Revista Latina de Comunicación Social 5 – mayo de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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'Gaceta semanal de las artes': el renacimiento de las páginas culturales en la prensa de Tenerife

(3.536 palabras)

Lic. Francisco Estupiñán Bethencourt ©

La Laguna

francieb@ceyas.rcanaria.es

Las páginas culturales en la prensa y las revistas de arte y literatura siempre han tenido su importante lugar entre las publicaciones realizadas en Canarias, y específicamente en Tenerife, durante todo el siglo XX. Sólo ha habido un período en el que estas manifestaciones impresas han tenido una presencia pública nula o casi nula, cual fue la etapa comprendida entre el inicio de la guerra civil española y principios de los años 50.

 En el caso concreto de Tenerife, nos encontramos con que, desde los primeros años de la presente centuria, la actividad editorial y periodística de contenido artístico y literario es profusa. Así, la relación de estas publicaciones se inicia con las revistas Castalia (1916), Hespérides (1926), La Rosa de los Vientos (1927) Páginas, Islas y un único número de Cartones (1930), cinco iniciativas que representan mucho para una sociedad como la insular de aquel momento, esto es, con un par de cientos de miles de habitantes, entre los que formaba un nutrido grupo la población analfabeta.

 Precisamente, de la mano de uno de los fundadores de La Rosa de los Vientos, el por aquel entonces jovencísimo Juan Manuel Trujillo, se anima la prensa tinerfeña en lo que respecta a la publicación de páginas culturales, incluyendo entre sus secciones "Página de la Joven Literatura" en La Prensa dirigida por Leoncio Rodríguez (octubre de 1928) y, con más regularidad, "La nueva literatura" publicada en La Tarde a partir de 1929 (1).

 Pocos años después, en 1932, inicia su publicación Gaceta de Arte, que se edita ininterrumpidamente hasta 1936. Como se puede apreciar por la última fecha, la contienda civil trunca la que ha sido considerada la experiencia editorial más fructífera de la historia de Canarias en el ámbito de las artes y la literatura, ya que esta publicación y el grupo que la hacía posible (Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdahl, Pedro García Cabrera, Agustín Espinosa, José Arocena, Emeterio Gutiérrez Albelo y otros no menos importantes) fueron los introductores del surrealismo en España, como es sabido y ha sido ampliamente estudiado.

 Pero, con el pronunciamiento del 18 de julio de 1936, esta época de esplendor de las publicaciones de contenido cultural, lo fueran como revistas o como páginas de la prensa, llega a su fin. Los años de contienda no dejaban hueco, lógicamente, para propósitos culturales ajenos al conflicto bélico y, tras la derrota republicana, ni las condiciones económicas ni las ideológicas permitieron en los primeros años de la posguerra tales propósitos.

Son múltiples los factores que condicionan esta etapa estéril: la II guerra mundial (1939-1945) mantuvo cercado un hipotético desarrollo económico de la España arruinada en su conflicto fratricida y la depuración realizada por el franquismo entre las filas republicanas mermó o silenció a la intelectualidad, mayormente comprometida con este régimen político.

Además, la Ley de Prensa e Imprenta de 22 de abril de 1938, inspirada por Serrano Súñer, se encargó de hacer el resto: se depuró a los periodistas, se estableció la censura previa de todas las publicaciones y se forjaron unos medios de comunicación que estaban al único servicio de la dictadura del general Franco. Hasta tal punto fue así que los directores de los distintos medios informativos eran nombrados por el órgano gubernamental correspondiente. De este modo, toda labor de producción intelectual que no estuviera al servicio de los valores políticos y culturales del franquismo se hacía imposible.

En estas condiciones, la prensa diaria de aquellos años de postguerra se reducía en Tenerife a El Día, periódico matutino resultante de la fusión, en 1939, del republicano La Prensa y el falangista Amanecer (2), que llevó en su portada el yugo y las flechas y la leyenda "Organo del Movimiento Nacional Sindicalista en Tenerife" hasta 1955, año en que cambió la expresión "Organo" por "Diario" hasta 1966, en que recupera su independencia; y el vespertino La Tarde, fundado en 1927 y dirigido hasta el inicio del decenio de los 70 por Víctor Zurita Soler. La Hoja del Lunes completaba este escueto panorama en lo que a publicaciones atañe, panorama de tecnología rudimentaria en los que la actualidad informativa era despachada diariamente por exactamente ocho páginas tanto en El Día como en La Tarde hasta los años 60.

En el decenio de los 50, no obstante, la guerra caliente había dejado paso a la guerra fría y para el denominado mundo occidental el enemigo ya no era el fascismo, sino el comunismo. Por esta razón, España comienza a emerger del ostracismo internacional, a la par que los represaliados por el régimen dictatorial recuperaban la libertad. En cierto sentido, pues, la vida cotidiana de España comienza a recobrar una normalidad perdida desde el inicio de la guerra. Así lo sienten algunos de los impulsores de la ya referida Gaceta de Arte, que vuelven a sentir la tentación de buscar un nuevo medio de expresión con el que hacer partícipe a la sociedad tinerfeña de sus inquietudes culturales.

Pero en esta ocasión, en vez de sostener una revista de sus propios bolsillos, como ya habían hecho en su anterior experiencia, deciden recurrir a buscar un hueco en la prensa, empresa mucho más asequible. Lo consiguen en La Tarde, con el apoyo de Víctor Zurita. Así nace la Gaceta Semanal de las Artes en 1954, lo que supone el renacimiento de las páginas culturales en la prensa insular tras la guerra civil.

Nos aporta datos sobre los inicios de esta colaboración entre los miembros de Gaceta de Arte y La Tarde el Premio Canarias de Literatura Isaac de Vega, activo colaborador de la página, que nos señala: "Posiblemente la idea de la Gaceta Semanal de las Artes se incubara en Domingo Pérez Minik, ayudado en esa idea por sus amigos de aquella época, principalmente José Arocena, y su objetivo primario era sencillamente ser una especie de continuación de Gaceta de Arte, tener una página por la que pudieran expresarse los que quedaron un tanto al aire, literariamente, con la desaparición de esa revista"(3).

Esta afirmación de Isaac de Vega se ve corroborada en el libro Personas en la vida de Canarias, en las páginas dedicadas a la biografía de Pérez Minik: "Terminada la guerra civil crea, con otros escritores, la página literaria Gaceta Semanal de las Artes, que se publica en el periódico La Tarde"(4).

A esta labor de impulso de la Gaceta Semanal de las Artes hay que añadir también la contribución del poeta Pedro García Cabrera, ya regresado a Canarias tras cumplir prisión por sus ideales socialistas, tal y como se recoge en la ficha biográfica que consta en las solapas de la edición de uno de sus poemarios fundamentales, Entre 4 paredes, publicado en una colección de textos surgida al calor de la página literaria que aquí estudiamos (5).

Y la labor de impulso de Domingo Pérez Minik y sus colaboradores más allegados de aquellos años no deja de dar sus frutos, pues el jueves 28 de octubre de 1954 aparece el número 1 de Gaceta Semanal de las Artes. Se publica en la página 6 con una cabecera propia y diferenciada de las otras páginas de La Tarde y con especificación del número de la serie, aunque tipográficamente no hayan distinciones excepcionales.

En esa primera entrega, la página cultural, no hay que olvidar que la primera que se publica en un periódico tinerfeño desde 1936, tiene como entrada un texto de presentación del vespertino que, dado su contenido esclarecedor, reproducimos:

"Una tarea que en nuestras páginas tuvo un día su asiento periódico, reflejando las inquietudes artísticas del mundo, continúan hoy en la misma línea. El contacto con la creación actual que se abre paso con su bandera de sinceridad máxima, y que creemos prenda de una continuidad artística para el enlace armonioso con el futuro, resulta, en la visión que sostenemos frente a lo que pudiera aparecer estatificado, una necesidad y un deber hacia los cuales acudimos sin prejuicio.

 Semanalmente se hará patente esta expresión, que entre otras cosas atraerá las preocupaciones literarias de nuestra juventud. Todos los jueves nos proponemos su aparición y estimamos que un gran sector del público se sentirá atraído por una labor que sostienen muy estimables comentaristas y creadores".

El comentario editorializante y de presentación de La Tarde, conviene resumir, alude a que las páginas literarias tuvieron cabida anteriormente en el diario, como ya señalamos al inicio de este trabajo. Además, destaca sobre manera su intención de dar cabida a las inquietudes culturales de la época frente "a lo que pudiera aparecer estatificado"; esto es, pretende dar cabida a una labor ajena a las corrientes artísticas y culturales afectas al régimen dictatorial de aquel período histórico, a las labores creativas y críticas que no cuentan con el beneplácito oficial, lo que se calificaba de una necesidad y un deber que el periódico asumía sin "prejuicio alguno".

Con esta declaración de principios por parte del vespertino tinerfeño, inicia Gaceta Semanal de las Artes su andadura con una estructura que combina la reproducción de creaciones narrativas y poéticas con la crítica de arte, literatura, cine y otras manifestaciones culturales, además de textos editoriales y sueltos sobre la actualidad informativa en esta materia. Pero, siendo ésta la estructura más frecuente, también se publicaron bajo su cabecera páginas monográficas, como el número 172, de 13 de marzo de 1958, en el que se glosa la figura y la obra del poeta Antonio Machado, o el número 908, de 18 de marzo de 1967, dedicado al pintor tinerfeño Juan Davó.

Esta estructura, habitual en las páginas culturales de la prensa de información general, se mantiene hasta el último número de Gaceta Semanal de las Artes, que con el número 927 se publica el día 28 de marzo de 1968. Una singladura de catorce años que no tiene parangón en otras páginas culturales del periodismo tinerfeño. No obstante, este amplio período de existencia no estuvo exento de irregularidades en su aparición: a veces no se publicaba los jueves, sino los sábados, y en más de una ocasión pasaron semanas sin que se publicase, sobre todo en su última época.

Durante todo este amplio período de existencia, Gaceta Semanal de las Artes es una página muy bien valorada y estimada por La Tarde y su editor-director. A este respecto, Isaac de Vega señala que las relaciones entre la dirección del rotativo y los coordinadores de Gaceta fueron "las mejores. Víctor Zurita tenía la página como una de sus mejores secciones, aparte del paternal afecto que le unía con los colaboradores".

También tuvo una buena acogida por parte del público lector, al no existir otra sección en la prensa tinerfeña que abordara asuntos artísticos y literarios, tal y como nos comenta también Isaac de Vega: "Gaceta Semanal de las Artes tenía muy buena acogida entre el público, ya que su contenido era vario, lejano a arduas consideraciones y estudios y en aquel tiempo la poesía era bastante asequible. Francamente, agradaba a casi todo el público. Nunca se escribió pensando en selectas minorías".

El propósito, pues, de la página cultural no tenía que ver con corrientes estéticas organizadas y homogéneas, según el mencionado De Vega: "No creo que la página tuviera ningún determinado ideal estético peculiar. Era sencillamente un medio necesario de expresión".

La nómina de coordinadores y colaboradores de Gaceta Semanal de las Artes fue muy amplia desde que Domingo Pérez Minik la promoviera hasta su final. Hasta tal punto es así que la página tuvo tres periodos claramente diferenciados, según la composición de su equipo coordinador, que no de sus principios inspiradores. Estos tres períodos serían:

  • 1954-1958: En esta primera estaba la coordinación estaba en manos del poeta, en aquel entonces residente en Tenerife, José Domingo. Este escritor peninsular, según nos cuenta De Vega, era muy afecto en ideas al grupo promotor.

  • 1958-1965: En esta segunda etapa el coordinador efectivo de Gaceta Semanal de las Artes es el poeta tinerfeño Julio Tovar, que contó con la colaboración activa del escritor y pintor Enrique Lite y, a partir de 1961, del pintor Pedro González, que regresaba a la isla tras diez años de estancia en Venezuela.

  • 1965-1968: En esta última etapa la coordinación se dispersa. Queda en manos de Enrique Lite, de Pedro González, del redactor de La Tarde Juan Acosta, del periodista y escritor Juan Cruz Ruiz, entre otros. En esta última etapa, la aparición de la página se va haciendo cada vez más irregular, pasando en ocasiones meses sin ser publicada.

La relación de colaboradores es muy vasta, hasta el punto de que en la página conviven tres generaciones bien diferenciadas. En primer termino, está la generación de Gaceta de Arte: el propio Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera y Eduardo Westerdahl, principalmente. Junto a éstos trabajan también la generación del grupo fetasiano, como Isaac de Vega, Rafael Arozamena, Antonio Bermejo, Carlos Pinto Grote, a los que hay que unir al propio Julio Tovar, a Enrique Lite, Miguel Tarquis, Pedro González y otros. Por último, está la generación de colaboradores que daría lugar, en los años 70, a lo que se ha denominado boom de la literatura canaria, como Luis Alemany, Juan Cruz Ruiz, Emilio Sánchez Ortiz, Arturo Maccanti, Alberto Omar y otros.

A estos nombres habría que unir, además, colaboradores más difíciles de integrar en un grupo, como Elfidio Alonso Quintero, Francisco Pimentel, Tomás Eladio Quintero, Felipe Padrón Sanabria, Nivaria Tejera, Angel Acosta, José María de la Rosa, Francisco Lezcano, Cipriano Acosta, Pedro Lezcano y Lázaro Santana, por citar algunos nombres.

Como se puede apreciar, una amplia relación de colaboradores, en modo alguno agotada, por lo que se puede afirmar que Gaceta Semanal de las Artes, durante toda su existencia la única sección cultural de la prensa de Tenerife, aglutinó en torno a sí a todas las personas con inquietudes artísticas o literarias, tuvieran o no una trayectoria previa que las avalara. 

En este sentido, la página literaria nunca tuvo limitaciones de índole creativa o crítica, aunque sí la había relacionada más con el aspecto político, como señala Isaac de Vega: "La Gaceta Semanal de las Artes no tuvo ninguna vinculación con corrientes anteriores ni tampoco con las que estuvieran de moda. La expresión fue total y absolutamente libre, al gusto de los colaboradores, los cuales sí pudieran estar influidos por esas corrientes. Acaso lo único que se exigía, sin expresarlo, era un cierto talante liberal, alejado de la política de entonces", a lo que añade: "Se evitaban cuidadosamente autores que no lo fueran".

Esta exigencia expresada por De Vega es ratificada por uno de los coordinadores ya señalados de la página, Pedro González, que confirma tal idea: "La única limitación tácita que se ponía a la hora de la selección de los colaboradores y personas vinculadas a Gaceta Semanal de las Artes era un ideal liberal o progresista, en cualquier caso alejado de toda afección al régimen dictatorial" (6).

No obstante, Isaac de Vega asegura que nunca se hizo labor política contra el franquismo desde Gaceta Semanal de las Artes: "Los promotores de la página eran gente fichada y habían de tener cuidado. Algunos hasta habían sufrido persecución", aunque insiste en que ciertamente "allí se refugiaba la cultura de la oposición política al régimen". 

A este respecto también abunda Pedro González, que afirma que todas las actividades paralelas organizadas por los colaboradores de la página literaria, fueran tertulias u homenajes, estaban infiltradas por policías o funcionarios del Ministerio de Información y Turismo "que teníamos perfectamente identificados porque aquí nos conocíamos todos y, en muchas ocasiones, esas personas y nosotros manteníamos relaciones de afectos personales mutuos".

En cualquier caso, señala González, ellos se expresaban muy críticos políticamente en sus tertulias, aunque no en la página, pero estima que sus opiniones no concitaban la preocupación de las autoridades del franquismo: "Daba la impresión de que las autoridades estaban convencidas de que nada tenían que temer de los círculos intelectuales, al contrario de lo que sucedía en los ámbitos obreros, en los que cualquier labor de oposición al régimen del general Franco era reprimida duramente".

En definitiva, la labor realizada desde Gaceta Semanal de las Artes, a pesar de la desafección al franquismo que era el lugar común entre sus colaboradores, fue la discreción: "La gente inspiradora de la página sabía las limitaciones a que estaban sometidos y obraban con cuidado", rememora Isaac de Vega. "Por esta razón, la censura no fue motivo para que la página dejara de publicarse. Además, don Víctor Zurita era un cuidadoso censor para no tener líos. Recuerdo que a mí me tachó unas líneas de una narración sobre una chica desnuda".

Como se puede apreciar por este testimonio, la ley Serrano Súñer, en vigor hasta 1966, no pudo hacer presa en Gaceta Semanal de las Artes porque tanto sus artífices como la dirección de La Tarde ejercían una labor de autocensura destinada a evitar conflictos, tal y como nos confirma también Pedro González. Esta labor de autocensura llegaba incluso a limitar las colaboraciones desde el extranjero "para no llamar en demasía la atención", asevera De Vega.

Sin embargo, estas colaboraciones se producían, como en el número 2, de 4 de noviembre de 1954, en el que Geno Pampaloni escribe sobre "La literatura italiana en 1954"; o el número 174, de 27 de marzo de 1958, en que aparece una "Carta de Bélgica", firmada por Manel van Hautryve. También se reproducen artículos de revistas y periódicos de allende las fronteras españolas, como en el caso del número 3, de 10 de noviembre de 1954, en que aparecen reproducidos textos publicados en Sur, de Buenos Aires, y en Le Figaro Litteraire, de París.

Pero Gaceta Semanal de las Artes no sólo se quedó en ser el artífice de la recuperación de las páginas culturales en la prensa tinerfeña, sino que, además, fue un animador de la vida social. Una de sus consecuencias más importantes, además de los homenajes a los que ya nos referimos anteriormente, dedicados a personajes ilustres de la intelectualidad española como Julián Marías o la canaria María Rosa Alonso, fue la constitución del grupo Nuestro Arte, auspiciado por Pedro González, Enrique Lite y Miguel Tarquis.

Este grupo se constituyó en 1963 y reunió en su entorno a importantes pintores, amén de contertulios procedentes de otras disciplinas. Aunque en este trabajo no vamos a abordar la actividad de este grupo artístico, bastante estudiado, sí cabe hacer mención a que las exposiciones en las que participaron sus componentes fueron un importante acicate para la profesionalización de muchos de los pintores de Tenerife.

Otro de los importantes frutos de la página cultural fue la aparición, también a principios de los años 60, de una editorial que llevaba su nombre, igualmente promovida por Pedro González, Enrique Lite y Miguel Tarquis, fundamentalmente. En ella publicaron sus obras las figuras más importantes de la intelectualidad insular del momento, incluyendo, claro está, muchos de los colaboradores de Gaceta Semanal de las Artes. Por citar algunos ejemplos, publicaron en esta colección Pedro García Cabrera, María Rosa Alonso o el propio Pedro González. Cabe añadir que esta iniciativa editorial, que era financiada gracias a la contribución económica personal de sus promotores, sobrevivió a la propia página cultural, adoptando posteriormente el nombre de "Nuestro Arte".

Por último, cabe analizar las causas de su desaparición. En primer lugar, y como nos testimonian Isaac de Vega y Pedro González, por la muerte del poeta Julio Tovar, que se convirtió con su importante labor animadora y su ingente trabajo en el espíritu perdurador de la página. Fallecido éste, Gaceta Semanal de las Artes se hace cada vez más irregular en sus apariciones, ante la dispersión de sus impulsores y colaboradores. La mayoría de ellos, además, son captados por el otro rotativo tinerfeño, el matutino El Día, periódico con una mayor tirada.

Esto se produce cuando los herederos de Leoncio Rodríguez recuperan el control total de su editorial y el periódico deja de forman parte de los órganos de expresión del Movimiento Nacional, circunstancias a las que ya nos referimos al principio de este trabajo. Este hecho se produce con la entrada en vigor de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, más conocida como ley Fraga. Pocos después de estos acontecimientos aparece la sección fija "Colaboradores de El Día", a la que se incorporan Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera, Enrique Lite y otros impulsores y colaboradores de Gaceta Semanal de las Artes.

Notas

(1) Sánchez Rivero, Angel: "Gaceta de Arte". Editado por Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. Madrid, 1993. Página 23 y ss.

(2) Galán Gamero, Javier: "Historia rápida de la prensa en Santa Cruz de Tenerife". Tauro Producciones. Madrid, 1995. Página 93 y ss.

(3) Entrevista con Isaac de Vega sobre la Gaceta Semanal de las Artes sostenida en enero de 1998.

(4) Laguna, Domingo de: "Personas en la vida de Canarias". Edición del autor. 2ª edición. Santa Cruz de Tenerife, 1990. Página 328.

(5) García Cabrera, Pedro: "Entre 4 paredes". Editorial Gaceta Semanal de las Artes. Santa Cruz de Tenerife, 1968.

(6) Entrevista con Pedro González sobre la Gaceta Semanal de las Artes.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Estupiñán Bethencourt, Francisvo (1998): 'Gaceta semanal de las artes': el renacimiento de las páginas culturales en la prensa de Tenerife. Revista Latina de Comunicación Social, 5. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/
98pacoestu.htm