Revista Latina de Comunicación Social

Artículos- 2008

Factores coadyuvantes al consenso periodístico en la transición (1975-1978)

Factors influencing the press consensus during the transition periode (1975-1978)

Dra. María Arroyo Cabello ©
Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación
Universidad Católica San Antonio de Murcia, UCAM
msarroyo@pdi.ucam.edu

Resumen: Entre 1975 y 1978 confluyen una serie de factores políticos, empresariales y periodísticos que fueron determinantes para el consenso periodístico de la Transición. La coyuntura política derivó el debate político a los medios impresos, pues la radio y la televisión se encontraban bajo control.
La prensa, en general, apoyó el proceso democrático, que se convirtió en el factor primordial de futuros acuerdos entre periódicos de orientaciones y procedencias muy distintas. Los periódicos, unos mejor que otros, hubieron de adaptar su línea editorial al nuevo escenario político.
La Prensa mostró complicidad con los políticos, unanimidad en el tratamiento informativo a la persona del Rey y reaccionó con editoriales conjuntos a la amenaza terrorista, así como a los intentos desestabilizadores en momentos difíciles de la Transición.
Abstract: Between 1975 and 1978 a series of decisive political, business and press factors converged to form the press consensus of the transition. The political situation shifted political debate to the printed media, since both radio and television were subject to control.
In general, the press supported the democratic process, which became the key factor for future agreements between newspapers of very different stances and origins. The newspapers, some of which were better than others, had to adapt their leaders to the new political scenario.
The press shoved complicity towards politicians, it war unanimous in the way it treated the figure of the king and it reacted with joint leaders towards the terrorist threat. It also presented a common front in the face of attempts to destabilize the country during the difficult moments of the transition.
Palabras clave: prensa, «parlamento de papel», conversión democrática, consenso, tratamiento informativo, terrorismo, historia del periodismo, transición, España.
Key words: press, «a paper parliament», move towards democracy, consensus, press treatment, terrorism, history of journalism, transition, Spain.
Sumario: 1. Introducción. 2. La coyuntura política, origen del consenso periodístico. 3. La democracia elemento de unidad de la prensa. 4. Supervivencia empresarial o «conversión democrática». 5. Unidad frente a la amenaza involucionista y terrorista. 6. Bibliografía. 7. Notas.
Summary: 1. Introduction. 2. Political situation, origin of the journalistic consensus. 3. The democracy, element of the press unity. 4. Business survival or «democratic transformation». 5. Unity against the regresive and terrorist threat. 6. Bbliography. 7. Notes.

1. Introducción
En diciembre de 2008 se cumplen treinta años de la aprobación de la Constitución de 1978 y, en este tiempo se han realizado abundantes estudios sobre los acontecimientos que marcaron una etapa fundamental en la historia reciente de España. Se ha escrito mucho sobre el rol desempeñado por los medios escritos en los años previos a la Transición [1], y se ha resaltado el consenso periodístico durante el proceso democrático como elemento coadyuvante a la implantación de un sistema de libertades.
Ahora bien, el consenso periodístico fue posible porque coincidieron una serie de factores de naturaleza política, de intereses comunes, de temores y amenazas, de supervivencia empresarial y de avidez de libertad  informativa, entre otros que aunaron a los medios escritos en momentos claves de la Transición. Solo en ese contexto se entiende el papel excepcional que tuvo la Prensa en los últimos años del franquismo y el comienzo de la Transición.
Para analizar el consenso periodístico de la Transición era imprescindible consultar todo lo que se había publicado sobre la Prensa, tanto en obras generales como en estudios particulares. En la búsqueda bibliográfica se constató la existencia de trabajos sobre la prensa local y sus diarios más emblemáticos. Aunque algunos de ellos exceden el periodo seleccionado en este artículo, sin embargo se pueden extraer muchos datos sobre la evolución de esos periódicos en momentos claves de la Transición. Esto confirmó que se estaba ante un tema de gran interés, que no se había abordado todavía y que sirve de punto de partida para una investigación posterior sobre la prensa regional en la Transición.
El objetivo de este artículo es analizar algunos de los factores que contribuyeron a la concordia entre los periódicos, un sector en el que prima la competencia y que es proclive a  polemizar. En este sentido, llama la atención cómo en los  primeros años de la Transición se impuso la colaboración, el pacto de silencio ante el temor de que la paz se viese alterada o la ausencia de protagonismos en aras de un liderazgo de la Prensa en general. Un fenómeno singular que no se ha vuelto a repetir después, y que sin duda requiere una explicación.

2 . La coyuntura política origen del consenso periodístico
Durante cuarenta años el inmovilismo político del Régimen fue una constante que abarcaba a todas las instituciones; sin embargo, la liberalización informativa que supuso la Ley de Prensa de 1966 hizo posible que, a la muerte de Franco, la Prensa asumiera un papel decisivo en el proceso democrático. A esta etapa se refería el ex-presidente Calvo Sotelo: «En aquella sociedad predemocrática, que no tenía instituciones emanadas de la soberanía popular, la prensa asumió un papel sustantivo» hasta el punto que «el éxito de la transición no puede entenderse sin esa función de la prensa»[2].
El rol de la Prensa en el tardofranquismo, y hasta las elecciones de junio de 1977, se conoce en el argot periodístico como «parlamento de papel». En ese tiempo la Prensa no sólo fue testigo de los hechos, sino también motor de muchos acontecimientos. Fundamentalmente fueron los medios escritos, aunque unos en mayor medida que otros, los que desempeñaron un rol primordial en la Transición. Un grupo de semanarios[3] Cambio 16, Cuaderno para el Diálogo, Triunfo provenían del régimen anterior, en el que habían destacado por la defensa de una salida democrática a la dictadura; otros eran de nueva creación como El País y Diario 16, finalmente importantes publicaciones teóricamente conservadoras (Ya, La Vanguardia, especialmente) impulsaron en el otoño de 1976 la búsqueda de la democracia y la libertad (Alférez, 1986:13).
Esta función de la Prensa es clave para entender el proceso de transición a la democracia, una función anómala sólo explicable en un momento excepcional que sirvió para dar a conocer a políticos de la oposición y propiciar el clímax que culminaría en los Pactos de la Moncloa. Un ambiente distendido que para nada reflejaba las tensiones entre las fuerzas políticas durante las negociaciones[4].
Si bien la Transición fue impulsada «desde arriba», como reconocen varios autores, capital importancia tuvo la oposición y presión ejercida “desde abajo”, sin las cuales no habría sido necesario realizar transacción alguna (Powell, 2001:130). En este sentido hay que subrayar el despliegue informativo de los periódicos ante las manifestaciones sindicales y la movilización callejera que surgieron en el primer tramo de la Transición. Los periodistas se sintieron comprometidos desde el primer momento en el cambio; coopartícipes, y no meros narradores de los acontecimientos políticos (Seoane & Saiz, 2007: 299).
Otro aspecto a destacar es la relación de complicidad entre los políticos y la Prensa. Como han puesto de relieve Barrera y Sánchez Aranda al analizar la amnistía de 1977: «hubo una correlación clara entre los mensajes de los distintos periódicos y las posiciones de los principales partidos de la transición» (Barrera & Sánchez Aranda, 2000:1).
Además de cobertura informativa a los sucesos más significativos del periodo, las páginas de los periódicos estuvieron a disposición de los representantes de las fuerzas políticas, y más que buscar la fidelidad de sus lectores, los diarios ofrecieron diferentes opciones electorales. Y es que la polaridad ideológica de los medios era impensable en la etapa de la transición (Ruiz Romero, 1998:249). Un mensaje de colaboración mutua transmitido por los medios y captado por la opinión pública, que contribuyó al desarrollo pacífico del proceso.
Igualmente beneficiosa para la evolución de los acontecimientos resultaría la unanimidad de la prensa a la hora de emprender el cambio político. En este respecto, merece mención especial la transformación que experimentaron algunos periódicos, los cuales pasan del rechazo inicial, o de una cierta cautela ante la reforma política, a la plena aceptación de la Constitución en 1978 [5].
Al propio tiempo, no se puede obviar la existencia de un consenso periodístico, cuyo origen fue la situación creada tras la muerte de Franco, para tratar la imagen de Juan Carlos I. Un pacto tácito de la Prensa hacia el Rey y la Monarquía muy superior al respeto obligado al Jefe del Estado; en virtud del cual los periódicos evitaron comentarios y alusiones que pudieran erosionar su figura, por ejemplo su carencia de legitimidad dinástica hasta mayo de 1977. En definitiva, la Prensa fue cómplice suyo, sobre todo en la principal tarea de pilotar la democratización del sistema político (Zugasti, 2008:338).
En consecuencia, a la Prensa le cupo desempeñar el papel de facilitar la reconciliación entre los españoles, conseguir que se superase la fractura de la guerra civil y promover una convivencia, fruto del consenso entre todos los partidos políticos [6].
A partir de las primeras elecciones democráticas en 1977 y cumplida su misión, la prensa vuelve al ejercicio normal de la actividad informativa. A propósito de esto, y tras reconocer la contribución de la Prensa a la apertura política, Carlos Sentís abogaba por el regreso a su función específica, una vez fuese constituido un parlamento auténtico [7].
Sin embargo, esta «labor pedagógica» de la Prensa se prolongó hasta llegar a la aprobación de la Constitución con un texto aceptado por todos; ello se debe a que hasta entonces no se puede dar por concluida la Transición [8]. Restablecida la normalidad de la actividad política, la Prensa recuperó «su papel natural dentro del juego partidista de acuerdo con los principios ideológico-políticos de cada medio» (Nogué &Barrera, 2006:234).
3. La democracia elemento de unidad de la prensa
En 1975 la mayoría de los medios de comunicación fueron favorables al cambio político y no hubo divisiones en la Prensa, sino núcleos reducidos como El Alcázar, la revista Fuerza Nueva y algunos periódicos del Movimiento (Barrera, 2004:892). Los periódicos, en general, se inclinaron hacía posturas reformistas y sólo El Alcázar mostró una posición claramente continuista, convirtiéndose en reducto de los nostálgicos del Régimen anterior [9]. Tampoco hubo diarios que apoyaran una opción política rupturista, aunque en Barcelona Mundo Diario fue de los primeros medios en tildar el franquismo de «régimen fascista» (Mauri, 2004: 310). 
A la muerte de Franco se intuía la salida democrática, pero había cierta expectativa ante cómo se produciría el cambio. Quizás por ello, algunos periódicos que habían tenido connivencia con el Régimen mostraron cierto reparo ante la incertidumbre del momento y esperaron cómo transcurrían los acontecimientos. Este es el caso de La Vanguardia, que tardó dos días en publicar un editorial, seguramente porque prefirió hacerlo sobre la jura del Rey y no sobre la muerte del anterior Jefe de Estado [10].
A diferencia de La Vanguardia, el madrileño Abc publicó ese día un editorial de alabanza y reconocimiento a Franco. La identificación con el Régimen había llevado al diario a una postura continuista en el inmediato posfranquismo. De tal forma que su evolución hacia la democracia sería más costosa que para otros colegas. El principal obstáculo de Abc para asumir la democracia, se debió a las diferencias de criterio en la familia propietaria. Al final acabaría por imponerse la opinión de Torcuato Luca de Tena, que se haría con la dirección del diario. Sobre este particular ha escrito Víctor Olmos lo siguiente: «Torcuato Luca de Tena estaba, sin remedio, anclado en el pasado, y, tras la muerte del general Franco, convirtió al Abc, para sorpresa de muchos de sus accionistas y de sus lectores e indignación de una parte considerable de sus redactores, en una trinchera del tardofranquismo» (Olmos, 2002: 537).
En cambio, para el diario madrileño Ya no hubo obstáculos para asumir la democracia, pues hacía tiempo que el colectivo Tácito -un grupo integrado por jóvenes demócratacristianos, que participarían años más tarde en la configuración del primer Gobierno Suárez y en la formación de la coalición centrista UCD- había propiciado el tránsito  del franquismo a la democracia (Alférez, 1986: 52-53). Su trabajo consistió en publicar semanalmente un artículo en el diario Ya y en otros periódicos de la Editorial Católica, en los que hacían propuestas para la reforma política [11].          
Pero, sin duda serían los diarios de nueva creación El País y Diario 16 los que alentaron y lideraron el cambio político. El País gestado en los últimos años del franquismo por José Ortega Spottorno, hijo de Ortega y Gasset, salió a la calle en mayo de 1976 con una oportunidad histórica y como respuesta a una demanda social que le  dio muy buena acogida (Seoane & Sueiro, 2004). «Sus páginas se convirtieron en el intelectual colectivo de las distintas fracciones de la burguesía española que deseaba dar una salida controlada al régimen franquista, una vez desaparecido el dictador» [12].
       
Por lo que se refiere a Diario 16, su aparición se produjo en un momento político importante como era la Ley de Reforma Política, que el presidente Suárez propuso en referéndum a los españoles para su aprobación en 1976. «Enseguida se identificó al periódico con la canción «Libertad sin ira» [13] del grupo Jarcha, que se convirtió en el slogan para el referéndum, que abogaba por el sí a una reforma sin ruptura» (Barrera, 1995:72). Su papel en el cambio político –nació como sucesor del emblemático semanario Cambio 16- y su originalidad, creatividad e influencia hacen que se identifique al periódico con este periodo de la Transición.

Conforme la vida política avanzaba hacia la democracia, la Prensa evolucionaba en la misma dirección, incluso los periódicos que fueron más reticentes al principio. Cuando en julio de 1976 Suárez fue nombrado por el Rey presidente del Gobierno en sustitución de Arias Navarro, no fue bien acogido por parte de amplios medios de comunicación escritos, que veían en su elección un retroceso en el proceso de transición política. Ahora bien, su actuación entre julio de 1976 y julio de 1977, en que se llevaron a cabo medidas como la aprobación de la Ley de Reforma Política, la supresión de los organismos del franquismo y la convocatoria de elecciones, hicieron que sectores políticos y periodísticos «que no confiaban en él cuando su nombramiento, fueran cambiando de opinión» (Barrera, 2004: 898-899). Por todo ello, a finales de 1977 Suárez se encontraba en la cima de su carrera y tenía el respaldo popular.

Así el diario de la calle de Serrano acabó aceptando la reforma política que proponía Suárez, aunque luego en las elecciones de 1977 apostaría por Coalición Popular, el sector más conservador del espectro político (Olmos, 2002: 544).

 En cuanto a la prensa del Movimiento, que al comienzo de la Transición seguía teniendo muy presente la persona de Franco, con el tiempo se irán adaptando a la nueva situación política, y llegado el caso  aplaudirá la reforma para la democracia (Mauri, 2004: 316). Un claro ejemplo lo encontramos en el diario barcelonés Solidaridad Nacional, que en cuestión de días pasa del elogio a Arias Navarro a alinearse con el Gobierno de Suárez [14]. Es decir, el periódico evoluciona al mismo ritmo que las instituciones, algo lógico para unos diarios que, no lo olvidemos,  todavía se conservaban en manos del Estado. Algo similar sucedió a Levante de Valencia, cuya adhesión a los principios democráticos estuvo marcada por el desarrollo de las reformas. Desde 1975 jugó la carta de la moderación y se fue aclimatando en cada momento a los «guiños» políticos que marcaban desde el poder (Bordería, 2004: 5).

Para Ya no sería necesaria la adaptación, pues su director Fernández Pombo había conducido el periódico por caminos de concordia en aquellos difíciles años. Aprobada la constitución en 1978, el periódico siguió fiel a la UCD de Suárez. «En 1979 en las elecciones generales Ya tuvo muchas presiones desde  Coalición Democrática de Manuel Fraga para que el periódico lo apoyase, pero el diario apostó por UCD con un editorial pidiendo el «voto útil» para este partido y con la exclusiva de un sondeo proporcionado por UCD muy favorable para el partido de Suárez» (Alférez, 1986: 59).

 Pero, sin duda la prueba de fuego de la «conversión democrática» de los periódicos tuvo lugar en diciembre de 1976 cuando el Gobierno propuso un referéndum para aprobar  la Ley de Reforma Política. Durante la campaña que precedió al referéndum los periódicos manifestaron su postura favorable al sí que proponía el Gobierno y pocos fueron los que se mostraban partidarios de la abstención que defendía la oposición. En líneas generales la Prensa recomendó el sí en el referéndum contribuyendo de este modo a la aprobación mayoritaria de la Ley [15].

Los diarios de referencia El País, Abc, Ya, La Vanguardia mostraron su conformidad con la Ley de Reforma Política, al igual que la cadena estatal de Medios de Comunicación Social del Estado, pero el uso partidista de estos diarios por el Gobierno provocó protestas de otros colegas [16]. Además, el hecho de que el lanzamiento de Diario 16, cuya promoción fue un éxito, coincidiera con el referéndum resultó positivo para el Gobierno. La campaña publicitaria reflejaba muy bien el momento político, y su mensaje central de una reforma sin ruptura, sin duda, benefició al presidente Suárez.

En este tiempo, la Prensa dio a conocer a la opinión pública a los políticos de la oposición, desconocidos prácticamente por los ciudadanos, y promovió foros de debate a las fuerzas políticas y sociales. Así, el diario Abc publicó en los años setenta una serie titulada «Cien españoles para la democracia», donde hacía una semblanza de personajes poco conocidos del mundo de la política pertenecientes a distintos partidos de la oposición al franquismo, con la excepción del Partido Comunista. Y organizó tertulias electorales que sirvieron para tender un puente entre los nuevos protagonistas de la vida política y los lectores de Abc [17].
Por otra parte, la Prensa suscitó temas de reforma política y poco a poco fue introduciendo los nuevos valores democráticos [18] que debían sustituir a los predominantes hasta entonces. De tal forma que términos como partidos políticos, libertad de expresión, amnistía o reconciliación aparecieron por primera vez en los periódicos y semanarios durante el proceso de transición. La mayoría de los periódicos valoraron muy positivamente la amnistía general de 1977, pensando que esta medida contribuiría a la reconciliación nacional y a la pacificación en el País Vasco (Barrera & Sánchez Aranda, 2000: 14).

Al tiempo que creaba pautas de comportamiento democrático como se puso de relieve durante los referenda y la primera campaña electoral; en esta ocasión los diarios se convirtieron en tribuna pública para los diferentes programas políticos (Ruiz Romero, 1998:249). Como puede apreciarse la constitución de la democracia fue diseñada antes en los periódicos (Sinova, 1995).

Otro aspecto en el que coincidieron los diarios en esta primera etapa de la Transición fue en el tratamiento privilegiado a la persona del Rey. Don Juan Carlos representaba para muchos periódicos, en esos momentos, la mejor apuesta para la democracia. Conviene recordar que era el jefe de las Fuerzas Armadas y en torno a su figura se fue gestando el movimiento de opinión favorable al cambio. En este sentido decía la revista Destino lo siguiente:

«El Rey simboliza este futuro al cual el pueblo español aspira, en el cual cree la clase política del país y con el cual son muchos los que, por una u otra razón, desean pactar. Y para lo cual contará igualmente con el aliento de Europa y del Ejército y de la Iglesia. El Rey simboliza el futuro porque en él confluyen la ilusión de los ciudadanos, el interés de amplios sectores sociales y económicos y el proyecto político de grupos muy extensos.» [19]

Un sector de la Prensa, en principio hostil al Rey, tanto por la procedencia de su nombramiento como por la ideología del medio, sin embargo no se opuso a que liderara el proceso democrático. En estos periódicos se impuso el pragmatismo [20] y comprendieron que «el Rey había heredado un cúmulo de poder que le permitía conducir el cambio político en orden y estabilidad, y además se le suponía disposición para ello. De esta manera, la prensa se convirtió en un escenario de apoyo para la joven monarquía. La única excepción fue El Alcázar, contrario a un cambio político que supusiese el desmantelamiento del franquismo» [21]. 

 

   4. Supervivencia empresarial o «conversión democrática»     
           
La Transición española fue una «reforma pactada o ruptura pactada» [22], que se produjo escalonadamente y requirió la adaptación de políticos, juristas, periodistas, empezando por el propio monarca que había jurado las Leyes Fundamentales del Régimen franquista.  Tanto los editores de prensa como los profesionales de la información, que formaban las redacciones de los periódicos, experimentaron una conversión democrática en una parte importante de sus protagonistas (Barrera, 1997:8).

Desde el punto de vista ideológico, también se dio una transformación en las empresas periodísticas; muchos de los periódicos que convivieron con el franquismo adoptaron sin excesivos traumas la nueva fe democrática (Nogué & Barrera, 2006:236).     

Pero, como se ha indicado en otra parte de este trabajo, no todos los periódicos asumieron fácilmente las reformas; entre los periódicos tradicionales hubo algunos que evolucionaron al compás de los acontecimientos, pero a otros les costó sintonizar su línea editorial con los nuevos tiempos. Entre los primeros se encuentra La Vanguardia y entre los segundos Abc.

La Vanguardia se adaptó al cambio político poco a poco, con cautela, pues las  diferencias entre propietario y director creaban cierta tensión en el seno de la empresa. Ahora bien, La Vanguardia contó con un hábil director Horacio Sáenz Guerrero, que guió con prudencia y tacto el periódico hacía la apertura democrática. «A ello contribuyó la tradición acomodaticia de La Vanguardia que muchos califican de oportunismo político o periódico camaleónico» (Nogué & Barrera, 2006).
 
El director de La Vanguardia, además de interpretar el cambio que – a la muerte de Franco- pedían los lectores, supo encauzar el fervor nacionalista hacia posturas moderadas, como lo prueba su apoyo a Tarradellas, la prioridad que daba a la información generada por la propia autonomía y la incorporación de firmas catalanas al periódico (Alférez, 1986:75).  En junio de 1977, como consecuencia de los buenos resultados de los partidos naconalistas, comenzó a percibirse un giro catalanista en los editoriales de La Vanguardia, en los que se echaba en cara al Régimen de Franco la opresión al catalanismo (Barrera y Nogué, 2004:12).
         
No le ocurrió lo mismo a Abc, que en tres años (1976-1979) perdió un tercio de su tirada, quizás por una clara inadecuación entre el contenido del diario y el mercado (la realidad del país). En este sentido, se puede decir que Abc marchaba con el paso cambiado (Alférez, 1986:40). Y es que en Abc se impuso el criterio de Torcuato Luca de Tena contra el parecer de otros miembros de la familia. Desde la presidencia de la junta de fundadores y del consejo de dirección, Torcuato Luca de Tena controlaba el periódico (Olmos, 2002: 537).

 En cuanto a Ya, que tuvo una década brillante entre 1967 y 1977, marcada por una crítica moderada al franquismo, sin embargo, no supo aprovechar esta situación ventajosa, y la aparición de El País, primero, y la incoherencia empresarial después, acabaron por determinar su declive.

Por lo que respecta a la antigua Prensa del Movimiento, la estructura de la cadena sobrevivió durante un tiempo a su fundador, pero los intentos de adaptarla a las nuevas condiciones de la sociedad fracasaron, y finalmente terminó por hundirse en el mismo pasado histórico que aquél (Montabes, 1989: prólogo). La línea editorial de estos periódicos, que oscilaba entre posiciones del pasado y apuestas del futuro, no convencía a unos lectores descontentos con el rumbo que tomaba el país. Los nostálgicos del Régimen no asimilaban la nueva doctrina democrática de su periódico de siempre y como, por otra parte, encontraron otro diario que respondía con fidelidad a los ideales del franquismo,  acabaron pasándose a él (Bordería, 2004:2).

La vieja cadena reconvertida en Medios de Comunicación Social del Estado no consiguió superar el proceso de la transición, primero porque su posición política era en unos casos ambigua y en otros anacrónica, segundo por las pérdidas cuantiosas que desde los años setenta venía arrastrando. En 1976 era del dominio público el descenso en ventas y las dificultades para conseguir publicidad (Martín de la Guardia, 2000, 4).

Por otra parte, aparecieron fuertes competidores: El País en abril de 1976 y Diario  16 en octubre del mismo año. Así es que cuando llegó la Transición, de los 35 periódicos de la antigua Prensa del Movimiento, ninguno vendía más de 50.000 ejemplares y sólo ocho títulos superaban los 20.000. Esta situación llevaría al ministro Pío Cabanillas a afirmar en 1978 que la prensa del Estado perdía al año 3.000 millones de pesetas. Para entonces, el diario Arriba, su buque insignia, ni tenía credibilidad, ni tenía editores, ni tenía lectores.
          
En general, la mayoría de los periódicos que apostaron por la democracia al comienzo de la Transición hubieron de emprender algunas reformas para acomodarse  a la nueva situación. Este sería el caso de El Correo de Bilbao, que tuvo que variar sus principios editoriales para ajustarlos a la democracia parlamentaria instaurada por la Constitución. El Correo cambió su principio fundacional –unión de las derechas- por el apoyo a los partidos que fomentaban la libre empresa. Además, optó por su independencia, con el fin de que los inevitables vaivenes políticos no afectasen a la estabilidad del periódico, objetivo que consiguió [23].

Al igual que la prensa nacional, la prensa regional se incorporó con normalidad a la defensa del proceso democrático y autonómico. En Andalucía la cadena del Movimiento, que tenía una fuerte implantación al comienzo de la Transición, fue perdiendo intensidad conforme pasaban los años. Los periódicos privados fueron incorporando a sus páginas nuevas temáticas hasta entonces desconocidas, más acordes con su nueva línea editorial, ya abiertamente comprometida en defensa de la democracia y en el rechazo de tendencias extremistas, violentas y reaccionarias. En esos años no se dieron elementos de crispación o enfrentamiento entre diarios (Ruiz Romero, 1998: 250).
La conversión democrática de la prensa valenciana fue desigual. El diario conservador Las Provincias partía con el aval de una moderada oposición al Régimen en los últimos años del franquismo, por lo que ahora sólo tenía que proseguir por ese camino hasta la plena aceptación de la democracia. Para Levante, en cambio, el objetivo era desmarcarse del franquismo y encontrar una nueva identidad en el escenario político reciente. Para ello siguió el dictado de su tiempo y se adaptó con cautela, aunque «sin grandes alardes a un compromiso explícito». En esta etapa su director Molina Plata condujo con habilidad el periódico por las turbulentas aguas del proceso de apertura política (Bordería, 2004: 4).
En Navarra había dos diarios al comienzo de la Transición: Diario de Navarra y El Pensamiento Navarro, que representaban dos formas distintas de encarar la reforma política. Diario de Navarra apostó claramente por el cambio. Su director José Javier Uranga fue un apoyo para aquellas personas que defendían la transición democrática frente a los que deseaban el continuismo. El Pensamiento Navarro, en cambio, se opuso al proceso democrático y especialmente a la Constitución. De este modo, mientras Diario de Navarra se consolidaba, El Pensamiento Navarro perdía lectores y acabaría por desaparecer (García & Sánchez Aranda, 2004: 3-4).
A la  muerte de Franco la estructura informativa en Murcia se componía de dos diarios: La Verdad de la Editorial Católica y Línea de la Prensa del Movimiento. Como ocurriera en otras regiones, los diarios de EDICA  no tuvieron problemas de adaptación en la Transición. Por tradición la prensa católica acataba los regímenes legalmente constituidos, primero fue la república, luego el franquismo y ahora la democracia. La Verdad, que tenía como modelo a Ya, partía con una posición ventajosa al inicio de la Transición y, al igual que su colega madrileño, fue un apoyo para la UCD de Suárez.
Línea, en cambio, no encontró su hueco en el nuevo escenario político. En 1974 figuraba entre los periódicos deficitarios de la cadena, que se pensaban vender (Montabes, 1989: 46). Pero, un año después, coincidiendo con la llegada de Emilio Romero a la Delegación Nacional, se aprobó un plan de medidas que incluía la mejora de infraestructuras y la adecuación de los puestos de trabajo a las necesidades reales. Entre los periódicos a los que afectaba ese plan de reformas se encontraba Línea (Martín de la Guardia, 2000: 3).
 La trayectoria del diario había ido en declive: si en 1960 era el diario más vendido en Murcia, en los setenta atravesaba por una situación crítica, en parte producida por los sucesivos cambios de director (13 directores) entre 1961 y 1974 (Arroyo, 2000:41). Finalmente, los intentos reformadores de la Prensa del Movimiento no prosperaron, quizás por no haberse realizado a tiempo. En cualquier caso Línea se encontraba en 1976 entre los diarios de la cadena con menor tirada, 5.625 ejemplares (Martín de la Guardia, 2000:6) y con una fuerte competencia por parte de su eterno rival La Verdad. De aquí, que no pudiera resistir mucho tiempo, y unos años antes de que se procediera a la subasta, concretamente en Febrero de 1983 se procedió a su clausura (Arroyo, 2000:41).
Caso especial es El Alcázar, un periódico contrario al cambio, pero que no sólo sobrevivió a la Transición, sino que se convirtió en un modelo exitoso; sobre todo a partir de las elecciones de junio de 1977, que fueron un duro golpe para la extrema derecha. Curiosamente su marginación parlamentaria supuso un refuerzo para sus órganos de prensa, que se convirtieron en el cauce principal de participación en el debate público (Rodríguez Virgil, 2004). El Alcázar supo aglutinar a los nostálgicos del Régimen y a los descontentos con la nueva situación; esto y el buen hacer de su director Antonio Izquierdo serían la causa de su superviviencia. Con esta línea editorial el periódico logró aumentar su difusión, hasta el punto que en un año logró pasar de 14.000 ejemplares en 1976 a 51.000 en 1977 (Alférez, 1986:136).
5. Unidad frente a la amenaza involucionista y terrorista
A pesar del consenso mayoritario que provocaba la implantación de la democracia, hubo sectores minoritarios, tanto de la izquierda radical y separatista como de la extrema derecha involucionista, que buscaban por todos los medios desestabilizar el proceso. Durante la semana negra, entre el 23 y 28 de enero de 1977, se vivieron momentos de gran tensión, sobre todo cuando cinco personas pertenecientes a un bufete laboralista del Partido Comunista y Comisiones Obreras caían asesinadas en Madrid, víctimas de la ultraderecha. Mientras tanto el GRAPO secuestraba al teniente general Villaescusa y asesinaba a cuatro miembros de las fuerzas de segurida. [24].
Con este motivo, los diarios españoles publicaron el día 25 un editorial conjunto, titulado “Por la unidad de todos”, en el que pedían la unión de los ciudadanos frente al terrorismo. El temor a un retroceso en el camino hacia la democracia, forjó un frente cohesionado de políticos y periodistas. Unos y otros, conscientes de su responsabilidad histórica, colaboraron en el proyecto común en el que estaban embarcados (Seoane & Saiz, 2008:299).
Pero no sería este el único editorial conjunto de la Prensa. El aplomo mostrado por el Partido Comunista después de la matanza de los jóvenes abogados facilitó el camino para la legalización del PC; no obstante, había incertidumbre por la reacción de los sectores más conservadores. En abril, el Gobierno procedió a su legalización aprovechando las vacaciones de Semana Santa, pero a pesar de ello la decisión gubernamental provocó protestas y manifestaciones. Los periódicos adoptaron diferentes posturas: mientras Abc y El Alcázar criticaban la decisión del Gobierno, El País, Diario 16 y Pueblo la apoyaron. La prensa regional reaccionó de forma similar, aunque hubo algunas matizaciones. Por ejemplo, El Correo Español-El Pueblo Vasco aceptó la legalización del PC alegando razones jurídicas y conveniencia política, pero a renglón seguido manifestaba dudas ante el talante democrático del Partido Comunista (Sánchez-Tabernero, 1989:433).
        
La prensa de Madrid volvió a dar un respaldo impagable a la Transición con la publicación de un editorial conjunto en el que participaron la práctica totalidad de los diarios madrileños, entre ellos Arriba, y al que no fue invitado El Alcázar por razones obvias [25]. El 16 de abril de 1977 aparecía “No frustrar una esperanza” en  Arriba, Diario 16, El País, Pueblo, Ya e Informaciones, con la clara intención de apuntalar la democracia.

«Cuando se produjo la provocación terrorista de la última semana, la Prensa española publicó un editorial conjunto en demanda de serenidad y el apoyo del Gobierno ante los intentos para desestabilizar la Monarquía. La crisis política creada tras la legalización del Partido Comunista de España parece ocasión para que los diarios que consideramos correcta la actuación del Gobierno, y realizada dentro de sus facultades, con estricto respeto a la legalidad y al mandato popular del referéndum, expresamos también unidos nuestra postura.

Creemos que se debe denunciar el ataque de sectores antidemocráticos contra el Gobierno legítimo de la nación y contra el proceso político en curso. De un modo premeditado se ha querido provocar a los militares y crear un ambiente de peligro nacional»

Un año después, en vísperas del referéndum constitucional, los periódicos publicaban otro editorial conjunto en la misma línea que los anteriores. La imagen de unidad que transmitió la Prensa a la opinión pública durante el proceso constituyente resultaría  muy beneficiosa.

Tampoco la Prensa estuvo exenta del zarpazo terrorista; por el contrario, fue objeto varias veces de amenazas y muertes. Donde más se hizo sentir el terrorismo de ETA fue en el País Vasco, por razones obvias. El 20 de mayo de 1977 fue secuestrado Javier de Ybarra, Presidente del Consejo de Administración de  Bilbao Editorial, editora de El Correo Español-El Pueblo Vasco, y el 23 de junio era asesinado.

Con este motivo los diarios de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra publicaron en dos ocasiones dos editoriales conjuntos. El primero, el 29 de mayo, titulado «Llamamiento a la convivencia», y el segundo, el 5 de junio, titulado «Serenamente»», en los que se pedía la pacificación del País Vasco y la liberación de Ybarra [26].

De nuevo la prensa vasca volvía a convertirse en objetivo de la banda terrorista ETA. El 28 de junio era asesinado por ETA militar José María Portell, director de Hoja del Lunes de Bilbao. En esta ocasión los diarios de Bilbao no salieron a la calle durante dos días. El 3 de julio se solidarizaron con sus compañeros de Bilbao las restantes Hoja del Lunes,  que publicaron en primera página un editorial conjunto titulado «Amenaza recibida», en el que afirmaban el compromiso profesional asumido por los periodistas de informar verazmente, sin dejarse influir por ningún tipo de coacción; en clara alusión al comunicado etarra con el que la banda amenazaba a la Prensa.

Desde septiembre de 1977 los sectores afines a ETA contaban en el País Vasco con el diario Egin, «un periódico de izquierdas abertzale y rupturista», que ejercía de portavoz de Herri Batasuna y Euskadiko Ezquerra. En muchas ocasiones se acusó a Egin de estar al servicio de ETA militar, precisamente por los comunicados que publicaba el periódico [27].

Al mismo tiempo, la Federación de Asociaciones de la Prensa sacaron el 2 de julio una nota, que fue publicada en El Correo y en casi todos los diarios españoles, en la que manifestaba su repulsa ante la amenaza de ETA a diversos medios informativos. 

Las presiones sobre las empresas periodísticas y los profesionales no cesaron en este primer tramo de la Transición. El 14 de enero dos individuos agredieron al director de El Correo, Antonio Barrena, cuando regresaba a su domicilio. Los periódicos se solidarizaron con su compañero asesinado, tal y como aparecen publicados los testimonios de solidaridad de doce  directores de periódicos y de los presidentes de la agencia Efe y de la asociación de la Prensa de Bilbao (Sánchez-Tabernero, 1989: 425-426).

 En resumen, la Prensa mostró coherencia y cohesión en momentos muy difíciles de la Transición y sufrió el acoso del terrorismo en varias ocasiones, pero periodistas y  empresas periodísticas dieron nuevamente una lección, que ahora -con la perspectiva histórica que da el tiempo transcurrido- se ha reconocido unánimemente.

6. Conclusiones
 En primer término, fue la coyuntura política con la ausencia de un parlamento libre la que trasladó el debate parlamentario a las páginas de los periódicos y de las revistas de información general, animando los contenidos hasta entonces uniformes de los diarios españoles.
En 1975 la mayoría de los diarios se mostraban favorables al cambio político y salvo contadas excepciones orientaron el tratamiento informativo de los sucesos en esa dirección. Así pues, la convergencia de la Prensa en una salida democrática al franquismo sería uno de los factores para futuros acuerdos entre periódicos de orientaciones y procedencias  muy distintas.
Pero también es verdad que la mayoría de los periódicos procedían de la etapa anterior y por supervivencia hubieron de adaptarse al nuevo escenario político. Para algunos supuso un giro en la línea editorial, para otros se trataba de encontrar una nueva identidad, a diferencia de los recién creados, que nacían para dar respuesta a una demanda social.
La Prensa contribuyó a la democratización política apareciendo cohesionada en situaciones delicadas del proceso. Ante la amenaza de desestabilización en momentos difíciles de la Transición, como los ataques terroristas, la legalización del Partido Comunista o la matanza de la calle de Atocha, se tomaran decisiones comunes en las principales redacciones. En varias ocasiones los periódicos publicaron editoriales conjuntos de condena a ETA y a grupos de ultraderecha.
La Transición fue un periodo de avidez de noticias que la Prensa satisfizo dando amplia cobertura a los acontecimientos importantes, recuperando la crónica parlamentaria y practicando un periodismo predominantemente informativo .
Por último, aunque hubo tensiones durante las negociaciones políticas, no se reflejaron en los medios porque la Prensa se comprometió a que el proceso de reformas emprendido entre 1975 y 1978 se desarrollase de forma pacífica.
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7. Notas

[1] Alférez, A.: El cuarto poder. La prensa desde la Ley Fraga, Plaza&Janés, Barcelona, 1986; Barrera, C.: Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia, Temas de Hoy, Madrid, 1995. Además, de estas obras generales hay artículos que abordan el tema desde diferentes perspectivas, que estudian aspectos concretos o se centran en determinadas regiones, muchos de los cuales se han consultado para este trabajo.
[2]Declaraciones del expresidente Calvo Sotelo recogidas por el suplemento Comunicación de El Mundo el 12 de mayo de 1994 y reproducidas por Justino SINOVA, 1995.
[3] Un estudio especializado sobre el tema es el libro de Fontes y menéndez: El parlamento de papel. Las revistas españolas en la transición democrática, Asociación de la Prensa de Madrid, 2005.
[4] Así, los siete miembros del Congreso encargados de elaborar el borrador de la Constitución aparecieron ante la opinión pública como «siete hombres buenos», en perfecta armonía. Seoane y Saiz, 2007,300.
[5] Es lo que Carlos Barrera ha llamado «la conversión democrática» de los empresarios de prensa. Barrera, 1997, 18.
[6] En este sentido, el discurso de la mayor parte de los periódicos relativo a la amnistía general de 1977 estaba encaminado a este objetivo. Véase Barrera y Sánchez Aranda, 2000. [01/04/2008]
[7] Carlos Sentís era director general de Coordinación Informativa en diciembre de 1975. Citado por Seoane y  Saiz, 2007, 297.          
[8] Como dice Powell, la transición española no puede darse por terminada antes del 6 de diciembre de 1978, fecha de la aprobación de la nueva Constitución democrática mediante referéndum. Powell, 2001,128.
[9] En Navarra sería el diario tradicionalista El Pensamiento Navarro, uno de los pocos periódicos que adoptó por el continuismo tras la muerte de Franco.
[10] Marcel Mauri ha visto en esta actitud de La Vanguardia su intención de desmarcarse del franquismo, que se pone de manifiesto con su apoyo al  Rey quien representaba el futuro, aunque fuera un monarca impuesto por Franco. Mauri, 2004.
[11] Uno de aquellos artículos, titulado «Los sucesores de Franco» y publicado en Ya el 31 de octubre de 1975, fue censurado. Ante la amenaza de secuestro de la edición, el periódico decidió suprimirlo, si bien al día siguiente publicaba un editorial en el que expresaba su más enérgica protesta. Sinova, 2002, 353.
[12] Según el autor, El País subrayaba determinadas noticias y acontecimientos que encajaban con su concepción política, mientras silenciaba otros que no se adecuaban a ella, influyendo de este modo en su amplísimo círculo de lectores. Para entonces se había convertido ya en el periódico de mayor tirada. Espantaleón, 2002, 17.
[13] El autor de la letra de la canción fue Rafael Baladés de la agencia publicitaria Delvico Bates, que con esta campaña se catapultó a la cima en el mundo de la publicidad.
[14] Transformación que se pone de relieve en el editorial del 2 de julio de 1976, cuando tras la dimisión de Arias Navarro hace un reconocimiento elogioso de su persona,  y el editorial de 9 de julio, en el que manifiesta su apoyo a Suárez. Mauri, 2004, 317.
[15] El referéndum se celebró el 15 de diciembre de 1976, y fue aprobado por el 94,2% de los votos escrutados y con un índice de abstención del 22,3%.
[16] El diario izquierdista de Barcelona Mundo Diario se pronunció a favor del sí que defendía el Gobierno, pero también se mostró de acuerdo con la oposición, cuando denunciaba los recursos y ventajas del Gobierno durante la campaña. Mauri, 2004, 313
[17] Impulsado por la reciente incorporación de Pedro J. Ramírez a la redacción de Abc, el periódico de la calle de Serrano tomó la iniciativa de publicar una serie de entrevistas a  jóvenes promesas de la política llamados a ocupar altos puestos en un futuro próximo. Olmos, 2002, 532.
[18] Sobre la introducción de los valores democráticos en la prensa de la Transición, véase Barrera y Zugasti,  2001a.
[19] «La corona, la prensa y el cambio político», Destino, noviembre-diciembre de 1975.
[20] Los responsables de los diarios analizados por Zugasti afirman haber soslayado adrede la carencia de la legitimidad de la que partía don Juan Carlos hasta la renuncia del conde de Barcelona. Zuasti, 2007a.
[21] Zugasti, 2007a, 69. Para un estudio más amplio sobre el tratamiento informativo de la prensa a la figura del Rey en los primeros momentos de la Transición, véase Zugasti, R., 2007b: La forja de una complicidad: monarquía y prensa en la transición española (1975-1978). Madrid: Fragua.
[22] Linz y Stepan definen de esta manera el modelo español de transición a la democracia para distinguirlo de otros procesos de transición europeos. Cita de Powell, 2001, 130.
[23] Cuando los hermanos Ybarra  fundaron El Correo Español-El Pueblo Vasco en 1910, uno de sus objetivos era fomentar la unión de los partidos de derechas para contrarrestar los efectos de la política anticlerical enarbolada por la izquierda en aquella época. Ahora, la situación era distinta y el diario vasco precisaba revisar este punto de sus principios editoriales.  Sánchez-Tabernero, 1989, 430.
[24] La gravedad de la situación aconsejó al presidente Suárez  comparecer ante las cámaras de TVE para transmitir tranquilidad a la población.
[25] Abc se venía pronunciando en contra de la legalización del PC y fue de los pocos que se quedó al margen del mundillo de la prensa. Olmos, 2002, 544.
[26] En este segundo editorial se subrayaba la inoportunidad del momento, precisamente cuando el Gobierno contemplaba una amnistía. Sánchez-Tabernero, 1989, 422-423.
[27] Antonio Alférez  cree como algunos juristas que, con la ley en la mano, el diario podría haber sido cerrado; ya que la existencia de este periódico constituye un caso insólito en la prensa internacional. Alférez, 1986, 170.
[28]Como se percibe en el estudio de Mª Dolores Meneses sobre la prensa canaria durante la Transición. En los cuatro periódicos analizados dominan los géneros informativos sobre los de opinión. Meneses, 2002, 6.

CURRICULUM VITAE

DATOS PERSONALES:
Nombre: María Arroyo Cabello
Domicilio: Saavedra Fajardo, nº 5, 4º B. Distrito postal: 30.001-MURCIA
Teléfono: 968-216625
e-mail: msarroyo@pdi.ucam.edu
            uferrer117@telefonica.net

Situación profesional: Doctora en Ciencias de la Información. Profesora acreditada (por la ANECA) de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica San Antonio de Murcia.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Sphera Pública.
Miembro de la Asociación de Historiadores de la Comunicación.
Miembro de la Sociedad Española de Periodística (SEP).
Profesora invitada en el Instituto de Estudos Jornalísticos de la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra (Portugal).

Autora de varias publicaciones sobre periodismo:
El periodismo cultural en Murcia (1900-1932), Fundación Instituto de la Comunicación de Murcia, 1994; El artículo como arma política. La prensa y el declive de la Restauración (1905-1930), Port-Royal, Granada, 2001;  Coordinadora y coautora de Los medios de comunicación, en la democracia (1982-2005). Prensa, radio, televisión. Internet y grupos de comunicación Fragua, Madrid, 2006. Entre los últimos artículos publicados están: “Los jóvenes y la prensa: hábitos de consumo y renovación de contenidos”, Ámbitos, 15, Sevilla, 2006, pp.271-282. Y “La prensa española en la democracia (1982-2006): transformación, concentración y regionalización”, Estudos do Seculo XX, Coimbra (Portugal), 2007, pp.133-147.
Últimos libros en los que ha colaborado: “La lectura de prensa entre los jóvenes”, en  Senderos de ilusión. Lecturas populares en Europa y América latina (Del siglo XVI a nuestros días), Castillo, A (dir.) y Sierra, V. (ed.), Ediciones Trea, Gijón, 2007 y “Prensa y revistas para la generación.com” en Merayo, A. (ed.) El gato en el microondas. Enseña a tu hijo a convivir con los medios, Nabla, Barcelona, 2007. Ha publicado más de una docena de artículos de su especialidad y aportaciones a Congresos.