ÁMBITOS. Nº 6. 1 er
Semestre de 2001 (pp. 107-121)
Géneros para la
persuasión en prensa: los artículos de opinión del diario El País
Dra. Pastora Moreno Espinosa ©
Profesora Titular de Redacción Periodística -
Universidad de Sevilla
En el presente estudio partimos de la consideración de los géneros periodísticos como discursos a partir de los cuales la investigación periodística ha ido configurando los diferentes mensajes.
Los géneros periodísticos son el resultado de una lenta evolución histórica ligada a la evolución del mismo concepto de lo que se entiende por periodismo. A lo largo de la historia del periodismo cada uno de los géneros no ha tenido la importancia que en la actualidad nosotros le damos.
El artículo es un género periodístico que interpreta los sucesos de una comunidad concreta y que destaca la importancia de éstos dentro del momento histórico, a la vez que las posibles consecuencias económicas, sociales y políticas que pueden derivarse.
Se escribe con la intención de crear opinión en el público, interpreta y enjuicia lo más destacado de lo que sucede, pero no es la institución como en el editorial la que se manifiesta, sino que es el periodista el que interpreta los acontecimientos, expresando su punto de vista, y puede incluso solicitar un comportamiento concreto del público.
Así pues, al ser la perspectiva de los géneros periodísticos la que más nos interesa, y en concreto el artículo, comenzaremos por buscar un punto de partida teórico que luego nos permita analizar el género que nos ocupa en el diario El País.
In the present writting, we start from the consideration about the
journalistic genres as discourses from which the journalistic investigation has
gone configurating the different messages.
The journalistic genres are the result of a slow historical evolution
connected with the evolution of the same concept that is understood as
journalism. But along the journalisms history every one of the genres hasnt
interested as well as at present.
On the other hand, the article is a journalistic genre that explain the
happenings of a determinate community and their importance stands out inside
the historical moment, at one time that the possible economic, social and
political consequences that can derive.
It is written with the intention to create opinion in the public, it is
explained him and it is judjet him the more outstanding that it happens, but
the institution isnt who manifiest oneself as in the editorial, but the
journalistic is who interpret the events expressing his point of view, and he
can besides ask for a determinate behaviour from the public.
Therefore, this perspective is the more interesting for us and exactly
the article, so then we begin looking for a starting-point which after allow
analize us the genre that concern us in the journal El País.
Palabras claves: Géneros
periodísticos/Opinión/Historia del periodismo/Análisis de opinión.
Key Words: Journalistic genres/Opinon/Journalism history/Opinion
research.
La labor del periódico es
canalizar los acontecimientos diarios hacia una opinión y ofrecer a los
lectores una interpretación periódica de la realidad.
Los géneros periodísticos
son géneros que reflejan el acontecer de un suceso y su interpretación, es
decir, la información correspondiente y su comentario o valoración por parte
del periodista.
En tanto que actividad
social, el mensaje periodístico tiene su manifestación específica en los
géneros periodísticos, hasta el punto de que durante mucho tiempo se ha llegado
a considerar que la construcción de la actualidad se produce desde ellos, con
ellos y gracias a ellos. Según Martínez Albertos, podrían definirse los
géneros periodísticos como las diferentes modalidades de la creación literaria
destinadas a ser divulgadas a través de cualquier medio de difusión colectiva
(1). Y se refiere al periodista como un operador semántico, o dicho de otro
modo: la interpretación periodística de la realidad se expresa a través de una
gama de modos y convenciones, que son los géneros periodísticos. Los códigos de
la comunicación periodística, añade, se plasman así en unos estilos y géneros
propios de un lenguaje que se diferencia claramente de otros tipos de lenguajes
(el literario, el administrativo, etc.).
Los géneros periodísticos
son el resultado de una lenta evolución histórica ligada a la evolución del
mismo concepto de lo que se entiende por periodismo. A lo largo de la historia
del periodismo, cada uno de los géneros no ha tenido la importancia que en la
actualidad nosotros le damos.
La importancia de los
géneros de opinión en la historia global del periodismo suscita nuestro interés
por realizar una incursión en los orígenes y desarrollo de la opinión publicada
en la prensa desde su nacimiento en España hasta nuestros días.
La historia nos permitirá
comprender gran parte de las características y de los rasgos peculiares que
presentan los géneros de opinión en las páginas de los diarios españoles de
finales del siglo XX.
En España, la evolución de
la prensa ha progresado desde el casi absoluto predominio de los géneros de
opinión hasta que el periodismo informativo relega a éste a secciones menores,
aunque no poco importantes en los periódicos. Este hecho comienza a
evidenciarse a mitad del siglo XIX, cuando la prensa informativa gana terreno a
la prensa doctrinal y partidista.
Si consideramos la columna
periodística como texto de opinión publicado en prensa a partir de hechos de
actualidad, su aparición legítima no se produce hasta principios el siglo XIX.
No obstante, esto no quiere decir que siglos antes no exista opinión publicada en la prensa española, sino que es
necesario analizar otras formas discursivas a través de las cuales se
transmitía la opinión en las páginas de las publicaciones impresas.
De este modo, nos
remontamos a los orígenes del periodismo en la Baja Edad Media y el siglo XVI
donde relacionadas con actividades comerciales, dada la pujanza de la
burguesía, conviven tres tipos de hojas volantes que pueden responder a las
tres funciones básicas del periodismo: la información de actualidad, el relato
de sucesos menores y la expresión de opiniones.
No obstante, en España es
en el siglo XVII cuando ya se detectan las primeras manifestaciones de una
opinión pública en los mentideros, lugar en el que corrían los libelos y
documentos apócrifos, manuscritos o impresos que carecían de firma o pie de
imprenta. Entre los libelistas precursores más primitivos de los columnistas
figura Francisco de Quevedo, quien en sus Anales de quince días trazó el modelo
para unir la relación de sucesos con las observaciones más profundas, agudas y
satíricas. Estos libelos convivían con los avisos y relaciones.
En 1661, comienza a
difundirse en España, La Gazeta, cuya publicación es alentada por don Juan de
Austria, hijo natural de Felipe IV. En esta época, las gacetas proliferan en
toda Europa y se anuncia en ellas la explosión del periodismo dieciochesco:
textos de opinión de crítica social, política, de costumbres y literaria. En
España, si bien se incorpora el texto de opinión política, la incidencia de una
legislación restrictiva, progresivamente endurecida, en la que confluyen
múltiples focos de control, como el rey, el Consejo de Castilla, el Consejo de
Indias o los poderes eclesiásticos frenan el desarrollo incipiente de un
periodismo de opinión que en esta época ya se está practicando en el resto de
Europa.
Sin embargo, los
principios inspiradores del Antiguo Régimen empiezan lentamente a ponerse en
quiebra en Europa durante el siglo XVIII. En España, la incidencia será menor y
más lenta que en el resto de los países. No obstante, el desarrollo de la
burguesía bajo los Borbones y su incorporación a tareas de gobierno fomentará
una transformación que a través de las tertulias y de la labor de los
intelectuales, irá ganando terreno a lo largo del siglo.
La prensa en estos años
continuará siendo minoritaria y selectiva. Los periódicos tienen un campo de
difusión reducido, sus lectores son los grandes protagonistas de la vida
política, económica, social y cultural de la época, representantes de la
burguesía, el clero, la milicia y en menor medida la nobleza. Las publicaciones
se transforman en un vehículo formidable de difusión en España de las ideas
económicas, adelantos científicos y descubrimientos técnicos de la Europa de
las Luces.
En la primera mitad del
siglo XVIII, una prensa oficial de artículos divulgativos y especializados
convivirá con otra prensa clandestina que practica un periodismo político que
conecta con la tradición del libelo y que tiene la virtud de llegar a sectores
populares. Tal es el caso de El Duende Crítico (1735), de Manuel Freyre de
Silva. La publicación oficial más representativa de tendencia divulgativa es El
Diario de los Literatos de España fundado por tres clérigos vinculados a la
Biblioteca Real. Esta publicación contribuyó al desarrollo de la crítica
literaria como género periodístico de opinión.
En la segunda mitad de
siglo se aprecia un avance desde el predominio de los textos de opinión de
divulgación científica o erudita, en los que en algunos casos se lograba
introducir la crítica, hacia un periodismo de opinión que se adentra en el
análisis social y de las instituciones. En esta línea, aparece en 1758, El
Diario noticioso, curioso-erudito, comercial, público y económico, obra de
Francisco Mariano Nipho, figura esencial del periodismo español dieciochesco,
considerado el primer periodista español. En la publicación aparecían dos
artículos, uno informativo y otro divulgativo, que en general era una
traducción.
En esta época alcanza un
nivel muy importante la prensa crítica de temas sociales, que se enfrenta a los
esquemas tradicionales arraigados en el espíritu nacional. Inspirado en el
modelo periodístico de The Spectator, fundado en 1711 en Gran Bretaña por
Addisson y Steele, aparece en 1761 en España El Duende especulativo sobre la
vida civil. Con estilo pretendidamente satírico y con la fantasía como modelo
constructivo, prescinde de los grandes asuntos y centra su crítica en temas
populares.
Aún más representativo en
esta línea es El Pensador de José Clavijo y Fajardo. Se publican 86 números o
Pensamientos, con artículos satíricos y de costumbres, políticos y personales,
instructivos y morales, filosóficos y literarios. En definitiva, se enfrenta a
los problemas esenciales de la sociedad española con espíritu e ideología filosófica
criticando las modas, la nobleza ociosa y poco cultivada y las deformaciones de
la iglesia a través del artículo costumbrista.
A finales del siglo XVIII,
se produce un paréntesis en el desarrollo del periodismo, debido, entre otros
factores, a la decepción de los lectores por los productos recibidos y a una
actitud severa por las autoridades. En 1781, Luis María García del Cañuelo y
Luis Marcelino Pereira fundan El Censor, publicación que aborda valientemente
los asuntos políticos, económicos y sociales y que marca la pauta que seguirán
inmediatamente los textos de opinión crítica de Aguirre, en El Correo de
Madrid; Valentín Foronda, en El Espíritu de los mejores diarios, o Pedro
Mariano Ruiz, en las Conversaciones de Perico y Marica, y, en general, en las
publicaciones del siglo XIX.
El Censor desencadenó
hasta su desaparición siete años más tarde una represión firme de la prensa en
España y la respuesta de numerosos detractores. En 1787, José Marchena funda El
Observador, con la voluntad de establecerse en el hueco dejado por El Censor.
En la misma línea que su predecesor, El Observador representa un momento breve
pero intenso del periodismo español y contribuye de una forma muy destacada a
reforzar la corriente crítica institucional que alcanza su apogeo en España a
finales del siglo XVIII.
Esta prensa crítica
convive con una prensa de carácter divulgativo que responde a diferentes
propósitos publicísticos, como es el caso de El Correo de los Ciegos o Correo
de Madrid y con una prensa literaria y erudita como el Correo literario de
Europa y el Semanario erudito, obra de Antonio Valladares o El gabinete de
lectura española de Isidoro Basarte.
Asistimos desde principios
hasta la mitad del siglo XIX a un fenómeno de ida y vuelta que no permite la
pluralidad en la prensa. En función de la ideología establecida en el poder, se
establece la tendencia de los periódicos que pueden ser publicados
oficialmente. La segunda mitad de siglo, la censura se relaja y la convivencia
plural empieza poco a poco a instaurarse en la prensa.
En este siglo, el
articulismo periodístico es el trampolín habitual para la estrategia política.
En gran parte de los periodistas y articulistas de la prensa del siglo XIX late
una pasión política que hará que muchos de ellos pasen a la actividad pública
con la máxima responsabilidad. Tal es el caso, por ejemplo, de Castelar, Pi y
Margall, Figueras, Rivero y Sagasta.
Del mismo modo, tanto en
el siglo XVIII como en el XIX, el periodista aparte de mostrar un interés por
las actividades públicas es en la mayoría de los casos un escritor. Como es
natural en períodos de inestabilidad política, la actividad literaria y
científica de un país cesa y buena parte de los escritores y ensayistas se ven
escribiendo en los periódicos. Las publicaciones del XIX sitúan los artículos
de fondo en las primeras páginas o en las centrales y el folletín en la parte
inferior, con textos de artículos de crítica o textos de creación.
Además, una prensa
informativa, independiente de los partidos y ajena a causas doctrinales se
desarrollará por la contribución de los avances en los transportes y la
sucesión de una serie de guerras.
Con el levantamiento
popular de 1808 se va a establecer la libertad de imprenta. Por primera vez en
España, podemos decir que nace la prensa política y con ella la opinión
publicada. En España asistimos al auge de la prensa liberal. Los
acontecimientos del 2 de mayo de 1808 provocan la aparición del Semanario
Patriótico, periódico que cuenta con una sección literaria y otra política, donde
el artículo doctrinal, con un tratamiento serio sin concesiones a la sátira
desempeña un papel más importante que los artículos de carácter histórico. Con
esta tendencia liberal, surge también El Conciso (1810-1814), publicación que
alcanzó bastante éxito. De tono más revolucionario destacan La Triple Alianza y
El Robespierre español.
En estos años anteriores
al regreso de Fernando VII, fuera de España, José María Blanco White, exiliado
en Gran Bretaña, publica durante cuatro años El Español (1810-1814), a través
del que da a conocer sus artículos de análisis de la sociedad española, los
cuales no son bien acogidos en nuestro país.
El Tratado de Valençay
abre las puertas de España a Fernando VII. El restablecimiento de la
Inquisición apoya la persecución de la posesión y lectura de la prensa liberal.
En este período absolutista, el resto de publicaciones que no fuese
ultrarrealista y sin pasado liberal remite, con excepción de la prensa
literaria o científica.
El pronunciamiento de
Riego en 1820 da paso al trienio liberal hasta 1823 en España. En este contexto
resurge de nuevo con extraordinaria vitalidad la prensa política. No obstante,
se produce el fenómeno inverso al ocurrido en el sexenio absolutista. Ahora
ningún periódico de tendencia ultraconservadora dará la cara. En este período,
la prensa exaltada alcanza mayor auge que la moderada dentro de las filas
liberales. El periódico principal en estos años es El Conservador. El
articulismo se practica en la sección de Variedades de dicha publicación. En 1821,
Félix Mejías funda El Zurriagazo. El éxito de este periódico se basó en un
articulismo satírico generalmente escrito en verso que gozó de un cultivo muy
extendido.
La intervención de los
Cien Mil Hijos de San Luis restaura de nuevo en 1823 a Fernando VII en el trono
de España hasta 1833, año de su muerte. De nuevo, en este decenio, el
periodismo político decae hasta el silencio. Londres se convierte en el refugio
de intelectuales españoles y el articulismo político se desplaza a esta ciudad,
no obstante, con un tono más moderado.
Hacia 1830, permite a la
prensa cierta relajación. En 1831 nace Cartas Españolas, donde el género
costumbrista es ya una referencia estable con las firmas de autores como
Mesoneros Romanos o de Estébanez Calderón. Entre 1832 y 1833, Larra publica
catorce números de El Pobrecito Hablador. Larra intuye como ningún otro
articulista de su época, bastante en número, las posibilidades del articulismo
conceptual como género periodístico.
De la Regencia de María
Cristina a la de Espartero hay represión para los periodistas, quienes por
medio del ingenio eluden la censura. La prensa carlista, sectaria y vivamente
doctrinal, convive en estos años con una prensa liberal escindida entre
progresistas y moderados. En esta época se produce definitivamente la eclosión
de la prensa de partido, que se desarrollará a lo largo de la segunda mitad del
siglo XIX.
Entre la prensa
progresista en los años de la regencia de María Cristina destacan los títulos
como El Eco del Comercio, de Fermín Caballero y Joaquín María López, donde
colaboran Larra y Espronceda en la sección literaria. Esta publicación durante
el trienio esparterista defiende una regencia en triunvirato en vez de
Espartero. Publicaciones progresistas posteriores son títulos como El Clamor del
público, La Nación, El Siglo , etc.
En la prensa moderada
destacan La Abeja y El Español . A diferencia de El Eco del Comercio, El
Español deja de ser portavoz de un grupo político para abrir sus columnas a
hombres de opiniones muy diversas, elegidos por su competencia. Sin propósitos
partidistas ni doctrinales y con ideas nuevas que le llevan a importar
maquinaria inglesa e inspirarse en el diseño del Times, se atrae a firmas
dispares pero sólidas: Larra, Espronceda, González Bravo, Donoso Cortés.
En esta posición moderada
destaca también El Correo Nacional, fundado por Sartorius, que pone esta
publicación al servicio de la reina. Encabeza desde las líneas moderadas la
labor de acoso y derribo del general Espartero, que le servirá después para dar
el salto a la política y convertirse en presidente de gobierno. En la segunda
mitad de siglo, La Época y El Diario Español serán las publicaciones de las
filas moderadas que sobrevivirán hasta vísperas de la guerra civil.
La prensa conservadora
padece en estos años constantes fusiones y desapariciones. Destacan
publicaciones como El Estado, El Horizonte o El Contemporáneo, título donde
Gustavo Adolfo Bécquer publica algunas de sus Rimas y Leyendas.
En las filas absolutistas
se funda, en 1844, La Esperanza. Otros títulos serán La Regeneración y El
Pensamiento Español.
En 1854 se funda La
Soberanía Nacional, que representa el órgano portavoz de la tendencia
demócrata.
En estos años gana terreno
el Republicanismo desde 1841 con voz en la Cortes y en la prensa con El Huracán
y El Regenerador. El Republicanismo va a conectar con la incipiente prensa
obrera. Tal es el caso de El Republicano, publicado en Cataluña, con estilo
popular e inflamado, que enarbola en sus artículos la bandera de las masas
obreras. En 1856, aparece La Discusión, publicación también republicana.
Estos periódicos que
defienden líneas políticas poderosas conviven con otros alineados a fuerzas más
débiles en estos tiempos como el socialismo utópico. El articulismo político,
por tanto, es el modelo imperante de periodismo hasta finales del siglo XIX. La
prensa en esta época tiene intenciones ideológicas definidas. Todos lo partidos
políticos, como hemos visto, establecen periódicos orgánicos a través de los
cuales dan publicidad a sus posiciones. Se ejerce de estas publicaciones un
periodismo vibrante, combativo, militante, polemista y valiente, con un estilo
ágil y eficaz.
A mediados de siglo se
está produciendo un fenómeno con gran trascendencia en la prensa española que
definirá las tendencias periodísticas del nuevo siglo. El desarrollo del
ferrocarril y el telégrafo y la sucesión de una serie de acontecimientos como
la guerra de Crimea, Italia o África impulsan un nuevo tipo de prensa,
independiente de los partidos y ajena a causas doctrinales. En España, los
primeros periódicos que responden a este carácter informativo son La Carta
Autógrafa fundada en 1848 por Manuel María de Santa Ana, reconvertida en 1858
en La Correspondencia de España, publicación en la que los artículos de fondo
de primera página ceden sitio a las noticias. En esta línea, en 1850 aparece
Las Novedades de Ángel Fernández de los Ríos y en 1867, El Imparcial de Eduardo
Gasset y Artime.
El final de siglo marcado
por la Revolución anuncia un final de época en el protagonismo de la prensa
partidista y doctrinal. Las colaboraciones literarias de calidad y los
artículos de fondo sólido e independientes cobran importancia. Se buscan
importantes firmas que otorguen prestigio a la publicación. El Imparcial por
ejemplo, empieza a publicar en 1874 los Lunes literarios donde llegan a
escribir Galdós, Pereda, Valera, Zorrilla, Palacio Valdés, Clarín y
posteriormente Unamuno, Benavente, Rubén Darío, Azorín o Valle Inclán.
En estos últimos años del
XIX, el periodismo informativo sigue afianzándose cada vez con más predominio.
El reportaje y la entrevista son géneros en alza. Los titulares ganan en
dimensión, la publicidad se hace imprescindible y así mismo las secciones
populares. El crimen de la calle Fuencarral, por ejemplo, supone un desplazamiento
de los folletines hacia los sucesos sensacionalistas. Los criterios
empresariales, en definitiva, empiezan a dominar la prensa.
La prensa de partido es,
no obstante, muy numerosa todavía y de hecho critica a la prensa informativa
denominándola prensa mercenaria. En la antesala del desastre de 1898, el
fenómeno persistente del articulismo doctrinal militante se multiplicará. Los
autores creen que la prensa ante tales hechos debe tomar partido y decantarse
por un lado u otro. Vicente Blasco Ibáñez en el periódico de Valencia El
Pueblo, arremeterá contra la prensa comercial calificándola de desertora y
poca vergüenza.
A principios del siglo XX
la información y una cierta independencia son valores en alza. La concepción
empresarial del periodismo es un hecho irreversible. En este marco nacen en
1903, Abc y en 1910, El Debate.
Como en el siglo XIX, en
la primera mitad del XX, comienza a practicarse una prensa con orientación
doctrinal y polemista, pobre en información, medios y páginas.
Durante la guerra civil
hubo fluctuaciones de la prensa debido a que cada zona mostraba la orientación
propia de quienes la controlaban.
Hacia 1957, se aprecia un
leve cambio en la prensa y paulatinamente queda atrás esa férrea concepción del
carácter propagandístico y educativo de la prensa. Los periódicos del
Movimiento van incorporando en sus plantillas brillantes colaboradores en temas
diversos, en principio, económicos, sociales, deportivos, diluyendo poco a poco
en apariencia la dualidad social.
Por consiguiente, la
aparición histórica de los géneros periodísticos está estrechamente relacionada
con las distintas etapas del periodismo en cuanto hecho cultural.
Tradicionalmente se han
distinguido en periodismo a partir de 1850 tres etapas bien definidas:
A. El periodismo
ideológico llega hasta el fin de la primera guerra mundial. Se caracteriza por
ser un periodismo al servicio de ideas políticas y religiosas. Es un tipo de
prensa con muy pocas informaciones y muchos comentarios, realizada sobre todo
por literatos. En ella impera la opinión sobre la información y tienen
importancia el artículo, el comentario y el ensayo.
B. El periodismo
informativo aparece hacia 1870 y coexiste durante cierto tiempo con el
periodismo ideológico. Se centra más en la narración o relato de los hechos que
en las ideas, como la etapa anterior. Tienen más importancia los géneros
informativos: la noticia, la crónica y el reportaje.
C. El periodismo de
explicación aparece después de la segunda guerra mundial. Supone un reciclaje
de las dos etapas anteriores, motivado, sobre todo, por la aparición de la
radio y la televisión y las consecuencias sociales que de ello se derivan. El
periodismo de explicación aborda los hechos en profundidad y utiliza
equilibradamente los géneros básicos, (relato y comentario), situándolos en una
nueva perspectiva mediante la cual el lector encuentra los juicios de valor al
lado de la narración de los hechos de forma inmediata. Pretende, por tanto,
informar y crear opinión a la vez.
Por consiguiente, de acuerdo
con su forma discursiva, los géneros periodísticos pueden clasificarse en dos
grupos:
1. Los que dan a
conocer hechos, que utilizan la forma expositiva, descriptiva y narrativa.
2. Los que dan a
conocer ideas, que usan fundamentalmente la forma argumentativa.
En el periodismo de
opinión, el objetivo prioritario se centra en la implantación y mantenimiento
de unos determinados principios.
La información en prensa
ha quedado en las últimas décadas desbordada por la inmediatez que ofrecen los
medios que aportan rapidez de transmisión. Si el éxito de la comunicación se
basara exclusivamente en la rapidez de la transmisión de noticias, la prensa
sería ya del pasado. Pero los periódicos ofrecen una serie de ventajas de
importancia sobre los medios audiovisuales, como la interpretación de los
hechos y la explicación de las causas, antecedentes y consecuencias que puedan
derivarse. Todo ello lo facilitan, sobre todo, los géneros de opinión.
A la hora de comenzar
cualquier tipo de análisis empírico que tenga como objeto un texto
periodístico, un oportuno primer paso a dar es enmarcar el análisis dentro de
algún tipo de paradigma que permita una cierta sistematización de la
investigación. En este caso, al ser la perspectiva de los géneros periodísticos
la que más nos interesa, comenzaremos por buscar un punto de partida teórico
que luego nos permita analizar el género que nos ocupa.
Así diremos que partimos
de la consideración de los géneros periodísticos como discursos a partir de los
cuales la investigación periodística ha ido configurando los diferentes
mensajes.
El artículo pertenece al
estilo editorializante que se corresponde a una actitud psicológica de
solicitación de opinión (2). Es un género periodístico que interpreta los
sucesos de una comunidad concreta y que destaca la importancia de éstos dentro
del momento histórico, a la vez que las posibles consecuencias económicas,
sociales y políticas que pueden derivarse.
El artículo se escribe con
la intención de crear opinión en el público, se le interpreta y enjuicia lo más
destacado de lo que sucede, pero no es la institución como en el editorial la
que se manifiesta, sino que es el periodista el que interpreta los
acontecimientos, expresando su punto de vista, y puede incluso solicitar un
comportamiento concreto por el público. No obstante, comparte con el editorial
algunas características importantes:
El arte del editorial
-dice Lorenzo Gomis- está condicionado por el deseo de evitar el choque con el
lector, pero a la vez por la necesidad de interesarle, de hacerle pensar cosas
que no había pensado, de anticiparse a lo que ocurrirá mañana y el mismo lector
acaso un día piense también (3). Y aunque él se está refiriendo concretamente
al artículo editorial, es evidente que la afirmación es válida para todo el artículo,
es decir, para todo el estilo editorializante, que no tiene la finalidad
informativa, de transmitir datos, de contar un hecho, una historia. Por el
contrario, trabaja sobre ideas, deduce consecuencias (ideológicas, políticas,
sociales, etc., a partir de unos acontecimientos que son noticia o lo han sido
recientemente.
Gonzalo Martín Vivaldi
propone una definición que nos parece acertada:
Escrito, de muy
vario y amplio contenido, de varia y muy diversa forma, en el que se
interpreta, valora o explica un hecho o una idea actuales, de especial
trascendencia, según la convicción del articulista (4).
Desde el punto de vista
periodístico, encontramos dos tipos de articulistas: los periodistas
profesionales y los colaboradores, especialistas con una profesión distinta a
la del periodismo. Los colaboradores son especialistas en la materia sobre la
que escriben -política, economía, psicología, sociología, cultura, medicina,
etc. -y por lo tanto son autoridades en el tema. Esto implica que hay
diferentes tipos de artículos dependiendo del tema que se aborde.
En cuanto a las fuentes,
los periodistas profesionales obtienen la información a través del contacto
personal con las fuentes de información, y también mediante el estudio
bibliográfico y documental, pero incidiendo en la diversidad y la libertad de
que debe hacer gala el artículo como género. El propio Martín Vivaldi habla de
libertad absoluta. Y añade: Nada de normas ni de reglas. El estilo del
artículo es el estilo del articulista. El único imperativo que señala: la
actualidad (5).
El articulista no puede
librarse de forma absoluta de ciertas normas, tanto de construcción, como
lingüísticas (debe guardar sumisión a las normas del libro de estilo del medio,
por ejemplo), porque, en último término, son la conciencia y la voz oficial de
este medio. En medida muy principal, quienes escriben los editoriales; en
medida mucho más difuminada quienes escriben lo que Bartolomé Mostaza llamó
columnas de humo. De ahí que el Commitee on Modern Journalism afirme:
Esta tarea
publicístico-literaria tiene una finalidad común que identifica todos estos
cometidos: ser de alguna manera -y, por supuesto, en diferente grado y medida-
la conciencia del periódico a través de la interpretación, el enjuiciamiento y
el análisis de los hechos, con objeto de orientar la inteligencia y la decisión
de los lectores (6).
En general, en la prensa,
los lectores prefieren las columnas o artículos a los editoriales, y así nos
encontramos con numerosas firmas que van de un medio a otro, entrando en juego
ingentes cantidades de dinero que antes serían inimaginables.
Algo similar sucede en la
radio. El comentario radiofónico surge, porque la audiencia no se satisface con
la información escueta del hecho noticiable sino que el público tiene necesidad
de disponer de claves racionales que le ayuden a la interpretación de los
hechos. De este modo, vemos cómo el comentario firmado ha desplazado al
comentario anónimo institucional.
Así, pues, el comentario
radiofónico puede entenderse como un género basado en el monólogo, que pretende
analizar hechos, interpretarlos, valorarlos y enjuiciarlos, pero desde una
perspectiva individual y no institucional como es el caso del editorial.
En radio, es preferible el
comentario al editorial, porque hay un atractivo hacia lo personal y firmado,
frente a lo anónimo y colectivo.
En prensa, la autoría del
comentario es personal y se rubrica con la firma. Evidentemente, en el caso de
la radio no es posible firmar. La explicitación de la autoría recurre a dos modos
de representación: se suele mencionar el nombre del comentarista antes y
después de la emisión de su comentario y es el propio comentarista el que da
lectura al texto. De este modo, el autor incorpora su propia voz con las
connotaciones lingüísticas y psicológicas que supone. Esto último es una
peculiaridad del comentario audiovisual hasta tal punto importante, que en
radio no hay comentario si no es expuesto por el propio comentarista.
El comentario podrá ser
ofrecido en directo, grabado para su posterior emisión, leído desde otro lugar
distinto al de la emisión, leído por teléfono, etc., ya que la voz del
comentarista es elemento constitutivo del comentario radiofónico, de modo que
sin ella el género pierde su principal razón de ser.
Aunque todos sabemos que
un comentarista habitual de una cadena de radio comparte y, de alguna manera,
difunde la opinión institucional de la emisora, los efectos y la
responsabilidad del comentario, quedan ligados indisolublemente a su autor.
Los comentarios radiofónicos
se caracterizan por una cierta continuidad, de modo que se establece una
especie de vínculo entre la audiencia y el comentarista que permite a éste
utilizar un lenguaje directo, llano desenfadado, pero siempre con credibilidad
y apto para mantener el prestigio ante el público.
La periodicidad del
comentario suele ser la misma que la del programa en que se inserta. Por la
estrecha relación personal que el comentarista establece con la audiencia,
suele emitirse a la misma hora, de manera que el público sabe de antemano -si
es asiduo oyente del programa- en qué momento se emite el comentario.
En cuanto a los temas que
trata, el comentario se refiere a cualquier actividad humana, se presenta con
una cierta periodicidad en el tiempo y es capaz de atraer la atención de un
número importante de oyentes. Puede abordar temas de cultura, religión,
educación, economía, política, etc.
No obstante, se aprecia
una cierta preferencia a interpretar acontecimientos de la política nacional,
entendida en su más amplio sentido. Hemos de tener presente que el área de
cobertura del programa, condiciona o justifica parcialmente el tema sobre el
que versa el comentario.
Este género radiofónico
suele presentarse bajo una estructura definida e incluso con título.
Posiblemente, debido al prestigio de la letra impresa, algunos de los
comentarios radiofónicos se presentan precedidos de un título que simula
estructuras propias de discursos estrictos, aunque después, el comentario
utilice esquemas del lenguaje oral. El discurso radiofónico permite el uso del
apóstrofe, es decir, la inclusión de apelaciones directas a un supuesto
destinatario distante del conjunto de la audiencia, al que se interpela como si
supuestamente el comentario fuera un escrito privado dirigido exclusivamente a un
tercero.
En cuanto a la estructura
del artículo en prensa, es más compleja que la del editorial porque el
articulista debe defender una tesis y deducir sus posibles conclusiones.
En líneas generales,
aunque no hay una forma concreta de estructurar los artículos, ya que existen
múltiples posibilidades a la hora de redactarlo, a modo de ejemplo, podemos
aludir a las partes que componen un modelo más o menos ortodoxo:
1. Presentación
del tema. Se hace referencia a los
aspectos más importantes de una información y se destaca su importancia. Es el
asunto específico.
2. Información. Se comienza a desarrollar el tema, entrando ya en
detalles adicionales.
3. Análisis y
argumentación. Es la fase
argumentativa en que el articulista realiza el análisis de los hechos, valora y
enjuicia el tema.
4. Comprobación de
los acontecimientos. Se trata de
constatar los hechos de modo que a través de una exposición lógica se expliquen
y se hagan evidentes.
5. Valoración y
conclusión del tema. Se cierra el
artículo con una recapitulación de todo lo expuesto y argumentado y se concluye
el tema.
En referencia a la
estructura discursiva de los artículos de opinión de El País, tenemos que decir
que vista la gran diversidad que existe tanto en la tipología como en la
temática de estos artículos, todo ello debido a ese criterio editorial de
respeto absoluto a las pautas estilísticas que quieran imponer los autores, nos
centraremos, a continuación, en intentar encontrar algún tipo de criterio que
permita agrupar estos textos de opinión que ocupan un mismo lugar físico dentro
del diario: sección opinión, página derecha (dejando los artículos editoriales
a la izquierda).
Tipográficamente, hay
bastante uniformidad: recuadrados, título (en cursiva), mismo tipo y cuerpo de
letra. Todos llevan, tras la última línea un pie de autor -por conocido que
éste sea- donde se indica el cargo, título, militancia política (en su caso) u
ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
(7).
Lo que aquí investigamos
es más bien algún tipo de criterio aglutinador que sea intratextual, es decir,
que forme parte del texto en sí. Para ello basaremos en la estructura que
Teodoro León Gros (8) define como componente intrínseco y configurador de todo
texto de opinión. Según él, el artículo
es un discurso
dialéctico de carácter persuasivo en el que el texto plantea una antítesis
singular frente a la tesis que proporciona la realidad, preferentemente aquella
parte que constituye la información de actualidad. El resultado de esa
dialéctica es el artículo síntesis, que en realidad se presenta como la tesis
del articulista. Esto no significa que la tesis sea el producto de un proceso
lógico-argumentativo riguroso. Y evidentemente, esta tesis-persuasiva y, de
acuerdo con las categorías aportadas por Van Dijk, susceptible de desarrollar
reformulaciones teóricas de los hechos con persuasión más explícita, está tan
vinculada a la realidad (generalmente además, aunque no exclusivamente, a la
parcela de la realidad que es materia de preocupación periodística) que no
puede desvincularse del periodismo (9).
Podemos acompañar esta
definición del artículo de opinión de un esquema para facilitar la comprensión
de esta teoría, su posterior aplicación a la realidad y su correspondiente
análisis:
TESIS............Hechos de la realidad
exterior/objetiva
Libertad de creación
(actitud: recursos)
ANTITESIS....Análisis(interior/subjetivo)
- Datos
- Citas
- Humor
- Ironía
- Culturalismo
- Argumentos, etc.
SINTESIS........Dialéctica textual (Texto-Mensaje)
Ciertamente, este esquema
analítico parece válido para aplicarlo al artículo y conseguir que éste se
explique y defina por sí mismo, es decir, en base a criterios intratextuales y
no meramente externos al texto o de ponderación de criterios informativos y de
opinión. Por tanto, esta estructura es válida para el análisis y definición de
los artículos de fondo de El País.
EN CONCLUSION...
Como características
generales de los artículos de opinión de El País, podemos destacar:
- Los temas tratados
han tenido su inspiración u origen, por lo general, en hechos o acontecimientos
de rigurosa actualidad.
- Preferencia del
diario por los temas nacionales.
El País apuesta por
los temas nacionales en sus artículos, aunque también podemos encontrar de
temas internacionales. No obstante, cuando se trata la actualidad internacional
casi siempre se hace una referencia a nuestro país.
También su temática
oscila entre lo intelectual-cultural y lo político-ideológico.
Estos ámbitos
temáticos siempre se concretan y se ponen en relación con algún acontecimiento
o estado de opinión de plena actualidad.
- Los artículos de
fondo de El País cumplen una doble función: prestigio y reforzamiento de la
línea editorial del periódico. Conservan un espacio privilegiado dentro de las
páginas del diario.
- Los autores de los
mismos suelen ser de los ámbitos universitario-académico, del cultural
intelectual y del político.
- Su estructura,
forma, desarrollo, lenguaje y contenidos son completamente diversos y sólo
dependen de la firma que los avale. El formato prácticamente ha conservado la
misma configuración de diseño y estructura.
- Por lo general, los
títulos sugieren al lector, de forma más o menos concreta, el tema a
desarrollar, el cual se ha enunciado en el titular y ha ido adquiriendo cuerpo
a lo largo del desarrollo del texto.
- Aún siendo diversos
y únicos en sí mismos, en todos ellos pueden reconocerse las formas del
discurso que responden a las coordenadas de tesis, antítesis y síntesis.
- En cuanto a su
estilo, puede decirse que, en términos generales, se acogen a las preceptivas,
hay una cierta sujeción o respeto a las reglas estilísticas y utilizan los
recursos propios del estilo de los artículos.
- Poseen un lenguaje
culto, y, por lo general, gramaticalmente preciso. Las expresiones, frases y
adjetivaciones se ajustan a las normas sintácticas y gramaticales, aunque, a
veces, aparecen términos, sobre todo al referirse a temas políticos,
vulgarizados por el uso y que distan mucho del rigor de la norma del
castellano.
No obstante, puede
decirse que se ajustan a la línea programática preconizada por el propio
periódico.
- Así, en general, El
País es un periódico al que en sus artículos se ve con pretensiones de
conectarse con los lectores, con sus necesidades y sus problemas políticos,
sociales, económicos, etc., conservando, en definitiva, los artículos de fondo
estudiados un cierto aire progresista y crítico.
(Recibido
el 6-3-2001, aceptado el 16-3-2001)
NOTAS:
(1) MARTINEZ ALBERTOS, J.L.: Periodismo. Géneros, en obra colectiva Gran Enciclopedia Rialp, Madrid, 1974, Tomo XVIII. Vid también Curso General de redacción Periodística. Paraninfo. Madrid. 1992.
(2) Dovifat llama al
estilo editorializante, estilo de solicitación de opinión. Según él, son tres
las formas de expresión periodística: el estilo informativo, el estilo de
solicitación de opinión y el estilo ameno, en DOVIFAT, E.: Periodismo. México,
U.T.E.H.A., 1964, Tomo I, pp. 123-138.
(3) GOMIS, L.: Proyecto
docente y de investigación para el concurso a una plaza de Profesor Titular.
Universidad Autónoma, Barcelona, 1986. p. 124.
(4)
MARTIN VIVALDI, G.: Géneros periodísticos. Paraninfo, Madrid, 1981 (Tercera
edición) p. 176.
(5) Ibídem, pp. 177 y 195
y ss.
(6) COMMITTEE ON MODERN JOURNALISM,
Periodismo moderno. México, Letras, 1967
(segunda edición), pp. 605-606.
(7) EL PAIS. Libro de
Estilo. Ed. El País, Madrid, 1990.
(8)
LEON GROS, T.: El artículo de opinión. Ariel Comunicación, Barcelona, 1996.
(9)
Ibídem, pp. 123 y 124.
FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE
LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:
Nombre de
la autora, 2002; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social,
número 46, de enero de 2002, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección
telemática (URL):
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2002/latina46enero/4607moreno.htm