Una mirada panorámica sobre los informativos en radio

 

Soengas, Xosé, 2003: Informativos radiofónicos

 

Cátedra. Madrid

ISBN: 84-376-2028-7

DL: M. 400-2003

 

Reseña de Concha Mateos Martín

 

No sobran palabras. Las frases avanzan ágilmente y con lógica. Las ideas van desfilando y se complementan.

El texto con el que Soengas ha analizado los Informativos radiofónicos aplica con gran eficacia varios de los principios rectores de la redacción radiofónica: la claridad, la concreción, la agilidad, el orden lógico de la exposición. De ahí arranca una de sus principales virtudes: este ensayo sobre informativos radiofónicos es informativo.

 

¿Y sobre qué informa? Sobre cómo se hacen los informativos en radio. Con toda concreción, sin comentarios disertativos, sin circunloquios ni ornamentos florares para hacer ostentación de fórmulas de tratamiento académico, sin profusión de citas para dar empaque. Y decimos esto porque la efervescencia del ramo editorial dedicado a la comunicación y el periodismo ha provocado una movimiento de mercado que ha dejado colocarse ante el micrófono editorial a comentaristas charlatanes de medio pelo que en cuanto te descuidas un poco firman un libro rellenado, inflado, con citas de otros, comentarios de otros, ejemplos sin analizar, desideratums políticos o sentencias pastorales sobre el bien y el mal en determinados terrenos de la actividad humana.  [1] Frente a esas riadas de autores instantáneos, el trabajo de Soengas se desarrolla íntegramente por la senda de la descripción de rasgos y procedimientos, de forma ordenada, clara, práctica.

 

El prólogo de “Informativos radiofónicos” no llega a ocupar ni dos páginas completas. Y el capítulo uno aborda directamente desde el primer párrafo la descripción de lo que anuncia el título. Es una práctica que se sigue en todo el trabajo restante. No se desperdician líneas en introducciones ni restrospecciones conceptuales decorativas. El libro responde con exactitud a las expectativas temáticas que anuncia su índice y mantiene en todos los apartados un estilo enunciativo directo, sencillo, al servicio de la descripción académica y la orientación práctica.

 

No han querido los autores, ni Belsebre, autor del prólogo, ni Soengas, autor del trabajo, indicar de forma expresa a quiénes va dirigido el texto o quiénes pueden ser los lectores a los que más interesen sus contenidos. Esta es una tarea que sin embargo nuestra reseña no puede eludir, pues justamente ésa es en parte la finalidad de una reseña: servir de guía antes de la lectura o la adquisición.

 

Los estudiantes de  comunicación, los educadores en comunicación y radio, los profesores de materias afines, los formadores que trabajen en talleres de radio, los aficionados a la radio, todos ellos, encontrarán en este libro un compendio exquisito y claro de las herramientas informativas, los códigos, las rutinas, los criterios, los elementos, las fórmulas y los esquemas de trabajo con que se elabora cada día la programación informativa radiofónica que escuchamos actualmente. El libro explica, enseña, cómo se hace la radio, los contenidos informativos de la radio, cómo se buscan, con qué criterios se graban declaraciones, con qué criterios se seleccionan, cómo se redactan los textos para leer, cómo se cosen las noticias dentro de un programa, cuánto duran y por qué, cómo se presentan, cómo se cita a las fuentes. El trabajo de Soengas contiene respuestas a preguntas que los profesionales de la radio, los que están ejerciendo en estos momentos la profesión, se hacen frecuentemente.

 

¿Antes de dar paso a una declaración de alguien puedo decir la misma frase que va a empezar a decir  el declarante en el corte de grabación que voy a poner? ¿Puedo grabar a última hora del día una entrevista con la que voy a abrir el informativo a las 7 de la mañana del día siguiente y emitirla como si fuera en directo (ya que la persona a la que quiero entrevistar me ha dicho que esa hora es demasiado temprano? Puedo hacerlo, pero ¿debo aclarar que la emito grabada? ¿Importa o no importa que el mismo locutor lea dos noticias seguidas? ¿Cuántas veces hay que repetir el nombre de alguien cuyas declaraciones emitimos? ¿Se dice primero el nombre y después el cargo o al revés? ¿Qué hay que hacer si una persona que nos sirve información nos pide que no citemos su nombre? ¿Cuántas noticias hay que meter en titulares?, ¿todas?

 

Éstas y muchas otras preguntas se encienden a diario en las redacciones locales de multitud de emisoras de radio y también de televisión. El libro incluso es útil también para esos que se hacen preguntas ante un ordenador en el que tienen que editar las imágenes y el sonido de una noticia audiovisual que elabora digitalmente el mismo redactor.

 

Pero, no sólo para todos esos que se acercan al libro con demandas operativas y prácticas sobre la radio informativa, este trabajo de Soengas también puede resultar de gran utilidad a los teóricos, a los que buscan un cuadro para ordenar su marco conceptual, porque Soengas va tratando los conceptos, las partes, los ingredientes de los programas informativos de forma tan ordenada y estructurada que incluso es útil consultar el libro parcialmente, como diccionario explicativo. Los distintos contenidos se pueden localizar fácilmente en el índice. Y los capítulos admiten una lectura independiente, aislada. Incluso algunos apartados de algunos capítulos ofrecen también esa autonomía de lectura.

 

A esta claridad y a esta funcionalidad contribuye un rasgo de estilo redaccional muy característico de la radio y muy constante en el texto de Soengas: el orden de las frases, que se abren en su gran mayoría con el sujeto, y el orden de los párrafos, que rigurosamente tratan cada uno un asunto distinto. Cada frase suma, añade un rasgo nuevo y completo. Y cada párrafo avanza, introduce un concepto nuevo o un ítem nuevo. Por eso, entre otras razones, la lectura fluye con tanta eficiencia y el lector puede lograr tanta sensación de satisfacción: porque Soengas ha puesto todos los ingredientes para facilitar una lectura productiva.

 

Se trata de un libro específicamente enfocado a la radio, pero en realidad en muchos capítulos nos encontramos ante fragmentos de un tratado general de periodismo, porque, aunque enfocados a la radio, los conceptos que Soengas analiza con frecuencia resultan también aplicables a otros medios, audiovisuales y escritos.

 

Hagamos un repaso rápido del contenido de los 18 capítulos que componen Informativos radiofónicos.

 

En el capítulo uno, el más general de todo, se exponen los rasgos distintivos de los distintos medios y las necesidades que a cada uno impone la naturaleza y forma de sus mensajes: fugacidad, permanencia física, posibilidad de relectura, etc. Según son las condicionantes ontológicas del medio informativo, así se determinan las características requeridas por los menajes de cada uno. Por ejemplo, la fugacidad exige redundancia y los efectos sonoros restan credibilidad.

 

El capítulo dos comienza el paseo descriptivo específico por la radio, y de forma lógica lo primero que trata es cómo se organiza una redacción, quiénes trabajan y qué tareas desempeñan cada uno de ellos. Se trata del organigrama y la estructura de informativo, requisitos previos para la realización de un espacio radiofónico. Si ese espacio va a ser informativo, existe además otro requisito previo: que haya noticias. Y a ello se dedica el capítulo 3: desmenuza las razones por las que un hecho para a convertirse en noticia.

 

Y ya, teniendo informadores y algo sobre lo que informar, varios capítulos siguientes van desgranando cómo confeccionar, redactar, ordenar, esas noticias. La redacción se aborda –de forma muy sincretizada y muy completa- en el capítulo 4, los modelos de noticias y sus componentes en el capítulo 5, las herramientas que dan continuidad y coherencia al discurso informativo radiofónico en el 6, y en el 8, los tiempos informativos. En el capítulo 9 se detallan las diferentes posibilidades que el redactor tiene para conseguir información, es decir, las fuentes; y el tipo de relación que se mantiene con cada una de ellas.

 

A partir de aquí ya no se habla más de la elaboración de las noticias, no se habla más de la factura, sino de elementos que rodean a esa factura del periodista radiofónico. Los capítulos 10, 11 y 12 van desgranado diferentes consideraciones sobre el contexto de la información, asuntos como la formación de los periodistas, la ideología de la empresa, la disponibilidad o no de tiempo suficiente para preparar las informaciones, los condicionantes políticos, económicos, empresariales y sociales de las empresas radiofónicas y las formas de censura.

 

Precisamente por tratarse de un libro enciclopédico, un libro extensivo, que aborda los informativos radiofónicos desde una perspectiva integral –no sólo redacción, no sólo géneros, no sólo producción- algunos aspectos se tratan de forma un tanto superficial, como no podía ser de otro modo. Y ese es el caso de la censura, que en el capítulo 12 es retratada mediante el recursos de relatar tipos de censura de una forma muy básica. Este planteamiento resulta quizá útil para los estudiantes porque se familiarizan con las situaciones reales que se pueden encontrar en las emisoras de radio, situaciones reales de censura o manipulación. Pero se queda corto para cualquiera que haya leído un poco sobre el tema porque apenas se ofrece un catálogo, una relación de tipos calificativos de censura, sin describirlos mucho, sin argumentarlos, sin analizarlos. Pero en todo caso, la utilidad de que el lector quede dotado de terminología suficiente para abordar una experiencia de campo se mantiene.

 

En el capítulo 13 se trata la expresividad y con ello se completa como con un retazo la descripción técnica sobre cómo es el hacer informativo, es decir, que se vuelve por última vez a añadir datos sobre la forma de fabricar noticias; aunque en este caso se atiende más a conceptos que a procedimientos.

 

El capítulo 14 trata el asunto más abstracto de las imágenes auditivas. Un capítulo tan breve como deshilachado. Y ya en el capítulo 15 aparece el otro gran núcleo del libro: los géneros, las clases de informativos. Éste es el capítulo más largo y recoge una tipología muy completa de los diferentes espacios radiofónicos dedicados a la información: el boletín, el resumen, el flash, el informativo principal, el semanal, el monográfico, los especiales; con las principales características y estructura de cada uno.

 

El capítulo 16  consideramos que vuelve a ser otro capítulo débil y que abre ya una serie de apartados de relleno hasta el final del libro. Lo dedica a la audiencia y al igual que hizo con la censura, se limita a nombrar una relación calificativa de audiencias sin apenas poder desarrollar el análisis, los por qués, los efectos, las causas o las ligazones entre los rasgos de la audiencia y otras variables informativas o sociales. Así es que este apartado tan sólo logra servir para ampliar la cultura terminológica de los lectores.

 

El lenguaje y la narrativa radiofónica se tratan en los capítulos 17 y 18, de forma  vaga, poco precisa y poco especializada. Y en un último capítulo se habla de diseño de informativos para la radio, también con consideraciones generales, comentadas, poco estructuradas, pero válidas como complemento.

 

En conjunto, el libro cumple ampliamente la función de ofrecer una panorámica de la técnica informativa aplicada a la radio. Por eso, aunque, como hemos señalados, algunos aspectos se escurren con poca enjundia, se entiende bien las razones que pudo tener el autor para no profundizar más: un texto panorámico no puede ser un texto especializados en todos los aspectos. Como introducción, diccionario básico, manual de referencia y guía de consulta, el libro sin duda resulta una buena base documental.

 



[1] Nos referimos a este tipo de prácticas pseudoensayísitcas que ya analizamos en una reseña de un libro de David Pérez García sobre comunicación política. En Una opinión improvisada publicada como ensayo”. En Latina de Comunicación Social, 55, abril de 2003. Universidad de La Laguna.

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035519mateos.htm