Revista Latina de Comunicación Social 9 – septiembre de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
Teléfonos: (34) 922 31 72 31 / 41 - Fax: (34) 922 31 72 54

[Julio de 1998]

Utilización de la radio y la televisión en las aulas 

(3.247 palabras - 6 páginas)

Dr. José Pestano Rodríguez ©
jpestano@ull.es

Lic. César Yllera Cebrián ©

Programa de Medios Audiovisuales de Canarias - La Laguna (Tenerife, Canarias)

Introducción

En los mismos orígenes de la radio, y también de la televisión, usuarios, investigadores, filósofos y educadores pensaron en las posibilidades educativas de estos medios. En varios países, a principios de los años 20 y 30, se llegaron a fijar frecuencias radiofónicas para emisoras educativas; en esta primera mitad del siglo XX, y no sin cierta razón, se creía que los medios de información tenían un efecto claro, determinado y casi inmediato sobre la audiencia que recibía su mensaje, y desde ese punto de vista, la radio primero, y luego la televisión, podían tener una influencia "educativa" en los públicos. Dos cuestiones contribuyeron a desbaratar esta teoría: la publicación de numerosas y diferentes investigaciones que venían a decir que los medios no influyen ni mucho menos de forma decisiva sobre determinados públicos; eso sólo era cierto bajo determinadas circunstancias (la guerra de Bosnia). De forma más explícita y con mucho más peso, la razón más importante por la que no prosperó, y sigue sin prosperar, la radio y la televisión educativa fue, y es, la evidencia de que la formación, la cultura y la educación no reportan dinero, al menos grandes cantidades de dinero, y que los esfuerzos para formar a la población a través de la radio o de la televisión deberían ser asumidos por el estado en cualquiera de sus formas.

De esta manera, se aprecia cómo en EE.UU. se pierden casi todas las licencias de radiodifusión para emisiones educativas; algunas de las que continuarán operando lo hacen desde una perspectiva religiosa o altruista y en la actualidad son contadas las experiencias de este tipo.

Más cerca de nosotros, la labor de educación a distancia emprendida por Radio ECCA en los años sesenta representa una experiencia de la que se han beneficiado muchos canarios. La UNESCO, financiación eminentemente pública, intentará aplicaciones parecidas en los países en desarrollo con desiguales resultados. Próximos ya en el tiempo, en los países anglosajones se programan emisiones y se crean emisoras exclusivamente educativas, y, como cito pocas y dejo fuera a casi todas, pero por ejemplo tanto la PBS en EE.UU. como la Open University en el Reino Unido representan modelos válidos y con tradición de formación a distancia, incluso de nivel universitario.

En realidad, todos estos esfuerzos tienden a la utilización de la radio y de la televisión como canales de transmisión de contenidos educativos más o menos formales.

Un tópico en la teoría de la información, que socorre a más de uno cuando se adelanta en ciertos temas, es el conocido modelo de Laswell, desfasado pero sencillo y que, quizás por eso, se mantiene. En lo que venimos desarrollando hasta ahora, si miramos el esquema del modelo de Laswell,

QUIÉN dice QUÉ a QUIÉN en qué CANAL y con qué EFECTOS

o lo que es lo mismo:

EMISOR - CANAL - MENSAJE - RECEPTOR - EFECTOS

Donde la radio y la televisión venían ocupando el espacio reservado al canal y poco más. Pero el modelo nos proporciona además otros elementos de trabajo:

Los efectos de los mensajes suponen el campo de estudio de muchas disciplinas; puede ser una referencia en el trabajo con los medios junto con el papel del receptor; sin embargo, no se nos escapa que estudiar los medios sólo por los efectos que causan en la audiencia no sólo se escapa de la escuela sino de los propios investigadores.

Si nos ponemos en la posición del receptor, podemos dedicarnos al análisis del contenido de las emisiones que nos llegan; ésta es una actividad fundamental en la educación con medios de comunicación. Los requisitos para una actividad de este tipo se inscriben en una serie de programas, documentos y actividades que permitan desarrollar con el alumnado esta formación. Algunos expertos argumentan, con ciertos trabajos de investigación, que ésta es la vía de trabajo en el aula de más fácil implementación, de más claros resultados y que por lo tanto la administración educativa debe dar prioridad a este tipo de actuación.

En el modelo de Laswell, el mensaje representa el contenido de la comunicación, sin más; si ya está elaborado, su análisis nos acercará más hacia la derecha del esquema; si está por elaborar, a la izquierda.

Un estudio del canal nos puede mostrar las particularidades propias de la tecnología, su mediación en el proceso de comunicación, las diferencias entre este medio y el contiguo, la especificidad de los mensajes que pueden ser introducidos en un canal y no en otro, etc.

El emisor codifica el mensaje que desea transmitir a un receptor, a veces determinado, por un canal que él escoge y buscando unos efectos en esa comunicación; en el modelo de Laswell aparece como el elemento más activo del proceso comunicativo (aunque investigaciones posteriores proponen en ese papel al receptor). El trabajo con los alumnos desde el punto de vista del emisor significa que adoptamos el papel de un productor de información, que introducimos el mensaje elaborado a través de un canal de nuestra elección y que buscamos con ello determinados efectos en nuestros posibles receptores.

Evidentemente, no excluimos ninguna de las vías de trabajo planteadas con los medios audiovisuales (y cualquier medio de comunicación) en el aula; cada una de ellas (y a veces varias en simultáneo) es posible en alguno de las etapas educativas, dependiendo del profesorado, del equipamiento, de las áreas de currículo donde se inserten... Sin embargo, en lo que sigue, haremos referencia sólo a la perspectiva de trabajo desde el punto de vista delemisor.

Trataremos los medios audiovisuales desde el emisor por dos razones: en primer lugar, como adelantamos antes, trabajar en este sentido significa que adoptamos el papel de un productor de información, que ponemos en circulación el mensaje elaborado a través de un canal de nuestra elección y que buscamos con ello determinados efectos en los posibles receptores. En segundo término, es la actividad a la que me puedo referir con más conocimiento de causa, ya que es lo que he desarrollado; no vale hablar de lo que no se sabe.

Estos dos argumentos, que no tienen demasiada importancia en sí mismos, y que son más condicionantes propios del ponente que otra cosa, no deben hacernos olvidar que el resto de las perspectivas de trabajo con medios de comunicación audiovisual en el aula también tienen importantes razones a su favor.

Dicho esto por penúltima vez intentaremos centrar el resto del discurso en los objetivos y la metodología que se puede seguir para una enseñanza desde el emisor con radio y/o televisión en el aula.

En primer lugar, hablando de radio en la escuela como si los alumnos fuesen emisores, la producción de mensajes radiofónicos, la simulación de una emisión o la emisión misma no presentan demasiadas dificultades en comparación con otros medios de comunicación.

Tres objetivos parecen ser los más importantes:

- Facilitar la expresión oral del alumnado.

- Comunicar a los demás alumnos y alumnas determinados aspectos intelectivos propios de la radio: informar, formar, entretener y persuadir.

- Dar a conocer a las familias del alumnado esta actividad.

Estos objetivos se trabajan de diferente manera en las experiencias de radio escolar que conocemos; mientras unas hacen más hincapié en determinado objetivo informativo, otras plantean la radio sólo en su función de entretenimiento, que si bien no es una función poco importante como alguien pudiera pensar, es poco para una radio escolar.

Desde nuestro punto de vista, el éxito de la experiencia de la radio escolar se garantiza cuando se trabajan todos los objetivos especificados anteriormente, es decir: expresión oral, comunicar al resto del centro temas de interés, comunicar al resto de la sociedad.

Para ver en qué posición se encuentra la radio que deseamos, nos imaginamos que existe una línea continua entre el emisor y el receptor; las emisoras escolares se colocan entre uno de los dos extremos. Aunque volvemos a utilizar el modelo de Laswell, ahora se trata de encontrar la referencia al trabajo pedagógico que podemos hacer con la radio.

Si lo que deseamos es la formación personal de quienes hacen la radio, fundamentalmente su expresión oral, nos preocuparemos sólo de su papel en la producción del mensaje y de la emisión y escucha del mismo por ese mismo grupo de alumnos. Para este tipo de intervención sólo es necesario simular que se hace radio, un radiocasete y un micrófono son suficientes y los resultados espectaculares. En determinados niveles educativos, educación infantil y primer ciclo de primaria, no parece recomendable otra forma de hacer radio, ya que estos pequeños participantes, que ni siquiera reconocen su voz, no diferencian que el sonido sea producido por la radio o por la reproducción de la cinta. En otras etapas educativas, de más edad, también puede dar resultado este método.

Para comunicar a los demás alumnos y alumnas determinados aspectos intelectivos propios de la radio, como pueden ser informar, formar, entretener y persuadir, la producción radiofónica adopta otro estilo: se vuelca más en la audiencia, en el receptor del mensaje. No es tan importante la expresión oral del alumno en sí misma sino en cuanto favorece la comunicación de determinados contenidos. ¿Qué contenidos e informaciones son susceptibles de interesar a la audiencia escolar y qué forma debe darse a la presentación? Las estrategias a seguir son muchas; hay, o cuando menos había, emisoras, una en Murcia, que tenía para cada día del curso y para cada área del currículo un programa de radio realizado por los alumnos; si tocaba literatura, Quevedo, un programa de radio de 30 minutos dedicado a la lectura, un tanto lineal, de textos de Quevedo... Otras emisoras escolares comunican a través de la radio del centro los trabajos desarrollados en determinadas clases. Todas estas comunicaciones, hasta cierto punto interiores del propio centro, no tienen por qué implicar un esfuerzo tecnológico especial; desde los años sesenta, algunos centros estaban cableados para permitir esta suerte de radio interior y en cada clase se recibía la emisión, vía cable y por un altavoz, de la supuesta radio del centro. Estas "emisoras" no necesitan mayor inversión, aunque quizá pueda ser más ventajoso en el estado actual de la tecnología, un pequeño emisor, de un vatio o poco más (lo que se suele denominar "un vatio loco"), que permite emitir para todo el centro sin interferencias con los vecinos y sin necesidad de cablear los edificios y comprar altavoces.

Cuando se desea hacer partícipe a la comunidad educativa y al resto de la sociedad de la comunicación, de la producción radiofónica, que se realiza en el centro, se hace preciso considerar qué se desea comunicar, con qué fines y cuáles van a ser los medios. Una comunicación que no sea de interés para la audiencia del pueblo o barrio, que exija la atención del oyente o que esté plagada de ruidos comunicativos no tiene éxito en ningún sitio; la comunidad escuchará los dos primeros capítulos del asunto porque salen sus hijos y desconectará.

Idéntico planteamiento que con otro medio, como el periódico: un periódico chapuza para consumo de los alumnos o una hoja bien hecha para el barrio; se puede entregar una chapuza a los vecinos, pues sí, pero a costa de que piensen que eso y no otra cosa es lo que pueden hacer alumnado y profesorado de ese centro. Al menos eso es lo que me dice la experiencia.

Por lo tanto, si atendemos a la calidad del mensaje, mensaje elaborado, y buscamos el interés del oyente, no podrá salir cualquier cosa por esa antena; éste es el caso de la emisora dirigida al receptor. La metodología a seguir será diferente a los casos anteriores y los aspectos tecnológicos también; será necesaria una emisora de baja potencia, 20 vatios quizás, un sistema radiante que no produzca interferencias en el vecindario, una serie de equipos de audio para reproducción y grabación y... una voluntad por parte del profesorado de supervisión y seguimiento de la programación.

¿Se puede hacer todo junto? Pues sí, pero..., para una programación de un tipo es necesaria una inversión, humana, de tiempo de profesorado, de material y de esfuerzo de los alumnos; para otra programación, otra inversión.

¿Qué podemos hacer en mi centro que no tiene radio? Pues decidir si la legislación y las normas de la administración educativa se aplican o no y si, en el caso de que se vayan a aplicar, se emplea la radio como recurso didáctico; en el caso de Canarias, la enseñanza de la expresión oral es un elemento contemplado en la ley y en la normativa; el cómo, es decir la metodología didáctica a seguir con la enseñanza de la expresión oral, debe decidirse dentro del Plan General de Centro; si el centro asume que debe emplearse la radio como recurso didáctico, ya hemos visto que con muy pocos medios tecnológicos y la dedicación necesaria dentro del desarrollo del currículo se obtiene un producto "radiofónico" suficiente: radiocasete o un invento similar.

Si lo que plantea el centro es otro tipo de objetivos educativos, y comunicar al exterior las actividades internas del centro es muy importante, pues deberemos reconocer que la radio es un medio posible más dentro de los medios a nuestro alcance.

Como ejemplo de una emisora comunitaria donde aparecían tanto la participación de la escuela como la de la sociedad debemos citar, por conocerla de cerca, la experiencia de Radio Norte en Tacoronte [comarca del norte de la isla de Tenerife]. Es sólo un ejemplo, ni mucho menos un modelo.

En el diseño inicial de este proyecto se deseaban proyectar las actividades de los niños a través de la radio hacia la comunidad y también proporcionar a quien quisiera hacer radio la posibilidad de hacerlo. La emisora se ubicó fuera de cualquier centro escolar para flexibilizar tanto el acceso como el horario de funcionamiento.

El proyecto de investigación e innovación Radio Comunidad Escuela estaba apoyado en nueve centros y participaban catorce compañeros y compañeras de la zona, donde se recibía esta emisora.

Mientras que los primeros programas escolares resultaron forzados, encorsetados y muy leídos, los programas de los jóvenes que acudían libremente a la emisora eran frescos, alegres, dinámicos... ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaba el problema?

Por decimosexta vez podíamos constatar que un medio, un recurso didáctico, empleado en la escuela con pautas "escolarizantes", debido quizá a una intervención destacada del profesorado en la elaboración del programa, producía efectos erosivos sobre la potencialidad del medio elegido, en este caso la radio.

Detectado el problema, es decir, seguíamos usando la radio como si fuera la pizarra, encima con más trabajo, intentamos solucionarlo.

Ideamos una metodología que consistía en confeccionar un guión de programa de unos 45 minutos de duración por aula de 30 alumnos pertenecientes a 4º de enseñanza general básica y cursos superiores. Siempre en tiempo de clase, esta radio no fue una radio extraescolar, seguíamos una estrategia que consistía en proponer al alumnado la posibilidad de hacer un programa de radio; a partir de ahí, por grupos de tres o cuatro alumnos debían elaborar una intervención de un minuto cada uno, sobre algo que les pareciera que pudiera interesar a quien les oyera (tiempo después descubrimos que lo del minuto ya estaba siendo aplicado en Suramérica). Incluso para una persona adulta preparar algo para hablar durante un minuto resulta, al menos extraño; el resultado era que los alumnos preparaban intervenciones más o menos largas, algunas superaban los cinco minutos, sobre temas inventados que eran la verdadera salsa de la radio; esos temas, a veces dramatizados, cuando se emitían por el canal radiofónico cobraban una dimensión diferente; se realizaba una grabación de prueba en clase, con un radiocasete; el asunto podía haberse acabado en este momento pero la visita y la grabación del programa en los estudios de la radio suponían el acicate para reincidir.

Se daban los dos supuestos, intento de enseñanza de la lengua oral y comunicación al resto de la comunidad de contenidos producidos por los escolares de interés para la propia sociedad. Nunca supimos el grado de interés que despertó en la audiencia la programación escolar; quienes sí escucharon el programa fueron los propios autores, otras clases del propio centro y otros alumnos de distintos centros ya que sintonizaban, en hora de clase, la emisión correspondiente.

Los colegios acudían una o dos veces al mes a la emisora. Sólo hubo una participación diaria: la de los alumnos hipoacúsicos del colegio Castro Fariña que facilitaban la información meteorológica de su estación.

Debemos aclarar que no todos los participantes en la radio escolar de la que hablamos emplearon exactamente el mismo método, como puede apreciarse por este último ejemplo, pero sí que lo descrito puede suponer, a grandes rasgos, el procedimiento seguido por la mayoría de los docentes que participaron en el proyecto de innovación.

Con evidente conocimiento de causa, en la celebración de los 70 años del comienzo de la radio en España, TVE realizaba un reportaje sobre este tema y lo titulaba "Historias de la radio"; desde luego, el título acertaba porque no parece que pueda haber una historia de la radio, cada radio tiene su historia, brevemente hemos tratado de acercarles a una metodología de una de ellas.

En cuanto a la televisión escolar, el único ejemplo que conocemos que emita todos los días media hora de programación creada, dirigida y elaborada por los propios alumnos y alumnas del centro en horario escolar es la televisión escolar de Villaverde, un pueblo del municipio de La Oliva, en la isla de Fuerteventura. Una experiencia sorprendente que debe ser contada por los propios actores docentes de la misma. El Programa de Medios Audiovisuales ha publicado un vídeo "La televisión de Villaverde" que presenta un resumen de este.

¿Cuál es el estado de la radio y la televisión en el ámbito educativo y escolar en Canarias? En realidad, unas treinta emisoras escolares de radio, de las que sólo emiten unas veinte, y una televisión escolar por cable no darían para mucho de que hablar en una comunidad como la canaria que tiene algo así como 1.200 centros educativos.

Si a las soluciones legales que se pretenden para las emisoras ya instaladas y las que se puedan poner en funcionamiento sumamos las alternativas de hacer radio o televisión sin emitir, y además unimos a esta producción escolar de programas el análisis de los mensajes de las emisoras de radio y televisión convencional podremos garantizar, por lo menos, que los ciudadanos y ciudadanas del siglo que viene estarán más familiarizados y podrán ser más críticos ante el poder, unas veces inexistente y otras veces real, de los medios de comunicación audiovisual. Este trabajo está por hacer.

Bibliografía

Area Moreira, Manuel. Los medios, los profesores y el currículo. Sendai. Barcelona. 1991.

McQuail, Denis. Introducción a la teoría de la comunicación de masas. Paidós. Barcelona. (2ª edición) 1991.

Moragas, Miguel (Ed.). Sociología de la comunicación de masas. Vol. IV Nuevos problemas y transformación tecnológica. Gustavo Gili. Barcelona. 1985.

Orive Riva, Pedro. Estructura de la información II. Comunicación y sociedad democrática. Pirámide. Madrid. 1978.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Pestano Rodríguez et adl (1998): Utilización de la radio y la televisión en las aulas. Revista Latina de Comunicación Social, 9. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/
46pes.htm