavernas tales como las de Nueva Gales del Sur, España y Francia, así como en huesos de animales, guijarros, rocas (petroglifos y pictografías), alfarería y cestería.

Los sumerios, egipcios, griego, etruscos y romanos dejaron piezas de orfebrería y objetos diversos en los que aparecían grabados dibujos de distinta índole. Al igual que las imágenes prehistóricas, éstas también eran únicas, copiables pero irrepetibles. (Botey, 1948: 21).

El grabado en madera, cuyos orígenes datan en occidente de los siglos XIV y XV (Westheim, 1954: 19) acabó con esta situación toda vez que permitió obtener muchas copias iguales de una misma imagen a un precio módico.

Al principio, los dibujos se imprimían en hojas sueltas sin ningún texto; luego se comenzaron a grabar junto con los escritos en una misma pieza. Así surgieron primeros libros ilustrados impresos -las primeras muestras de ilustración de textos están en los pergaminos egipcios- que fusionaron el uso de la imprenta con las técnicas del grabado, cuyas imágenes tenían un uso fundamentalmente estético y/o religioso.

En el marco del Renacimiento surgió el concepto de perspectiva, que se convertiría en parte fundamental de la técnica de confeccionar imágenes con fines informativos y tuvo mucho que ver con la preocupación por la verosimilitud.

De esta manera, aparecen las primeras imágenes informativas en los libros impresos ilustrados, las cuales acompañan a los tradicionales iconos de santos, demonios, ángeles y otras representaciones sacras. Esos libros tratan sobre diversos temas: Botánica, astronomía, arqueología, anatomía, y biología. Allí se muestran dibujos, con fines eminentemente didácticos, sobre animales, maquinarias, técnicas, indumentarias, arquitectura, ingeniería y asuntos históricos, entre otros motivos. (Ivins, 1975: 59)

Hojas ilustradas

Las primeras hojas impresas, de fines del siglo XV y parte del XVI, eran con frecuencia ilustradas, especialmente con adornos, (Weill, 1962: 10) aunque asimismo aparecían dibujos grabados en madera. En estas imágenes muchas veces se mezclaba lo fantástico con la realidad. No obstante, también se podían observar escenas relacionadas con alguna noticia.

En América Latina ocurrió un fenómeno similar. Como indica Roldán Esteva-Grillet (1992: 10), la Europa que entra en contacto con nuestro continente era ya la Europa de las cartas de navegación, de la imprenta de tipos móviles, del grabado en madera y en metal, del diseño de máquinas de guerra o transporte; pero también de los dibujos anatómicos, herbolarios semifantásticos, y libros de caballería.

De manera que la imagen pintada, grabada, esculpida, bordada y, por supuesto, dibujada, acompañó a los descubridores junto a las crónicas y cartas de relación.

De por sí, la necesidad de informar sobre las costas recorridas, las ciudades fundadas, los acontecimientos extraordinarios, etc., llevó a muchos conquistadores a llevar, además de un escribano, algún dibujante. Empero:

La factura ingenua de muchos de estos testimonios gráficos de los primeros siglos de colonización se explica por haber sido a veces la propia mano del descubridor, fundador o constructor la que trazara el dibujo (Esteva-Grillet, 1992: 11)

Primeros periódicos con dibujos

Respecto de los primeros periódicos, algunos de ellos hicieron uso de ilustraciones, principalmente dibujos. Tal fue el caso, por ejemplo, de La Gaceta Universal (1580), el Nieuwe Tijdinghen (1605), The Weekley Newest (1622), A Perfect Diurnall of the Passages in Parliament (1643), y el Mercurio Civicus. (Abreu, 1992: 27-29).

Estas publicaciones eran bastante sui generis en relación con el uso de las imágenes, toda vez que durante los siglos XVI y XVII e incluso en el XVIII y parte del XIX los dibujos y caricaturas fueron escasos y espaciados.

Mas el auge de la Revolución Industrial y el desarrollo del capitalismo produjeron importantes mutaciones en la prensa, hasta convertirla en una industria.

De esta manera, surgió paulatinamente un tipo de periodismo informativo que desplazó al doctrinario y de opinión, predominante en el siglo XVIII y hasta las primeras décadas de la centuria decimonónica.

La noticia se fue convirtiendo en una mercancía cuya clientela era un público cada vez más numeroso debido a la explosión demográfica, al incremento de la educación, y a la reducción de la jornada de trabajo.

En medio de esa concepción surge una preocupación por la estética de las páginas, hasta entonces similares a las de los libros, de manera que se hicieron más atractivas dando origen a la diagramación como especialidad periodística.

Dentro de esta novedosa técnica el dibujo fue, junto con la caricatura, la forma expresiva iconográfica más utilizada hasta la perfección del fotograbado en 1880, que permitiría el uso de fotografías en la prensa.

Artistas de la mancha

El uso de bloques de madera por secciones -cada una con un fragmento de dibujo- desarrolló un tipo de profesional llamado ?artista de la mancha? quien, en lugar de tomar fotos de los acontecimientos, hacía dibujos rápidamente, que llevaba con premura a diarios y revistas, donde eran trasladados a los bloques de madera y tallados de forma manual.

Es conveniente señalar que desde finales del siglo XVIII se practicaba ese modo de hacer periodismo. Por ejemplo, en 1791 El Observer inglés trató de registrar los hechos de actualidad mediante dibujos hechos a plumilla.

Con tal fin, un artista se desplazaba al lugar de los hechos, hacía unos bocetos apresurados y regresaba a su estudio para trazar un dibujo más preciso, marcando las zonas de sombras con una serie de pequeños puntos. (Martínez de Sousa, 1992: 235).

Otro importante antecedente ocurrió en mayo de 1842 cuando un dibujante de The Illustrated London News registró el intento de asesinato perpetrado contra la reina Victoria de Inglaterra cuando ella y su marido, el príncipe Alberto, paseaban por las calles de Londres. Algunos consideran esa imagen como el primer documento gráfico de la prensa moderna. (Martínez de Sousa, 1992: 235).

Empero, fueron las guerras las que hicieron proliferar a los artistas de la mancha o artistas viajeros, como también se les llamó. A veces, éstos mandaban desde el frente de batalla pequeños bocetos poco detallados, los cuales eran copiados posteriormente a gran tamaño por dibujantes adscritos a la redacción, quienes colocaban los detalles y la tonalidad ausentes en los originales.

Durante la guerra de Crimea (1858), Constantin Guys fue el corresponsal gráfico de The Illustrated London News, mientras Gavarni "inflaba" en Londres sus dibujos (Ivins, 1975: 147). En la guerra civil norteamericana un renomb,rado grupo de artistas de la mancha fue enviado a los campos de batalla para registrar las escenas del conflicto, muchas veces en las condiciones más adversas.

Esos dibujos eran enviados a los editores por mensajeros a través de las líneas de combate. A veces se incluían, al margen de los dibujos, instrucciones especiales para la redacción, con la finalidad de orientar la labor de los artistas que trabajaban en las oficinas del periódico o revista. (Sutton, 1963: 185-186).

En opinión de Edwin Emery (1966: 300), los dibujos de los principales sucesos de la guerra civil eran "casi tan fieles como fotografías". De hecho, Frank Leslie's Illustrated Newspaper y Harper's Weekley compitieron ferozmente en la publicación de los dibujos de los campos de batalla y difundieron los retratos de las figuras más relevantes de la guerra.

A pesar de la invención de la fotografía y, posteriormente, del fotograbado, hasta la primera década del siglo XX, el dibujo ocupó un papel importante en el periodismo. Los periódicos habían hecho inversiones sustanciales en artistas y grabadores destinados, muchas veces, a hacer dibujos a partir de fotografías periodísticas.

Verbigracia, en 1891 había unos mil artistas elaborando más de 10 mil dibujos semanales para la prensa. Incluso, años después de haberse probado la eficacia del proceso de medio tono, continuaban copiándose fotografías.

Así, por ejemplo, cuando el buque de guerra Maine estalló en 1898 en el puerto de La Habana, el World, de Pulitzer, salía a la calle cinco días más tarde con las "primeras fotografías del desastre", que no eran en realidad más que dibujos copiados de las fotos. Una semana después aparecieron los medios tonos de esas fotografías.

Lo cierto es que después de varios años de vacilación, la prensa acabó por aceptar plenamente el proceso de fotograbado en medios tonos y, a partir de 1910, el antiguo grabado a mano fue utilizándose cada vez menos. (Varios, 1976: 16) Sin embargo, el dibujo no desaparecerá y, por el contrario, con el tiempo resurgirá para convertirse en una herramienta fundamental del periodismo.

REFERENCIAS

ABREU, Carlos (1990). La fotografía periodística: una aproximación histórica. Consejo Nacional de la Cultura. Caracas

BOTEY, Francisco (1948). El grabado en la ilustración del libro. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto "Nicolás Antonio". Tomo I. Madrid.

DE LA MOTA, Ignacio (1994). Enciclopedia de la comunicación. Tomo 2. Editorial Limusa. Noriega Editores. México.

EMERY, Edwin (1966). El periodismo en los Estados Unidos. Editorial Trillas. México.

ESTEVA-GRILLET, Roldán (1992). El dibujo en Venezuela: Estudio y antología de textos. Fundarte. Alcaldía de Caracas.

IVINS, W.M (1975). Imagen impresa y conocimiento. Análisis de la imagen prefotográfica. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.

MARTÍNEZ DE SOUSA, José (1992). Diccionario de información, comunicación y periodismo. Editorial Paraninfo. Madrid.

SUTTON, Albert (1963). Concepción y confección de un periódico. Ediciones Rialp. Madrid.

TORRES, Ildemaro (1982). El humorismo gráfico en Venezuela. Ediciones Maraven. Caracas.

WEILL, Georges (1962). El periódico. Orígenes, evolución y función de la prensa periódica. Editorial Uthea. México.

WESTHEIM, Paul (1954). El grabado en madera. Fondo de Cultura Económica. México.

VARIOS AUTORES (1976). El reportaje fotográfico. Salvat Editores. Barcelona.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Abreu, Carlos (2000): La imagen periodística no fotográfica (II). El dibujo: definiciones y orígenes. Revista Latina de Comunicación Social, 29. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000rmy/
104abreu2.html