Mantengamos la utopía: la Red es
nuestra (1)
Catedrático de Periodismo, Universidad de La Laguna (jpablos@ull.es)
Consejería de Educación, Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias
(jpesrod@gobiernodecanarias.org)
Experta univ. en Comunicación y Gestión Política (UCM)
RESUMEN
En
este artículo, los autores analizan los aspectos beneficiosos de Internet.
Desde una perspectiva positiva, la red es vista como una herramienta
liberalizadora que posibilita una información menos intermediada, más directa y
menos comercializada. Precisamente, estos aspectos son los que deben ser
aprovechados por el ser humano, lo que debe venir acompañado de modificaciones
en la situación de desequilibrio social que impide el acceso a las redes de los
más desfavorecidos.
ABSTRACT
The authors analyse in this article
the beneficial aspects of Internet. From a positive perspective, the net is
seen as a tool that makes possible a more direct and less commercialised
information. These aspects could be useful for the human being if some
modifications happens in the situation of social imbalance that prevents the
access to the nets of the most disadvantaged.
Palabra
claves: Internet/Libertad/Tecnología/Desarrollo.
Key Words:
Internet/Freedom/Technology/Development.
La red de redes tiene algo
de magia, mucho de sorprendente y bastante más de misterio. Magia, sorpresa y
misterio tienen algo en común: una fisura entre lo que se sabe y lo que se
desconoce. La magia nos parece magia porque produce lo que no sabemos cómo se
produce; ignoramos el procedimiento pero apreciamos sus frutos. La sorpresa nos
sorprende porque tiene resultados que no encajan en las previsiones marcadas
por nuestros conocimientos; contradice lo que esperábamos. El misterio nos
subyuga porque desconocemos su secreto; estamos al margen pero nos interesa.
El
desarrollo de las capacidades humanas siempre se produce recorriendo ese
camino: el que separa el no saber del saber. Ese trayecto, esa fisura, es el
territorio por excelencia de la curiosidad y de la libertad. Y por supuesto, de
la utopía. Porque la utopía siempre es fuente de desarrollo, estímulo,
motivación, reto(2). Un vector que nos carga de energía hacia el futuro.
La
red, la Red de redes, ha inaugurado un territorio privilegiado de utopía. Pero
también un espacio de relaciones y proyección de las capacidades humanas en el
que aparecen nuevos derechos esenciales de la persona, nuevos conceptos éticos
de la libertad y de la igualdad.
En
sentido filosófico, con la Red aparece una nueva persona, un nuevo perfil de
persona. Y con ella, también la sombra de un nuevo perfil de antipersona, de
antilibertad, de antidemocracia.
Por
eso, esta nueva libertad requiere una nueva defensa, para evitar que la
secuestre la dictadura. Al respecto, Mumford nos alerta sobre la utilización de
la técnica desde perspectivas autoritarias, frente a una utilización
democrática y solidaria(3). Las técnicas pueden derivar en uno u otro sentido
dependiendo de la mano que las emplee, y de las mentes que decidan en qué y
cómo van a emplearlas. Las técnicas no son inicialmente buenas o malas aunque
sí pueden ser más o menos letales; la utilización perversa de las redes está al
alcance de demasiados individuos; el que de hecho no se haga un mayor uso de
esas cuestiones se debe a: el desconocimiento de la mayoría de las actuaciones
delictivas de una minoría, hasta que estas se hacen públicas, cosa que de
momento apenas ocurre; el elevado número de individuos con formación moral
estándar(4), situación que reduce la tasa delictiva; el control administrativo
y burocrático aceptado en la sociedad avanzada como forma de organizar la
sociedad, de manera que la mayoría de los ciudadanos aceptan intromisiones en
su intimidad como parte de los valores de seguridad creciente.
Internet
es todavía una recién nacida, no ha entrado en su adolescencia ni es conocida
por mucha gente, aunque sea alta la cantidad de personas que usa esta alquimia
telemática que nos convoca. No obstante esta realidad, recordamos a Alvin
Toffler, cuando dice: La moraleja es que Internet da una oportunidad a los
desheredados: nunca había ocurrido antes(5). Aún así, la propuesta de Toffler
debe matizarse enseguida. Es cierto que muchos individuos sin capacidad de
acceso a los medios están utilizando ahora las redes para establecer nuevos y
señalados elementos de intercomunicación. Castells aborda la utilización de las
redes por grupos marginales(6), grupos minoritarios, grupos segregados, grupos
radicales etc., pero no podemos dejar de pensar en la inmensa desigualdad que
se encuentra en la utilización de las redes. Si miramos el flujo comunicativo
que se establece a través de las redes apreciamos la hegemonía de los Estados
Unidos en el control del tráfico de datos, páginas descargadas, informaciones
suministradas y transacciones comerciales hechas en el ámbito de las redes(7);
el mismo mapa de tráfico telemático nos muestra zonas del planeta en las que es
más fácil encontrar agua que una sola línea telefónica, lugares en los que el
estado ha claudicado hace ya mucho tiempo y que se encuadra en lo que se puede
llamar el estado delincuente. Estos desheredados no tienen ninguna posibilidad,
no la han tenido y probablemente no la vayan a tener. En cuanto a las utilizaciones
alternativas de la red, fuera del ámbito de lo comercial, las experiencias
deben progresar desde una mínima testimonialidad, a un uso social intenso, una
apropiación de las redes que debe ir más allá del engrosamiento de las cuentas
de resultados de las compañías que prestan el servicio. Dónde queda la
gratuidad de la red.
Las
oportunidades de los desheredados se han apreciado en otras circunstancias.
Situaciones del mismo corte aparecidas con anterioridad fueron, entre otras,
las siguientes:
-
el nacimiento de la comunicación humana, en el largo proceso de la
transformación del simio en humán;
-
el descubrimiento que aquel ser primitivo hizo del trazo, de la huella y del
soporte, con la creación de los primeros dibujos de la humanidad;
-
más tarde, la originación del lenguaje gráfico y la lenta socialización de la
escritura.
-
Más hitos fueron la aligeración del soporte, hasta llegar al papiro primero y
al papel en occidente más tarde.
-
En ese tirabuzón de avances culturales tenemos la aparición del libro o la idea
de unir varias hojas en un volumen unitario.
-
Así, hasta llegar a otro avance de gigante que puso la simiente del
renacimiento y la puntilla a la oscuridad medieval: la imprenta de tipos
movibles del alemán Gutenberg, con la consiguiente aparición del concepto
público y, con ello, más tarde, de la opinión de ese público lector.
A
partir de entonces, los avances revolucionarios tardaron menos en llegar y
últimamente se han presentado como un racimo pletórico que auspicia una nueva
era, la sociedad de la información:
-
La idea del lenguaje binario y con él la informática, con su ramo de
aplicaciones formidables.
-
La feliz idea de la autoedición, emancipadora de tantas gestiones en el sector
de las artes gráficas y de la edición.
-
La telemática o informática a distancia y el proyecto de establecer redes
conectadas entre sí, de uso universal y públicas.
-
El correo electrónico, que llega a salvar a la humanidad cultivada del abandono
del arte de la escritura interpersonal, como florecimiento del género
epistolar.
-
La tecnología web de Tim Berners-Lee, de patente abierta y pública, como forma
de ecumenismo y establecimiento universal y gratuito en todo tipo de
programación informática.
-
Los novísimos medios de comunicación instalados en los sitios web, como
formidable forma de transferir a la sociedad la posibilidad de comunicarse sin
necesidad de los neoescribas antes citados.
Los
desheredados de Alvin Toffler, con esta serie de avances culturales son cada
vez menos desheredados, tienen cada día más posibilidades de liberarse de la
opresión mediática, de desarrollar un protagonismo nunca visto hasta el
presente, que ése es el discurso del autor de La tercera ola en esa breve cita
que comentamos. Estos desheredados no forman parte de las infraclases(8),
situación de exclusión social creciente en las sociedades avanzadas, sino que
se tratan de grupos que aun pueden acceder a la tecnología emergente.
La
Red, entonces, se nos presenta como una posibilidad para quienes en el campo de
la comunicación han estado a merced de los neoescribas de cada actualidad, los
dominadores del mensaje informativo. Así, Internet es una herramienta
liberalizadora y como posibilidad libertifílica hay que aceptarla sin
miramientos, como algo viable para alcanzar más altas cotas intelectuales
derivada de una información menos intermediada, más directa, menos
comercializada, más saludable. Ahí es nada este aspecto emancipador de la nueva
tecnología telemática pública, socializada, libre y gratuita o más abierta que
otras alternativas que puedan enumerar los pesimistas y temerosos de toda
tecnofobia, los que siempre escoltan todo avance tecnológico cuando éste es
positivo.
Gracias
a la red, mediante la red, los desheredados y también los no desheredados
pueden igualmente editar sin buscar editor, atravesar fronteras de relaciones
humanas sin presentar pasaporte terrenal, incorporarse a ámbitos
tradicionalmente endogámicos de actividad humana (política, universidad,
derecho...). La Red ha roto barreras de clases o castas sociales y también ha
hecho estallar la membrana que acotaba ciertos privilegios a los círculos de
ciertas personas, tal es el caso del acceso a fuentes documentales. La gran
novedad ha sigo la democratización del acceso a los roles sociales, antes
restringidos o distribuidos económicamente de forma desigual entre las
personas.
Para
muchos es difícil de entender, de aceptar casi, que Internet sea una tecnología
nueva sin amo ni señor, esté abierta y la mayoría de sus servicios informativos
sean gratuitos, a pesar del uso iniciado de lo que se ha dado en llamar el
comercio electrónico, que no es otra cosa que un ademán invasivo y ése es su
peligro. Sería bastante ingenuo pensar que el capital, el negocio, no se fuera
a aprovechar de las altas posibilidades comunicativas de las redes telemáticas,
de ahí que no sea de extrañar la colonización que se observe en cada revuelta
del camino telemático.
Sería
de gran ingenuidad pensar siquiera que el capitalismo, en su natural brutalidad
y ansias de esquilmar cuando se le presenta la ocasión, no se aprovechara de
las posibilidades de la red de redes. Esto no implica que Internet sirva los
intereses del capitalismo, como sólo se puede asegurar desde la tecnofobia,
sino que el capitalismo se aprovecha de las posibilidades de Internet, que
parece lo mismo pero que parece evidente que no(9).
Que
exista en tantas partes del planeta personas que trabajan para la Red de forma
gratuita, sobre todo en los países más desarrollados, al margen del concepto
económico dinerario, no es un misterio como entienden tantos sino una forma
de insumisión antiglobalizadora, y lo vienen haciendo desde antes de que la
primera revolución del siglo XXI se etiquetara como antiglobalización.
Ésta
es una rebeldía de mentes jóvenes, al margen de la edad física de cada cual,
que se acopla a nuevas palabras sabias de José Saramago, cuando hace esta
advertencia que hemos de recibir tan bien: Lo que necesitamos es una
insurrección moral, frente a la concentración vertical de poder de los
gobiernos y la complicidad de los medios de comunicación(10). Para ello es
indispensable modificar la situación de desequilibrio social que impide el
acceso a las redes a los más desfavorecidos; estos desfavorecidos no son ya los
desheredados anteriores, sino las personas que se encuentran en la parte
inferior del bache o escalón sociotécnico; la hipótesis del distanciamiento
social se hace más aguda en estos tramos de la inclusión de nuevas tecnologías(11); la formulación de esta
hipótesis en términos sencillos plantea de manera general lo que se encontró
cuando se introducían nuevas tecnologías agrícolas en América Latina en los
años cincuenta; en estos casos se van a aprovechar de esta tecnología emergente
los más preparados económica e intelectualmente, mientras que el resto, los
menos preparados, se van a hundir más en esa situación de desigualdad, hacia el
fondo del pozo, con lo que al final el distanciamiento social va a ser mayor.
Como plantea Echeverría, la solución se encuentra en el fortalecimiento de la
institución educativa de los estados y de las naciones, y en la comprensión de
la importancia de preparar a los ciudadanos en el uso efectivo de los usos de
las redes, que no consiste sólo en mera alfabetización, sino en el acercamiento
de las nuevas posibilidades de comunicación implícitas en las redes(12).
En
el caso de Saramago, cuando el gran pensador portugués habla de gobiernos,
hemos de entender gobiernos reales, que no suelen ser los gobiernos de los
estados, sino las grandes empresas con inversiones superiores a las de muchos
gobiernos canónicos, o sea, el gobierno bancario, el mismo que está detrás de
tantas corporaciones aquí y allá, cuando los estados se desinflan ante las
apretadas exigencias del poder económico, el único poder que veremos crecer
cada día más, sin tope ni mesura.
Ése
va a ser el escenario donde se libre la libertad potencial mantenida de
Internet donde esos gobiernos paralelos traten de ampliar la cifra de negocio
en caso de que logren poner un consejo de administración al frente de la red de
redes. No saben que no lo podrán conseguir, por la propia arquitectura de la
red y por la cantidad de gente con menos poderío físico, pero mayor intelecto,
que está detrás del gran proyecto comunicativo de finales del siglo pasado, un
final de siglo de luz y armonía comunicativa pública, que marca las pautas de
un nuevo siglo de las luces, el siglo telemático que acabamos de estrenar.
Estas
personas volcadas en llenar de contenidos amistosos y gratificantes los medios
apoyados en la telemática, cuando no a ofrecer nuevas posibilidades operativas
al usuario, hacen de la insumisión tecnológica una actitud ética personalizada,
aunque algunas dirijan sus energías creativas precisamente a destruir lo que
otros hacen, a veces sus iguales, pares suyos, o sea, los desagradables piratas
informáticos. Éste es parte del problema de actitudes individuales erróneas,
que no parecen tener fin, pero que tienen otra lectura. Son los infopiratas
parte del cuerpo enfermo de la red de redes, pero sólo puede estar enfermo aquello
que está vivo y la Red tiene vitalidad sobrada. La liquidación natural de estos
personajes sería un anuncio de que las cosas dejaban de ir tan bien en la red
de redes, por tanto, asúmase su presencia e interprétese como lo que son. Sólo
hay peligro de enfermedad en un cuerpo cuando está vivo. A su muerte habrá
desaparecido toda posibilidad de mal.
Los
que, por el contrario, apoyan el mejor crecimiento de la Red y lo hacen
socializando sus aportaciones, sin otro interés que tener el gozo de ver crecer
sana la criatura que todos conocemos y empleamos, están haciendo una revolución
con tantos tintes positivos como mentes puestas en el empeño de que el tiempo
primitivo o incunable actual de Internet sea lo más exitoso posible, sea de
mayor utilidad a la sociedad telematizada, todo al amparo de la anarquía de la
Red. Es precisamente esta anarquía de la Red lo más interesante de ella, según
nos dice Umberto Eco igualmente con palabras sabias, y ¿no creen que hemos de
creerle?(13).
Estos
pensadores y estos prácticos que desarrollan las posibilidades de la red de
todos son auténticos humanistas, su comportamiento propulsa una lógica
humanista de conducta: el interés por el servicio a la sociedad, a la
humanidad, antes que el interés por el enriquecimiento propio. Conscientes de
que el hombre, el individuo, sólo logra crecer o enriquecerse cuando hace
crecer a su comunidad, cuando amplía con su aportación humana el contexto de
desarrollo en el que él y la colectividad se desenvuelven. El quid está en la
pugna humanismo-enriquecimiento personal. Se trata por tanto de una pugna
humanismo - gatecismo,(14) concepto
éste segundo que supone un aprovechamiento de la red en beneficio propio, con
la idea fija del pronto enriquecimiento, una especie de pelotazo tecnológico,
que aunque sea muy legítimo no va a recibir el aplauso generalizado.
En
el mar movido en el que navega la telemática se aprecian algunos peligros, que
no llegan, no obstante, a poner en peligro la nave Internet. En el acechadero
en el que nos encontramos podemos apreciar varias confusiones que ponen a
Internet en el brete de un Océano de Babel, detalle que nada la favorece. Uno
de los problemas son los tópicos que rodean el concepto más acurado de Internet
y los profetas que hablan a gritos, siempre a gritos, de la necesidad de
legislar para la red de redes.
Internet
está sobrada de tópicos, así que hemos de aguardar a que sea el propio paso del
tiempo quien sienta las madres de su teoría, para que llegue un día en que los
tópicos actuales hayan pasado a meras anécdotas sin más peso teórico que un
chascarrillo que cronos acabará por disolver, ante su falta de esencia.
Entre
estos conceptos vacíos contamos con el rótulo autopistas de la información y
con la etiqueta página web, ambos inválidos. La Red no es la obra dura y
ajena que siempre es una autopista destructora del territorio tampoco como
metáfora sigue teniendo valor ni la tecnología web origina páginas a secas,
sino conjuntos de ellas, además de conectadas igualmente entre sí, con lo cual
la diferencia de matiz es formidable y quien no se expresa así no hace otra
cosa que alistarse a una moda, sin adentrarse en la sustancia y la realidad de
la tecnología de Tim Berners-Lee(15).
La red es nuestra como lo
es el papel de nuestra escritura. Una vez sentados ante el papel en blanco o
ante la pantalla que más tarde se podrá transferir a papel, nos encontramos
ante un soporte o un canal donde con entera libertad escribimos aquello que
libremente hayamos decidido. En ese sentido es nuestro el papel, la informática
y lo es Internet. Lo importante no va a ser el papel o la pantalla, sino lo que
seamos capaces de dejar depositado en tales espacios. O sea, el medio es el
soporte del mensaje, el mensaje va a seguir siendo lo notable y destacado, como
no podía ser
menos, tal y como dejó establecido el visionario canadiense Marshall McLuhan.
En
la Red hay una manifestación constante de libertad personal y eso sólo puede
ser positivo. Siempre será mejor esa manifestación de libertad individual para
transitar por la red interconectada planetariamente pública que la aparición de
un gobierno que trate de controlar y poner orden en la red de redes (ib.).
El
más grave de los peligros que se ciernen sobre la red procede de los nietos de
aquellos políticos, del signo que sean, que establecieron una ley de imprenta,
una ley de prensa, una ley para la radio y otra para cualquier forma de
televisión, una legislación específica para dominar todo medio de comunicación
social, pues éstos lo intentarán cuando caigan en el detalle de cuál es el
nuevo medio de información telemático aún naciente y auroral (ib.).
Si
en su momento, ya histórico, trataron de que la imprenta no fuera pública por
medio de una ley de control sobre la divulgación de las ideas y del
conocimiento, no hay que descartar que en algún lugar se las ingenien para
controlar la red por el mismo procedimiento. De poco les valdría, no obstante,
semejante determinación, porque un gobierno, por muy poderoso que sea, sólo
podrá legislar dentro de su territorio y todos sabemos que Internet, la gran
red, no tiene nacionalidad ni aposento territorial único. Si exceptuamos países
enteros como China, en buena parte del mundo, los internautas circulamos por
las redes con entera libertad y el espacio físico ha dejado de ser un obstáculo
para la comunicación telemática. De igual manera que todo el espacio (para
bytes) es nuestro o está a nuestra disposición, con la red nos hemos liberado
del tiempo y a un coste aceptable. A principios del siglo XXI, las
posibilidades de movilidad psíquica aumentan de forma exponencial, mucho más
que los aumentos de movilidad física que se produjeron en el siglo XX mediante
los viajes organizados que supone el éxito comercial de la industrial
turística(16). Ahora bien, en la escala
que permite Internet, nunca ante había sucedido tal cosa en la sociedad y nada
avisa de que se vaya a poner coto a semejante realidad nueva de la que tanta
gente todavía no se acaba de percatar.
Los
únicos atentados oficiales realizados contra el discurso de Internet está en
países con dificultades con el espíritu democrático, en los cuales se impide a
estudiantes o profesores universitarios, a sus funcionarios, el empleo de
algunos de los recursos telemáticos en línea. Nos referimos a gobiernos que
deciden aislarse del resto del mundo impidiendo que sus ciudadanos se
comuniquen con sus semejantes, que accedan a sitios web como hacen otros
internautas. Éste es el mayor control o censura establecida en la Red; es
bastante penoso leer en una universidad un anuncio del burócrata en jefe
recordando la prohibición de realizar ciertas visitas o de emplear la Red para
fines contrarios a los gubernamentales. Es penoso leer que el investigador que
necesite usar los recursos de Internet ante ha de someter su proyecto investigativo
al camarada en jefe, para que sea este burócrata quien decida qué se puede
investigar y qué no.
La
Red es nuestra, pero no de los ciudadanos sometidos a la prohibición señalada.
Cuando antes nos referíamos a legislación sobre, o sea, contra Internet, no nos
referíamos a este tipo de censura, que se da en muy pocos países y, en
realidad, se trata de normativa oscura, vergonzante y no oficializada, pero sí
establecida oficialmente. Aludíamos a la posibilidad de normativa
parlamentaria, en aquellos lugares donde algunas voces insensatas aseguran que
hay que legislar para Internet.
Sería
un retroceso premedieval. Legislar para Internet, sobre sus contenidos o
condicionar la creación de nuevos medios en la web, sería un serio retroceso
tecnológico, un baño tecnofóbico y una patente violación del espíritu de los
creadores de la gran red interconectada.
A
medida que la civilización y los derechos humanos se han ido asentando y
progresando en el mundo moderno, toda la retahíla de leyes un tanto bastardas
ha ido cayendo con la modernidad, a la vez que iban apareciendo nuevas
tecnologías y nuevos medios, canales o entornos nacidos a su amparo. No es nada
nuevo y ahí hay una esperanzacontemplar cómo las tecnologías avanzan más
rápido que las leyes que tratan de su control, como el ansia natural del poder
por no ver cómo éste se diluye en un campo nuevo dominado por algo que está
fuera de su control. Este panorama así esbozado tendrá mayor gravedad en
relación inversa al grado de democratización de una comunidad.
La
red es nuestra y hemos de tratar de que se mantenga la actual libertad de
movimientos en la red de redes, de que quien lo desee pueda seguir creando su
propio medio al amparo de la tecnología libre de la web; hemos de tratar que no
se impongan los neoescribas de nuevo, que jamás se cree la ley de la web, al
modo de nueva ley de imprenta.
No
deberíamos permitir que se recorte el nuevo escenario de futuro con las
herramientas oxidadas del viejo escenario de un pasado en el que el poder se
impuso a la razón a base de violencia, violencia censora.
Si
llegara a darse el caso como aún no se ha visto ni se vislumbra la libertad
individual habría muerto un poco y la telemática quedaría lesionada de
gravedad. La esperanza parece estar en que lo mismo que la Res es de todos, es
nuestra, el conocimiento cabal del poder sobre la magia de la telemática es más
bien pobre, de ahí que el peligro sea menor, pero no por eso se ha de olvidar o
dar de lado el peligro siempre existente de los descendientes de quienes
decidieron en días negros leyes como la de imprenta o de prensa.
Con
Red ha emergido un nuevo poder, un espacio nuevo de comunicación, de
posibilidad de conexión y de flujo que está en manos del NOSOTROS. Ese es el
espacio de la utopía, y, como decíamos antes, el espacio del recorrido entre el
no saber y el saber, el trayecto del misterio, de la magia, de la sorpresa, y
de la libertad. Y no es que el poder tradicional no conozca la red. El poder
tradicional, socioeconómico, comercial, capitalista, la conoce. Pero es que la
red significa plural, significa nosotros, un nuevo poder. Nuestro punto de
vista aboga por que este nuevo poder actúe afirmativamente, tome conciencia de
su poder y defienda la utopía. La Red tiene el poder de haber inaugurado una
nueva forma de conjugar el verbo. Nueva forma de conjugar el (verbo) poder.
Bibliografía:
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-
CASTELLS, Manuel (1997): La era de la información: Economía, Sociedad y
Cultura. Volumen I: La sociedad red. Madrid: Alianza Editorial.
-
CASTELLS, Manuel (1998): La era de la información: Economía, Sociedad y
Cultura. Volumen II: El poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial.
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ECHEVERRÍA, Javier (2001): Indicadores educativos y sociedad de la información,
en el Seminario-Taller Indicadores de la Sociedad de la Información y Cultura
Científica, RICYT-OCT, Centro Científico y Cultural de Macau, Lisboa, junio.
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FRANQUET, Rosa (2000): Las viejas utopías para interpretar los enigmas
tecnológicos, en CanariasMediafest, IX Festival Internacional de Vídeo y
Multimedia de Canarias, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas.
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MUMFORD, Lewis (1964): Técnicas autoritarias y democráticas, en Kranzberg, M. y
Davenport, W.H. editores (1979): Tecnología y Cultura. Barcelona: Gustavo Gili.
-
MUÑOZ ALONSO, Alejandro; Monzón, Candido; Rospir, J. Ignacio; Dader, José Luis
(1991): Opinión pública y comunicación política. Madrid: EUDEMA.
-
DE PABLOS, José Manuel (2001): La Red es nuestra. Barcelona: Ediciones Paidós
Ibérica / Buenos Aires: Editorial Paidós. ISBN: 84-493-1118-7.
-
TEZANOS, José Félix (2001): La sociedad dividida. Estructura de clases y
desigualdades en las sociedades tecnológicas. Madrid: Biblioteca Nueva.
-
WOLTON, Dominique (2000): Internet ¿y después?, Barcelona: Editorial Gedisa.
NOTAS
(1)
Texto creado a partir del contenido parcial del libro de José Manuel de Pablos
La Red es nuestra, Paidós Ibérica,
Barcelona Editorial Paidós, Buenos Aires, 2001.
(2)
Las emociones mueven a las personas, incluso a los investigadores; es cierto
que a veces pueden hacerlo de forma adversa. Una propuesta equilibrada respecto
a la recuperación de la utopía, a pesar de las dificultades reales expresadas
por Wolton, se encuentra en Rosa Franquet (2000), pp. 157.
(3) Vease, Lewis Mumford (1964).
(4)
Evidentemente no existe una moral estándar, ni mucho menos, sino que en este
caso acudimos a una metáfora estadística, que representa a un conjunto
mayoritario de individuos afectados en su conducta por las normas sociales,
asumidas mediante la educación y la cultura.
(5)
Cita de apertura del capítulo 1 de La Red es nuestra.
(6) Vease Castells (1998), pp. 91 a
157.
(7)
Los mapas de flujo de datos en Internet revelan zonas inactivas del planeta y
concentraciones intensas en los núcleos de población de los países occidentales
detentadores de la economía dominante; un continente entero, como África,
permanece apagado. Vease Castells (1997), pp. 379-383 y
416.
(8)
Véase Tezanos (2001), pp. 15 y sgs.
(9) Véase De Pablos (2001).
(10)
Cita de entrada del capítulo 3º de La Red es nuestra.
(11)
Véase las contribuciones a este respecto de José Luis Dader en Muñoz Alonso et
al. (1991).
(12)
Véase Echeverría (2001).
(13)
Cita de apertura del capítulo 4 de La Red es nuestra.
(14)
El gatecismo tiene su personaje más notable en Gates, quien da nombre al nuevo
concepto.
(15)
Interesados en profundizar en el nacimiento de la web, ver Tim Berners-Lee
(2000).
(16)
El sustrato que permanece en la mentalidad neocapitalista es el mismo: vender a
los usuarios su propio tiempo de ocio, con la salvedad que a través de las
redes resulta más fácil vender movilidad psíquica que movilidad física.
(Recibido
el 7-2-2002, aceptado el 23-2-2002)