El hasta hace un año ministro de Defensa, José Bono, impartió ayer lunes 16 de julio la conferencia inaugural de la Universidad de Verano de Adeje, cuya disertación estuvo centrada en la nación española. Firme defensor de los valores de este país, abogó por un concepto de nación medianamente flexible y adaptado a la situación actual, al tiempo que criticó muy duramente a los partidos nacionalistas por querer arrogarse derechos particulares o privados que son de toda la sociedad, por los que los tildó de enormemente insolidarios.
No comparto la idea de que la nación es algo inmutable y eterno, de hecho, la propia Universidad de La Laguna es más antigua en años que el concepto de nación en sí mismo. Todas las naciones han tenido un principio y posiblemente pueden tener un final. Definió la nación como una comunidad de sentimientos, aunque matizó que en España nos hemos empeñado en el último siglo en que lo que nos una sean los malos sentimientos.
Pertenezco a una generación que tuvo que ir simpatizando poco a poco con la idea de España, porque en la época del franquismo pertenecíamos a la anti-españa, explicó. El conferenciante se preguntó qué es la patria y dónde reside ésta. Parafraseó a Séneca diciendo que donde estás bien es donde se encuentra la patria, y, añadió, que para él la patria es el lugar donde se generaliza la igualdad de los derechos. Algunos nacionalistas intentan privatizar el Estado, establecer leyes privadas por el solo hecho de ser de un sitio.
Lo contrario de la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad. El discurso nacionalista radical que predica la identidad desigual no resiste siquiera una lectura atenta: cojan ustedes el listado telefónico de Santa Cruz de Tenerife y verán que los gonzález y los pérez están por todos lados.
Para el que ha sido hasta seis veces presidente de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, ya casi nadie se atreve a predicar la pureza de la raza, pero todavía son muchos los que están en contra del mestizaje, dijo. El ex ministro de Defensa añadió que la riqueza humana está en la semejanza: es muy poco lo que nos diferencia a los seres humanos y resulta gravísimo que entremos en problemas de identidades para justificar el ser acreedor de unos derechos.
Las identidades ni son naturales, ni fatales, ni eternas, y, de hecho, algo tan consustancial a la persona como la identidad sexual ya no puede si quiera ser visto como algo inmutable, como lo era hace cincuenta años, comentó el político socialista, para luego añadir que no encuentra nada más reaccionario y carlistón que el grito de la separación para defender una ley privada frente a una general, que es la Constitución.
Un mundo sin España?
José Bono se preguntó a sí mismo si era posible imaginar un mundo sin España. «Se imaginan un mundo sin el castellano, sin Velázquez, sin Picasso o sin Ignacio de Loyola?» Estas preguntas retóricas le sirvieron para asegurar que la mayor riqueza de un territorio no puede basarse sólo en su identidad. El que paga más impuestos no puede exigir más derechos; eso no es moderno ni progresista, es insolidario. No ha nacido el ser humano que valga más que otro, tenga Constitución o no la tenga.
Una fórmula progresista que defendió en su intervención es la de más España, porque eso implica más solidaridad y menos cuentas, que algunos nacionalistas no paran de hacer para compararse con los de al lado. El ex ministro cerró su intervención recordando el no muy conocido artículo 30 de la Constitución Española: el derecho y el deber de defender España, y no pienso pedir permiso a nadie para seguir haciéndolo, concluyó.

