La preocupación por el territorio no deja de crecer. El proyecto moderno que ahora periclita e basaba en la dominación del medio y, en consecuencia, lo entendía como un elemento masivo sometido a la voluntad humana. Los cada día más evidente límites físicos a nuestra dinámica de crecimiento y sus consecuencias inmediatas sobre el territorio han aumentado la conciencia de la necesidad de observar el entorno desde un punto de vista diferente. En ese sentido, el paisaje, entendido como la mirada no venal, técnica o utilitarista que se dispensa al país, ha cobrado una importancia inimaginable hace apenas unas décadas, pasando de ser en un género meramente estético y afectado de una cierta obsolescencia, a convertirse en una herramienta conceptual imprescindible para sociólogos, biólogos, geógrafos, políticos, economistas, ecologistas y, más en general, para casi cualquier colectivo preocupado por los estragos sufridos por el medio ambiente. Todos estos colectivos, profesionales o ciudadanos, ven en el concepto de paisaje una ayuda para reclamar la consideración y valoración del territorio al margen de su utilidad inmediata.
Debido a ello, nos encontramos entonces con la paradoja de que un término surgido para fomentar una orientación no pragmática del espíritu se ha convertido en una herramienta de utilidad para infinidad de disciplinas más o menos técnicas. No podemos olvidar que este nuevo uso del término ‘paisaje’, por bienintencionado que se presuponga, incide en la misma deriva utilitarista que trata de paliar, lo que nos invita a repensar y poner en valor el papel del arte como elemento de mediación entre el territorio y el modo en que lo contemplamos y lo concebimos. Pero, al mismo tiempo, desde la esfera estética tampoco podemos ignorar la deriva que ha sufrido el término ‘paisaje’ y tratar de circunscribirlo de nuevo a un terreno estrictamente artístico, aunque sólo sea porque pocas cosas hay hoy más ‘estrictamente artísticas’ que desbordar los límites de lo estrictamente artístico hacia los terrenos que quedan al borde de lo viable en el campo del capitalismo mercantil.
De hecho, curiosamente, la proliferación de cátedras de paisaje en las más variadas titulaciones ha coincido en el tiempo con la desaparición de las existentes en la Facultades de Arte, aparentemente incapaces de sacarle partido al enriquecimiento y el protagonismo cobrado por el concepto. En consecuencia, la creciente preocupación por los problemas del territorio aconseja promover la investigación de los mismos desde el ámbito artístico; y, al mismo tiempo, la no menos creciente complejidad del concepto de paisaje aconseja redefinir la tradicional consideración que el mismo merecía en el ámbito de la enseñanza académica del arte. Por ello, el Máster Universitario en Arte, Territorio y Paisaje se propone dos objetivos básicos: poner en valor el papel del arte en el desarrollo de una cultura del paisaje cada día más necesaria, e investigar nuevas formas de artísticas que puedan cumplir ese objetivo asumiendo la complejidad adquirida por el término.
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