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Un experto apuesta por investigar la inmigración para evitar conductas xenófobas e irracionales

jueves 02 de diciembre de 2004 - 00:00 GMT+0000

El catedrático mexicano en sociología Enrique Bustamante considera que investigar la inmigración con rigor científico ayuda a evitar que se extienda «el virus de la xenofobia, que conduce a comportamientos irracionales». Según sus trabajos, los fenómenos migratorios son instrumentalizados de manera interesada por políticos y autoridades. Citó como ejemplo que hace una década, en Estados Unidos, se utilizó la inmigración del sur como «chivo expiatorio» de la crisis económica cuyo origen se demostró que era la gestión de las autoridades locales, no los foráneos llegados ilegalmente.

Bustamante participó en la jornada técnica que organizó por cuarto año consecutivo el Observatorio de la Inmigración de Tenerife (Obiten), y que se celebró durante todo el día 2 de diciembre en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna. El ponente explicó un método de investigación que empleó a mediados de los años 80 para analizar cualitativa y cuantitativamente los movimientos de inmigración ilegal que cruzaban la frontera de México para llegar a Estados Unidos.

El sociólogo explicó que en EE.UU. existe una contradicción en la manera de entender la inmigración mexicana: se la considera un peligro y se criminaliza, hasta el punto de que estados como Arizona o California han planteado leyes claramente racistas que obligan a todos los trabajadores públicos a denunciar a todo aquel que a primera vista parezca un emigrante sin papeles. Pero por otro lado, está demostrado que esos trabajadores ilegales son una fuerza de trabajo fundamental para la economía de algunos estados.

En ese sentido, Bustamante ofreció cifras claras: un tercio de la producción agrícola estadounidense se produce en California. En dicho estado, el 90% de los trabajadores dedicados al sector proceden de México, de los cuales dos tercios están en el país ilegalmente. El catedrático se permitió especular que, sin esa fuerza de trabajo «ilegal», la economía californiana y, por extensión estadounidense, sufriría un serio revés.

Parte de la investigación realizada consistió en controlar fotográficamente, durante varios años, un transitado paso fronterizo ubicado en la región de San Ysidro. Se tomaban tres fotografías del mismo lugar, dos horas antes del ocaso, una hora antes y justo en el momento de caer el sol. Esto permitía calcular la masa humana que cruzaba la frontera y su movimiento. Se tomaba como referencia el momento de la caída solar porque se sabe que quienes efectúan el paso por la frontera se mueven de noche. Las fotos, convenientemente procesadas, permitían sacar datos numéricos objetivos susceptibles de ser tratados por ordenador. De este modo, se observó que el mayor movimiento de personas se producía en verano, especialmente durante los fines de semanas.

También se constató la especial relación creada entre los emigrantes sin papeles y la policía fronteriza que se supone que debe impedir su entrada. Varias fotografías mostraban amigables reuniones de las fuerzas de seguridad con los mexicanos, y en alguna destacaba un policía ataviado como Papá Noel haciendo regalos a los niños que cruzaban la frontera. Bustamante no dudó en calificar, pues, la policía como «un foco de atracción de lainmigración», algo sin duda «contradictorio». Interpretó esa situación como un ejemplo de que las autoridades son conscientes de que, en el fondo, necesitan de esa fuerza laboral, por lo que con esas acciones cordiales querían emitir un mensaje claro: «Os tenemos que detener, pero no es nada personal».

Esta investigación también sirvió para demostrar que parte de los problemas de los emigrantes están en el propio México, a causa de la extorsión policial. Bustamante señaló que gracias a esa investigación se creó un cuerpo policial llamado Grupo Beta, encargado de proteger los derechos de esas personas, el cual ha logrado que el índice de extorsión baje. El ponente señaló que la presión de la policía mexicana se ejerce, particularmente, sobre los emigrantes de las provincias sureñas, cuyos rasgos físicos son más indígenas. Ello es un indicador, según el experto, del racismo de México, problema interno que pocos se atreven a reconocer.


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