Revista Latina de Comunicación Social 4 – abril de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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Comprensión del impacto de la TV de señalas múltiples en el contexto latinoamericano. El caso de Salta, Argentina

(5.309 palabras)

Lic. Gustavo Iovino ©

Profesor de la Universidad Católica de Salta (Argentina)

giovino@cpsarg.com

Una de las particularidades que hemos tenido los comunicadores sociales ha sido la de considerar, tal vez inconscientemente, la omnipotencia y omnipresencia de los medios de comunicación ante los requerimientos de los componentes de la sociedad contemporánea. Casi como un mito, quienes hemos trabajado cerca de los medios y de otras instituciones o esferas de poder y control social hemos vivido deslumbrados ante los poderosos efectos que por años nos han hecho creer. Tal vez todo esto sea cierto, pero también asiste el derecho a la duda. El mayor desliz ha sido considerar el posible impacto de los medios desde nuestros intereses y nuestra perspectiva, pero casi siempre olvidando lo que ocurre del otro lado, en aquellos para quienes mucho de lo producido por los medios justifica la más económica utilización del tiempo libre o la necesidad de pulir, entre variada información, aquella que permite decidir sobre cómo salir vestido a la calle, abrigado o no, o simplemente vivir la normalidad de estos tiempos, acompañados de cierta polución de signos que abarrotan el ambiente con imágenes y sonidos, sin dar tiempo para distinguir, establecer diferencias e incluso reflexionar entre tan vasta oferta. De la misma manera nos hemos centrado en cuánto influyen estos medios sobre la sociedad, descuidando el entender todo aquello que el medio social aportó para que determinada tecnología se instale de cierta manera y para que algunos estilos, formatos, temas o géneros se incorporen o traten en la amplia oferta de mensajes.

Los estudios de las audiencias o receptores de medios nos permiten hoy reflexionar sobre estos aspectos.

LA NECESIDAD DE UN ESTUDIO DE CONTEXTO

La realidad de los medios y de la sociedad es bastante compleja. El simple sondeo de ciertos aspectos no constituye elemento contundente para tratar de entender un fenómeno variado y variable. Variado por el hecho de que cada escenario donde se produce es distinto. El proceso de globalización cultural no se reduce a una simple homogeneización de valores y pautas. Las sociedades actuales presentan complejas relaciones oblicuas entre sus propias pautas y aquellas que se incorporan o intentan incorporar en un proceso de apertura. Es una constante negociación, no exenta de tensiones y relajamientos, de lo heredado, lo consolidado y lo importado. Además, por la transformación misma de los sistemas de transporte, entre otros factores, los flujos de migración presentan sus propias características en cada lugar y tiempo.

Las ciudades de fin de siglo están lejos de constituirse en referencia a una sola identidad, las subculturas se presentan como una constante y la incorporación o creación de nuevos grupos consolidan el factor dinámico de variabilidad de factores e incidencias, aceptando, además, que cada grupo y cada subcultura no desarrollan sus actividades de manera aislada, sino que se presenta ante un intrincado sistema de relaciones, entre otros componentes, dentro y fuera de su realidad urbana. Valga como ejemplo en este caso los estudios de García Canclini sobre la amplia diversidad presente en la ciudad de México.

Por estas razones en particular se hace necesario que aquellos estudios en los que queremos analizar de qué manera las audiencias enfrentan una determinada situación de recepción, incluyan una amplia referencia al contexto sociocultural en el que se desarrolla la acción.

Para garantizar cierta solidez en las apreciaciones del análisis, hay que contar con un amplio marco teórico relacionado a lo que diversos autores han manifestado sobre el proceso de recepción, en este caso televisivo, y en particular referente a este nuevo panorama de señales múltiples.

EL PROCESO DE VISIONADO DE SEÑALES MÚLTIPLES

En cuanto al acto de ver televisión, Richeri reflexiona sobre la investigación en relación a las nuevas tecnologías. Entre otras cosas se pregunta ?qué implica el paso acelerado de una televisión de masas a una televisión fragmentada o segmentada?. Propone el cambio de perspectiva para el estudio de los fenómenos de comunicación, apoyándose en el hecho que a partir de los 80 se manifiestan los primeros síntomas de algunas transformaciones radicales que cambian el propio modelo de referencia a distintos niveles (Moragas, 1986). Entre ellos, la utilización de los satélites para la emisión contínua de señales televisivas y el desarrollo de la distribución domiciliaria vía cable coaxial confluyen junto a condiciones económicas y sociales para gestar un nuevo fenómeno alrededor de la televisión.

En estas transformaciones que apunta, Richeri propugna reconocer la "progresiva

reducción" de las connotaciones de masa del medio televisivo y su tendencial objetivo hacia una cuota creciente de su público, como un hecho de primordial importancia que tiende a modificar el objeto de investigación sobre las comunicaciones de masas.

Distingue tres fases distintas, que van desde la fragmentación del público a su segmentación y, en el caso extremo, a su individualización. La primera está relacionada con la multiplicación de canales y el aumento de cantidad de programas disponibles en un mismo momento, en un mismo televisor. La segunda fase, muy relacionada al cable, se funda en múltiples señales con programación de un género y destinada a públicos especializados o segmentados por intereses. La condición de la financiación por abono, como fuente principal de recurso, constituye un factor dominante, puesto que la disposición del usuario es a recibir un tipo y una calidad de programas que la televisión tradicional no ofrece. El último caso, el de la individualización, está enmarcado en el futuro, ante la aplicación de tecnologías interactivas, esto será así cuando el televidente elija el momento y el programa oportunos para su visualización, a través de ciertas tecnologías que ya aparecen en el entorno comercial, profesional e incluso hogareño.

La multiplicación de señales genera al menos dos efectos, según Richeri. El primero (como ya señaláramos) está relacionado con el paso de una televisión para un público de masas a una televisión para públicos repartidos entre muchos canales; el segundo está relacionado con las formas del consumo televisivo en presencia de una multiplicación de canales y acompañado del mando a distancia. El autor italiano propone un cambio en el estudio de las problemáticas actuales de los medios de comunicación, la búsqueda de otros ejes, superadores de las tradicionales perspectivas asumidas hasta los ochenta. Los nuevos componentes de la televisión llevan a ésta a una pérdida de identidad, fundadas en las distintas características de un fenómeno audiovisual, producidas de manera veloz en pocas décadas. Durante el paso de una misma generación, desde los cincuenta a nuestro tiempo, saltamos del impacto de las imágenes en los aparatos de las vidrieras comerciales, donde se agolpaban los noveles espectadores, hasta la multiplicación de señales, la simultaneidad y la trascendencia de fronteras, todo con la ayuda de un liviano y manual control, que enciende, apaga, conmuta, enmudece o aturde un aparato a una considerable distancia. Este hecho no supone sólo ciertas tecnologías, sino prácticas reales de los usuarios de este tipo de servicios.

Richeri hace referencia a investigaciones empíricas, efectuadas en el contexto europeo, especialmente en Italia, a partir de la aparición de televisiones regionales, locales y privadas, y posteriormente el cable. Hace referencia a una teoría general de la decisión en el consumo televisivo y distingue dos modalidades: la elección finalizada y la elección explorativa. Por la primera, el televidente se dispone premeditadamente a ver un determinado programa. Por la segunda, se parte de una búsqueda basada en breves exploraciones realizadas las más de las veces de forma casual.

Otra característica es la constante búsqueda de un programa satisfactorio, con una fragmentación elevada de los distintos programas, con una tendencia a la audiencia provisional, constituida por la visión de breves segmentos de lo que es ofrecido por los distintos canales y, a menudo, por una audiencia paralela de otros dos programas distintos. En la realidad de esta parte del mundo, los grupos urbanos y muchos sectores rurales, pero principalmente los primeros, cuentan con sistemas de distribución de señales que potencialmente permiten idénticas posibilidades, a no ser por ciertas diferencias fundadas por el origen de las señales emitidas.

Mientras en Italia la multiplicidad de señales se presenta posibilitada por la explosión de emisiones regionales y nacionales, como lo describiera Eco, en América Latina hoy lo ofrecen las señales generadas en los grandes centros políticos y económicos de la región (Buenos Aires - México D.F. - Lima - Caracas o Santiago), o grupos transnacionales con centros emisores en Estados Unidos.

Otro fenómeno está dado por la existencia, en muchos hogares, de más de un aparato de televisión. Desde aquella visión grupal de la TV pasamos a un uso familiar, con el televisor frente a la mesa, hasta llegar al televisor ubicado en las habitaciones o en sectores del hogar donde la relación se reduce a lo individual. Sobre esto dice Richeri que el estar solo frente al televisor puede inducir a una general incapacidad de seguir establemente y con continuidad un mismo programa. La audiencia individual se caracteriza, de esta forma, por un evidente descenso del nivel de tolerabilidad respecto a cuanto es visto y por un contemporáneo estímulo a cambiar de programa.

Por último, destaca que asistimos a un cambio en la función de la televisión, que ha pasado a ser la de estructurar el tiempo libre de los individuos. Al respecto, nos encontramos ante un nuevo modelo de fruición, un nuevo goce en la relación entre televisión y televidente y propone una pregunta: ?Tal vez el mensaje se está convirtiendo en medio?

Siguiendo con la idea de los notables cambios de la televisión en menos de medio siglo, Umberto Eco distingue la paleotelevisión de la neotelevisión, aquella dirigida a todos los espectadores, ésta marcada por la multiplicación de las cadenas y el advenimiento de las nuevas maravillas electrónicas. Dice Eco que la característica principal de la neoTV es que cada vez habla menos del mundo exterior. Habla de sí misma y del contacto que está estableciendo con el público. Poco importa qué diga y de qué hable (porque el público, con el telemando, decide cuándo dejarla hablar y cuándo pasarla a otro canal) (Eco, 1994).

Sigue diciendo Eco que ahora es posible pasarse cuarenta y ocho horas al día delante de la pantalla, de modo que ya no hay que estar en contacto con esa remota ficción que es el mundo exterior. La reflexión parte de poder entender qué valor obtiene el control remoto para el televidente, en el momento en que puede decidir dejar hablar y mostrar cierto mensaje o no, y en qué medida, qué factores entran en juego en esa decisión.

La gran paradoja de la sociedad de la información se hace presente con una realidad de canales y mensajes multiplicados en una sociedad indiferente ante realidad y representación.

Regis Debray afirma que hemos entrado en la vídeosfera, revolución técnica y moral que no marca el apogeo de la sociedad del espectáculo sino su fin (Debray, 1992). Distingue tres períodos en la mirada de occidente: la logosfera, la grafosfera y la vídeosfera. La logosfera es ubicada después de la escritura, la imagen es un ser, por lo tanto es viva y presente. La grafosfera surge con la imprenta, el arte (que es representación) la distingue, la imagen es una cosa, que es vista. La vídeosfera surge con lo audiovisual, la imagen es virtual y se constituye como una percepción visionada.

Otro aporte, en la contextualización teórica de esta materia, es el que realiza Marshall McLuhan, al hacer referencia a la constitución de nuevos ambientes a partir de la incidencia de las nuevas tecnologías de la comunicación. Para McLuhan, el predominio de un medio o tecnología marca las características de percepción y de conformación de nuevos ambientes. El correspondiente a los medios audiovisuales, con clara hegemonía de la televisión, conjugada con otros aportes tecnológicos como el cable, la fibra óptica y los satélites, se sustenta en la electricidad y las características que de ella derivan son: rapidez, instantaneidad, simultaneidad, globalidad, etc. Los ambientes no constituyen envolturas pasivas sino, más bien, procesos activos invisibles. Las reglas fundamentales, la estructura penetrante y los patrones generales de los ambientes eluden la percepción fácil (McLuhan, 1992).

También advierte McLuhan sobre las características traumáticas de la transición entre dos ambientes, donde una tecnología no desaparece por completo para dar lugar a otra y a cierta disposición de enfrentar los cambios con las mismas actitudes con las que enfrentábamos lo que ahora es modificado. Nuestra cultura oficial está luchando por forzar a los nuevos medios a hacer la tarea de los viejos.

Estos tiempos son arduos porque somos testigos de un choque de proporciones cataclísmicas entre dos grandes tecnologías. Tratamos de acceder a la nueva con el condicionamiento psicológico y las respuestas sensoriales de la antigua.

LA REALIDAD DEL NORTE ARGENTINO

La reflexión en tiempo y lugar de este aporte de McLuhan nos acerca a la realidad del norte argentino, región que, como muchas de Latinoamérica, apenas ha vivido en carne propia el proceso de la revolución industrial, fenómeno particular del ambiente mecánico, marcado por la imprenta y la linealidad como consecuencia. Por el contrario, estas sociedades siguen viviendo sobre la base de una estructura económica agrícola y sus prácticas políticas, más que enmarcadas en los principios de la libertad, se han consolidado por prácticas proteccionistas y liderazgos feudales.

Esta idea de los ambientes, marcados por el predominio de determinadas tecnologías de comunicación, a manera de extensiones de propiedades humanas, es compatible con el pensamiento de Alvin Toffler, y su concepción basada en las consecuencias de tres grandes revoluciones, denominadas olas: la agrícola, la industrial y la de la información. La fuerza, el dinero y el conocimiento constituyen para cada ola el factor dominante en la conformación de la estructura de poder. La tercera ola supone el desarrollo tecnocientífico, con fuerte incidencia de la electricidad, como motor de la nueva sociedad y configurador de un nuevo ambiente o una nueva forma de interacción entre los componentes de la sociedad y sus productos.

La tercera ola trae consigo un estilo de vida auténticamente nuevo, basado sobre fuentes diversificadas y renovables de energía, métodos de producción que dejan anticuada a la mayoría de las cadenas fabriles de montaje, nuevas familias no nucleares, una nueva institución que cabría denominar "el hogar electrónico" y las escuelas y las empresas del futuro radicalmente modificadas. La civilización naciente nos impone un nuevo código de conducta y nos más allá de la producción en serie, la sincronización y la centralización, más allá de la concentración de energía, dinero y poder.

Es una civilización con su propia perspectiva mundial característica, sus propias maneras de abordar el tiempo, el espacio, la lógica y la causalidad (Toffler, 1995).

En referencia a la realidad latinoamericana se entiende que estas revoluciones mencionadas por Toffler no se han producido de la misma manera y forma que en las sociedades desarrolladas. El caso es que en nuestras comunidades, como ya lo mencionara, convivan simultáneamente factores de cada período. De esta manera, campesinos con economías de subsistencia acceden al receptor de radio y en algunos casos al televisor. En algunas ciudades de la región, como es el caso de Salta, la telefonía digital fija y móvil, el cable, las redes telemáticas y la transferencia digital, se presentan sin haberse desarrollado una economía de la manufactura en escala, sino en una renta provincial sustentada en la producción agrícola y en regalías de extracción hidrocarburíferas, productos que a través de oleoductos y gasoductos son transportados a otras regiones del país para su procesamiento.

Muchos países perciben ahora el impacto simultáneo de dos e incluso tres olas de cambio completamente distintas, de velocidades diversas y con diferentes grados de fuerza tras sí.

Román Gubern ha efectuado diversas apreciaciones con relación a la televisión. En primer lugar, reconoce que en muchos análisis se subestiman las características específicas de los canales y de los efectos que producen en el público, al focalizar la atención en el contenido de los mensajes (Gubern, 1988).

También señala que la domesticidad de la fruición televisiva se traduce en frecuentes interferencias visuales o acústicas de estímulos del hogar, tales como el timbre del teléfono o la puerta, la luz ambiental, las voces de la casa, etc. Ello conduce a una fruición televisiva semiatenta e imperfecta... El ingreso, aceptación y amplia difusión de la televisión en los hogares contemporáneos, al menos en determinas sociedades como la analizada, ha derivado en una tecnología de información marcada por lo obvio. El televisor aparece como un elemento más de cada casa, incorporado naturalmente al desarrollo rutinario de la actividad de los componentes de cada vivienda. Ese carácter lo lleva a existir condicionado en un ambiente determinado, además, por otros elementos, con otras funciones y con una serie de interferencias o influencias generadas por integrantes humanos y técnicos del contexto.

Gubern agrega que la condición hogareña y la gratuidad de la televisión la convierten estadísticamente, en virtud de la ley del mínimo esfuerzo, en el medio dominante del tiempo de ocio, frente a otras alternativas culturales. En el caso particular de este estudio hago la salvedad de que la actual televisión de múltiples señales, desarrollada en la Argentina, no es gratuita; sin embargo, el abono mensual de entre 30 a 35 pesos, coloca al sistema como la más económica y segura fuente de entretenimiento y cultura.

En materia cinematográfica, la entrada a una sala, para que una persona vea una sola película, cuesta entre cuatro y seis pesos; un boleto de estadio para presenciar un partido de fútbol, entre 10 a 40 pesos promedio; una entrada al teatro, entre 15 y 30 pesos. Todo esto, sin contar gastos de movilidad, refrigerio, etc. El alquiler de una película, en un vídeoclub, oscila entre los tres y cuatro pesos por día.

Sigue diciendo el autor catalán, la ley del mínimo esfuerzo, que explica el triunfo social de la televisión en el ecosistema comunicativo, que ha encontrado su instrumento supremo en el mando a distancia, que permite conmutar los canales sin moverse de la butaca.

Seguidamente, argumenta los efectos que ejerce este adminículo tecnológico, a saber:

  1. elimina el esfuerzo físico necesario para la conmutación de canales;

  2. agudiza con ello la competitividad práctica entre los canales para el telespectador;

  3. favorece la fragmentación de la programación por parte del espectador;

  4. facilita por lo tanto la inestabilidad de la atención y de la concentración;

  5. elimina o disminuye la ventaja del primer canal en aquellos aparatos cuyo encendido se produce sobre tal canal;

  6. reduce la incidencia de los espacios publicitarios, utilizados generalmente por el telespectador para explorar otros canales...

En resumen, el mando a distancia maximiza el triunfo del principio del mínimo esfuerzo y promueve el triunfo de lo más sensacionalista sobre lo más pausado, contemplativo y reflexivo.

A lo expuesto por Gubern sumaremos las siguientes conclusiones generales:

  1. la difusión de la tecnología de recepción ha generado un televidente individual, que consume parte del excedente de su tiempo frente a la pantalla, la mayor parte de las veces sin tener intención de ver algo en particular;

  2. el simple hecho de consumir tiempo libre, solo ante la pantalla, con un mando a distancia, sin una intención particular sobre cierto programa, conlleva a una situación de contemplación errática, vertiginosa (inducida con el mismo control remoto) y apática, solo motivada por la satisfacción del deseo de fruición, entendido éste como goce intenso o complacencia;

  3. ante gran cantidad de señales, la fragmentación no sólo se reduce a la programación de cada canal, sino a los mismos segmentos de cada programa, determinados por el propio espectador;

  4. el vértigo de la presentación audiovisual y el generado por la acción del televidente con el mando a distancia, genera veloces cambios en los términos de la fruición televisiva (a mayor dinámica menos perdura el goce sobre la motivación audiovisual);

  5. la inestabilidad de la atención y la concentración se orienta hacia el desmedro de los contenidos de tipo analítico o reflexivo.

Con relación al interés del espectador de televisión, Baggaley y Duck identifican tres niveles posibles:

  1. el interés superior en el que se produce un interés activo por las inferencias de la narración;

  2. un nivel medio, en el que se produce sólo el interés por las inferencias de las imágenes visuales o auditivas; y

  3. el nivel inferior, en el que hay un interés totalmente pasivo por el valor de novedad simple de las imágenes (Baggaley, 1979).

En el primer caso, nos encontramos ante un espectador que selecciona sus preferencias a partir de los contenidos y el interés que ellos despiertan en él. Generalmente, se trataría de un interés sobre una estructura narrativa completa, un programa, un bloque de noticias, una entrevista, etc. La satisfacción del espectador es cumplida por la información narrativa puesta a consideración: busca enterarse sobre lo ocurrido en el día, las opiniones sobre temas de diversa índole, el visionado de un programa del rubro "favoritos", la satisfacción de los requerimientos de especialización propios de ciertas expectativas particulares e individuales. En definitiva, el goce televisivo pasa por la ocupación de cierta unidad de tiempo libre con un material audiovisual de interés específico y voluntario, dentro de las limitaciones de oferta programática comprendida en esa porción temporal disponible. Respecto a este primer nivel, los mismos autores señalan, además, que: si la experiencia visual de la TV se caracteriza específicamente por un interés activo en la narración, ese interés depende obviamente de la capacidad del espectador para interpretar activamente las imágenes visuales y auditivas que percibe.

Sin embargo, Goodhart, mencionado por Baggaley y Duck, nos advierte que... la gente que posee un interés realmente especializado no siente la necesidad, en general, de seguirlo en la televisión. Los artistas no sienten la necesidad de presenciar programas sobre arte; ni las tejedoras los programas sobre tejidos; ni los comerciantes los programas sobre negocios... Los especialistas ya saben todo eso. Hasta la gente religiosa no presencia regularmente los programas religiosos, sino que en lugar de ello va a la iglesia.

Este tipo de observación pone en duda las previsiones de una especialización y fragmentación en los mensajes televisivos. Aspecto pendiente de ser indagado, al menos en esta investigación, en un tiempo y lugar determinado, distintos a los expuestos por Richeri y Goodhart. En el segundo nivel, la fruición o goce es de neto

corte estético, la inversión de cierto tiempo libre ante el televisor se sustenta en la satisfacción de un goce perceptivo, tanto desde lo visual como desde lo auditivo, los factores de calidad de imagen, velocidad y abundancia de estímulos audiovisuales, creatividad y profusión en la utilización de efectos especiales, serán los componentes característicos de este tipo de aproximación al producto televisivo. Mientras que en el tercer nivel la prioridad está marcada por la pasividad y un interés simple por las imágenes. Aquí precisamente reside la tesis de los autores sobre la preponderancia de la presentación de los mensajes audiovisuales sobre el resto de los factores. Respecto a los dos últimos niveles, Baggaley y Duck señalan: Una apreciación de las imágenes por motivos estéticos puede ser, sin embargo, una base totalmente suficiente para la experiencia visual en sí misma, como puede serlo también una percepción totalmente pasiva de las imágenes, dada la inmensa satisfacción que se obtiene con el despertar básico de la percepción.

EL CONTEXTO SOCIOCULTURAL DE SALTA

Debemos distinguir dos grandes cuerpos de análisis a considerar en una investigación de este tipo. Un cuerpo teórico, compuesto por lo aportado y concluido desde distintas disciplinas, corrientes y tradiciones científicas, y la necesidad de, a través de la aplicación de una metodología de estudio, comprender el contexto en donde una situación, que puede ser muy similar en cualquier parte del mundo, se entiende de una manera particular en un lugar de características propias y compartidas.

Para ello, el desafío es analizar el fenómeno de visionado de señales múltiples de televisión en un asentamiento urbano concreto, con características particulares. Una investigación de este tipo permitirá no solo conocer cierto aspecto de un medio de comunicación sino a la sociedad misma, en este caso concreto de una sociedad latinoamericana.

La ciudad de Salta es la capital de la provincia homónima en el norte de la República Argentina. El territorio de la provincia ronda los ciento cincuenta mil kilómetros cuadrados de superficie, algo más que Andalucía, Valencia y Cataluña juntas, pero su población es de un millón de habitantes. En ese extenso territorio encontramos monte chaqueño, selva, serranías subtropicales, valles fértiles, elevadas alturas andinas y amplias llanuras. Diversos pueblos indígenas han vivido y algunos aun viven. La cultura colla y la chiriguano-chané todavía tienen su incidencia. En la ciudad capital y sus alrededores, un gran valle denominado de Lerma, por don Hernando de Lerma, fundador de la ciudad en 1582, vive la mitad de la población provincial. Ese medio millón de habitantes llegó a instalarse allí a través de distintos movimientos migratorios producidos desde la fundación, pero profundizados en las últimas décadas. El crecimiento de la población de la ciudad de Salta ha sido notable, especialmente en la segunda mitad de este siglo. El censo de 1947, hace sólo cincuenta años, registraba 76.552 habitantes; el de 1960, 123.172; el de 1970, 182.535; el de 1980, 265.995; y finalmente el de 1991, 373.586. Las proyecciones efectuadas por los organismos de estadísticas nacional y provincial estiman una proyección a 1998 de 451.238 habitantes. Es decir, que en medio siglo se produce la sextuplicación de la población de la ciudad de Salta, con un incremento intercensal de entre un 32% entre el 80 y el 91, o de un 58% entre el 47 y el 60.

En cuanto a composición de la población, Salta registra uno de los promedios de edad más jóvenes, la edad media es de 26 años. El 12,1% de sus habitantes nació en otra provincia argentina, el 2,7% en algún país limítrofe, y el 0,5% en otras naciones. La provincia registra uno de los más altos índices de natalidad anual, 25 por mil, sólo superado por Misiones, Formosa, Catamarca y Tierra del Fuego y similar al de Corrientes. Las provincias más alejadas de los centros desarrollados presentan los más elevados índices, en las antípodas de capital federal, Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe.

Los movimientos migratorios que caracterizaron la conformación de la nación argentina no han sido tan homogéneos como ciertos relatos lo dan a conocer. Los grandes contingentes europeos, especialmente italianos, españoles y del centro del continente, no se distribuyeron armónicamente por todo el extenso territorio del país. Los italianos trabajaron la tierra y se expandieron por aquellos lugares donde la fertilidad de la llanura invitaba al desafío. Salta, por ejemplo, no recibió colonos italianos, hubo algunos provenientes de aquel país, pero eran artesanos o comerciantes. Sin embargo, el norte argentino albergó un movimiento migratorio no tan avasallador como el europeo, pero muy característico, el sirio - libanés. Familias de ese origen se establecieron en esta zona del país, donde el clima y el suelo se asemejan mucho más a su realidad territorial de origen. La actividad principal de estos grupos ha sido la comercial. Otra influencia importante en la región la ha constituido la influencia de la cultura andina, no sólo con la presencia de pueblos originarios del altiplano o serranías, propias de la zona, sino por la estratégica ubicación de Salta, durante la colonia, al ser paso intermedio y obligado, entre el Río de la Plata y el Alto Perú.

La economía de Salta giró durante décadas en la conformación de un mercado de ganado, principalmente relacionado al mular, indispensable para el transporte y comercio de la época. El valle de Lerma, donde se emplaza la ciudad, era el escenario primordial para la comercialización de mulas, que provenientes del sur eran alimentadas en estas tierras para luego servir en la producción minera de Potosí. El intercambio también se realiza con Paraguay y la banda oriental. La situación estratégica de Salta, casi un punto central en América del Sur, marca su condición histórica como lugar de tránsito, de fácil y necesario acceso, que la proyecta notablemente. Esta condición sumada a los cambios económicos de este siglo han generado otra migración característica.

El buen clima, la tranquilidad y las posibilidades futuras, sumadas a una clase media profesional incipiente, derivó en que muchos jóvenes, incluso matrimonios y familias, de centros urbanos más importantes, decidieran establecer su actividad en la zona, a partir de los setenta. Criollos del interior, ante el crecimiento de la ciudad y las necesidades en las áreas de servicios y construcción, se volcaron a la capital. Desde Bolivia, los avatares políticos y económicos llevaron a miles de familias a buscar otros horizontes en lo más cercano a su frontera. Así, Salta y Jujuy reciben a ciudadanos bolivianos, que se instalan definitivamente o, en forma cíclica, llegan a realizar las tareas del campo alrededor del tabaco y la caña de azúcar.

Evidentemente, el proceso de mestización o hibridación del componente urbano de Salta enfatiza una caracterización muy particular. Las nuevas pautas incorporadas por los nuevos grupos pujan constantemente por su inserción, negociando la participación en un nuevo escenario dominado por valores como la tradición, el amor a la tierra y la fuerte influencia religiosa.

PAUTAS PARA COMPRENDER EL IMPACTO

La investigación sobre el proceder de los componentes de la sociedad ante señales múltiples de televisión requiere de la comprensión de complejos fenómenos socioculturales, económicos, políticos y tecnológicos. La constitución de sociedades que, como la salteña, se caracterizan por la convivencia y el intercambio de variados grupos, la incidencia de valores históricos y tradicionales y la inserción de factores modernizantes, como los mismos mensajes de señales televisivas generadas desde diversos centros de producción audiovisual, es común en estos tiempos, marcado, además, por el desarrollo de los sistemas de transporte y comunicaciones y la fragilidad y vertiginosidad del mercado laboral u ocupacional. Por lo tanto, no podremos desprendernos de la confluencia de diversas ópticas al momento de analizar el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

En primer lugar, debe tenerse en cuenta esa nueva tecnología, su desarrollo y aplicación en una sociedad en particular. En segundo lugar (aunque sin obligación cronológica, puesto que todo análisis deberá comprender la simultaneidad del fenómeno), el marco legal, político e incluso industrial que ha dado lugar a su establecimiento, crecimiento y consolidación. También se deberá contemplar, en la diversidad, la acción e interacción de los distintos grupos que componen la sociedad, tal como en Salta lo hacen los grupos originarios, tradicionales (de la primera generación migratoria) o los incorporados en este siglo con su inserción en un marco de relaciones. El factor individual, de la aplicación de la tecnología es otro componente a tener en cuenta. Por último, se requerirá comprender de qué manera lo producido o emitido por las nuevas tecnologías se incorpora a los usos y prácticas sociales e individuales. La apertura del investigador permitirá conjugar estas variables, y muy posiblemente encontrar otras. Simultáneamente se requerirá de una flexibilidad y dinámica metodológica, donde técnicas cuantitativas y cualitativas, sumadas al análisis de estadísticas demográficas y documentación histórica, legislativa e incluso periodística, aportarán elementos relevantes, necesarios para acometer el estudio de una realidad compleja.

BIBLIOGRAFÍA

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FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Iovino, Gustavo (1998): Comprensión del impacto de la TV de señalas múltiples en el contexto latinoamericano. El caso de Salta, Argentina. Revista Latina de Comunicación Social, 4. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/z8/
r4abiovino.html