La glocalización de la comunicación
Dra. Sonia Fernández Parratt
Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid
RESUMEN
Actualmente se está haciendo cada vez más patente la existencia de una doble y simultánea tendencia de la comunicación en este nuevo siglo. Se trata del fenómeno de la globalización y de la atención a lo local, dos caras dentro del mismo mundo informativo. Lo local busca su espacio en la proximidad, mientras que la tecnología y la economía nos conducen a un escenario que cada vez tiene menos barreras. Ese proceso generalizado, con las paradojas y contradicciones que conlleva, viene siendo aquello a lo que algunos estudiosos de la comunicación hacen referencia a través del neologismo inglés glocalization.
ABSTRACT
The existence of a double and
simultaneous tendency in communication of this century is gettting increasingly
obvious. This tendency consists of the phenomenon of globalization and the
attention to the local environment, two sides of the world of information. The
local environment is based on proximity, whereas technology and economy lead us
to a global scene with less and less barriers. This general process, with all
its contradictions, is what some scholars in communication now define as
glocalization.
Palabras
claves: Globalización/Local/Glocalización/Comunicación Rransnacional/Identidad
Key Words:
Globalization/Local/Glocalization/Transnational Communication/ Identity.
El
macrofenómeno de la globalización
A
la hora de
buscar una definición precisa del concepto de globalización, puede decirse a
grandes rasgos que constituye un proceso creciente de complejas interconexiones
entre sociedades, culturas, instituciones e individuos a escala mundial.
También muchos estudiosos hablan de ella refiriéndose a la manera en que, especialmente
bajo condiciones contemporáneas, las relaciones de poder y comunicación se
extienden a lo largo del globo terrestre, con las consiguientes comprensiones
del tiempo y del espacio y con una recomposición de las relaciones sociales.
Sobre si estamos hablando de algo completamente nuevo o si, por el contrario,
tiene sus raíces en la civilización humana, existen múltiples opiniones, pero
de cualquier forma se trata de un fenómeno del que ahora más que nunca estamos
tomando conciencia.
A
pesar de que el debate sobre la globalización experimentó su boom en la década
de los noventa, parece más acertada la visión de quienes se inclinan a pensar
en la existencia de un proceso más dilatado en el tiempo, relacionándolo
directamente con lo que supuso la introducción de nuevas tecnologías en el
siglo XIX e inicios del XX, incluyendo el telégrafo, la radio, la fotografía y
el cine, aunque ello no significa necesariamente que la globalización deba
asociarse sólo con la emergencia de la industrialización o de la modernidad en
general(1).
Hace
ya casi medio siglo, Marshall McLuhan, en sus obras Understanding Media (1954)
y en The Gutemberg Galaxy (1962), asentó la idea de la aldea global y
pronosticó un siglo XXI con grandes trasnsformaciones en la vida y en los
medios de comunicación, mediante la globalización del mundo y de la sociedad.
Esta aldea global empezó a ser una realidad con la llegada e implantación de
la red Internet. Así, Enric McLuhan, hijo del anterior, siguiendo el
pensamiento de su padre, escribió que:
Internet
prescinde de los límites políticos y geográficos. McLuhan diría, probablemente,
que ahora más que nunca las computadoras están enlazándonos en la aldea global,
tanto más cuando se ha convertido más bien en una especie de teatro global. Con
un ordenador y un módem, cualquiera puede irrumpir en la escena mundial(2).
La
generalización de la noción de globalización como parte de las grandes
estrategias empresariales modificó las reglas del juego internacional y al
mismo tiempo supuso un cambio de las negociaciones establecidas en el campo de
las redes de comunicación. Así, la definición del concepto de libertad de
expresión pasó a tener una dimensión comercial con la pretensión de convertirse
en un nuevo derecho humano y, como principio de planificación del mundo, esta
noción de libertad de expresión comercial se hizo indisociable del viejo
principio de libre circulación de información que justificó la desigualdad de
los flujos de información. De este modo, se asimila hoy la libertad en general
con la libertad de
comercio.
Los
acuerdos de libre intercambio llevaron a polémicas que acabaron en 1993 con la
exclusión de las producciones audiovisuales y culturales, y ello ahondó las
divergencias entre los defensores de las identidades culturales y los partidarios
de la aplicación del criterios de mercancía para toda forma de producción. Para
Armand Mattelart(3), concederle al usuario un
rol activo, devolviéndole como consumidor su capacidad de discernimiento e
insistiendo sobre su libre albedrío, no sería totalmente negativo si no
significase la eliminación de la cuestión de la desigualdad de los intercambios
en el mercado mundial de los productos culturales y la necesidad de proteger la
diversidad de culturas mediante políticas nacionales y regionales apropiadas.
Según
Mattelart, los anos ochenta estuvieron marcados por la búsqueda de una cultura
global, pero también fueron los del desquite de las culturas singulares.
Considera que la descripción del actual proceso de mundialización de los
intercambios culturales y económicos con la noción de globalización no es muy
acertada y sería preferible considerar la fase actual como la de la aparición
de una comunicación-mundo planetaria que suscita nuevas disparidades entre
países, regiones o grupos sociales. Mattelart hace radicar el interés en la
forma en que cada cultura y comunidad recibe y modifica los mensajes difundidos
por las redes mundiales de la comunicación.
La
comunicación internacional afecta en la actualidad a los límites culturales del
mundo. Desde la segunda guerra mundial la influencia de ciertas regiones creció
mucho, y hoy la mayor parte del tráfico cultural fluye desde las regiones
anglófonas. Algunos investigadores centran más su interés en la cultura en un
sentido próximo al utilizado en 1961 por Raymond Williams en su obra Culture
and Society(4), el de la expresión de la
experiencia humana diariamente compartida, y buscan evidencia de la
convergencia en las cosas en que la gente piensa, las maneras de pensar y las
formas en que las cosas se expresan a través de prácticas sociales diarias. Lo
que encuentran no es tanto una cultura global homogeneizada como un mundo en el
que, cada vez más, cada localidad está tipificada por la hibridación cultural y
la heterogeneidad sujeta a fuerzas transnacionales y globales.
Por
su parte, el estudioso Martin Shaw deja un poco aparte los aspectos de carácter
cultural de la globalización y se centra en las relaciones sociales. Para Shaw,
la sociedad global no es sino el entero complejo de relaciones sociales entre
seres humanos en una escala mundial. Y mientras que la sociedad global en este
sentido contiene todas las relaciones sociales, no todas las relaciones se
definen, de hecho, a un nivel global. En definitiva, la sociedad global también
puede ser vista como el mayor marco de trabajo o contexto posible de relaciones
sociales, pero no necesariamente el contexto más definitorio de todas las
relaciones sociales.
Desde
este punto de vista, la mejor manera de entender la sociedad global es
concibiéndola como un universo social diverso en el cual las fuerzas
unificadoras de la producción moderna, los mercados, las comunicaciones y la
modernización cultural y política interactúan con muchas segmentaciones y
diferenciaciones globales, regionales, nacionales y locales(5).
Hace
más de treinta años, Kindleberger apuntó el camino hacia un paradigma global
con la predicción del inminente fallecimiento del estado-nación como la unidad
económica primaria. Más recientemente, surgió la idea de que numerosas
corporaciones se estaban globalizando en el sentido de que, de modo creciente,
parecían no querer conexión con ningún estado-nación en particular y estaban
distribuyendo sus actividades de manera flexible entre sus subsidiarios
internacionales para flexibilizar los recursos materiales, humanos y
financieros(6).
Ciertamente,
en la actualidad se está creando un juego global múltiple en el que participan
no sólo naciones sino también corporaciones y sindicatos, agrupaciones
políticas, étnicas y culturales, asociaciones transnacionales y agencias
supranacionales. El estado-nación ve así limitada su libertad de acción y
desplazado o disminuido su poder a medida que va tomando forma un sistema
global radicalmente nuevo.
Desde
su postura, Stuart Hall argumenta que gracias a la globalización las
identidades están más desvinculadas de un tiempo, lugar, historia y tradición.
Todo esto llevaría a una ruptura con la vieja idea de identidad nacional y a la
aparición de un nuevo plan de renovadas y cosmopolitas posibilidades abiertas
por la globalización de la cultura. Según Hall, las identidades se harían más
políticas, más plurales y más diversas; menos estancadas y unificadas(7).
Otra
parte de este complejo debate está en una corriente de análisis que sugiere que
el objetivo de la globalización bien podría ser llegar a concentrar el control
sobre las fuerzas productivas entre un reducido grupo de estados económicamente
poderosos. Es más, la globalización, vista como un paradigma de gobierno
impuesto por un grupo de estructuras corporativas y estatales dominantes,
podría tener como resultado la acentuación de diferencias locales y el
fortalecimiento de bloques regionales de política y comercio. En este
contexto de gigantesco poder de corporaciones transnacionales, no parece estar
muy claro lo que ocurrirá con el papel de los estados-nación.
Por
otra parte, son cada vez más patentes los intentos por parte de instituciones
nacionales, regionales y globales de regular los flujos transnacionales de los
medios de comunicación. Sin embargo, las grandes instituciones están
principalmente representadas por elites políticas y comerciales nacionales, y
reflejan sus intereses establecidos, lo cual confirma la sospecha de que más
que ver la globalización como un proceso que subvierte uniformemente lo nacional,
podríamos ver los estados-nación como jugadores poderosos en el proceso de
construcción de lo global. Para algunos, este proceso de globalización puede
incluso consolidar algunos estados-nación a la vez que se van debilitando los
que ya son débiles(8).
La
tendencia a la globalización también puede ser vista como la causante de un
nuevo orden mundial en el que el significado de fronteras políticas,
identidades nacionales y diferencias regionales y culturales aparece reducido a
través de la información distribuida por las grandes firmas. Visto de este
modo, las experiencias compartidas a escala global a través de los medios de
comunicación trascenderán con el tiempo las diferencias entre los ciudadanos de
naciones o regiones separadas. Esta es una visión compartida por Herbert
Schiller, una de las voces más críticas de los medios de comunicación
transnacionales, que afirma que:
Bien
expresados están los objetivos del de momento no restringido orden
corporativo global: fronteras abiertas, que pueden ser transgredidas; comercio
abierto, que les permite prevalecer a los más poderosos; mentes abiertas, que
están a merced de las corrientes globales de las industrias culturales(9).
Para
Anthony Smith, una autoridad en nacionalismo, el desarrollo de medios de
comunicación globales no significa necesariamente que un mismo contenido sea
compartido por todas las sociedades. Por el contrario, considera probable que
las culturas nacionales mantengan y hasta aumenten su presencia en los medios
de comunicación en respuesta a tendencias globalizadoras. Desde este punto de
vista, se puede decir que los sistemas informativos nacionales conservan una
fuerte especialización: cada uno se ha ido desarrollando a lo largo de los
siglos dentro de una cultura particular y hoy forman parte de un vasto sistema
social en el que todos los elementos son interdependientes.
Por
su parte, Tapio Varis se sitúa en una línea próxima a la anterior afirmando que
a pesar de que se habla mucho del crecimiento de la globalización de la economía
mundial, de los mercados y de las políticas, muchas tendencias actuales, como
el aumento de conflictos étnicos y nacionalistas o el proteccionismo, tienden a
confirmar lo contrario y no apoyan la visión de apertura global e integración(10).
El
incremento de la cantidad de información no significa que estemos mejor
informados que antes. Los ciudadanos ven la sociedad de la información como un
mundo complicado e inseguro en el que es difícil encontrar la información
esencial y permanente, puesto que todo cambia rápidamente e incluso los valores
básicos resultan fluctuantes. Si no hay cambios, el hombre y la sociedad no
evolucionan, pero un cambio excesivo y constante, por otra parte, crea
inseguridad e inestabilidad, que pueden revestir formas peligrosas. Los
movimientos sociales y religiosos intransigentes son, en parte, consecuencia de
los intentos de simplificar el mundo complejo de hoy recurriendo a verdades
antiguas, el pasado representa seguridad y el porvenir se presenta como algo
cada vez más inseguro(11).
La
globalización de la comunicación
El
estudio de la comunicación desde una óptica internacional es un fenómeno
relativamente reciente. Hasta no hace mucho, especialmente en Europa, la
investigación en el campo de la comunicación ha estado restringida por
fronteras nacionales y basada en necesidades locales e intereses de
determinados colectivos. Pero las geopolíticas europeas caracterizadas por
rápidos movimientos hacia la unificación, la integración de las economías
europeas y la internacionalización de la comunicación, han estimulado con
rapidez el crecimiento de los estudios de comunicación en Europa.
Así
pues, si se analiza el fenómeno de la globalización desde la perspectiva de la
comunicación, podría decirse que los modelos de interacción social y los flujos
de información se están produciendo de manera creciente más allá de sus límites
para formar nuevas bases de identidad política y cultural. En contraste con la
tendencia histórica a pensar que los medios de comunicación llevan a cabo una
integración vertical de las sociedades dentro del entorno del estado-nación,
los emergentes modelos de interacción social, de organización política y de
flujos de información, están siendo suplantados por modelos de integración
horizontal transnacional.
Los
investigadores británicos Kevin Robins y James Cornford afirmaron hace ya algún
tiempo que hacer un análisis de los medios de comunicación hoy era formular
simultáneamente cuestiones de economía (producción, distribución y consumo) y
cuestiones culturales (significados, identidades y estilos de vida), porque en
el período que estamos viviendo, tanto las industrias mediáticas como las
culturas de los medios de comunicación están atravesando procesos de
globalización complejos y a veces contradictorios(12).
La
idea de globalidad se constata ahora fácilmente. Objetos que sólo se podían
comprar en el mercado local se pueden adquirir ahora instantáneamente en
cualquier lugar del mundo. Del mismo modo, antes sólo se podía ser espectador
de los hechos que ocurrían en el propio ámbito de cada persona. Hoy las
computadoras y las telecomunicaciones permiten ser espectadores universales.
Gracias a la televisión, la radio, Internet, el ordenador, el teléfono (el
móvil y la tecnología GSM), el módem, el fax y las autopistas de la
información, es posible conocer en tiempo real lo que está sucediendo en
cualquier parte del mundo.
No
obstante lo anterior, el actual plan de construcción de una autopista de la
información en Occidente a menudo es visto como una vía para mejorar el acceso
de las grandes empresas, particularmente las estadounidenses, a los mercados
globales. En esta posición de dominio de dichas empresas, la autopista de la
información estará al servicio de los países que se pueden permitir pagar por
la información. Una de las funciones más significativas de la globalización es
la llamada libre circulación de la información, pero hoy es evidente que este
servicio está construido desde una perspectiva principalmente estadounidense.
Actualmente la tecnología está transformando en todas partes las estructuras de
los medios de comunicación: los uniformiza y los mundializa. Gigantescas firmas
multinacionales, estadounidenses en su mayor parte, acentúan su influencia y
por todas partes se denuncia una norteamericanización galopante.
Desde
una perspectiva más económica, existe de forma generalizada una preocupación
por el hecho de que los contenidos de los grandes productos mediáticos están
determinados por la dinámica del marketing global y que las economías de escala
globales acaban con los mercados de la producción cultural local en muchos
países. La mayor parte de los estudiosos coinciden en que este hecho tiene que
ver, al menos en parte, con el creciente alcance global de las corporaciones
transnacionales y con el carácter internacional y la interrelación de las
economías locales. Nadie pone en duda la evidencia de la creciente convergencia
cultural, que tiene su más clara manifestación en los software y hardware de
los productos de los medios de comunicación transnacionales a través de las
telecomunicaciones, la informática, el cine, el vídeo, la televisión, las
revistas, los CDs, y la presencia física en localidades como tiendas,
comodidades (coches, tabaco, perfumes...) y otros negocios, bancos o agencias
publicitarias que son claramente reconocibles como parte de corporaciones
gigantes, si no globales.
Los
mass media se están convirtiendo en crecientes imperios globales sin fronteras nacionales. El concepto de
industria cultural surgió en los años cuarenta con Adorno y Horkheimer,
miembros de la llamada escuela de Frankfurt. Con este concepto se referían a la
cultura de masas materialista, principalmente a la radio y al cine. Para ellos,
el concepto opuesto sería una cultura alternativa que fuese libre del determinismo
técnico. Posteriormente, muchos teóricos hablaron de los medios alternativos,
de formas alternativas de comunicación en pequeña escala que pueden actuar
contra los gigantes concentrados de los medios y contra el poder de éstos(13).
En
el pasado, la mayor parte de los periódicos, estaciones de radio y de
televisión era de propiedad local e iban dirigidos a audiencias locales. Las
revistas empezaron a convertirse en medios nacionales en el siglo diecinueve,
igual que el cine y la industria discográfica en el veinte. Las cadenas de
televisión empezaron a finales de los años veinte a establecer programas y
audiencias de ámbito nacional. En los ochenta, las transmisiones por satélite
convirtieron a periódicos como USA Today en medios nacionales e incluso internacionales.
Tras las grandes concentraciones de los noventa, los conglomerados
internacionales de empresas de la comunicación ya no se mueven por ideologías
políticas u orientación nacional, sino por la necesidad de obtener beneficios.
Sin
embargo, teóricos como Straubhaar, en una crítica a la idea de globalización
concebida como la homogeneización (dirigida principalmente por los EEUU) de la
televisión y la erosión de las diferencias culturales y nacionales, defienden
que de ninguna manera existe un flujo unidireccional de contenidos de los
medios de comunicación de pocos a muchos. Sugiere que la extensa demanda
abierta por la liberalización, la comercialización, la privatización y las
nuevas tecnologías en muchos sistemas de comunicación nacionales no sólo llevó
al aumento de las tiradas de medios de comunicación occidentales sino que
también posibilitó la apertura de más canales de distribución para producciones
de medios locales, nacionales y regionales(14).
Tampoco
Miquel de Moragas parece coincidir con las opiniones mayoritarias. Según él, la
comunicación de la sociedad actual, a pesar de la nueva y destacada presencia
de procesos de ámbito transnacional, no puede ser calificada como la de la
comunicación transnacional, sino como la de los múltiples espacios de
comunicación, por lo que tantas razones hay para llamarle a nuestra sociedad la
sociedad transnacional como para llamarla sociedad local. Así, esa importancia
de lo local no se manifestaría únicamente en la creación de espacios de
comunicación (multinacional, nacional, regional y local) sino que también lo
haría en las nuevas formas de producción de la información.
Para
Moragas, no nos encontramos sólo ante unas nuevas tecnologías que posibilitaron
el rápido desarrollo de la comunicación internacional y ante unos nuevos medios
de comunicación, sino que estamos ante unas nuevas lógicas de su implantación y
unos nuevos usos sociales de la información. Las modernas posibilidades de la
difusión transnacional (vía satélite) y local (vía cables) no sólo multiplican
los medios de comunicación, sino que también los espacios de difusión de ésta(15).
El
proceso actual de glocalización
Alvin
Toffler sintetizó a principios de los años ochenta los grandes cambios
sociales, que se habrían producido por oleadas, de modo que cada una de ellas
sepultó a culturas y civilizaciones anteriores y las sustituyó por formas de
vida inconcebibles hasta entonces. Así, la primera ola de cambio habría estado
representada por la revolución agrícola y la segunda por el nacimiento de la
civilización industrial. La tercera sería la que se está viviendo ahora. Además
de las numerosas implicaciones sociales y económicas, Toffler estudió también
el impacto de la globalidad en la civilización y sobre ello afirmó que
La
tercera ola parece estar engendrando también una nueva perspectiva que es
intensamente local y, sin embargo, global, incluso galáctica. Por todas partes
encontramos una nueva atención a la comunidad y al barrio, a la política
local y a los lazos locales, al mismo tiempo que un gran número de personas,
con frecuencia las mismas que presentan una orientación más local, se interesan
por asuntos mundiales y se preocupan por el hambre o la guerra que tiene lugar
a diez mil millas de distancia(16).
Como
quiera que definamos el fenómeno de la globalización, los mass media juegan un
importante papel en él: Los medios de comunicación del fin de milenio sirven de
vehículos para la expresión de valores y la distribución de información que
conecta a telespectadores, oyentes, lectores y usuarios locales con una
inmediatez y flexibilidad novedosas y quizás impredecibles. Pero al mismo
tiempo los medios de comunicación desempeñan roles contradictorios: son fuentes
de resistencia contra la globalización, pero también son protectores del capitalismo,
agentes de democratización y herramientas para la glocalización, es decir,
constituyen herramientas del doble proceso de globalización de lo local y de
localización de lo global que se está dando a nivel mundial y que se define con
el término glocalización(17).
Manuel
Castells(18) hace referencia al concepto
glocalización, entendida como la articulación entre lo global y lo local desde
una visión urbana, como una noción que hoy se aplica tanto a la economía (la
ciudad como medio económico adecuado para la optimización de sinergias) como a
la cultura (las identidades locales y su relación dialéctica con el
universalismo informacional de base mediática). La glocalización supone para él
destacar el ámbito urbano y el papel gestor-coordinador-promotor de los
gobiernos locales para la implementación de políticas que tienen en cuenta unos
referentes globales y que se posicionan respecto a ellos. En síntesis:
globalización más proximidad.
Castells
también observa las paradojas actuales que dificultan ese proceso de
glocalización y que se ven reflejadas en continuos y diversos desajustes entre
las autoridades locales y los organismos internacionales. La conclusión que se
deriva de su análisis es que la glocalización es hoy una realidad escasamente
institucionalizada, pero no por eso menos fuerte. Su regulación solamente es
posible si actúan los únicos mediadores que tienen los medios de comunicación y
la legitimidad formal para hacerlos: los gobiernos nacionales.
Por
su parte, Armand Mattelart(19) alude al citado proceso de glocalización desde el punto de
vista del mercado. Los ámbitos local, nacional e internacional se consideraban
a principios de siglo como compartimentados, mientras que el nuevo esquema
actual de representación de la empresa y del mundo asocia los tres niveles.
Para Mattelart, toda estrategia de empresa en el mercado mundializado debe ser
a la vez global y local, y ello se traduce en lo que los empresarios japoneses
expresan a través del neologismo inglés glocalize.
Las
técnicas de comunicación e información son, con los servicios que posibilitan,
indiscutiblemente factores importantes para el desarrollo de las naciones y
especialmente de las economías de países pequeños o periféricos. Los modernos
medios de comunicación electrónicos de ámbito global que se mueven en tiempo
real, suponen muchas veces el excesivo distanciamiento del mensaje del ámbito
local donde es recibido. Como contrapartida están los pequeños medios locales,
los lugares tradicionales de reunión y comunicación, como las iglesias, las
plazas o los cafés, así como los medios de comunicación alternativos(20).
Los
agentes de localización están formados por los movimientos y líderes
nacionalistas, religiosos y culturales que dan voz a los intereses de las
periferias, y la idea de medios de comunicación locales o regionales se asocia
normalmente a la idea de comunidad, que a su vez se asocia con ideales de
integridad territorial y cultural. El nuevo orden de los medios de masas supone
procesos contradictorios y conflictivos, ya que ponen en duda cualquier sentido
de unidad y, en consecuencia, las escalas geográficas se hacen difíciles de
separar. Especialmente en el caso de los medios audiovisuales, se está dando
una tendencia a la ruptura de viejas líneas y fronteras de culturas nacionales,
que son vistas como obstáculos para la expansión de los mercados de los media.
Las geografías audiovisuales están siendo separadas de los espacios simbólicos
de culturas nacionales y realineadas en base a principios demográficos
simbólicos de consumo más universales y a segmentos de mercado. Obviamente,
estos procesos que se están produciendo a nivel mundial tienen consecuencias e
implicaciones en los pequeños espacios regionales y locales, hecho que obliga
cada vez más a los medios de estos espacios a reconfigurarse y reimaginarse a
sí mismos dentro del contexto de un emergente orden global de los medios de
comunicación.
En
el caso de Europa, se están produciendo paralelamente grandes cambios en la
economía y en la organización de los medios de comunicación: por una parte, los
proveedores de contenidos (prensa y sector audiovisual) europeos aún están
actuando en el ámbito de los mercados nacionales con fragmentaciones hechas por
líneas nacionales y barreras lingüísticas. Por otra, los mercados del hardware,
software, servicios telefónicos y aplicaciones enlínea como Internet se están
haciendo cada vez más globales.
A
pesar de la creciente globalización, en Europa existen iniciativas creadas con
el fin de impedir que esa globalización ahogue al localismo. El Libro Blanco de
la Unión Europea señala que el desarrollo de la sociedad de la información será
un fenómeno global, pero fija los siguientes objetivos (obsérvese el segundo):
1.
Establecer desde el principio pautas globales. Las empresas y los actores
económicos europeos deben desarrollar sistemas abiertos y elaborar unas
estrategias internacionales que les permitan aliarse. El objetivo final es la
apertura de un tercer mercado y la supresión de todo tipo de discriminación.
2.
Al mismo tiempo, asegurar que estos sistemas den cabida a las características
peculiares de Europa, como el plurilingüismo, la pluralidad de las culturas y
de las economías, y que contribuyan a salvaguardar el modelo social de Europa.
3.
Crear las condiciones necesarias para el desarrollo de las técnicas básicas
europeas y una industria eficiente y competitiva(21).
En
definitiva, resulta cada vez más evidente la existencia de una doble y
simultánea tendencia de la comunicación en este nuevo siglo. Estamos hablando
de la globalización y de la atención a lo local, dos caras dentro del mismo
mundo informativo. Lo local busca su espacio en la proximidad, mientras que la
tecnología y la economía nos conducen a un escenario que cada vez tiene menos
barreras.
Sin
embargo, aunque las autopistas de la información todavía no lleguen a todos los
hogares inmediatamente, ni siquiera en los países ricos, no dejarán de
incrementar la afluencia de servicios y de diferentes tipos de mensajes a las
casas, y en el ciberespacio creado por los diferentes medios es posible estar
en contacto con los amigos y conocidos a través de combinaciones de sonido,
imagen y texto. Pero es posible que nos tengamos que enfrentar también con el
problema de un nuevo tipo de soledad, ya que los medios pueden imitar bien al
hombre y a la naturaleza, pero nunca podrán sustituir el verdadero contacto
físico del ser humano.
Todo
ello lleva a reflexionar sobre la necesidad de analizar los mitos de la
globalización críticamente, porque, como asegura Tapio Varis, incluso el
concepto de aldea global es equívoco, puesto que en una aldea todas las
personas se conocen, mientras que en la comunidad mediática global el contacto
se simula a través de los medios y unidireccionalmente(22).
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NOTAS
(1) SREBERNY-MOHAMMADI, Annabelle,
WINSECK, Dwayne, MCKENNA, Jim, BOYD BARRET, Oliver (editores): Media in global
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(2) HALLORAN, James: International
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1997, p. 43.
(3) MATTELART, Armand: Una
comunicación desigual, en O Correo da UNESCO, núm. 115, marzo 1995, Santiago
de Compostela.
(4) WILLIAMS, Raymond: Culture and
Society, Ed. Penguin,
Harmondsworth, 1961.
(5) SREBERNY-MOHAMMADI, Annabelle,
WINSECK, Dwayne, MCKENNA, Jim, BOYD BARRET, Oliver (editores): Media in global
context, Ed. Arnold, Londres, 1997.
(6) HAWKINS, Richard: Prospects for
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Dwayne, MCKENNA, Jim, BOYD BARRET, Oliver (editores): Media in global context,
Ed. Arnold, Londres, 1997.
(7) HALL, S: The Question of
Cultural Identity, en HALL, S., HELD, D. y MCGREW, T. (editores): Modernity
and Its Futures, Ed. Polity Press, Cambridge.
(8) SREBERNY-MOHAMMADI, Annabelle,
WINSECK, Dwayne, MCKENNA, Jim, BOYD BARRET, Oliver (editores): Media in global
context, Ed. Arnold, Londres, 1997.
(9) SCHILLER, H.: Information
Inequality: The Deepening Social Crisis in America, Ed. Routledge, New York,
1996.
(10)
VARIS, Tapio: The media of the knowledge age, en Ledo Andión, Margarita
(editora): Comunicación na Periferia Atlántica, Ed. USC, Santiago de
Compostela, 1996, pp. 353-361.
(11)
VARIS, Tapio: Os medios na era do coñecemento, Ed. Lea, Santiago de Compostela,
1998, p. 73.
(12)
ROBINS, Kevin y CORNFORD, James: Local and Regional Broadcasting in the New
Media Order, en Ledo Andión, Margarita (editora): Comunicación na Periferia
Atlántica, USC, Santiago de Compostela, 1996, pp. 67-84.
(13) VARIS, Tapio: Os medios
na era do coñecemento, Ed. Lea, Santiago de Compostela, 1998, p. 114.
(14) SREBERNY-MOHAMMADI, Annabelle,
WINSECK, Dwayne, MCKENNA, Jim, BOYD BARRET, Oliver (editores): Media in global
context, Ed. Arnold,
Londres, 1997.
(15)
MORAGAS SPÁ, Miquel de: Sociología de la comunicación de masas, Ed. Gustavo
Gili, Barcelona, 1986.
(16)
TOFFLER, Alvin: La tercera ola, Ed. Plaza y Janés, Barcelona 1980, p. 21.
(17) HALLORAN, James: International
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(18)
CASTELLS, Manuel: La era de la información. Economía, sociedad y cultura,
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(19)
MATTELART, Armand: Una comunicación desigual, O Correo da Unesco nº 115,
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(20)
VARIS, Tapio: Os medios na era do coñecemento, Ed. Lea, Santiago de Compostela,
1998, p. 33.
(21) Op. cit., p. 82.
(22) Op. cit., p. 121.
(Recibido
el 3-1-2002, aceptado el 20-2-2002)