Mantengamos la utopía: la Red es nuestra (1)

 

Dr. José Manuel de Pablos Coello

Catedrático de Periodismo, Universidad de La Laguna (jpablos@ull.es)

Dr. José M. Pestano Rodríguez

Consejería de Educación, Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias

(jpesrod@gobiernodecanarias.org)

Lic. Concha Mateos Martín

Experta univ. en Comunicación y Gestión Política (UCM)

 

RESUMEN

En este artículo, los autores analizan los aspectos beneficiosos de Internet. Desde una perspectiva positiva, la red es vista como una herramienta liberalizadora que posibilita una información menos intermediada, más directa y menos comercializada. Precisamente, estos aspectos son los que deben ser aprovechados por el ser humano, lo que debe venir acompañado de modificaciones en la situación de desequilibrio social que impide el acceso a las redes de los más desfavorecidos.

ABSTRACT

The authors analyse in this article the beneficial aspects of Internet. From a positive perspective, the net is seen as a tool that makes possible a more direct and less commercialised information. These aspects could be useful for the human being if some modifications happens in the situation of social imbalance that prevents the access to the nets of the most disadvantaged.

Palabra claves: Internet/Libertad/Tecnología/Desarrollo.

Key Words: Internet/Freedom/Technology/Development.

 

La red de redes tiene algo de magia, mucho de sorprendente y bastante más de misterio. Magia, sorpresa y misterio tienen algo en común: una fisura entre lo que se sabe y lo que se desconoce. La magia nos parece magia porque produce lo que no sabemos cómo se produce; ignoramos el procedimiento pero apreciamos sus frutos. La sorpresa nos sorprende porque tiene resultados que no encajan en las previsiones marcadas por nuestros conocimientos; contradice lo que esperábamos. El misterio nos subyuga porque desconocemos su secreto; estamos al margen pero nos interesa.

El desarrollo de las capacidades humanas siempre se produce recorriendo ese camino: el que separa el no saber del saber. Ese trayecto, esa fisura, es el territorio por excelencia de la curiosidad y de la libertad. Y por supuesto, de la utopía. Porque la utopía siempre es fuente de desarrollo, estímulo, motivación, reto(2). Un vector que nos carga de energía hacia el futuro.

La red, la Red de redes, ha inaugurado un territorio privilegiado de utopía. Pero también un espacio de relaciones y proyección de las capacidades humanas en el que aparecen nuevos derechos esenciales de la persona, nuevos conceptos éticos de la libertad y de la igualdad.

En sentido filosófico, con la Red aparece una nueva persona, un nuevo perfil de persona. Y con ella, también la sombra de un nuevo perfil de antipersona, de antilibertad, de antidemocracia.

Por eso, esta nueva libertad requiere una nueva defensa, para evitar que la secuestre la dictadura. Al respecto, Mumford nos alerta sobre la utilización de la técnica desde perspectivas autoritarias, frente a una utilización democrática y solidaria(3). Las técnicas pueden derivar en uno u otro sentido dependiendo de la mano que las emplee, y de las mentes que decidan en qué y cómo van a emplearlas. Las técnicas no son inicialmente buenas o malas aunque sí pueden ser más o menos letales; la utilización perversa de las redes está al alcance de demasiados individuos; el que de hecho no se haga un mayor uso de esas cuestiones se debe a: el desconocimiento de la mayoría de las actuaciones delictivas de una minoría, hasta que estas se hacen públicas, cosa que de momento apenas ocurre; el elevado número de individuos con formación moral estándar(4), situación que reduce la tasa delictiva; el control administrativo y burocrático aceptado en la sociedad avanzada como forma de organizar la sociedad, de manera que la mayoría de los ciudadanos aceptan intromisiones en su intimidad como parte de los valores de seguridad creciente.

Internet es todavía una recién nacida, no ha entrado en su adolescencia ni es conocida por mucha gente, aunque sea alta la cantidad de personas que usa esta alquimia telemática que nos convoca. No obstante esta realidad, recordamos a Alvin Toffler, cuando dice: “La moraleja es que Internet da una oportunidad a los desheredados: nunca había ocurrido antes”(5). Aún así, la propuesta de Toffler debe matizarse enseguida. Es cierto que muchos individuos sin capacidad de acceso a los medios están utilizando ahora las redes para establecer nuevos y señalados elementos de intercomunicación. Castells aborda la utilización de las redes por grupos marginales(6), grupos minoritarios, grupos segregados, grupos radicales etc., pero no podemos dejar de pensar en la inmensa desigualdad que se encuentra en la utilización de las redes. Si miramos el flujo comunicativo que se establece a través de las redes apreciamos la hegemonía de los Estados Unidos en el control del tráfico de datos, páginas descargadas, informaciones suministradas y transacciones comerciales hechas en el ámbito de las redes(7); el mismo mapa de tráfico telemático nos muestra zonas del planeta en las que es más fácil encontrar agua que una sola línea telefónica, lugares en los que el estado ha claudicado hace ya mucho tiempo y que se encuadra en lo que se puede llamar el estado delincuente. Estos desheredados no tienen ninguna posibilidad, no la han tenido y probablemente no la vayan a tener. En cuanto a las utilizaciones alternativas de la red, fuera del ámbito de lo comercial, las experiencias deben progresar desde una mínima testimonialidad, a un uso social intenso, una apropiación de las redes que debe ir más allá del engrosamiento de las cuentas de resultados de las compañías que prestan el servicio. Dónde queda la gratuidad de la red.

Las oportunidades de los desheredados se han apreciado en otras circunstancias. Situaciones del mismo corte aparecidas con anterioridad fueron, entre otras, las siguientes:

- el nacimiento de la comunicación humana, en el largo proceso de la transformación del simio en humán;

- el descubrimiento que aquel ser primitivo hizo del trazo, de la huella y del soporte, con la creación de los primeros dibujos de la humanidad;

- más tarde, la originación del lenguaje gráfico y la lenta socialización de la escritura.

- Más hitos fueron la aligeración del soporte, hasta llegar al papiro primero y al papel en occidente más tarde.

- En ese tirabuzón de avances culturales tenemos la aparición del libro o la idea de unir varias hojas en un volumen unitario.

- Así, hasta llegar a otro avance de gigante que puso la simiente del renacimiento y la puntilla a la oscuridad medieval: la imprenta de tipos movibles del alemán Gutenberg, con la consiguiente aparición del concepto público y, con ello, más tarde, de la opinión de ese público lector.

A partir de entonces, los avances revolucionarios tardaron menos en llegar y últimamente se han presentado como un racimo pletórico que auspicia una nueva era, la sociedad de la información:

- La idea del lenguaje binario y con él la informática, con su ramo de aplicaciones formidables.

- La feliz idea de la autoedición, emancipadora de tantas gestiones en el sector de las artes gráficas y de la edición.

- La telemática o informática a distancia y el proyecto de establecer redes conectadas entre sí, de uso universal y públicas.

- El correo electrónico, que llega a salvar a la humanidad cultivada del abandono del arte de la escritura interpersonal, como florecimiento del género epistolar.

- La tecnología web de Tim Berners-Lee, de patente abierta y pública, como forma de ecumenismo y establecimiento universal y gratuito en todo tipo de programación informática.

- Los novísimos medios de comunicación instalados en los sitios web, como formidable forma de transferir a la sociedad la posibilidad de comunicarse sin necesidad de los neoescribas antes citados.

Los desheredados de Alvin Toffler, con esta serie de avances culturales son cada vez menos desheredados, tienen cada día más posibilidades de liberarse de la opresión mediática, de desarrollar un protagonismo nunca visto hasta el presente, que ése es el discurso del autor de La tercera ola en esa breve cita que comentamos. Estos desheredados no forman parte de las infraclases(8), situación de exclusión social creciente en las sociedades avanzadas, sino que se tratan de grupos que aun pueden acceder a la tecnología emergente.

La Red, entonces, se nos presenta como una posibilidad para quienes en el campo de la comunicación han estado a merced de los neoescribas de cada actualidad, los dominadores del mensaje informativo. Así, Internet es una herramienta liberalizadora y como posibilidad libertifílica hay que aceptarla sin miramientos, como algo viable para alcanzar más altas cotas intelectuales derivada de una información menos intermediada, más directa, menos comercializada, más saludable. Ahí es nada este aspecto emancipador de la nueva tecnología telemática pública, socializada, libre y gratuita o más abierta que otras alternativas que puedan enumerar los pesimistas y temerosos de toda tecnofobia, los que siempre escoltan todo avance tecnológico cuando éste es positivo.

Gracias a la red, mediante la red, los desheredados y también los no desheredados pueden igualmente editar sin buscar editor, atravesar fronteras de relaciones humanas sin presentar pasaporte terrenal, incorporarse a ámbitos tradicionalmente endogámicos de actividad humana (política, universidad, derecho...). La Red ha roto barreras de clases o castas sociales y también ha hecho estallar la membrana que acotaba ciertos privilegios a los círculos de ciertas personas, tal es el caso del acceso a fuentes documentales. La gran novedad ha sigo la democratización del acceso a los roles sociales, antes restringidos o distribuidos económicamente de forma desigual entre las personas.

Para muchos es difícil de entender, de aceptar casi, que Internet sea una tecnología nueva sin amo ni señor, esté abierta y la mayoría de sus servicios informativos sean gratuitos, a pesar del uso iniciado de lo que se ha dado en llamar el comercio electrónico, que no es otra cosa que un ademán invasivo y ése es su peligro. Sería bastante ingenuo pensar que el capital, el negocio, no se fuera a aprovechar de las altas posibilidades comunicativas de las redes telemáticas, de ahí que no sea de extrañar la colonización que se observe en cada revuelta del camino telemático.

“Sería de gran ingenuidad pensar siquiera que el capitalismo, en su natural brutalidad y ansias de esquilmar cuando se le presenta la ocasión, no se aprovechara de las posibilidades de la red de redes. Esto no implica que Internet sirva los intereses del capitalismo, como sólo se puede asegurar desde la tecnofobia, sino que el capitalismo se aprovecha de las posibilidades de Internet, que parece lo mismo pero que parece evidente que no”(9).

Que exista en tantas partes del planeta personas que trabajan para la Red de forma gratuita, sobre todo en los países más desarrollados, al margen del concepto económico dinerario, no es un misterio —como entienden tantos— sino una forma de insumisión antiglobalizadora, y lo vienen haciendo desde antes de que la primera revolución del siglo XXI se etiquetara como antiglobalización.

Ésta es una rebeldía de mentes jóvenes, al margen de la edad física de cada cual, que se acopla a nuevas palabras sabias de José Saramago, cuando hace esta advertencia que hemos de recibir tan bien: “Lo que necesitamos es una insurrección moral, frente a la concentración vertical de poder de los gobiernos y la complicidad de los medios de comunicación”(10). Para ello es indispensable modificar la situación de desequilibrio social que impide el acceso a las redes a los más desfavorecidos; estos desfavorecidos no son ya los desheredados anteriores, sino las personas que se encuentran en la parte inferior del bache o escalón sociotécnico; la hipótesis del distanciamiento social se hace más aguda en estos tramos de la inclusión de nuevas tecnologías(11); la formulación de esta hipótesis en términos sencillos plantea de manera general lo que se encontró cuando se introducían nuevas tecnologías agrícolas en América Latina en los años cincuenta; en estos casos se van a aprovechar de esta tecnología emergente los más preparados económica e intelectualmente, mientras que el resto, los menos preparados, se van a hundir más en esa situación de desigualdad, hacia el fondo del pozo, con lo que al final el distanciamiento social va a ser mayor. Como plantea Echeverría, la solución se encuentra en el fortalecimiento de la institución educativa de los estados y de las naciones, y en la comprensión de la importancia de preparar a los ciudadanos en el uso efectivo de los usos de las redes, que no consiste sólo en mera alfabetización, sino en el acercamiento de las nuevas posibilidades de comunicación implícitas en las redes(12).

En el caso de Saramago, cuando el gran pensador portugués habla de gobiernos, hemos de entender gobiernos reales, que no suelen ser los gobiernos de los estados, sino las grandes empresas con inversiones superiores a las de muchos gobiernos canónicos, o sea, el gobierno bancario, el mismo que está detrás de tantas corporaciones aquí y allá, cuando los estados se desinflan ante las apretadas exigencias del poder económico, el único poder que veremos crecer cada día más, sin tope ni mesura.

Ése va a ser el escenario donde se libre la libertad potencial mantenida de Internet donde esos gobiernos paralelos traten de ampliar la cifra de negocio en caso de que logren poner un consejo de administración al frente de la red de redes. No saben que no lo podrán conseguir, por la propia arquitectura de la red y por la cantidad de gente con menos poderío físico, pero mayor intelecto, que está detrás del gran proyecto comunicativo de finales del siglo pasado, un final de siglo de luz y armonía comunicativa pública, que marca las pautas de un nuevo siglo de las luces, el siglo telemático que acabamos de estrenar.

Estas personas volcadas en llenar de contenidos amistosos y gratificantes los medios apoyados en la telemática, cuando no a ofrecer nuevas posibilidades operativas al usuario, hacen de la insumisión tecnológica una actitud ética personalizada, aunque algunas dirijan sus energías creativas precisamente a destruir lo que otros hacen, a veces sus iguales, pares suyos, o sea, los desagradables piratas informáticos. Éste es parte del problema de actitudes individuales erróneas, que no parecen tener fin, pero que tienen otra lectura. Son los infopiratas parte del cuerpo enfermo de la red de redes, pero sólo puede estar enfermo aquello que está vivo y la Red tiene vitalidad sobrada. La liquidación natural de estos personajes sería un anuncio de que las cosas dejaban de ir tan bien en la red de redes, por tanto, asúmase su presencia e interprétese como lo que son. Sólo hay peligro de enfermedad en un cuerpo cuando está vivo. A su muerte habrá desaparecido toda posibilidad de mal.

Los que, por el contrario, apoyan el mejor crecimiento de la Red y lo hacen socializando sus aportaciones, sin otro interés que tener el gozo de ver crecer sana la criatura que todos conocemos y empleamos, están haciendo una revolución con tantos tintes positivos como mentes puestas en el empeño de que el tiempo primitivo o incunable actual de Internet sea lo más exitoso posible, sea de mayor utilidad a la sociedad telematizada, todo al amparo de la anarquía de la Red. Es precisamente esta anarquía de la Red lo más interesante de ella, según nos dice Umberto Eco igualmente con palabras sabias, y ¿no creen que hemos de creerle?(13).

Estos pensadores y estos prácticos que desarrollan las posibilidades de la red de todos son auténticos humanistas, su comportamiento propulsa una lógica humanista de conducta: el interés por el servicio a la sociedad, a la humanidad, antes que el interés por el enriquecimiento propio. Conscientes de que el hombre, el individuo, sólo logra crecer o enriquecerse cuando hace crecer a su comunidad, cuando amplía con su aportación humana el contexto de desarrollo en el que él y la colectividad se desenvuelven. El quid está en la pugna humanismo-enriquecimiento personal. Se trata por tanto de una pugna humanismo - gatecismo,(14) concepto éste segundo que supone un aprovechamiento de la red en beneficio propio, con la idea fija del pronto enriquecimiento, una especie de pelotazo tecnológico, que aunque sea muy legítimo no va a recibir el aplauso generalizado.

En el mar movido en el que navega la telemática se aprecian algunos peligros, que no llegan, no obstante, a poner en peligro la nave Internet. En el acechadero en el que nos encontramos podemos apreciar varias confusiones que ponen a Internet en el brete de un Océano de Babel, detalle que nada la favorece. Uno de los problemas son los tópicos que rodean el concepto más acurado de Internet y los profetas que hablan a gritos, siempre a gritos, de la necesidad de legislar para la red de redes.

Internet está sobrada de tópicos, así que hemos de aguardar a que sea el propio paso del tiempo quien sienta las madres de su teoría, para que llegue un día en que los tópicos actuales hayan pasado a meras anécdotas sin más peso teórico que un chascarrillo que cronos acabará por disolver, ante su falta de esencia.

Entre estos conceptos vacíos contamos con el rótulo “autopistas de la información” y con la etiqueta “página web”, ambos inválidos. La Red no es la obra dura y ajena que siempre es una autopista destructora del territorio –tampoco como metáfora sigue teniendo valor— ni la tecnología web origina páginas a secas, sino conjuntos de ellas, además de conectadas igualmente entre sí, con lo cual la diferencia de matiz es formidable y quien no se expresa así no hace otra cosa que alistarse a una moda, sin adentrarse en la sustancia y la realidad de la tecnología de Tim Berners-Lee(15).

La red es nuestra como lo es el papel de nuestra escritura. Una vez sentados ante el papel en blanco o ante la pantalla que más tarde se podrá transferir a papel, nos encontramos ante un soporte o un canal donde con entera libertad escribimos aquello que libremente hayamos decidido. En ese sentido es nuestro el papel, la informática y lo es Internet. Lo importante no va a ser el papel o la pantalla, sino lo que seamos capaces de dejar depositado en tales espacios. O sea, el medio es el soporte del mensaje, el mensaje va a seguir siendo lo notable y destacado, como no podía ser menos, tal y como dejó establecido el ‘visionario’ canadiense Marshall McLuhan.

En la Red hay una manifestación constante de libertad personal y eso sólo puede ser positivo. “Siempre será mejor esa manifestación de libertad individual para transitar por la red interconectada planetariamente pública que la aparición de un gobierno que trate de controlar y ‘poner orden’ en la red de redes” (ib.).

El más grave de los peligros que se ciernen sobre la red procede de “los nietos de aquellos políticos, del signo que sean, que establecieron una ley de imprenta, una ley de prensa, una ley para la radio y otra para cualquier forma de televisión, una legislación específica para dominar todo medio de comunicación social”, pues éstos “lo intentarán cuando caigan en el detalle de cuál es el nuevo medio de información telemático aún naciente y auroral” (ib.).

Si en su momento, ya histórico, trataron de que la imprenta no fuera pública por medio de una ley de control sobre la divulgación de las ideas y del conocimiento, no hay que descartar que en algún lugar se las ingenien para controlar la red por el mismo procedimiento. De poco les valdría, no obstante, semejante determinación, porque un gobierno, por muy poderoso que sea, sólo podrá legislar dentro de su territorio y todos sabemos que Internet, la gran red, no tiene nacionalidad ni aposento territorial único. Si exceptuamos países enteros como China, en buena parte del mundo, los internautas circulamos por las redes con entera libertad y el espacio físico ha dejado de ser un obstáculo para la comunicación telemática. De igual manera que todo el espacio (para bytes) es nuestro o está a nuestra disposición, con la red nos hemos liberado del tiempo y a un coste aceptable. A principios del siglo XXI, las posibilidades de movilidad psíquica aumentan de forma exponencial, mucho más que los aumentos de movilidad física que se produjeron en el siglo XX mediante los viajes organizados que supone el éxito comercial de la industrial turística(16). Ahora bien, en la escala que permite Internet, nunca ante había sucedido tal cosa en la sociedad y nada avisa de que se vaya a poner coto a semejante realidad nueva de la que tanta gente todavía no se acaba de percatar.

Los únicos atentados oficiales realizados contra el discurso de Internet está en países con dificultades con el espíritu democrático, en los cuales se impide a estudiantes o profesores universitarios, a sus funcionarios, el empleo de algunos de los recursos telemáticos en línea. Nos referimos a gobiernos que deciden aislarse del resto del mundo impidiendo que sus ciudadanos se comuniquen con sus semejantes, que accedan a sitios web como hacen otros internautas. Éste es el mayor control o censura establecida en la Red; es bastante penoso leer en una universidad un anuncio del burócrata en jefe recordando la prohibición de realizar ciertas visitas o de emplear la Red para fines contrarios a los gubernamentales. Es penoso leer que el investigador que necesite usar los recursos de Internet ante ha de someter su proyecto investigativo al camarada en jefe, para que sea este burócrata quien decida qué se puede investigar y qué no.

La Red es nuestra, pero no de los ciudadanos sometidos a la prohibición señalada. Cuando antes nos referíamos a legislación sobre, o sea, contra Internet, no nos referíamos a este tipo de censura, que se da en muy pocos países y, en realidad, se trata de normativa oscura, vergonzante y no oficializada, pero sí establecida oficialmente. Aludíamos a la posibilidad de normativa parlamentaria, en aquellos lugares donde algunas voces insensatas aseguran que hay que legislar para Internet.

Sería un retroceso premedieval. Legislar para Internet, sobre sus contenidos o condicionar la creación de nuevos medios en la web, sería un serio retroceso tecnológico, un baño tecnofóbico y una patente violación del espíritu de los creadores de la gran red interconectada.

A medida que la civilización y los derechos humanos se han ido asentando y progresando en el mundo moderno, toda la retahíla de leyes un tanto bastardas ha ido cayendo con la modernidad, a la vez que iban apareciendo nuevas tecnologías y nuevos medios, canales o entornos nacidos a su amparo. No es nada nuevo –y ahí hay una esperanza—contemplar cómo las tecnologías avanzan más rápido que las leyes que tratan de su control, como el ansia natural del poder por no ver cómo éste se diluye en un campo nuevo dominado por algo que está fuera de su control. Este panorama así esbozado tendrá mayor gravedad en relación inversa al grado de democratización de una comunidad.

La red es nuestra y hemos de tratar de que se mantenga la actual libertad de movimientos en la red de redes, de que quien lo desee pueda seguir creando su propio medio al amparo de la tecnología libre de la web; hemos de tratar que no se impongan los neoescribas de nuevo, que jamás se cree la ley de la web, al modo de nueva ley de imprenta.

No deberíamos permitir que se recorte el nuevo escenario de futuro con las herramientas oxidadas del viejo escenario de un pasado en el que el poder se impuso a la razón a base de violencia, violencia censora.

Si llegara a darse el caso –como aún no se ha visto ni se vislumbra— la libertad individual habría muerto un poco y la telemática quedaría lesionada de gravedad. La esperanza parece estar en que lo mismo que la Res es de todos, es nuestra, el conocimiento cabal del poder sobre la magia de la telemática es más bien pobre, de ahí que el peligro sea menor, pero no por eso se ha de olvidar o dar de lado el peligro siempre existente de los descendientes de quienes decidieron en días negros leyes como la de imprenta o de prensa.

Con Red ha emergido un nuevo poder, un espacio nuevo de comunicación, de posibilidad de conexión y de flujo que está en manos del NOSOTROS. Ese es el espacio de la utopía, y, como decíamos antes, el espacio del recorrido entre el no saber y el saber, el trayecto del misterio, de la magia, de la sorpresa, y de la libertad. Y no es que el poder tradicional no conozca la red. El poder tradicional, socioeconómico, comercial, capitalista, la conoce. Pero es que la red significa plural, significa nosotros, un nuevo poder. Nuestro punto de vista aboga por que este nuevo poder actúe afirmativamente, tome conciencia de su poder y defienda la utopía. La Red tiene el poder de haber inaugurado una nueva forma de conjugar el verbo. Nueva forma de conjugar el (verbo) poder.

 

Bibliografía:

- BERNERS-LEE, Tim (2000): Tejiendo la red. Madrid: Siglo XXI.

- CASTELLS, Manuel (1997): La era de la información: Economía, Sociedad y Cultura. Volumen I: La sociedad red. Madrid: Alianza Editorial.

- CASTELLS, Manuel (1998): La era de la información: Economía, Sociedad y Cultura. Volumen II: El poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial.

- ECHEVERRÍA, Javier (2001): Indicadores educativos y sociedad de la información, en el Seminario-Taller Indicadores de la Sociedad de la Información y Cultura Científica, RICYT-OCT, Centro Científico y Cultural de Macau, Lisboa, junio.

- FRANQUET, Rosa (2000): Las viejas utopías para interpretar los enigmas tecnológicos, en CanariasMediafest, IX Festival Internacional de Vídeo y Multimedia de Canarias, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas.

- MUMFORD, Lewis (1964): Técnicas autoritarias y democráticas, en Kranzberg, M. y Davenport, W.H. editores (1979): Tecnología y Cultura. Barcelona: Gustavo Gili.

- MUÑOZ ALONSO, Alejandro; Monzón, Candido; Rospir, J. Ignacio; Dader, José Luis (1991): Opinión pública y comunicación política. Madrid: EUDEMA.

- DE PABLOS, José Manuel (2001): La Red es nuestra. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica / Buenos Aires: Editorial Paidós. ISBN: 84-493-1118-7.

- TEZANOS, José Félix (2001): La sociedad dividida. Estructura de clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas. Madrid: Biblioteca Nueva.

- WOLTON, Dominique (2000): Internet ¿y después?, Barcelona: Editorial Gedisa.

 

NOTAS

(1) Texto creado a partir del contenido parcial del libro de José Manuel de Pablos “La Red es nuestra”,  Paidós Ibérica, Barcelona – Editorial Paidós, Buenos Aires, 2001.

(2) Las emociones mueven a las personas, incluso a los investigadores; es cierto que a veces pueden hacerlo de forma adversa. Una propuesta equilibrada respecto a la recuperación de la utopía, a pesar de las dificultades reales expresadas por Wolton, se encuentra en Rosa Franquet (2000), pp. 157.

(3) Vease, Lewis Mumford (1964).

(4) Evidentemente no existe una moral estándar, ni mucho menos, sino que en este caso acudimos a una metáfora estadística, que representa a un conjunto mayoritario de individuos afectados en su conducta por las normas sociales, asumidas mediante la educación y la cultura.

(5) Cita de apertura del capítulo 1 de La Red es nuestra.

(6) Vease Castells (1998), pp. 91 a 157.

(7) Los mapas de flujo de datos en Internet revelan zonas inactivas del planeta y concentraciones intensas en los núcleos de población de los países occidentales detentadores de la economía dominante; un continente entero, como África, permanece apagado. Vease Castells (1997), pp. 379-383 y 416.

(8) Véase Tezanos (2001), pp. 15 y sgs.

(9) Véase De Pablos (2001).

(10) Cita de entrada del capítulo 3º de La Red es nuestra.

(11) Véase las contribuciones a este respecto de José Luis Dader en Muñoz Alonso et al. (1991).

(12) Véase Echeverría (2001).

(13) Cita de apertura del capítulo 4 de La Red es nuestra.

(14) El gatecismo tiene su personaje más notable en Gates, quien da nombre al nuevo concepto.

(15) Interesados en profundizar en el nacimiento de la web, ver Tim Berners-Lee (2000).

(16) El sustrato que permanece en la mentalidad neocapitalista es el mismo: vender a los usuarios su propio tiempo de ocio, con la salvedad que a través de las redes resulta más fácil vender movilidad psíquica que movilidad física.

 

(Recibido el 7-2-2002, aceptado el 23-2-2002)