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Muguerza visita la Universidad de La Laguna para hablar de los usos de la verdad y la razón práctica

viernes 05 de octubre de 2012 - 11:56 GMT+0000

El filósofo Javier Muguerza volvió ayer 4 de octubre a la Universidad de La Laguna. Y lo ha hecho de manos de la cátedra cultural que lleva su nombre y que fue inaugurada por la institución académica hace escasos meses, con el objetivo de ofrecer a la comunidad universitaria y al público en general un espacio de reflexión y debate público sobre los principales problemas que son  hoy de interés social y cultural. Ver vídeo

El catedrático emérito de Filosofía Moral de la UNED y Doctor Honoris Causa por la ULL, disertó acerca de “Verdad y razón práctica”, en una conferencia en la que abordó los “estragos que produce el equívoco” de tratar los asuntos prácticos de la vida cotidiana desde una idea absoluta de verdad, actitud a la que llamó “cognitivismo ético”. Así, dijo, el uso que se le da a los argumentos normativos y valorativos debe hacerse desde la tolerancia del otro y desde la justicia, sin exclusiones y respetando los derechos humanos.

El pensador recordó que la razón teórica, la razón científica, tal y como la concibió Kant, opera haciendo juicios de hecho sobre la realidad, a la que se puede enjuiciar en términos de verdad o falsedad. Sin embargo, la razón práctica acostumbra a operar con juicios de valor, que no son juicios referidos a lo que “es” en realidad, sino a lo que “debiera ser o no ser”. Resulta un gran equívoco, a juicio del ponente, extender a estos juicios la doble virtualidad de ser verdaderos o falsos, pues esto implicaría considerar casi siempre como correctas las opiniones propias y equivocadas todas las demás que no coincidan con las propias, tal y como suele suceder con el fundamentalismo religioso, que es intolerante, añadió.

En este punto, sostuvo Muguerza, hay que ser críticos con lo que Habermas llama “cognitivismo ético”, una corriente dentro de la filosofía moral que defiende el carácter veritativo (verdadero o falso) de las razones prácticas que esgrimimos, como criterio de validez. En su opinión, sus defensores “no han contribuido demasiado a limitar los estragos producidos en los discursos cotidianos al confundir los juicios de hecho con los de valor”.

Por eso rechazó el uso en régimen de monopolio que algunas religiones realizan acerca de la verdad, por ejemplo, y abogó por un marco de tolerancia a la hora de acercarnos a realidades culturales diferentes de la nuestra. “Las religiones deben pasar por la ética autonomista y la ética universalista”, comentó.

“Para los ciudadanos serán razones públicas aquellas que son buenas para la mayoría”, a diferencia de determinadas concepciones del bien que grupos reducidos de personas tratan de imponer. ¿Cómo hacer compatibles entonces las razones públicas y las no públicas, las personales?, se preguntó el profesor de filosofía moral. “Asegurar la primacía de razones públicas sobre las no públicas exige alcanzar un consenso acerca de una concepción política y compartida de lo justo”.

Derechos humanos y activismo

El filósofo también dedicó parte de su intervención a los derechos humanos, y afirmó que toda vez que fueron reconocidos por las Naciones Unidas y otros organismos internacionales cobraron una nueva dimensión. Con todo, “lo decisivo no es tanto el consenso sobre los derechos humanos, como el disenso sobre la injusticia”, afirmó el conferenciante, para quien la implantación de estos derechos hubiese sido menos enconada si se hubiera dado en un entorno de tolerancia.

Los derechos humanos no son derechos en rigor hasta haber cobrado positividad en las leyes promulgadas. “Ningún derecho fundamental nació del cielo sin que hubiera muchas luchas previas por la conquista de ese derecho. Esa lucha por los derechos es una lucha por la justicia, movida por una exigencia moral”.

Recordó que al escritor Eduardo Galeano le preguntaron para qué sirve la justicia. Respondió que la justicia es utópica, y que por tanto servía como horizonte para facilitarnos el caminar hacia delante. A colación de esta cita, Muguerza añadió que la mera legalidad de los derechos humanos no significaría nada sin sujetos morales que exijan su aplicación, es decir, sin individuos que luchen por conseguirlos, por preservarlos y por ampliarlos.

En cuanto a si hay o no progreso moral en la historia de la humanidad, interrogación que muchos se hacen en tiempos de crisis como los actuales, el Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Laguna planteó que era una pregunta pertinente y se preguntó si realmente podemos hablar de un avance real. “La existencia misma de la moral entraña la percepción de la libertad humana”. Así como ha habido un indudable progreso técnico y científico, parece que también lo ha habido en la moral, aunque no con igual intensidad. Pero el progreso moral, agregó Muguerza, “no es en cualquier caso un progreso irreversible, porque siempre puede haber retrocesos en la historia humana, como estamos comprobando. Nuestros progresos o retrocesos dependen de nuestra moralidad y de nuestras acciones, emanadas de nuestra irreductible libertad”.

Con todo, Javier Muguerza sí sostuvo que las personas, los sujetos morales, somos más libres hoy para obrar bien o mal. “Kant hablaba de un progreso indefinido hacia lo mejor, pero eso no quiere decir que el futuro no sea incierto”. El profesor emérito defendió, pues, la tolerancia del pluralismo moral: “La verdad, lejos de hacernos libres, puede también esclavizarnos cuando la usamos mal, convirtiéndose en una rémora para el sano ejercicio de nuestra razón práctica”. Y, como dijo el pensador alemán Bloch, el profesor Javier Muguerza se despidió  con un “¡Viva la razón práctica!”.


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