LA INFOGRAFÍA:
UNA FORMA DIFERENTE DE HACER PERIODISMO
por Inmaculada González López
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TÍTULO: La infografía. Técnicas, análisis y usos
periodísticos AUTOR: José
Luis Valero Sancho EDITORIAL:
Universitat Autònoma de Barcelona, Bellaterra, 2001 COLECCIÓN: Aldea
Global PÁGINAS: 232 PRECIO: 17,43
euros |
1. Técnica de elaboración de imágenes
mediante ordenador. 2. Imagen obtenida por medio de esta técnica. Ésta es la
definición de infografía que recoge el Diccionario
de la Real Academia Española de la Lengua en su última edición (2001). Una
definición que no comparte José Luis
Valero Sancho, doctor en Comunicación Audiovisual, profesor de la
Universitat Autònoma de Barcelona, y autor del libro La infografía. Técnicas, análisis
y usos periodísticos (Universitat
Autònoma de Barcelona, Aldea Global, Bellaterra, 2001), uno de los estudios más
completos y rigurosos sobre la infografía y el infoperiodismo que se han escrito
hasta el momento en nuestro país.
Como muy bien señala
Valero Sancho en el primer capítulo de este ensayo, fruto de numerosos años de
investigación y docencia, la palabra infografía no procede de la asociación de
informática y grafía, como los vetustos académicos aseguran, sino de la unión
de información y grafía. Se trata de
un coloquialismo, de un vocablo surgido de la simplificación de dos términos
ingleses --informational graphics, es
decir, gráfica informativa-- que ha adquirido pleno significado con el uso y
que en la actualidad aceptan sin problemas tanto profesionales de la comunicación
como lectores. Pero no debemos caer en la tentación de creer que cualquier
asociación de imagen y texto es una infografía.
Para el autor, en
prensa, sólo nos encontramos ante una infografía cuando el trabajo en cuestión
cumple ocho requisitos: da significado a una información plena e independiente,
proporciona la información de actualidad suficiente, permite comprender el
suceso acontecido, contiene información escrita con formas tipográficas, así
como elementos icónicos precisos, puede tener capacidad informativa suficiente
y sobrada para tener entidad propia o realiza funciones de síntesis o
complemento de la información escrita, proporciona cierta sensación estética y
no contiene erratas o faltas de concordancia. Ocho características que se pueden
resumir en dos: Es una aportación útil
a la comunicación de informaciones en la prensa periódica impresa que contiene
características de visualidad.
La
infografía es útil porque cumple un
servicio a la audiencia: resume lo más importante de una noticia o aporta datos
complementarios que puestos por escrito podrían convertir el artículo en algo
farragoso y difícil de comprender. Pero también tiene un valor añadido para las
empresas de comunicación: las imágenes hacen más atractivo el producto y
permiten captar a un mayor número de lectores, por lo
que la infografía se convierte así en un elemento clave a la hora de competir
con el resto de medios de comunicación, impresos, audiovisuales o electrónicos.
Esta reflexión es la
que ha provocado el rediseño en los últimos años de la mayoría de los
periódicos convencionales de nuestro país, que hoy incluyen un mayor número de
elementos visuales (colores, fotografías y, por supuesto, infografías) en sus
páginas, y a la integración de una sección de infografía dentro de las redacciones
de los medios. El Periódico de Catalunya,
La Vanguardia, El Mundo del Siglo XXI
y el diario deportivo Marca fueron
los pioneros en este campo a finales de la década de los 80, como señala el
propio autor.
La infografía no es,
sin embargo, una contribución relativamente reciente al mundo de la prensa,
como se puede desprender de la definición ofrecida por la Real Academia. De
hecho, el primer ejemplo aparecido en un medio comunicación --que recoge Valero
Sancho en su ensayo-- fue publicado por el periódico londinense The Times el 7 de abril de 1806. Sí que es cierto que se ha enriquecido con la
aparición de los ordenadores, como recuerda el propio autor, y que determinados
trabajos, impensables hace tan sólo unos pocos años, hoy son realidad gracias a
los programas informáticos de ilustración y fotografía, pero no es un producto
única y exclusivamente de la tecnología digital: se puede hablar de infografía
siempre y cuando se intente exponer una información a través de palabras y
dibujos, independientemente de que éstos hayan sido creados con ayuda de la
informática.
Despejadas las dudas
terminológicas e históricas, este doctor en Comunicación Audiovisual propone una nueva definición de infografía, sin
duda más acorde con sus características y usos periodísticos: Aportación
informativa, realizada con elementos icónicos tipográficos, que permite o
facilita la comprensión de los acontecimientos, acciones o cosas de la
actualidad o algunos de sus aspectos más significativos, y acompaña o sustituye
al texto informativo. También se
aventura a establecer una tipología
de infografías, un método de clasificación atendiendo a sus objetivos y rasgos
comunes, con casi un centenar de ejemplos para su mejor comprensión.
Así, para Valero Sancho
existen dos grandes grupos: individuales,
las que tratan un único tema y se distinguen rápidamente ya que no tienen
dobles títulos ni recuadros internos separadores que no sean los infogramas o
unidades gráficas complementarias, y colectivas,
infografías continente que sirven para situar otras infografías de tamaño
menor, y a menudo subyugadas a la principal, a veces escalonadas por orden de
importancia, y aportan otras informaciones o aclaraciones elementales de menor
cantidad.
Dentro de las primeras
podemos encontrar las infografías
comparativas (espaciales, posicionales y de características generales), que
intentan parangonar varios elementos o alguna de sus partes mediante de
recursos gráficos. También están las documentales
(sujetos, artefactos, panoramas y secciones), que son las que tienen como
objeto la explicación de características, así como la ilustración y documentación
de acontecimientos, acciones o cosas. Las escénicas
(simultáneas, secuencias y mixtas) pretenden narrar un suceso o reproducir
unas imágenes como si hubieran sido vistas por un observador situado a cierta
distancia, en el momento o momentos más importantes de la información. Por
último se encuentran las ubicativas
(mapas y planos), que son las que sitúan la información en su lugar o la enmarcan
en un espacio. Las colectivas
también se dividen en comparativas, documentales y ubicativas, pero no en
escénicas, pues las consideradas como secuencias no se entiende que sean una
sucesión de infografías, sino una secuencia de infogramas, salvo situaciones
excepcionales.
Otra de las
aportaciones más interesantes de este libro es que ofrece una forma matemática,
y por lo tanto menos subjetiva, de valorar cualitativamente una infografía a
partir de sus propiedades y características, observando su tipología por si
fuera susceptible de ser penalizada al quedar clasificada como colectiva y
también la concordancia por el mismo motivo. Con pequeños cambios, este
sistema de evaluación es extrapolable a
la infografía digital, que en una primera aproximación el autor define como
aportación informativa, elaborada en los productos comunicativos visuales o
audiovisuales, realizada mediante elementos icónicos (estáticos o dinámicos),
tipográficos y/o auditivos normalmente verbales, que permite o facilita la comprensión
de los acontecimientos, acciones o cosas de actualidad o algunos de sus
aspectos más significativos y acompaña o sustituye al texto informativo hablado
o escrito.
Por todo, ello el libro
La infografía. Técnicas, análisis y usos
periodísticos será de gran utilidad tanto para los alumnos de las
facultades de Periodismo y los estudiosos de las Ciencias de la Comunicación.
Hay que tener en cuenta que, a pesar de estar hablando de una disciplina con
cerca de dos siglos de antigüedad, en el panorama editorial español no abundan
los ensayos dedicados a su estudio, aunque como referencia más cercana merece
especial mención el libro Infoperiodismo.
El periodista como creador de infografía (Síntexis, Madrid, 1999), del
catedrático José Manuel de Pablos Coello, mentor del propio Valero Sancho y uno
de los mayores especialistas del tema en nuestro país.
Las aportaciones en
forma de artículos y conferencias que desde hace algunos años vienen realizando
algunos profesionales de la infografía periodística --entre los que debemos
destacar a Jordi Català (jefe de la
sección de infografía de El Periódico de
Catalunya), Jordi Clapers (infografista
de El País), Rafael Estrada (jefe de
la sección de infografía de diario
Sevilla), Rosa Mundet (redactora jefe de diseño de La Vanguardia) y Josep María Serra (redactor de La Vanguardia y profesor de periodismo
gráfico)-- también son importantes, al igual que la labor desempeñada por las
organizaciones que promueven la infografía --la Society for News Desing (SND),
la Universidad de Navarra, que acoge los premios Alejandro Malofiej de infografía,
el Instituto Poynter y la IFRA--, pero no son suficientes.
La mayoría de los
profesionales todavía son de formación autodidacta y hay una falta
entendimiento entre redactores e infógrafos, posiblemente porque los primeros
no valoran el trabajo de sus compañeros y los segundos todavía no han asumido
su papel de periodistas, es decir, que su trabajo también es explicar la realidad,
aunque con un arma diferente que combina la imagen y la palabra. Por ello, el
ensayo de Sancho Valero también se convertirá en un texto imprescindible para
los profesionales de la información.