Revista Latina de Comunicación Social 42 – junio de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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[mayo de 2001]

Periodismo iconográfico (IX). Clasificaciones sobre la caricatura (1)

(3.667 palabras - 9 páginas)

Dr. Carlos Abreu Sojo ©

Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Profesor Titular de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (Caracas)

carbreus@etheron.net

Existen diversas clasificaciones acerca de la caricatura. Nosotros la vamos a dividir de acuerdo con su finalidad en caricatura editorial, personal, política, costumbrista y de ilustración. Y según el medio técnico empleado, en caricatura impresa, fotográfica, escultórica, radiofónica y televisiva.

Antes de pasar a explicarlas, es bueno aclarar que muchas veces estas modalidades de caricaturas se entremezclan. Así, por ejemplo, una caricatura puede ser, simultáneamente, editorial, personal, política e impresa.

Del mismo modo, una caricatura de ilustración puede referirse a un personaje y estar elaborada escultóricamente. En fin, las posibles combinaciones son muchas y su clasificación en las categorías que explicaremos a continuación obedece a criterios netamente académicos.

Según su finalidad

Caricatura editorial.- Aun cuando no compartimos el criterio según el cual la caricatura es el único medio a través del cual puede expresarse una idea o punto de vista por medio de la imagen y la palabra (Durán, 1990: 117), ella juega un papel importante como vehículo de opinión dentro del periódico. (1)

Evora Tamayo la define como una expresión gráfica y artística esencialmente periodística y de gran trascendencia, cuyo propósito es manifestar la opinión del periódico acerca de acontecimientos de la "máxima actualidad".

Añade Tamayo que la caricatura editorial es una conquista del intelecto expresado en el lenguaje propio del dibujo y que con ella se amplía la información, se la interpreta, pero también se la simplifica.

Para esta autora, esta modalidad de caricatura hace visible aspectos de los acontecimientos que de otra manera quedarían agazapados. Asimismo, revela la esencia de los hechos haciendo que no pasen inadvertidos y se puedan juzgar con la mayor objetividad.

Asimismo, según su criterio, la caricatura editorial descubre y analiza los "resortes internos" que hay detrás de la noticia, así como los "hilos ocultos de los acontecimientos". Además, considera que su presencia enriquece, agiliza y "refresca" al periódico, siendo un "factor interno" insoslayable de la estética periodística. Y añade:

"Su ausencia empobrece, debilita y frustra al lector (...) no es informativa sino... intencional e interpretativa... es tanta su fuerza expresiva, que asume y resume lo que habría de decir la información verbal (...) Sin el periodismo no existiría la caricatura editorial, pero el periodismo sin caricatura editorial resulta incompleto." (Tamayo, 1988: 6)

Por esa razón, muchas publicaciones la incluyen en sus páginas editoriales o en primera plana para fijar posición respecto de algún asunto relevante de la actualidad. Incluso, la caricatura editorial forma parte de las catorce categorías periodísticas que se galardonan anualmente en el Premio Pulitzer.

En el caso de los diarios caraqueños, todos la utilizan en su sección editorial, con excepción de La Religión. El primero en hacerlo diariamente fue El Nacional, que desde enero de 1965 divulga los Zapatazos de Pedro León Zapata, a juicio de Aníbal Nazoa un "comentario gráfico" que además de tener valor de "artículo de fondo" es una "pequeña" obra de arte. (En Torres, 1982: 134)

De allí que para algunos estudiosos del género este tipo de caricatura "funciona prácticamente como un editorial o "ha sido comparada con un buen editorial". (Arriechi y Fanianos, 1988: 54, 71)

Adelaida de Juan (1982: 20) concuerda con este planteamiento al señalar que las caricaturas de la portada del semanario del cubano Ricardo de la Torriente "hacían las veces de un editorial".

Ildemaro Torres (1982: 20) sostiene que desde comienzos del siglo XIX en Europa se le ha dado una gran importancia a la caricatura como género periodístico. Tan es así, añade, que ante un hecho relevante no se le escatima espacio en primera plana, "confiriéndosele a veces rango de editorial".

Este tipo de apreciación pareciera adquirir mayor validez en aquellos medios en los que el editorial no se emplea por el temor de sus editores a comprometerse.

Aunque desde la aparición de El Diario de Caracas ha habido cierto repunte en el empleo de ese género del periodismo escrito, todavía hay publicaciones que no lo utilizan o lo hacen esporádicamente.

En Estados Unidos, The New York Times es el único de los periódicos importantes que nunca ha publicado una caricatura en su página editorial, aunque desde 1980 difunde una selección de caricaturas como parte del resumen de noticias del domingo.

En esos casos, buena parte de la responsabilidad de orientar a la opinión pública y de fijar posición en las páginas de opinión corresponde al caricaturista, cuya importancia era destacada hace casi cuatro lustros por John Sears, ex director de campaña de Ronald Reagan:

El votante actual, orientado hacia las imágenes, a menudo hojea la primera página de su periódico y luego se dedica a la página editorial, donde lo primero que atrae su mirada es la caricatura. (En El Diario de Caracas, 1980: 30)

Aún así, lo reflejado en la caricatura responde al punto de vista de su autor, el cual, según hemos visto, está condicionado por la política editorial de la empresa para la cual trabaja.

De manera que entonces no pareciera ser adecuado señalar que este tipo de caricatura funciona como un editorial. Éste es la voz de la empresa, mientras que la primera no deja de ser una idea del artista -sin soslayar que algunos de ellos sean incondicionales de la misma- por más impregnada que esté de los puntos de vista de los dueños de la publicación.

Por ejemplo, en la década de los 70, los editoriales y las caricaturas de The Washington Post asumieron una posición similar en muchos temas importantes como los documentos del Pentágono y el escándalo Watergate.

No obstante, en muchos otros diferían. Tal fue el caso, por ejemplo, de la confirmación de Clements Hayswort en la Corte Suprema de Justicia y cuando el Congreso quería darle el visto bueno a Nixon en su elección de Ford como vicepresidente.

En esas circunstancias, el caricaturista Herb Block chocó contra la política editorial del Post, así como con relación a la demora en aplicar controles a la contaminación ambiental y a la necesidad de una administración conjunta de los servicios postales, entre otros casos. (Varios:1979: 126)

En fin, situaciones como las anteriores demuestran la no siempre armoniosa relación editores-caricaturista. Otra cosa es que la caricatura deba tener una consideración similar a la que le confieren muchas publicaciones al editorial en el sentido de poseer un espacio permanente en las páginas de opinión.

De por sí, hay quienes -el caricaturista Pfiffer, por ejemplo- consideran que ella crea más opinión pública en la población estadounidense que los textos de los periodistas. (Tamayo, 1988: 52)

La relación del caricaturista con el periódico varía de una publicación a otra. Por ejemplo, en The Washington Post la caricatura es la expresión de una opinión personal. De manera que es similar a una columna o a cualquier artículo firmado, y distinta de los editoriales, que manifiestan la posición del periódico.

Allí, en una época, las caricaturas no eran sometidas a la aprobación del periódico, ni su autor participaba en reuniones editoriales. Tampoco, se recibían copias de los editoriales por anticipado.

En otras publicaciones se trabaja diferente. Verbigracia, en algunas la caricatura acompaña o ilustra a un editorial. En esos casos, el autor puede participar en la reunión donde se discuten los contenidos de los editoriales y de las caricaturas. También es factible que reciba una copia de los editoriales antes de que sean publicados.

Por fin, existen los medios impresos en los que el caricaturista de la página editorial casi nunca va a las oficinas, salvo para entregar su trabajo, o lo envía por correo. Incluso, hay caricaturistas que someten uno o varios esbozos a la consideración de los editores. (Varios: 1979: 122)

Sea como fuere, el caricaturista tiene que ser una persona muy bien informada. Leer los diarios, escuchar la radio, ver la televisión. Además, no debe desestimar lo que escuche en la calle y en el círculo familiar, o de amigos.

Verbigracia, Joaquín Pardo (En Hernández, 1988: 1-16), Premio Nacional de Periodismo, mención caricatura, en dos ocasiones, se concentra en los titulares de primera plana. Luego va anotando en una libreta los posibles temas y busca el lado jocoso.

Dice que se concentra tanto que si tiene el café montado "se le quema". Puede tardar hasta cuatro horas en la búsqueda del tema para su caricatura. La imagen se le hace mucho más fácil, ya que la puede hacer en diez minutos.

Para que se pueda cumplir de la mejor manera con la función de caricaturista editorial se ha elaborado un decálogo cuyas enunciados contemplan que éste debe poseer las siguientes cualidades:

    • Poseer un nivel cultural de "perfil ancho"

    • Estar las 24 horas del día al tanto de los sucesos nacionales e internacionales

    • Estar atento al sentir de la gente en la calle

    • Poseer una agilidad mental aguda y despierta

    • Tener un dominio absoluto del lenguaje verbal y plástico

    • Contar con sensibilidad, espíritu combativo, imaginación y fantasía

    • Tener disciplina de trabajo, ya que su tarea es diaria y la hora de cierre sagrada

    • Huir de los esquemas, única manera de ser creativo

    • Romper el dibujo tantas veces como sea necesario, hasta quedar convencido de que el mensaje que expresa está claramente definido

    • No olvidar que sus caricaturas están sujetas a la orientación máxima del diario para el cual trabaja (Tamayo, 1988: 75)

Mientras, Luz Cordovez y María Inés Sardi (1994: 19-20) mencionan las siguientes características en la caricatura editorial:

    • La mayoría de las veces expresa una sola idea

    • Predomina el uso de metáforas a través de imágenes

    • Las ilustraciones -preferimos hablar de imágenes por las razones explicadas en el capítulo cuatro- comunican un mensaje claro y fuerte

    • Los estereotipos que dibuja son fáciles de reconocer y entender

    • Pueden expresar humor, sátira, burla, ironía y exageración

    • La mayoría de las veces son agradables, desde el punto de vista estético

    • El caricaturista emite juicios de valor a través de la exageración de algunos elementos y atenuación de otros, según su interés

    • Atrae la atención del lector, ya que está ubicada en un lugar específico y es de imagen simplificada

    • La ilustración -imagen- es realizada con agudeza y humorismo, por lo que capta de forma inmediata la atención del lector

    • La ilustración -imagen- es elaborada a mano. Acá es oportuno señalar que muchos caricaturistas emplean desde hace años el lápiz electrónico y la computadora

    • Los temas planteados son actuales

    • Es presentada en un sólo cuadro o viñeta

    • Es incluida en las páginas de opinión del periódico

Caricatura personal.- Aun cuando es errado afirmar, según hemos visto, que caricaturas son sólo aquellas que se refieren a un personaje, es indudable que los seres humanos son el sujeto principal del género. Tan es así que algunos autores se han especializado en lo que ha sido llamada caricatura personal, la cual para Roldán Esteva-Grillet (1992: 33) es "una interpretación gráfica de personajes reales, ajena a la ofensa".

Para autores como Julian Hochberg (En Varios, 1973: 122-123) las caricaturas personales son quizás más eficaces que la fotografía porque posibilitan un vocabulario visual "más compacto" , es decir, usan un número relativamente pequeño de rasgos para representar un conjunto "mucho mayor de caras".

Uno de los primeros en utilizar la caricatura personal fue William Hogarth, con sus trabajos realizados en la primera mitad del siglo XVIII en Inglaterra. Empero, fue a mediados de la centuria decimonónica, en el marco del desarrollo de los medios impresos, cuando empezó a utilizarse con mayor asiduidad.

No obstante, para Eduardo Robles Piquer (En Esteva-Grillet, 1992: 83) fue Henry Bergson, Premio Nobel, quien empezó a "entender la verdadera caricatura personal", hacia finales del siglo XIX, al plantear que en ella se intentaba captar el alma y la vida del modelo en la forma más simple posible.

Lo cierto es que esta modalidad de caricatura no suele utilizar la palabra como acompañante y tiende a resaltar algunos de los rasgos fisonómicos de los personajes. Los elementos más importantes a destacar suelen ser los ojos, la boca, la nariz el pelo y la barbilla, aunque no hay normas inflexibles al respecto.

De hecho, Charles Le Brun (En Gombrich, 1987: 100) , el primer estudioso sistemático de la expresión humana, vio en las cejas importantes indicadores "reales" que registran la emoción, el carácter y la pasión.

Para Gombrich (1987: 106) apenas importa cuán trivial sea el rango distintivo que tome el caricaturista, siempre que sea identificable sistemáticamente. Y añade que generalmente captamos la máscara antes que el rostro.

Gombrich sostiene que la máscara representa las desviaciones de la norma que distinguen a una persona de otra y que puede servirnos como "etiqueta identificadora" y ahorrarnos "el esfuerzo de un escrutinio más detallado".

En el caso venezolano se recuerda mucho el cuello de Eleazar López Contreras, las orejas de Luis Beltrán Prieto, el peinado de Rafael Caldera -y, en su último gobierno, su rostro maltratado por el paso de los años-, los bigotes de Luis Herrera Campíns y, más recientemente, la rubia cabellera de Irene Sáez.

No obstante, en ocasiones se soslayan las características fisonómicas y en lugar de resaltarlas el caricaturista prefiere destacar algún gesto o movimiento poco perceptible del personaje, haciéndolo visible a los ojos de los lectores.

Lo anterior entronca con la llamada caricatura psicológica, la cual no se limita precisamente a lo obvio en el personaje, sino que va más allá de lo físico. En estos casos, el caricaturista trata de reflejar los rasgos psíquicos que transmitan algún aspecto de la verdadera personalidad del individuo, en busca de su vida interior, y presenta su visión interpretativa a partir de los detalles que detecte en él.

De acuerdo con Eduardo Robles Piquer (En Esteva-Grillet, 1992: 79) "si se trata de verdadera caricatura personal" y no enmascara intenciones ofensivas, en esa interpretación gráfica no cabe lo estrictamente cómico y satírico -aunque sí lo humorístico-, "debiendo ser una clara y simple forma de ver al sujeto, que provoque la sonrisa". Aun cuando diferimos del criterio de RAS en cuanto a que en la caricatura personal no proceda el uso de lo cómico y lo satírico, su punto de vista es importante, ya que pone de relieve que en este tipo de caricatura esos aspectos no necesariamente tienen que estar incluidos.

En este orden de ideas, podemos hablar de matices en el manejo de los recursos psicológicos y retóricos así como del propósito crítico cuando nos referimos a los diferentes tipos de caricatura.

En la caricatura editorial, esos recursos alcanzan su máxima expresión, lo cual no quiere decir que se tengan que emplear muchos a la vez. Pero en comparación con modalidades como la caricatura personal o la de ilustración, su uso es más notorio.

Ello debido a que, como vimos anteriormente, en la primera la imagen se publica con propósitos de fijar posición respecto de algún asunto de actualidad. En cambio, en las dos últimas el móvil suele ser diferente. De modo que importa más provocar una sonrisa y mostrar cómo ve el caricaturista al personaje -en el caso de la persona-, o interpretar un texto para visualizar lo que dice su autor cuando se trata de la caricatura de ilustración.

De más está insistir en que estas divisiones responden a un criterio estrictamente académico. Como advertimos anteriormente, en la praxis muchas veces se mezclan las funciones. Así, una caricatura personal puede cumplir, paradójicamente, una función editorial a la vez; ser simplemente ilustrativa de un artículo, etc.

Entre los grandes cultivadores de la caricatura personal en su vertiente psicológica en Venezula se incluye a "Conny" Méndez, Miguel Carabaño, Raimundo Martínez Centeno, Alejandro Alfonzo Larrain, Manuel Antonio Salvatierra y Mariano Medina Febres.

En esta línea hay que mencionar, además, a Celedonio Otaño, Dieter Grossber, quien se destacó en Resumen, Ugo Ramallo, Eduardo Robles Piquer y Francisco Graells (Pancho), entre otros.

Mención especial merece Nina Crespo Báez (Ninón) quien desbordó la caricatura en su acepción ortodoxa de parodia gráfica de rostros de personajes para brindar sus atributos psicológicos en sus trabajos publicados en la revistas Elite y Nos-otras, en los años 20 y 30. (Nazoa, 1972: 233)

Sobre la primer mujer venezolana que se dio a conocer como caricaturista, Juan Calzadilla (En Torres, 1982: 215) ha dicho que no circunscribía sus observaciones al rostro, sino que percibía la "globalidad de la cual es portador" cada ser humano, "en términos de estructura y psiquis, forma corporal y ademanes, rasgos faciales y gestos".

Además, como añade el crítico de arte, Ninón reflejaba en sus trabajos maneras de hablar, de reír, de estar de pie y de andar, amén de indumentarias, adornos, expresiones del carácter, de la educación y de los gustos.

Precisamente, la indumentaria, gustos y costumbres de los personajes también han sido empleados para identificarlos por medio de un proceso de simplificación en el cual se reconoce al individuo por un detalle.

Verbigracia, la pipa en el caso de Rómulo Betancourt, las orejas en Luis Beltrán Prieto, la chaqueta de cuadros de Carlos Andrés Pérez y la boina por Hugo Chávez, entre otros.

A veces, la cabeza del personaje va unida al cuerpo de un animal. Por ejemplo, nuestros caricaturistas han representado a los corruptos y oportunistas a través de camaleones y saurios con rasgos humanoides.

En ocasiones, los sujetos de las caricaturas no son individuos prominentes sino "personajes-tipo". Ya hemos mencionado antes al Tío Sam y John Bull. Además, podemos hacer referencia, entre muchos otros, a King Kong, como símbolo de los dictadores latinoamericanos, y a Juan Bimba, en representación del pueblo venezolano.

Sobre este último, Ildemaro Torres puntualiza:

"Juan Bimba es el pueblo, orgulloso, digno, ingenioso en lo que dice y resuelto en lo que hace (...) Concebido con la indumentaria con que se dio a conocer originalmente (franela, pantalón enrollado, sombrero de cogollo) y en su condición estrictamente rural, a Juan Bimba puede considerársele como un personaje obsoleto; sin embargo, como tipo humano que arrastra carencias y frustraciones, conserva su vigencia, transferida a la Venezuela industrial". (Torres, 1982: 231)

De más está decir que en ese proceso de simplificación y/o de captación de rasgos de personalidad por el caricaturista a menudo juegan un papel fundamental los estereotipos, vale decir, las creencias basadas en conocimientos incompletos y que son aceptadas como válidas por un grupo social. (Dragnic, 1994: 99)

De por sí, en el trabajo periodístico -especialmente en la entrevista de personalidad- existe la tendencia a establecer empíricamente cierta tipología de personalidades de manera que se establecen "tipos" humanos según sus profesiones y actividades.

Esa tipología corresponde a la racionalidad que supone la clasificación de diversos aspectos diferentes que de otra manera no podrían ser definidos ni identificados en virtud de su considerable variedad. (Dragnic, 1993: 41-42)

Para la labor del periodista en general, y del caricaturista en particular, establecer tipologías representa un ahorro de tiempo y espacio invalorable toda vez que permite dar en pocas palabras -o en una imagen- algunas ideas sobre determinado personaje.

Normalmente, el caricaturista conoce o ha visto a los sujetos de sus trabajos. En esas circunstancia procura captar por medio de la observación directa la expresión física, facial y espiritual del individuo. Empero, en algunos casos se tiene que guiar por fotos de ellos, especialmente cuando se trata de personajes internacionales.

Esto último ofrece la ventaja de que se puede hacer un estudio con las fotos de las diferentes etapas de la vida de dicho personaje por la forma en que han ido evolucionando sus rasgos.

Explica Francisco Graells (Pancho) que de esta manera se observan los gestos del individuo para detectar sus rasgos fundamentales, que en aquel momento eran distintos a los de ahora.

Añade que otros aspectos como la mirada y la forma de mover la boca, que ha mantenido a lo largo del tiempo, permiten al caricaturista tener una idea de cómo es y qué es lo fundamental de su cara en el presente. (En Mogollón y Mosquera, 1983: 294)

Una modalidad dentro de la caricatura personal es la autocaricatura. En este caso, el artista se analiza a sí mismo y plasma en la imagen algunos de sus rasgos físicos y/o psicológicos más notables. Verbigracia, Leoncio Martínez se mostraba con su inmensa nariz enrojecida por sus frecuentes visitas a los bares caraqueños.

Referencias

ABREU, Carlos (1998). Los géneros periodísticos fotográficos. Editorial Cims'97. Barcelona

ARRIECHI, Ingrid y María Fanianos (sin data). ¡Qué caricatura de democracia! Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Comunicación Social. Caracas

CORDOVEZ Y SARDI (1994). La caricatura editorial como recurso para el aprendizaje: aproximación teórico-práctica. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Educación. Trabajo de Licenciatura. Caracas

DE JUAN, Adelaida (1982). Caricatura de la República. Editorial Letras Cubanas. Colección Panorama. Ciudad de La Habana

DRAGNIC, Olga (1994). Diccionario de comunicación social. Editorial Panapo. Caracas

DURÁN, Milagros (1990). La caricatura en la prensa nacional. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Comunicación Social. Trabajo de Licenciatura. Venezuela

ESTEVA-GRILLET, Roldán (1992). El dibujo en Venezuela: Estudio y antología de textos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Venezuela

GOMBRICH, E.H. (1987). La imagen y el ojo. Alianza Editorial. Madrid

MOGOLLÓN, Mery y Cira Mosquera. La caricatura política en la campaña electoral venezolana (1973.-1978). Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Comunicación Social. Trabajo de Licenciatura. Venezuela

NAZOA, Aquiles (1972). Los humoristas de Caracas. Monte Avila editores. Tomo II. Caracas

TAMAYO, Evora (1988). La caricatura editorial. Editorial Pablo de la Torriente. Temas de Periodismo. Cuba

TORRES, Ildemaro (1982). El humorismo gráfico en Venezuela. Ediciones Maraven. Venezuela

VARIOS (1976). La página editorial de The Washington Post. Ediciones Gernika. México

----------- (1973). Arte, percepción y realidad. Paidós Comunicación. Ediciones Paidós. Barcelona-Buenos Aires

Notas

  • Por ejemplo, también se puede opinar a través de la foto editorial, la foto mancheta, la foto parlante, y el fotomontaje. (V. Abreu: 1998: 87-125).


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Abreu Sojo, Carlos (2001): Periodismo iconográfico (IX).Clasificaciones sobre la caricatura (1). Revista Latina de Comunicación Social, 42. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina42junio/43cabreu9.htm