El historiador Antonio Bethencourt Massieu ha fallecido hoy, jueves 30 de marzo en Las Palmas de Gran Canaria a los 97 años de edad. Fue rector de la Universidad de La Laguna entre 1976 y 1980, institución que en 1991 le concedió una de sus más altas distinciones, la Medalla de Oro.
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 16 de noviembre de 1919, fue, entre otros honores, Premio Canarias al Acervo Histórico en 1992; Doctor Honoris Causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Hijo Predilecto de Las Palmas y presidente de la Academia Canaria de la Historia en 2003.
Inició su andadura docente como profesor ayudante en la Universidad Central de Santiago de Compostela (1949-1958); fue profesor adjunto en la Universidad de Valladolid (1958-1967), catedrático de la ULL (1975-1980), catedrático de la UNED en Madrid (1980-1987) y decano de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED (1982-1987). Entre 1975 y 1980 fue rector de la Universidad de La Laguna.
Tras su paso por la ULL, fue catedrático emérito de la UNED desde 1987, y fue director del Seminario de Humanidades Agustín Millares Carlo y del Centro de documentación Pedro Agustín del Castillo, y del Centro Asociado de la UNED de Las Palmas desde 1990. También participó en la creación de la Fundación Española de Historia Moderna.
La labor investigadora de Antonio de Bethencourt Massieu se centró en las relaciones internacionales de España, particularmente con América y el Atlántico, y en la historia económica y social de las Islas Canarias. Fue autor de más de 20 títulos y un centenar de artículos publicados en revistas especializadas, y de capítulos insertos en publicaciones colectivas; y dirigió 59 tesis doctorales.
El rector de la ULL, Antonio Martinón Cejas, lamenta profundamente el fallecimiento del historiador y ex-rector. «Se nos va uno de los grandes historiadores de Canarias del siglo XX por sus publicaciones y por su fructífero trabajo en la dirección del Anuario de Estudios Atlánticos. Como Rector (1976-1980) le tocó vivir una de los períodos más críticos de la situación política y económica del Estado y de Canarias: el final del franquismo y los primeros pasos hacia la incipiente democracia. Como él mismo escribió en la Historia de la Universidad de La Laguna, fue una “transición difícil y compleja”. A pesar de los delicados momentos en los que dirigió los destinos de nuestra Universidad desarrolló una ingente labor a favor de la institución como primera institución académica de Canarias. Perdemos, sin duda, a uno de los más ilustres profesores que ejercieron la docencia, la investigación y la gestión en nuestra institución”.

