Críticos  e integradores: un análisis de la ficción televisiva y su utilidad cultural

 

Martín-Barbero, Jesús - Rey, Germán: 1999. Los ejercicios del ver. Hegemonía audiovisual y ficción televisiva

 

Gedisa. Barcelona

 

ISBN: 84-7432-753-9

 

D.L.: B-40.299-1999

 

Reseña de Concha Mateos Martín

 

Los críticos con la televisión y las telenovelas con frecuencia se instalan en un frente combativo que sólo admite una salida al conflicto: hay que tirar la tele por la ventana y procurar que las personas vuelvan a la vida, a vivir en primera persona su experiencia del mundo y, si puede ser, a leer.

 

Quien firma esta reseña habitualmente se identifica con la defensa de esa poda preventiva –hay que confesarlo para no inducir a engaño–. Pero, incluso desde ese punto de vista, hay que reconocer que el trabajo que han presentado Martín-Barbero y Rey introduce en el debate un elemento difícilmente de rebatir, o que en todo caso, requiere una consideración pormenorizada.

 

La televisión y, en concreto, las series de ficción televisiva han aportado a la sociedad un referente imaginario colectivo muy útil para mantener la identidad cultural y cierta cohesión o capacidad de resistencia frente a la erosión de otros valores que tradicionalmente habían “protegido” a los grupos y sociedades de las invasiones culturales.

 

Su escenario de análisis es Iberoamérica (seriales colombianos, venezolanos, mejicanos y brasileños, fundamentalmente). En ese sentido, hay quien podría considerar sus conclusiones intransferibles a otros ámbitos socioculturales. Pero la riqueza del análisis que hace no merece tanto ser medida por su universalidad sino por el giro que introducen en la consideración crítica de la tele. Este giro dice: no es tan nefasta, no es tan empobrecedora, a veces funciona como aglutinante social cuando los valores de una sociedad se rompen por el desarrollo capitalista, productivista, aculturalista o globalizador.

 

La imagen, pues la televisión sobre todo es imaginería, siempre ha estado vinculada a valores mágicos, milagrosos o malignos, pero fascinantes. Y de ahí la prevención que todas las culturas han mostrado hacia ella. Prevención y adoración. Pero, siempre, ese reconocido poder.

 

Los ejercicios del ver hacen un recorrido por algunas de las formas que ese poder ha tomado a través de la tele y los seriales de ficción televisiva. Sin olvidar que también esa supremacía ha sufrido ataques, por ejemplo, el ataque que ha significado la mercantilización de lo audiovisual “... su desgaste, el vaciado de sentido que sufre la imagen sometida a la lógica de la mercancía: la insignificancia corroyendo el campo mismo de las imágenes del arte, al mismo tiempo que se produce un estetización banalizada de la vida toda, la proliferación de imágenes en las que, como ha dicho Baudrillard, <no hay nada que ver>”. Pág. 10.

 

La hegemonía audiovisual está des-ubicando la autoridad de los intelectuales y éstos, mayoritariamente, responden desacreditando a su vez la autoridad televisiva. Los ejercicios del ver desmenuzan el contingente cultural de los seriales y el valor de que  su producción haya logrado cotas locales capaces de resistir a las invasiones de productos externos –norteamericanos sobre todo– en los mercados de América del Sur; además de reconocer el papel hegemónico que están desempeñando las narraciones audiovisuales televisivas en la memoria colectiva, en al geografía sentimental colectiva y en la identidad nacional.

 

Se estructura la obra en tres capítulos, que admiten una lectura independiente.

 

 

En ‘Experiencia audiovisual y des-orden cultural’ se queja el libro de que la queja de los intelectuales respecto a la televisión no pase de queja y de que ellos formulen su crítica de una forma exasperada. Entiende que la incultura constituye la quintaesencia de la televisión. Los intelectuales no la incluyen en la historia y no superan una crítica de ella que sea capaz de producir rendimiento. Se niegan a reconocer que en ella la gente ejerce derechos que no logran ejercer en otros espacios: construir su imaginario colectivo para pensarse y formular lo que tienen derecho a esperar y desear, es decir, construir la pantalla de sus formulaciones deseosas. Los críticos sólo plantean la opción de apagarla. Pero la tele está encendida. Y con esa actitud radical e improgresiva, lo que en realidad se facilita es que los comerciantes campen a sus anchas con el apoyo indirecto de la intelectualidad que mira para otro lado.

 

‘Los ejercicios del ver’ crítica así la incapacidad que están demostrando las ciencias sociales para hacer un trabajo  favorable a la cultura. Una esquizofrenia cultural, un des-orden cultural y una falta de espacios para que el pueblo ejerza la expresión política, están ampliando el margen de maniobra y la influencia de los medios audiovisuales para “escribir” ellos solos el escenario público y el discurso de la memoria social.

 

Para los autores, es necesario reconocer  el “... lugar estratégico que la televisión ocupa en las dinámicas de la cultura cotidiana de las mayorías, en la transformación de las sensibilidades, en los modos de construir imaginarios e identidades. Pues nos encante o nos dé asco, la televisión constituye hoy a la vez el más sofisticado dispositivo de moldeamiento y deformación de la cotidianidad y los gustos de los sectores, y una de las mediciones históricas más expresivas de matrices narrativas, gestuales y escenográficas del mundo cultural popular ...” Pág. 18.

 

De forma resumida, lo que ‘Ejercicios del ver’ trata de mostrar es que negarse a la televisión o negarla no es desactivarla, sino dejar que sea ella y los mercaderes que la gestionan quienes fabriquen el presente.

 

En la segunda parte, ‘Imágenes y política’, el eje del libro gira hacia la consideración del papel de la televisión no ya en el imaginario colectivo, sino en la definición y configuración del espacio político.

 

Con un recorrido bibliográfico por textos y autores de ciencia política se van dibujando las trazas de las sucesivas variaciones que ha sufrido lo público debido a la aparición de la escritura y la televisión.

 

Lo público se amplia gracias a la imagen televisiva, gracias a la luz que pone sobre acciones y comportamientos de muchos actores que antes no eran considerados. Pero también se banaliza, se carga de imágenes que no dicen nada, de hechos ómnibus al modo en que los entendía Pierre Bordieu: esos hechos que interesan a todo el mundo, de modo que no tocan nada importante.

 

La televisión va a permitir dos formas de presencia política: la construcción de un nosotros frente a las manifestaciones de autoridad, un espacio público distinto al del poder; y la construcción visual de los políticos, que no pueden ya existir sin la tele, sin su paso por la vista pública de todos.

 

Un apartado de esta segunda parte se dedica en exclusiva a la relación entre la visibilidad pública que genera la televisión y los conflictos de guerra y corrupción. Debido a ello, y gracias a la gran capacidad de la corrupción para acomodarse a las circunstancias, surge una forma nueva de embuste: el mentir mostrando.

 

El capítulo antes de cerrarse hace una concesión a la duda. Los autores finalmente admiten que la televisión alimenta un paradoja: informa y desinforma. “La visibilidad que ofrecen medios como la televisión es casi siempre paradójica: no responde a un ideal de total transparencia sino que es el resultado más o menos ambiguo de la intersección entre información y desinformación, verdad y artificio, montajes ritualizados y espontaneidad”. Pág. 81.

 

Debe entregarse a él y explicarse sin perder tiempo. “ (‘Cuadros de un pensamiento’. W. Benjamin. ‘Imago Mundi’, 1992.)

 

En el último capítulo se aborda en exclusiva el tema anunciado en el titulo, los seriales, ‘Narrativas de la ficción televisiva’.

 

El relato, el arte de narrar, que tradicionalmente ha funcionado como vehículo de transmisión de la sabiduría, está siendo dinamitado por el dispositivo comunicativo de la información, con todas sus ortopedias de objetividad y dato en sí.

 

Paralelamente al estallido del relato, su fragmentación se une a una proliferación masiva que hace que emerja multitud de microrrelatos que se gestan en cualquier parte y se desplazan de unos medios a otros.

 

Este flujo funciona con unas reglas simplificadoras: se reducen los componentes narrativos, prevalece el ritmo sobre todos los demás elementos, adelgazan los perfiles psicológicos de los personajes, se impone la estética publicitaria… Son productos ideados para convivir con el zapping sin perder sus cualidades.

 

Tras esas consideraciones generales se hace un repaso de la ficción televisiva latinoamericana, desde los momentos inaugurales del teleteatro hasta el presente.

 

‘Ejercicios del ver’ ha optado por una consideración conceptual de su objeto de estudio. Es cierto que los autores acompañan con frecuencia, especialmente en la tercera parte, sus descripciones con ejemplos concretos. Pero, aún así, el grado de abstracción se mantiene. No esperen los lectores encontrar un catálogo de características de las telenovelas ni un manual de argumentos de ficción.

 

‘Ejercicios del ver’ enfoca el asunto desde la perspectiva de la antropología cultural. Y esta visión global unida a la amplitud del territorio geográfico de producción que se considera hacen que los resultados de este trabajo sirvan más que nada para construir contexto, dotar de marco conceptual a cualquier otro posible y ulterior análisis del género de ficción televisivo.