Cualquier desarrollo tecnológico plantea conflictos éticos y morales, pero la solución no puede ser prohibir o entorpecer los avances científicos. Para el bioquímico Néstor Torres, que ayer martes 11 de mayo participó en el ciclo de la Universidad de La Laguna La ciencia ante el público, «la investigación biomédica debe correr paralela a la ética, jurídica o social».
El profesor ofreció en Santa Cruz de Tenerife una charla sobre la clonación humana, organizada por el Aula Cultural de Divulgación de la Ciencia de la universidad, en la que explicó los pros y los contras de la transferencia nuclear, al tiempo que distinguió entre la clonación con fines terapéuticos y la humana.
Torres comenzó su intervención explicando el propio concepto de clon, palabra que procede del griego y cuyo significado es esqueje. Se trata de un grupo de organismos con igual constitución genética, que procede de un individuo mediante multiplicación asexual, siendo a su vez idénticos a él. Dos clones, aunque compartan el mismo genoma, prosiguió el investigador, no tienen por qué ser idénticos ni física ni psíquicamente: la influencia ambiental y cultural determinan en gran medida su evolución.
En cuanto a la transferencia nuclear, Torres recalcó que se trata de la técnica por la que se produce la sustitución del núcleo celular de un óvulo por el núcleo de una célula con una dotación cromosómica completa de otro individuo. De esta manera fue como se logró clonar en 1997 a la oveja Dolly, relató el ponente, quien también añadió que se necesitaron 277 intentos para lograrlo, «lo que resulta un rendimiento muy bajo». El bioquímico aclaró que aunque las técnicas han mejorado estos años, la incompleta reprogramación del óvulo sigue siendo el principal inconveniente a la hora de clonar mamíferos superiores.Sobre la clonación terapéutica, el docente de la Universidad de La Laguna añadió que las células madre, con capacidad de reproducirse indefinidamente y diferenciarse hacia cualquier tipo de células especializadas, permiten la reparación de tejidos, evitando las reacciones de rechazo que produce el cuerpo humano cuando le implantan organismos de otros individuos. Otras aplicaciones de este tipo de clonación, que él calificó como la «nueva medicina», permitiría la investigación sobre el desarrollo y control genético, la fabricación de nuevos medicamentos o la mejora de las pruebas de toxicidad.
La clonación reproductiva, por su parte, destinada al nacimiento de seres idénticos completos, no es todavía una realidad, aunque la investigación avanza tan rápido que su consecución no tardará en llegar, afirmó el profesor, quien ofreció razones a favor y en contra de ella.
En general, dijo, la investigación básica, en relación con los tratamientos genéticos y de fertilización in vitro, se vería muy favorecida por la investigación en células madre, así como los tratamientos contra la infertilidad, la producción de proteínas de uso terapéutico, o el suministro de órganos y tejidos. En el otro lado de la balanza se situarían los riegos asociados a la clonación reproductiva: se trata todavía de una técnica imperfecta, de la que se desconocen posibles efectos secundarios sobre los individuos. Además, reduciría considerablemente la biodiversidad biológica, y podría dar pie a un mercado del genoma. «La solución no puede ser en ningún caso prohibir la investigación, sino conocer las consecuencias de lo que se investiga, aceptando y limitando sus riesgos», afirmó Néstor Torres.

