Los niños expuestos en el útero de la madre a antidepresivos denominados inhibidores selectivos de la captación de serotonina (ISRS) pueden nacer con síndrome de abstinencia, según sugiere un estudio publicado en el número de esta semana del prestigioso semanario médico inglés The Lancet. Sus autores, entre los que se encuentra Emilio Sanz, del departamento de Medicina Física y Farmacología, y Carlos de las Cuevas, de Medicina Interna, Dermatología y Psiquiatría, ambos de la Universidad de La Laguna, concluyen que los médicos deberían evitar la prescripción de estos fármacos a embarazadas con desórdenes psiquiátricos, o al menos hacerlo con cautela.
Los ISRS fueron introducidos en 1988 y se han convertido en el tratamiento de referencia para la depresión y un amplio espectro de desórdenes de comportamiento. Con este trabajo se confirma la posibilidad de que se presente un síndrome de abstinencia a los ISRS en los recién nacidos, caracterizado por convulsiones, irritabilidad, llanto anormal y temblores.
Emilio Sanz y su equipo revisaron la base de datos sobre reacciones adversas a fármacos de la Organización Mundial de la Salud para casos de convulsiones y síndrome de abstinencia en recién nacidos por el uso de ISRS. La base de datos contiene información de 72 países y mantiene más de tres millones de informes que datan desde 1968. En este sistema internacional también participa España, con el Sistema Español de Farmacovigilancia, que dispone en Canarias de un Centro Regional de Farmacovigilancia, dependiente de la Consejería de Sanidad.
Los investigadores descubrieron que hasta noviembre de 2003 se habían comunicado un total de 93 casos de uso de ISRS asociado tanto a convulsiones como a síndrome de abstinencia en recién nacidos, lo cual sugería una posible relación causal. De ellos, 64 estaban asociados al uso de paroxetina, 14 a fluoxetina, 9 con sertralina y siete con citalopram.
El profesor Sanz concluye: «Dentro de los límites de los informes espontáneos de reacciones adversas a estos medicamentos, los resultados sugieren que los síntomas de abstinencia podrían resultar un problema mayor en la paroxetina que en otros fármacos. La paroxetina no debería utilizarse durante el embarazo, y si lo es, tendría que administrarse la menor dosis efectiva. Con los otros ISRS, especialmente el citalopram y la venlafaxina, el uso debería ser cuidadosamente monitorizado e informarse puntualmente de nuevos casos a los sistemas de farmacovigilancia».
En el comentario que acompaña el trabajo, Vladislav Ruchkin y Andrés Martín (de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale) señalan lo imprudente que resultaría asumir que el síndrome de abstinencia neonatal está asociado únicamente al uso de la paroxetina.
Ruchkin comenta: «Queda por demostrar si lo que Sanz y su equipo señalan refleja un problema menor de un antidepresivo en particular, o supone una evidencia adicional de un grupo de problemas serios en el uso de ISRS entre los jóvenes. Desde un punto de vista pesimista, estos informes podrían anunciar el principio del fin de la incontestada hegemonía de los ISRS durante la pasada década. Por ahora, y antes de que otros repliquen o refuten estos hallazgos, deberíamos hacer un mejor uso de intervenciones no farmacológicas basadas en la experiencia, cuestionar y quizás recalibrar nuestros umbrales prescriptivos, especialmente durante el embarazo, lactancia y niñez temprana, y esperar que la próxima ola de nuevos compuestos revolucionarios esté a la vuelta de la esquina».
(Nota cedida por el semanario The Lancet)
