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Un estudio de la ULL descubre diferencias en los síntomas de salud mental de hombres y mujeres de Canarias

jueves 30 de marzo de 2006 - 00:00 GMT+0000

La investigadora del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de La Laguna Pilar Matud acaba de publicar en la Revista Mexicana de Psicología un estudio que expone que los hombres y mujeres de Canarias experimentan diferentes síntomas de afecciones de salud mental. El artículo presenta los datos recogidos a través de dos proyectos de investigación, uno subvencionado por el Instituto Canario de la Mujer y otro por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

Un grupo de psicólogos y estudiantes de Psicología pasaron a 2.179 mujeres y 1.499 hombres de la población general residente en Canarias el cuestionario de Salud General de Goldberg, que mide la sintomatología más frecuente de salud mental. La muestra de personas comprendía edades entre los 18 y los 65 años, de diverso grado de estudios, profesión, estado civil y número de hijos.

Las mujeres eran muy distintas entre sí, y se daban tanto las que mostraban muchos síntomas de afección mental como las que no poseían ninguno. Sin embargo, al compararlas con los hombres el estudio observó que las mujeres tenían más síntomas somáticos (dolores de cabeza, cansancio, agotamiento), de ansiedad e insomnio (estar nerviosa, agobiada, en tensión, no poder dormir…) y de depresión (creer que la vida no vale la pena, pensar en suicidarse, no ver futuro) que la muestra masculina.

Las diferencias no sólo se dieron en la cantidad de síntomas por sexo, sino también según la formación académica, la profesión, el estado civil y la descendencia. Tanto las mujeres como los hombres con mayor nivel de estudios tenían mejor salud mental que sus congéneres con menos estudios.

Asimismo, las mujeres con profesiones de mayor nivel tenían mejor salud mental que las que carecían de empleo o era poco cualificado, y los hombres con empleos de menor cualificación tenían más depresión que los que tenían empleos más cualificados.

La influencia del estado civil y del número de hijos en la salud mental era diferente para mujeres y hombres. Las mujeres con mejor salud mental eran las que tenían menos hijos, mientras que los hombres con menor sintomatología depresiva eran los que estaban casados y los que tenían hijos.

El estudio observa que la salud mental de la mujer aumenta a medida que mejoran sus condiciones sociales. Pero en general, la sintomatología en las féminas tiende a ser mayor que los hombres, aunque las mujeres de mayor nivel laboral y educativo tienen puntuaciones en sintomatología depresiva iguales, e incluso inferiores, que las de los hombres de nivel educativo medio o bajo, o los de empleo de tipo manual.

El tipo de estudio realizado no permite establecer relaciones causales, pero sí apuntar que las variables sociales tienen cierta relevancia en las diferencias de género en el caso de la depresión, ya que, aunque la situación de algunas mujeres ha mejorado en los últimos años, siguen persistiendo las discriminaciones de género: persisten las diferencias en poder, remuneración, dedicación a las tareas del hogar y autonomía. Quizá ello explique, según Matud, que las mujeres con más hijos tengan más sintomatología, ya que su situación supone una mayor fuente de demandas.

La investigadora reconoce que el trabajo presenta una serie de limitaciones, tales como la naturaleza transversal del estudio y que el muestreo no es aleatorio. Pero añade que el tamaño de la muestra y la coherencia de los resultados con los obtenidos por otros autores indican la relevancia de las variables sociales y educativas, y sugieren que son factores a tener en cuenta en las diferencias de género en salud mental.

Los resultados de este estudio pueden ser útiles en el diseño de políticas y programas de intervención para la promoción de la salud, ya que señalan que la formación de la población es una variable importante en su bienestar, factor que parece ser más relevante en el caso de las mujeres. En el caso de ellas, la investigadora considera que se debería de fomentar no solo su formación, sino también su actividad laboral en empleos de calidad, aspecto que parece ser clave para superar la desigualdad entre sexos y los problemas de salud mental que de ella parecen derivarse.


Archivado en: Investigación, ULL