Revista Latina de Comunicación Social 4 – abril de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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El reportaje en prensa: un género periodístico con futuro

(2.960 palabras)

Lic. Sonia Fernández Parratt ©

Facultade de Ciencias da Información de la Universidade de Santiago de Compostela

1. Introducción

El reportaje se caracteriza, con respecto a otros géneros periodísticos, por su diversidad funcional, temática, compositiva y estilística. Desde el punto de vista compositivo y estilístico, es un género muy versátil, ya que puede incorporar y combinar múltiples procedimientos y recursos de escritura, absorber en parte o del todo otros géneros periodísticos informativos -como noticias, informaciones, crónicas, entrevistas...- y de opinión -columnas y comentarios- y además puede asimilar parcial o totalmente géneros literarios y artísticos -como la novela, el ensayo, el short story, el cine o el teatro.

El único límite lo imponen las exigencias de claridad, exactitud y eficacia inherentes a todo periodismo informativo de calidad (1).

Como afirma Albert Chillón, la importancia que merece el reportaje es tal que debería ocupar un lugar dentro de la cultura periodística análogo al que tiene la novela en la cultura literaria. Y añade: "Gracias a su diversidad de manifestaciones, a las múltiples funciones comunicativas que ejerce y a la versatilidad temática, compositiva y estilística que le es inherente, el reportaje es con diferencia el más flexible, el más complejo y también -como la novela- el más camaleónico de los géneros periodísticos" (2). En definitiva, se trata de un género que puede satisfacer todas las exigencias del lector contemporáneo y, a la vez, permitir al reportero captar con profundidad la realidad, llegar a la esencia de los hechos y de los acontecimientos.

2. Definición y clasificación

Se han hecho muchas definiciones del género reportaje, la mayoría de autores como Emil Dovifat, Martín Vivaldi, Martínez Albertos, etc. La que Xosé López y Miguel Túñez hacen, si bien no es necesariamente la más acertada, sirve para una aproximación definitiva a una definición correcta: es un género informativo en el que se refieren hechos que no tienen por qué ser estrictamente actuales, con un estilo informativo que permite más libertad que la noticia, y sin continuidad en el temario de los medios (3).

Establecer una tipología correcta es una cuestión difícil debido a las múltiples posibilidades de clasificación que existen. Al igual que ocurre con la definición, los expertos ofrecen diferentes visiones que no voy a desarrollar aquí. A modo de síntesis, se puede afirmar que existe una tendencia bastante generalizada a hacer una distinción entre el reportaje objetivo como género informativo, y el interpretativo, donde si bien el periodista no opina directamente, sí puede incorporar elementos analíticos.

Aunque algunos autores ya defendieron una clasificación de los géneros periodísticos en base a criterios (4), es muy acertada la de Albert Chillón, que alude a tipos de reportajes diferenciables entre sí en virtud de criterios diversos:

El criterio temático permite reconocer reportajes judiciales, de sucesos, de viajes, biográficos, autobiográficos, de sociedad, de costumbres, de interés humano o históricos; si se tienen en cuenta las funciones que ejercen y las modalidades de tratamiento de la información, pueden distinguirse reportajes informativos, interpretativos, de investigación, de precisión, de saturación, de encuesta, de pronóstico o de servicios; si se considera el formato, reportajes breves, grandes reportajes, reportajes seriados, informes, dossiers, etc.; si las características estéticas y formales, reportajes narrativos, explicativos, descriptivos, de citas, así como modalidades híbridas tales como el reportaje-diario, la crónica-reportaje, el reportaje cinematográfico, el reportaje epistolar, el teatro-reportaje, el feature, el reportaje novelado, y la novela-reportaje; en último lugar, ateniéndonos al soporte y al canal de difusión, se puede hablar de reportajes impresos, televisivos, radiofónicos, cinematográficos, videográficos, libros-reportaje, etc. (5).

3. Breve historia del reportaje

Como dijo Martín Vivaldi, "el reportaje es tan antiguo como la Humanidad" (6), y es de suponer que siempre hubo hombres dispuestos a contar aquellos sucesos o hechos de que habían sido testigos y que se consideraban dignos de ser conocidos y, por tanto, divulgados.

También Albert Chillón se sitúa en esta línea, al afirmar:

(...) la función de reportar novedades, noticias o testimonios es probablemente tan antigua como la misma existencia de la escritura, el género reportaje como tal se ha ido configurando a medida que la cultura periodística ha diversificado sus funciones y refinado sus técnicas (7).

Y al tratar de determinar en qué momento de la historia se produce su nacimiento, Chillón señala:

"A mi parecer, va a nacer de la literatura testimonial tradicional -especialmente de las crónicas, relaciones epistolares, estampas costumbristas y relatos de viaje-; se va a ir configurando aproximadamente durante la primera mitad del siglo XIX, con la sustitución de la prensa de partido (...) característica del siglo XVIII por la prensa informativa de amplia difusión; y se va a consolidar, entre las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, con el advenimiento de la denominada sociedad de comunicación de masas, de la mano de las agencias de noticias, los documentales cinematográficos, los informativos radiofónicos y, sobre todo, de los magazines ilustrados y los grandes diarios de información general (8).

Alrededor de la mitad del siglo XX, los responsables de periódicos se dieron cuenta de que el mundo se había convertido en algo tan complicado en sus políticas, sus economías y sus ideologías, que era necesario apoyar los textos con comentarios para presentar las noticias de una forma clara; de esta manera, los directores se inclinaron hacia lo que llamaban "reportaje interpretativo" (9). Así es cómo surge una modalidad de reportaje diferente y superadora del concepto clásico representado por el reportaje objetivo.

Es durante las décadas de los 50 y 60 cuando el llamado "gran reportaje" o reportaje en profundidad vive sus momentos dorados. Lo que había empezado como una modalidad periodística típica de las revistas gráficas, saltaba a los periódicos diarios mediante una serie de adaptaciones. De este modo, el reportaje interpretativo se convirtió a principios de los 70, en una de las piedras angulares y básicas del llamado "Nuevo periodismo", que, según Sebastiá Bernal y Albert Chillón, designa un heterogéneo conjunto de obras y autores cuyo denominador común consiste, en primera instancia, en su más o menos drástica distinción con respecto al periodismo escrito convencional publicado en Estados Unidos hasta los primeros años de la década de los sesenta (10).

La periodista Maruja Torres da una definición muy simplificada, aunque no por ello menos correcta, del nuevo periodismo, haciendo alusión a la tan estudiada relación del periodismo con la literatura (11). Para ella no es sino "una cosa que ha estado de moda en los Estados Unidos, pero que no consiste en el fondo más que en enfocar el periodismo como si fuese literatura" (12).

Cuando en 1976 apareció en España la primera edición de "El nuevo periodismo", de Tom Wolfe, considerado por muchos como el principal representante de esta nueva tendencia, profesionales como Vázquez Montalbán, Francisco Umbral, Rosa Montero, Manuel Vicent, o Maruja Torres, entre otros, llevaban ya algún tiempo rompiendo con el aburrimiento de la prensa española tradicional. Este hecho prueba que ha sido exagerado el pretendido carácter innovador de conocidos periodistas norteamericanos como Wolfe, Southern, Greenfield, Thompson, etc.

Lo que sí parece claro es que uno de los rasgos más destacados de esos años es la crisis del denominado "estado de bienestar". Este fenómeno se manifestó de forma particular en las generaciones más jóvenes de la época, que pusieron en entredicho los fundamentos del orden social vigente.

En la actualidad, puede decirse que el nuevo periodismo es un fenómeno prácticamente acabado, y la publicación de sus trabajos se ve reducida a suplementos dominicales y algunas revistas y diarios convencionales.

Sobre el tipo de reportaje que hoy se publica en la prensa, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, existen opiniones muy dispares. Hay autores que encuentran motivos para opinar que el reportaje es un género abocado al fracaso y que su fin está próximo, pero las razones que me llevan a pensar lo contrario están suficientemente fundamentadas como para defender con solidez la visión que expongo a continuación.

4. El reportaje de hoy y del mañana

Actualmente, los reportajes suelen relegarse en la práctica a una serie concreta de secciones no consideradas centrales de los periódicos, un hecho que, según Sebastiá Bernal y Albert Chillón, "da cuenta de la escasa importancia y 'seriedad' informativa que los responsables de los diarios le otorgan"; y añaden: "Se da una relegación de los textos informativos de creación a las secciones y unidades periféricas del diario, del centro 'serio', 'objetivo' y 'ponderado', donde se ofrece la información considerada fundamental" (13).

Valga como ejemplo el diario El País, donde casi todos los reportajes se ven relegados a las secciones de Cultura, Espectáculos, Contraportada, Sociedad y suplemento dominical. Este hecho se repite en muchos otros diarios, sea cual sea su procedencia, y viene a confirmar, defendiendo la opinión de Bernal y Chillón, la consideración que los periódicos prestan a los géneros más creativos valorándolos como textos secundarios.

Retomando el caso de El País, el hecho de que la mayoría de los reportajes tiendan a concentrarse en unas pocas secciones podría llevar a pensar que este género está condicionado por ciertos temas, pero quizás dependa más del talante de los profesionales y de las rutinas periodísticas que de los ámbitos temáticos de las secciones en las que aparecen.

A pesar de lo dicho, la prensa de masas, desprovista del monopolio de la información por los medios audiovisuales y por las nuevas tecnologías de la información, sí va demostrando desde hace unos años sensibles transformaciones técnicas, productivas, estéticas, temáticas y estilísticas.

En los textos informativos convencionales, la desaparición del autor, que es eclipsado por el periódico o institución para la que trabaja, homogeneiza los estilos y los modos de informar y ofrece una falsa apariencia de neutralidad, objetividad, imparcialidad, apoliticismo e independencia informativa, mientras que los denominados "productos informativos de creación" (14), y más en concreto el reportaje, devuelven a los lectores la certeza de estar siendo informados por una persona reconocible -no olvidemos que los reportajes, por norma general, se publican firmados-, dotada de un estilo personal y susceptible de equivocarse.

La realidad que nos rodea es cada vez más compleja y el lector contemporáneo es diferente y se ha creado nuevas necesidades y exigencias, no sólo de estar informado conociendo lo que ocurre sino también por qué, para qué y cómo ocurre. Esto determina la necesidad de nuevos métodos y técnicas a la hora de escribir, que se encuentran sintetizados en el que debería ser el género predominante por excelencia en las próximas décadas, el reportaje.

A modo de ejemplo, los resultados de una encuesta hechos públicos en el Congreso Internacional de Prensa, celebrado en Amsterdam en junio de 1997, dan a conocer que el 50% de los lectores de prensa adultos considera "muy importante" la publicación de reportajes de investigación, y un 64% declara que leería más la prensa si los periódicos ofrecieran una mayor explicación de temas complejos (15).

Obviamente, no se puede ignorar la postura que toman los estudiosos que auguran el fin del nuevo periodismo, y en cierto modo del género reportaje. Defienden su postura, argumentando que es evidente el incremento del número de fotografías y la reducción de texto en las páginas de los periódicos, y que aunque el lector desearía más géneros interpretativos, se impone la necesidad de reducir el número de páginas, debido a los elevados costes del papel en el mercado (J. Lluís Gómez-Mompart, Santiago de Compostela, 1995).

En contrapartida, los beneficios que aporta este tipo de géneros no son pocos. Esto lo constata Martín Vivaldi en sus comentarios sobre el gran reportaje, extensibles a cualquier reportaje elaborado con verdadera profesionalidad, independientemente de su extensión:

Cumple una misión, no sólo informativa sino cultural de primer orden. Informa a los lectores, comunica cuanto de comunicable haya en el mundo y, al propio tiempo, conforma sus gustos, afina el paladar literario del público lector, porque la información realizada y trabajada con altura, con nivel literario y precisión periodística -incluso con preocupación filosófica- puede ser (...) una poderosa fuerza educativa (16).

No debemos olvidar al periodista, más concretamente el reportero. Éste debería contar con las condiciones necesarias para salir de la rutina de trabajo que supone escribir diariamente informaciones "en serie", y que le permitan captar cualquier aspecto de la realidad -tanto político como económico o social- con profundidad, llegar a la esencia de los hechos y ofrecérselos al lector analizados detalladamente.

En relación con lo anterior, J. Antonio Zarzalejos, director de El Correo Español-El Pueblo Vasco, niega el declive de este género y está convencido de que se camina hacia un periodismo más interpretativo de las noticias, que los lectores ya no se conforman con la información efímera, y que cada vez se hace más patente la necesidad por parte de los periódicos de recuperar el protagonismo de géneros como la entrevista, la crónica o el reportaje, además de incorporar profesionales de calidad que permitan a la prensa cumplir con su función adecuadamente. (J. Antonio Zarzalejos, Santiago de Compostela, 1998).

5. Conclusiones

Actualmente, la función puramente informativa es cubierta por los medios de comunicación hegemónicos como la radio o la televisión con una inmediatez insuperable por la prensa. Por ello el periodismo más creativo, más literario, debería extenderse a todas las páginas de los periódicos, como respuesta a unas necesidades del lector que los medios audiovisuales no cubren.

Los productos informativos de creación, y el reportaje en mayor medida, son la clave para imaginarse cómo será la prensa en las próximas décadas, cuando adquieran más importancia en las páginas de los periódicos la reflexión, la crítica y la interpretación sobre las informaciones ofrecidas masiva e instantáneamente por los nuevos medios emergentes -como Internet- de la nueva era multimedia que estamos viviendo.

Como señalan Bernal y Chillón:

"El abandono efectivo de su primigenia función informativa en manos de los mass-media audiovisuales y de los futuros medios basados en el desarrollo de la telemática conducirá irremediablemente a la prensa hacia la adopción de funciones de profundización, contextualización y argumentación de las noticias "duras" servidas a través de aquellos canales" (17).

Su convencimiento es tal que extienden sus predicciones, augurando el protagonismo de los géneros interpretativos más allá de la prensa diaria:

"Junto con el previsible incremento de la importancia de los géneros interpretativos tradicionales, es posible prever el desarrollo de nuevas concepciones y prácticas informativas que, en su caracterización formal, estilística y estructural, se asemejarán a los modelos que hoy son patrimonio exclusivo de los medios escritos de periodicidad semanal o mensual" (18).

En concordancia con estos autores, es de esperar que la prensa, si actúa de manera inteligente, abdicará de los modelos inspirados en el periodismo hegemónico anglosajón. Si los gestores de la información escrita quieren afrontar con éxito los numerosos retos que se avecinan y sobrevivir ante los nuevos medios, este hecho deberá ser una realidad más que un boom coyuntural como el que pareció suponer el nuevo periodismo estadounidense.

 

BIBLIOGRAFIA

BERNAL, SEBASTIA y CHILLON, LLUIS ALBERT, Periodismo informativo de creación. Barcelona, Mitre, 1985.

CASSASUS, J. Mª y NUÑEZ LADEVEZE, LUIS, Estilo y géneros periodísticos.

CHILLON, LLUIS ALBERT, La literatura de fets. Barcelona, Libergraf, 1994.

CHILLON, LLUIS ALBERT, Literatura y periodisme. Literatura periodística y periodisme literari en el temps de la post-ficció. Valencia, Univ. de Valencia, U. de Alicante, Jaume I de Castelló, 1993.

LOPEZ, XOSE y TUÑEZ, MIGUEL, Redacción en prensa: a noticia. Lea, Santiago de Compostela, 1995.

LUTHER MOTT, FRANK, A history of American magazines. Cambridge, 1968.

MARTIN VIVALDI, GONZALO, Géneros periodísticos. Madrid, Paraninfo, 1987.

Notas

Aunque las alusiones al reportaje en las más importantes obras sobre teoría, historia y técnica del periodismo son constantes, no se han escrito monografías que se puedan considerar satisfactorias. La explicación de esta falta hay que buscarla, primero, sin duda, en la adolescencia de los estudios periodísticos, marcados en general -con contadas excepciones- por el espíritu normativo y por la falta de rigor teórico e historiográfico, entre otras cosas. La abundancia bibliográfica sobre periodismo es pródiga en alusiones a la técnica del reportaje, pero sorprendentemente faltan obras específicas de carácter teórico e histórico que puedan fomentar una reflexión sistemática y rigurosa sobre el género. Las principales contribuciones al estudio del reportaje proceden de Estados Unidos y, en menor medida, de Alemania y Francia. Son, en su mayor parte, anuales de contenido general, dedicados a la didáctica del reportaje, y suelen tener un carácter prescriptivo, poco proclive al análisis y la descripción del género. (Albert Chillón, La literatura de fets, Barcelona, Libergraf, 1994).

(1) Lluís Albert Chillón, La literatura de fets , Barcelona, Libergraf, 1994.

(2) Ibídem.

(3) Xosé López y Miguel Túñez, Redacción en prensa: a noticia, Santiago de Compostela, Lea, 1995.

(4) Puede verse en las páginas dedicadas a "Análisis del sistema teórico de los géneros periodísticos", en Estilo y géneros periodísticos, de J. Mª Cassasús y Luis Núñez Ladeveze.

(5) Lluís Albert Chillón, La literatura de fets, Barcelona, Libergraf, 1994.

(6) Gonzalo Martín Vivaldi, Géneros periodísticos , Madrid, Paraninfo, 1987.

(7) Lluís Albert Chillón, La literatura de fets , Barcelona, Libergraf,1994.

(8) Ibídem.

(9) Frank Luther Mott, A history of American Magazines. Vol. V: Sketches of 21 magazines(1905-1930) Cambridge, Mass., 1968.

(10) Sebastiá Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo informativo de creación , Barcelona, Mitre, 1985.

(11) Para una información más detallada sobre esta cuestión Albert Chillón, Literatura y periodisme. Literatura periodística y periodisme literari en el temps de la post-ficció, Valencia, Univ. de Valencia, U. de Alicante, Jaume I de Castelló, 1993.

(12) Sebastiá Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo informativo de creación, Barcelona, Mitre, 1985.

(13) Sebastiá Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo informativo de creación, Barcelona, Mitre, 1985.

(14) Sebastiá Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo informativo de creación, Barcelona, Mitre, 1985.

(15) McKinsey & Company, Circulation winners-presentation to the World Association of Newspapers, Amsterdam, 1997.

(16) Gonzalo Martín Vivaldi, Géneros periodísticos, Madrid, Paraninfo.

(17) Sebastiá Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo informativo de creación, Barcelona, Mitre, 1985.

(18) Ibídem.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Fernández Parrat, Sonia (1998): El reportaje en prensa: un género periodístico con futuro. Revista Latina de Comunicación Social, 4. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/z8/
r4absonia.htm