Para el catedrático en Historia de las Religiones de la Universidad de La Laguna Francisco Díez de Velasco, el panorama futuro de las creencias en el Mediterráneo conjugará posturas muy diferentes e incluso contrapuestas. La orilla norte tenderá a una «transparencia» pública del culto, es decir, a restringir las prácticas religiosas al ámbito privado. En la vertiente sur, los problemas de adaptación a la modernidad fomentarán el auge del fundamentalismo. A ello habrá que sumar el factor de la inmigración, que ayudará a generar ámbitos enlos que convivirán varias religiones a la vez.
El ponente expuso este dictamen durante su intervención de ayer, martes 26 de octubre, en el ciclo de conferencias dedicado al Mediterráneo, que se celebra en el Instituto de Enseñanza Secundaria La Laboral hasta el 28 del mismo mes, en el que colabora la ULL. Díez de Velasco disertó en su conferencia Presente y futuro de las religiones del Mediterráneo sobre la historia de los diferentes cultos practicados en esa zona geográfica, y apuntó algunas prospecciones sobre el porvenir.
En opinión del conferenciante, para afrontar las religiones en el futuro conviene tener en cuenta ciertas consideraciones. Para empezar, que aunque las religiones pueden «actuar como ingrediente de la agudización de los conflictos» en otros momentos las diferencias originan «riqueza cultural». Por ello, pidió precaución a la hora de tratar el hecho religioso de manera sesgada, y en ese punto criticó la idea de «choque de civilizaciones» entre occidente e Islam defendido por Samuel Huntington: «No hay religión intrínsecamente conflictiva, todas lo son y todas pueden no serlo», dijo al respecto.
Díez de Velasco considera que la religión nunca es causa de un conflicto, sino un pretexto que se adopta para justificar contiendas con fines de otra índole. Así, para el especialista, la revolución de los Ayatolás en Irán escondía bajo un manto de islamismo la restauración de los privilegios para una clase social determinada. Por ello, el experto consideró que el único medio de lograr una convivencia pacífica es convertir el Mediterráneo en un marco multirreligioso, algo que considera posible pues se da en algunos lugares, pero que exige un esfuerzo por considerar de manera igualitaria a las diferentes religiones.
En ese sentido, Díez de Velasco lamentó que no se siguiera la senda enunciada en el Edicto de Milán del año 313, en el que el emperador Constantino pedía explícitamente «que no se niegue a nadie la libertad de seguir la religión que haya escogido, ya sea la cristiana o cualquier otra». En ese momento se vivió por primera y única vez en el Mediterráneo, que estaba unificado bajo el imperio Romano, un auténtico periodo de libertad religiosa, roto con la oficialización del cristianismo cuando Teodosio llegó al poder en 380.
Paradójicamente, Díez de Velasco fue crítico con las iniciativas de diálogos interreligiosos, como el reciente Parlamento de las Religiones del Mundo celebrado en Barcelona. Consideró que se trata de iniciativas bienintencionadas pero de influencia muy corta y que no implican un diálogo real entre ideas, sólo entre personas. Además, se trata de foros en los que se niega el hecho de que hay personas que no profesan culto alguno, cuya opinión se deja totalmente de lado.

