Revista Latina de Comunicación Social 1 – enero de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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Influencia de la guerra civil en El Salvador (1980-1992) en el desarrollo de la prensa nacional

   (2.100 palabras)

Lic Antonio Herrera ©

Facultad de Humanidades y Ciencias del Hombre

Universidad Tecnológica de El Salvador

Resulta difícil resumir en estas páginas doce años de guerra civil. Narrar una guerra es narrar muerte, destrucción, pérdida de valiosas vidas humanas, de los valores morales, del derecho a la vida.

Sin embargo, esta realidad parece ser el pan de cada día en muchas naciones, que al igual que El Salvador, han pasado o pasan por estos momentos tristes de su historia. Lo importante quizá, es reflexionar sobre aquellas cosas que pueden servir para cambiar la sociedad y hacer de ella algo mejor. 

Desde esta perspectiva, trataré de analizar en estas líneas la incidencia que el conflicto interno salvadoreño tuvo en el desarrollo de la prensa nacional, que hoy experimenta una amplia pluralidad en cuanto a pensamientos ideológicos representados en los medios de comunicación.

Hasta la década de 1970, el periodismo salvadoreño era realizado en gran medida por periodistas empíricos, es decir, que se formaron con la práctica diaria en las salas de redacción de los periódicos, de la radio o la televisión.

Este hecho se vio fomentado, entre otras cosas, por la conveniencia para los mismos medios de comunicación, en el sentido de que esto representaba bajos costos en salarios y una mayor manipulación del periodista para sus propios intereses

Sin embargo, la guerra civil que durante el período de 1980 - 1992 y que, según las cifras oficiales, cobró más de 75 mil muertos y miles de desaparecidos, cambió radicalmente el ejercicio de la profesión periodística y abrió un nuevo panorama para las nuevas generaciones de comunicadores.

Iniciemos entonces este breve recorrido. El Salvador, ubicado en la América Central y con un territorio aproximado de 20 mil kilómetros cuadrados, era un país muy poco conocido; casi inexistente en el mapa por algo se le llamaba "El pulgarcito de América".

 El 24 de marzo de 1980, un suceso lamentable para la vida del país hace que de la noche a la mañana éste salga a la luz del mundo. El obispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, es asesinado durante una misa que oficiaba por la muerte del familiar de un periodista, en una iglesia ubicada en una zona residencial al sur de la capital.

Las pocas agencias de prensa internacional, en ese entonces, dieron a conocer rápidamente el hecho al mundo. La prensa nacional, con mucha cautela, mostró las imágenes que en el cuerpo sin vida de monseñor Romero, reflejan el recrudecimiento de un proceso de convulsión en el país.

Cabe mencionar que, en los últimos años de la década de los 70, el proceso de malestar de las llamadas organizaciones populares era latente. Manifestaciones de protesta contra el régimen militar de turno por estudiantes de la Universidad Nacional de El Salvador eran frecuentes, como también lo eran los enfrentamientos contra las fuerzas militares que terminaban por disolverlas en forma violenta; casi siempre con saldos lamentables en vidas humanas y capturas de estudiantes.

 En ese entonces, las restricciones contra la prensa, principalmente contra aquella que mantuvo una posición conservadora, no era tan marcada. La prensa que denunciaba en forma abierta los hechos sufrió en forma directa atentados dinamiteros y persecución contra sus periodistas.

La causa de la forma cautelosa en la que la mayoría de los medios cubrió estos hechos quizá podría encontrarse en la siguiente cita del libro "Países y medios de comunicación": "La mayor parte de las publicaciones salvadoreñas fueron fundadas como empresas comerciales y no como portavoces de causas políticas, lo que originó que la oposición política, para hacer oír su voz se acogiera a las publicaciones de la Iglesia Católica o a las impresiones clandestinas".

De lo anterior, se deriva el porqué de la muerte de monseñor Romero, quien se convirtió en el defensor de las clases más desprotegidas.

A partir de 1980, la prensa nacional empezó a publicar algunas columnas y editoriales de carácter político, muy pocas en comparación con los países de la región.

El contenido de los diarios de mayor circulación era un 70 por ciento de publicidad, el restante 30 por ciento era ocupado por las noticias deportivas, las notas sociales y las secciones de entretenimiento. La razón de ello es que pertenecían a capital privado y sus propietarios respondían directa o indirectamente a los intereses de la clase económica alta.

En el año antes citado, los tres canales de televisión privada, 2, 4 y 6 eran propiedad de un solo dueño, como lo siguen siendo hasta ahora. El monopolio de la imagen televisada era evidente. Tan solo un noticiero informativo salía al aire en el Canal 2, "Teleprensa de El Salvador", cuyo espacio era comprado por la empresa de León Foto, propiedad del fallecido Guillermo de León, a quien se podría considerar de los precursores del periodismo televisivo.

Las características del informativo eran más de carácter social que noticioso. Las primeras imágenes de los horrores de la guerra a través de la televisión fueron vistas aquí.

En enero de 1981, la guerrilla ejecuta una acción militar de grandes dimensiones, llamada "Ofensiva final", con la que pretendieron tomar el poder con el apoyo de la población. El pueblo no les apoyo; la ofensiva fracasó y a raíz de este hecho se declaró un estado de sitio y se aplicó la llamada ley marcial, que restringió las libertades ciudadanas y por supuesto la de los medios de comunicación, con lo cual se trató de silenciar y opacar la realidad que el país vivía

El gobierno en ese entonces nunca admitió la existencia de una guerra civil y lo atribuyó a "acciones terroristas alentadas por el comunismo internacional" y por el vecino país Nicaragua, que igualmente en esos años libraba una guerra civil en contra del régimen militar del general Anastasio Somosa. La vigencia de las restricciones se mantuvo prácticamente durante todo el conflicto.

Aunque los medios nacionales tuvieron que restringir sus opiniones, la guerrilla buscó formas de dirigirse a la población, surgiendo radios clandestinas como la Venceremos y la Farabundo Martí, que hoy en día transmiten en forma legal.

A la par de este hechos, los corresponsales de las agencias de prensa internacional y de importantes cadenas televisivas y de periódicos de los Estados Unidos comenzaron a llegar y llegar a El Salvador; un prestigioso hotel fue tomado prácticamente como centro de operaciones.

 Estos medios dieron a conocer al mundo un El Salvador en guerra, donde las balas, como mencioné al inicio, eran el pan de cada día, en especial en las zonas rurales en las que los grupos alzados en armas establecieron sus bases de operación.

En muchos casos las escenas mostradas no fueron los más apegadas a la realidad. Intereses creados, que no son el objeto de esta aportación, influyeron en ello.

La oleada de periodistas extranjeros trajo consigo toda una escuela para la prensa nacional. Lo anterior, visto desde todo punto de vista. Las necesidades de una preparación profesional en esta área fueron cada vez más evidentes para poder competir con aquellos formados en las mejores universidades del mundo.

Paralelo a ello, los hechos políticos obligaron a que los periodistas tomaran mayor responsabilidad de su papel. La necesidad de información de la opinión pública ante los hechos cotidianos de violencia creó la necesidad de nuevos espacios informativos.

El monopolio de la televisión fue roto en la segunda mitad de la década de los 80, con el surgimiento de un nuevo canal de televisión privada, Canal 12, que desde su aparición en el espectro televisivo se convirtió en el de mayor audiencia en sus espacios nocturnos. Teleprensa de El Salvador ocupaba el primero en las del mediodía.

Un nuevo concepto en la presentación de las noticias, fue uno de los factores que contribuyeron al liderazgo del noticiero. Con el lema "Canal 12 se atreve", se ganó un lugar en la audiencia de la opinión pública salvadoreña, pues efectivamente se atrevió a presentar noticias que otros medios tocaron en forma muy conservadora.

En el período del fallecido presidente de la república José Napoleón Duarte, un paro empresarial en protesta contra las medidas económicas impuestas por el gobierno, trae consigo un boicot para Canal 12.

El periodista costarricense Guido Fernández cita este caso en su libro 'Agonía a la hora del cierre' de la siguiente manera: "El sector privado había decretado un paro en protesta contra decisiones de política gubernamental y solicitó a toda la prensa su solidaridad. El propietario de la estación de televisión no quiso unirse a él. Decidió que precisamente en circunstancias como la de una huelga de brazos caídos era mayor su responsabilidad de mantener las antenas erguidas. El día del paro, la presión de los grupos promotores llegó hasta el punto de amenazas expresas de boicot de anuncios. El propietario no alteró su posición y todos sus redactores, editores y técnicos se solidarizaron con él.

 La transmisión de noticias, por cierto, lejos de mostrar ese día fisuras en el frente empresarial, ayudó a acentuar dramáticamente la protesta empresarial porque, en efecto, con excepción de aquella televisora, el comercio y la industria cerraron sus puertas y así lo informaron los reporteros.

El castigo no se hizo esperar. Uno tras otro, los empresarios que anunciaban en la estación se fueron retirando y aunque las repercusiones económicas fueron graves, la empresa ganó prestigio". Sin embargo, las secuelas de este boicot persisten hoy.

 Tras el noticiero de Canal 12 surge el de Canal 6, que al igual que Teleprensa, es un espacio comprado por un empresario. La competencia comunicativo crecía y así se crea la Tele Corporación Salvadoreña (TCS), que agrupa a los canales 2, 4 y 6 y que en forma simultánea transmiten un noticiero a tempranas horas de la mañana.

Las radioemisoras crean espacios informativos y nacen, además, nuevas estaciones que igualmente demandaron de periodistas que pudieran afrontar con mayor profesionalismo su tarea de informar.

Pero todo esto tampoco fue fácil; los grupos alzados en armas también hicieron lo suyo. Atentados dinamiteros contra los periódicos de mayor circulación, algunas estaciones de radio y la misma televisión se hicieron sentir a lo largo de los años de la guerra. La guerrilla les acusó de apoyar a los sectores de poder. Una noche, una bomba destruyó un automóvil de un corresponsal de la agencia de prensa AP, en San Salvador.

Seguidamente, el 16 de enero de 1992, en el castillo de Chapultepec, en México, en un acto oficial, se firma el documento mediante el cual la guerra era ya historia. Los periodistas salvadoreños que tuvimos la dicha de presenciar el acto, al igual que miles de salvadoreños, derramamos unas lágrimas. No era para menos... entre los 75 mil fallecidos, más de 30 periodistas, entre nacionales y extranjeros, dejaron sus vidas en los campos de batalla, cumpliendo su deber de informar.

No quiero terminar la exposición de estas ideas, un poco desordenadas si se quiere, pues el tema es altamente complejo, sin mencionar que en el proceso de la guerra, la Universidad Nacional de El Salvador, que durante los primeros cinco años de la década de los 80 era la única escuela que preparaba periodistas, fue militarizada en reiteradas ocasiones.

Los continuos cierres hicieron crecer la necesidad de crear centros de formación superior, y así se inició el surgimiento de universidades privadas. Una tras otra. A la fecha más de 40; cantidad elevada para un país tan pequeño. Una Ley de Educación trata de frenar su crecimiento y eliminar a aquellas que no cumplan los requisitos mínimos, pues la educación se convirtió en un negocio.

Algunas de estas universidades privadas retomaron precisamente la necesidad de formar comunicadores y así surge el boom de las comunicaciones. A la fecha, al menos ocho universidades preparan a profesionales en las diversas áreas de la comunicación, que se ha convertido en una carrera con gran demanda por parte de la población estudiantil.

Finalmente, deseo reiterar algo que mencioné al inicio de esta ponencia y es que hoy en El Salvador las diferentes corrientes ideológicas se encuentran representadas en los medios de comunicación, y aunque será un camino muy difícil, esto hace que el país se encamine a un reencuentro definitivo entre hermanos. Hermanos que durante 12 años olvidaron sus raíces.

[Trabajo presentado en las I Jornadas La Laguna - América sobre Comunicación,

celebradas en la Universidad de La Laguna, en marzo de 1996]


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Herrera, Antonio (1998): Influencia de la guerra civil en El Salvador (1980-1992) en el desarrollo de la prensa nacional. Revista Latina de Comunicación Social, 1. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/z8/
i2g.htm