Skip to main content

Morris: «Los escritores canarios extendieron las fronteras del surrealismo y enriquecieron la historia cultural de Canarias»

martes 20 de junio de 2006 - 00:00 GMT+0000

La jornada de apertura del congreso Surrealismo Siglo 21, que organiza el Gobierno de Canarias, a través de la Viceconsejería de Cultura, y la Universidad de La Laguna, estuvo protagonizada por las exposiciones de Cyril Brian Morris (C.B. Morris), que habló sobre la inscripción de los artistas canarios en el movimiento; Isabel Castells, que analizó el poema narrativo de óscar Domínguez Los dos que se cruzan,; y Sarane Alexandrian, quien rescató la tarea de los artistas como Breton, Desnos y Duchamp en favor del erotismo como actitud vital y ejercicio de la libertad individual.

Alexandrian tituló su ponencia «El erotismo en el surrealismo» («L’ érotisme dans le surréalisme») y puntualizó que el amor glorificado por el surrealismo «tiene su origen en el amor físico -con sus actos de posesión, su multiplicidad de placeres, sus desviaciones y dificultades-, más que en el sentimental e idealista, que no tiene en cuenta la realidad de los cuerpos».

El ensayista, novelista y crítico de arte francés recordó el impacto que su viaje a las Islas tuvo en la obra de André Breton, que tras visitar La Orotava, donde sintió que había asisitido «a una visión del paraíso en la Tierra», dijo: «No dejaré nunca de adorar el amor carnal, su sombra venenosa, su sombra mortal».

El surrealismo ubica al erotismo en primer plano y lo vuelve «un principio fundamental de su nueva moral de la libertad» y mostrará que no es igual al amor ni a la sexualidad, sino «al punto en común que los une, el que vuelve necesario uno de otro», según Alexandrian, que recordó a Robert Desnos, un poeta que se valía de la «obscenidad, definida como todo aquello que contradijera las costumbres y prejuicios acerca del amor y el pudor». Asimismo, señaló a Marcel Duchamp como inaugurador de un principio «que será una constante en el surrealismo, el de la libertad total de la mujer, que se revela contra los prejuicios en su contra».

El intelectual francés, para quien hablar hoy de este movimiento «es hablar de una realidad aún viva», terminó su exposición con el deseo de que «las visiones que el surrealismo aportó sobre el erotismo hayan servido para probar que la defensa de las libertades privadas es igual de importante que la de las libertades públicas».

En la jornada inaugural, celebrada esta tarde en el Aulario de Guajara de la Universidad de La Laguna -como todo el congreso, con excepción del sábado y domingo próximos-, CB Morris se centró en la manera en que los autores canarios se inscribieron en la urdimbre del surrealismo con voz propia, y hasta hablaron de «sobrerrealidad» y «superrealidad» antes de acuñar la palabra definitiva que bautizó la obra de estos creadores.

«Los escritores canarios extendieron las fronteras del surrealismo y enriquecieron no sólo al movimiento sino también a la historia cultural de las Islas Canarias», según Morris, para quien en las Islas hubo escritores que «admiraban y absorbían el ejemplo visual, textual y doctrinal» como devotos «y no como acólitos», como innovadores «y no como imitadores».

La obra de los isleños es fruto de «no abdicar de su propia voz», sostuvo este especialista estadounidense en vanguardias y literatura española, «prueba tanto de su originalidad como de homenaje a los autores y artistas que la fecundaron». Con su contribución, «se extendieron las fronteras del movimiento», algo que enriqueció también «la propia historia cultural de las Islas Canarias». Los escritores que constituían el grupo de Gaceta de Arte «contribuyeron al auge internacional del movimiento, creando un eje que conectaba París, Praga y Santa Cruz de Tenerife», concluyó.

La tercera de las ponencias fue la expuesta por Isabel Castells, que trató a óscar Domínguez como poeta, en su intervención «Los dos que se cruzan. óscar Domínguez y la escritura», en la que tomó el título de la obra en que «el Drago de Canarias» se asomó a la aventura de escribir. Domínguez como «ligazón, alianza y espiritual simbiosis», un puente que «situó a Canarias dentro del mapa surrealista», algo así como el «embajador del surrealismo» en un Archipiélago que «ya mostraba una especial sensibilidad hacia el movimiento presidido por Breton», según Castells.

El pintor canario escribió «Los dos que se cruzan», un poema narrativo, cuando la influencia bretoniana ya se había desvanecido y el lagunero «había sustituido al grupo parisino por la influencia de Pablo Picasso». A pesar de ello, Castells sostuvo que el texto puede inscribirse aún entre los de signo surrealista, ya que «está presidido por el espíritu subversivo y los principios que caracterizaron a un movimiento que aún no había abandonado, al menos en la práctica creativa, de un modo radical».

Domínguez, sostuvo Castells, eligió el título como consecuencia de ser parte de un motivo recurrente en su pintura: «El de los dos personajes que se cruzan, simbolizando la contradicción permanente de su personalidad (alegría-melancolía, ternura-agresividad) y se encuentra, por ejemplo, en cuadros como «Deseo de verano» y «El domingo «.

Castells, que basó su conferencia en un análisis del poema en clave surrealista y prefirió mantener al margen la posible conexión del texto con la propia vida de Domínguez, encuentra a «Los dos que se cruzan» como una obra «aparentemente caótica e inconexo», pero que por debajo subyace «una estructura bastante reconocible, aunque está muy lejos de adecuarse a las convenciones de un relato tradicional».

(Nota cedida)


Archivado en: Cultura, ULL