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SECUENCIAS DE LA MEMORIA de Prólogo: Francisco Galante Primera edición, COAAT Santa Cruz de Tenerife, 1997 Depósito Legal: TF-1211/97 202 páginas |
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Secuencias de la memoria, la obra más reciente del profesor Alemán de Armas, es un conjunto de reflexiones que se sitúan dentro del campo de investigación, que tiene como coordenadas de referencia, el binomio ciudad y comunicación.
El autor divide este trabajo en dos partes bien diferenciadas, pero que guardan un equilibrio y una relación indisoluble. La primera parte contiene varios soliloquios, en los que haciendo una expedición a lo más profundo de la memoria personal, y en un ejercicio de sinceridad, evoca un conjunto de imágenes que arrancan desde la calle que vio sus primeros juegos. El barrio de las primeras correrías, los días en el instituto y el recuerdo de algunos de los personajes populares que eran cotidianos en la vida de la ciudad. José el carrero, Juan el grillo o Carampín, entre otros, toman vida en estas páginas.
Nos traslada a La Laguna, en la que la calle era de los peatones. De los peatones de todas las edades. Las calles y plazas como lugares de encuentro, espacios vitales en los que las sensaciones visuales y táctiles estaban presentes. Escribe de lugares, muy familiares para los laguneros, donde los ciudadanos transitaban para dejarse ver y ser vistos.
Recordar la ciudad y recordarse son un mismo ejercicio. Por esta razón cada uno de los ciudadanos tiene su ciudad particular, porque particulares son sus recuerdos. No importa que compartamos la misma calle, el mismo barrio o los mismos trayectos, cada ciudadano guarda en su memoria una ciudad única. En las páginas de Secuencias de la memoria tenemos la oportunidad de encontrar esa ciudad única que guarda alguien que conoce como pocos a la entrañable ciudad de La Laguna.
La segunda parte de la obra, archivo de la memoria, es la recuperación y actualización de datos de obras anteriores como indica en el prólogo Francisco Galante. La evolución urbanística de La Laguna desde su fundación hasta la actualidad, la descripción de calles y de la rica arquitectura civil y religiosa son los elementos fundamentales de estos capítulos.
Una recopilación de poemas de autores como Domingo J. Manrique, Matías Leal o Juan Pérez Delgado (Nijota), entre otros, y la selección de algunos textos de viajeros que han visitado La Laguna desde el momento de su fundación ayudan al lector a completar su mapa mental sobre esta ciudad.
Los dos bloques de esta obra, el primero más emotivo, personal e intimista, el segundo más académico y didáctico, están perfectamente unidos por la manifestación de preocupación por el patrimonio de la ciudad. Esa inquietud recorre todo el texto, aunque no se manifieste de forma explícita. Se le puede detectar cuando se desgranan los recuerdos, se describen detalles de edificios singulares o se recorre la evolución urbanística de esta ciudad cinco veces centenaria.
El autor logra equilibrar los aspectos más sentimentales o emotivos con los académicos evitando excesos de melancolía o posturas de conservacionismo extremista que llevarían a La Laguna a ser una ciudad muerta por incapacidad para evolucionar. En definitiva, una obra que ha de ser referencia para el estudio de la historia de La Laguna.
Enrique Rodríguez López