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Quintanilla defiende en la ULL un modelo más humanizado de avance tecnológico

jueves 11 de abril de 2013 - 15:41 UTC

El catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Salamanca, Miguel Ángel Quintanilla, ofreció hoy jueves 11 de abril una conferencia en la Universidad de La Laguna en la que defendió que el avance tecnológico no puede ser automatizado, y que la sociedad debe decidir qué tipo de futuro quiere y a través de qué medios.

El que fuera senador por el PSOE y secretario de estado de Investigación de 2006 a 2009, reveló al comienzo de su intervención que prefiere a todas luces el mundo académico al de la política, “del que siempre se sale con heridas”, dijo, frente al universitario, “donde uno siempre crece del contacto con los alumnos”.

‘Tecnologías entrañables, una alternativa para el desarrollo tecnológico’ fue el lema de la conferencia impartida en la Facultad de Filosofía, abarrotada de alumnos y profesores deseosos de escuchar al conferenciante. Quintanilla recordó que ya Ortega y Gasset señaló el riesgo que entraña la técnica: que el ser humano olvide que se trata de su propio ámbito, y, por tanto, de su responsabilidad ante ella.

El desarrollo de la tecnología no es un proceso autónomo, explicó el ponente. “La tecnología es nuestra empresa, somos sus autores y sus dueños”, defendió, aunque prefiramos pensar alienadamente que la tecnología es una cosa que nos viene dada, bien por el gran capital, bien por la sociedad postindustrial y su complejidad, señaló.

“Nuestra tarea no es comprender la tecnología, sino dirigir hacia dónde queremos que vaya el desarrollo tecnológico, discernir cuál es el mundo que queremos”. Esto enlaza con la idea de que podemos cambiar el mundo si somos capaces de desarrollar otros desafíos tecnológicos, apostilló el docente.

¿Es posible diseñar sistemas tecnológicos con otros criterios diferentes de los actuales?, se cuestionó. Hoy la tecnología evoluciona por el desarrollo de aplicaciones no previsibles del conocimiento, medias comerciales de las empresas y decisiones de los gobiernos, “de tal manera que nadie es responsable directo del tipo de sociedad que estamos creando”. Por tanto, no hay un diseño claro del mundo en el que queremos vivir, porque la tecnología que la define es el resultado de un conjunto de interacciones diversas.

El elemento que falta en este sistema es el público. ¿Cómo puede el ciudadano interactuar en las decisiones de la política científica? Se trata de una cuestión compleja y de difícil solución, señaló el conferenciante, pero que pasa por decisiones políticas que lo propicien, al tiempo que también se requiere un cambio de actitud en los científicos: “Hay que abrir los laboratorios a la calle todos los días”.

Alienación tecnológica

La alienación tecnológica se caracteriza, según Quintanilla, por la opacidad del diseño de las tecnologías, su virtualización y, finalmente, por la simplificación de su evaluación, que se ciñe exclusivamente a su éxito empresarial.

Así, “las tecnologías se hacen culturalmente impenetrables y los usuarios nos convertimos en impotentes tecnológicos”, en el sentido de que podemos hacer muchas cosas con ellas, pero no podemos elegir lo que queremos hacer.

¿Tiene sentido proponer algún desarrollo tecnológico minimizando los aspectos alienantes?, se preguntó. El conferenciante propuso intentarlo, basándose en el concepto denominado por él como “tecnología entrañable”, es decir, una tecnología que sea abierta, polivante (susceptible de usos alternativos), dócil (controlable por el usuario), limitada (de consecuencias previsibles) y reversible (posibilidad de volver al estado inicial del sistema de su entorno).

También destacó otras características del modelo tecnológico que sería deseable, como que sea recuperable (facilidad de mantenimiento y reparación), comprensible, participativa, sostenible y socialmente responsable.

“Para que esto sea posible se requieren nuevos investigadores, nuevos ingenieros, nuevos políticos y nuevos pensadores, y, hoy por hoy, esto sólo se cuece en las facultades de Filosofía y Humanidades de algunas universidades”, concluyó.
 


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