Revista Latina de Comunicación Social 20 – agosto de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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Moda, sensacionalismo y agenda-setting

Lic. Ileana Medina Hernández ©

Los medios españoles establecen sus agendas basándose en la moda, el sensacionalismo y la inercia. Los temas que ocupan la atención de los medios terminan siendo los temas que ocupan nuestra atención, y no al revés como a veces creemos -y deseamos. Las investigaciones que estudian cómo los medios seleccionan los contenidos a los que dedican sus mensajes, qué es y qué no es noticiable, reciben el nombre académico de agenda-setting, y pretenden dilucidar qué es prioritario en la agenda de los medios masivos, cómo se construyen las noticias y cómo éstas a su vez conforman una realidad mediática que termina diciéndonos qué es lo realmente importante para nosotros.

Sin pretender un análisis científico sobre este fenómeno en España, solo quiero dedicar unas líneas para llamar la atención a propósito del modo en que la comunicación de masas sigue los dictados de la moda, el sensacionalismo o la manipulación, ignorando unos temas y agotando otros hasta la paranoia.

Por ejemplo, el año pasado durante unos meses se puso de moda el tema del maltrato a las mujeres. Algún hecho desencadenante trajo sobre el tapete el problema de la violencia familiar y de repente todos los días nos bombardeaban con historias de mujeres golpeadas, asesinadas, violadas, etc. La violencia doméstica es obviamente una cuestión muy importante en cualquier sociedad, pero ¿por qué de pronto se pone de moda y por qué de pronto vuelve a desaparecer? Todos los días nos enterábamos de nuevas mujeres maltratadas mientras duró la moda, y ahora es como si ya este problema no existiese. ¿Es que de pronto los hombres dejaron de atropellar a sus mujeres? ¿Es que la campaña fue tan efectiva que ya no hay ningún caso de violencia?

El asunto violencia doméstica fue sustituido de repente por el asunto violencia perruna. De pronto, lo que veíamos todos los días por la tele eran perros que mordían y mataban. Cualquier mordida casual de un perro a alguien ya se convertía en noticia y yo, que tengo una perrita bulldog juguetona y buena, no podía sacarla a pasear sin que la gente nos mirara a ambas con mala cara. Algunas razas caninas fueron satanizadas y el más mínimo incidente de cualquier perro, que en tiempos normales no se hubiera enterado ni el vecino, salía en los titulares de los telediarios. Siempre estas campañas tienen un basamento real, y es cierto que lo mismo pueden haber índices científicos que demuestren el aumento de la violencia familiar como puede haber índices del aumento de violencia juvenil asociada al entrenamiento de perros para el ataque, pero, ¿por qué de repente aparecen estos temas en la agenda y por qué vuelven a desaparecer abruptamente?

Porque un día los perros también dejaron de morder. Ya no nos enteramos de si más canes feroces han atacado a viejecitas inocentes. Y súbitamente se desatan unos pollos belgas intoxicados con dioxinas (¿alguien sabe qué son las dioxinas?). Al principio, a España sólo habían entrado 150 gallinas de Bélgica destinadas no al consumo sino a la exposición en ferias. Pero al día siguiente ya miles de kilogramos de pollos, carnes, dulces y chocolates habían sido retirados del mercado. Y a los dos días, ya no sólo eran los pollos belgas, sino que nos enteramos de que los criadores españoles le dan piensos con antibióticos a nuestros cerdos y vacas. Quizás llevamos años comiendo carne antibiótica que puede convertirnos en inmunes a ese tipo de medicamentos, pero sólo ahora nos enteramos. A nadie antes se le había ocurrido investigarlo y menos publicarlo. Pero el caso "pollo belga" desata la monomanía y nos percatamos de que ya no podemos comer casi nada con tranquilidad. Pero es que mañana esta moda pasará, y se nos olvidará, y seguiremos comiendo pollos o vegetales contaminados, pero no nos enteraremos porque ya nadie se ocupará de ello, sino del próximo escándalo de turno. Eso para no hablar del conde Lequio ni de la guerra de Kosovo, que merecen trato aparte y artículos más extensos y pormenorizados que éste.

Nuestra memoria es efímera, la información es tanta que sólo podemos acordarnos de lo que los medios nos recuerdan todos los días. Pero lo peor quizás no sea que nos harten de mensajes sobre los perros y los pollos, sino lo que nos dejan de decir. Porque estas campañas temporales nos indican que hay temas importantes de los que no nos enteramos, que se olvidan o pasan de moda, que quizás comemos pollos contaminados hace años y no nos enteramos hasta que un señor ministro europeo quiere avisarnos, que nuestros hombres maltratan a las mujeres durante siglos y sólo hablamos de ello durante dos meses, y que sólo le damos importancia a aquello que lo medios de comunicación, no siempre por razones nobles, nos ponen sobre la mesa.

A veces, el exceso de mensajes sobre un mismo tema nos satura, nos vuelve paranoicos pensando que todos los perros nos van a morder o que toda la comida está envenenada, mientras el silencio absoluto sobre otros temas nos hace olvidarlos. Por exceso o por defecto la realidad se desvirtúa, se deforma hasta perder su esencia y convertirse en otra realidad construida y mediatizada por los flujos informativos. Sólo parece real lo que se legitima mediáticamente, el resto de la realidad no es, no existe sino sale en la televisión. Alerta.

 


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Medina Hernández, Ileana (1999): Moda, sensacionalismo y agenda-setting. Revista Latina de Comunicación Social, 20. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999eag/
ileana.htm