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Aires africanos en La Laguna

miércoles 21 de febrero de 2018 - 15:14 UTC

Son Ayrton Pires, Hernán Correia, Wilson Guerreio, Djeniffer Ramos y Coumba Diallo, alumnos caboverdianos y senegaleses que realizan diversos títulos de máster en la Universidad de La Laguna. Algunos eligieron este centro de forma casual y otros vieron en esta universidad una oportunidad para aumentar sus conocimientos en un área específica.

Los tres primeros son estudiantes becados por el programa Canarias África PBCA del Gobierno de Canarias, mientras que ellas están en este centro docente en virtud de las becas de la Fundación Mujeres por África, que promueve el empoderamiento de la mujer en el continente vecino. El Vicerrectorado de Internacionalización, junto con la Consejería de Acción Exterior del Cabildo Insular de Tenerife, se ha encargado de la financiación y la tramitación de estas ayudas, ha formalizado su relación con la ULL y les hace seguimiento para que su estancia en esta universidad sea lo más grata posible. Con todo, en algunas de estas convocatorias han quedado plazas vacantes, ya que La Laguna exige un nivel B1 de inglés para acceder a un título de máster y, en la mayoría de los casos, no lo tienen. “Salvo los alumnos que cursan estudios ingleses, para el resto hacer un curso de ese idioma nos sale muy caro”, explican.

Permanecerán en este centro académico todo el curso para realizar másteres oficiales sobre enfermedades tropicales, planificación del turismo, estudios de género, calidad y seguridad en los alimentos y biomedicina. Se trata de áreas prioritarias en sus países de origen, y adonde todos quieren volver una vez finalizados sus estudios de posgrado.

Ayrton Pires, caboverdiano, se graduó en Gestión Hotelera en Bolivia, donde adquirió muy buen nivel de español, y ahora realiza en La Laguna un máster en Dirección y Planificación del Turismo. “Estuve buscando centros y sabía que esta universidad tenía ya programas de colaboración con Cabo Verde. Es una universidad prestigiada y me encantó la idea de poder continuar mi formación aquí”, afirma.

Hernán Correia contactó con la embajada de España en Cabo Verde, quien le ofreció toda la información sobre posgrados españoles. “Vi que esta universidad ofrecía un máster muy bueno en Calidad y Seguridad de los Alimentos, el mismo título que han cursado otros colegas que ahora tienen un alto puesto en Cabo Verde, y que también estudiaron en esta universidad. Eso me sedujo”. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está abriendo un centro en el archipiélago caboverdiano destinado al control de la calidad del pescado y de otros productos agroalimentarios, por lo que a Hernán se le abre aquí una clara oportunidad de empleo si finaliza su máster.

Wilson Guerreio está cursando el Máster en Enfermedades Tropicales. Ya conocía el instituto universitario de la ULL que lleva el mismo nombre y que lo imparte, y de hecho el año pasado realizó una estancia en ese centro de investigación, a raíz de la celebración de Campus África. Quiere aprovechar el máster para especializarse y trabajar en Cabo Verde con mosquitos.

Djeniffer Ramos, caboverdiana, eligió la Universidad de La Laguna para mejorar su ya más que fluido conocimiento de español. Con un inglés casi perfecto y un francés que es prácticamente su lengua materna, le surgió la oportunidad de realizar esta inmersión lingüística. Estudia el Máster en Estudios de Género y Políticas de Igualdad. “Soy naturalmente una feminista, pero creo además que estos estudios se pueden aplicar a muchos sectores y ámbitos diferentes”.

Coumba Diallo, senegalesa, estuvo buscando másteres en Internet, hasta que dio con las ayudas de la Fundación Mujeres por África, y fue seleccionada. Estudia el posgrado en Biomedicina. “Me gusta mucho, y en el futuro espero ayudar a mi país, y creo que con la investigación también puedo hacerlo”.

Integrados en La Laguna

A la pregunta de qué les gusta de vivir en La Laguna responden entusiasmados que todo, menos el frío, al que no están acostumbrados. Ellos tres viven en un piso en el barrio de La Verdellada, y ellas en el Colegio Mayor San Agustín. Van caminando a todos sitios, por eso la lluvia les molesta tanto.

Les gusta la ciudad y la isla, pero apenas han tenido tiempo de disfrutarlas. “Hasta ahora no hemos hecho otra cosa que estudiar. Tenemos una beca y unos objetivos que cumplir y hemos pasado las Navidades estudiando. Hemos sentido la presión de tener que dar una respuesta positiva, de estar al día y desde el principio no hemos parado. Esperamos que en el segundo cuatrimestre esté la cosa más tranquila, dado que son asignaturas nuevas, que empiezan de cero y las vamos a coger desde el principio”, explican.

La integración con el alumnado canario ha sido excelente, se han sentido muy bien acogidos desde su llegada y, dicen, creen que no pasa lo mismo en otras universidades europeas. “Todos tenemos amigos que estudian en universidades europeas y no tienen un relato muy positivo. Siempre se encuentran con actitudes racistas y la adaptación resulta muy difícil”. Incluso en Portugal, donde se habla la misma lengua, se producen conductas discriminatorias. “No aceptan que haya gente africana con título universitario, al mismo nivel que ellos. Está claro que esto no es general, pero siempre hay gente que te lo pone muy difícil”.

Feminismo africano

Djeniffer Ramos se extiende en el concepto del feminismo africano. “En mi país el movimiento feminista se ve como importado, es algo occidental y no se ve con buenos ojos. Se considera que este ‘occidentalismo’ viene para destruir nuestra cultura, y esto nos ha llevado a un retroceso”.

La estudiante relata que en los años 80 hubo una suerte de auge, con bastantes mujeres que formaron asociaciones pero, como sucede en tantos sitios, se toparon con la doctrina religiosa, “que se usó para justificar que el feminismo no tenga lugar en nuestros países”, explica. El problema es que, en su opinión, la interpretación de los fenómenos sociales está hecha por hombres.

“Evidentemente tengo mucho trabajo que hacer”, añade. “Es verdad que tenemos hasta un ministerio que se encarga de todo lo que tiene que ver con mujer, género y familia, y hasta en mi universidad hay también un organismo que aborda cuestiones de género”, matiza.

Con todo, el feminismo no debería ser una cuestión solo occidental, porque “las mujeres en cualquier parte del mundo debemos ser dueñas de nuestro destino”, explica. A su vez, también añade que no debe ser un hito universal. “Tenemos formas diferentes de ver el  mundo, y por tanto no se debe calcar el modelo occidental, porque no es lo mismo. Por ejemplo, el feminismo de una persona no religiosa no puede ser el mismo que el de una mujer, por ejemplo, musulmana o de cualquier otro credo. Cada cultura tiene una forma de ver la vida de forma específica. La riqueza de este movimiento depende por tanto de que sepamos adaptarlo a cada realidad”.

Una persona feminista es simplemente una persona que cree en la igualdad entre hombres y mujeres, espeta la estudiante, mientras que los chicos le contestan que ellos se ven como seres humanos, no se encuentran cómodos con las etiquetas. “Nacimos con el objetivo de ser feliz, y hay que destacar la importancia del ser humano”.

La incertidumbre de la vuelta

Todos ellos son conscientes de que son alumnos privilegiados, han accedido a un posgrado de una universidad europea y proceden de países donde las tasas de universitarios no son las del mundo occidentalizado. Así y todo, ellos lo ven diferente. “En Cabo Verde hay ahora mucha competitividad académica, ya hay muchas personas con grados universitarios y pocos puestos para trabajar”, explican. “Sí creemos que esta experiencia internacional es un paso adelante que nos diferencia”.

En el caso de Senegal, los universitarios marchan a países con lengua afín, como es Francia, o ya incluso a Estados Unidos, si las condiciones lo permiten. “No hay muchos senegaleses estudiando en universidades españolas”.

Todos creen que algunos países africanos, como los suyos, han dado pasos importantes en educación superior. “Hay muchos jóvenes con ideas innovadoras, pero no hay oportunidades. Por eso cuando terminemos el máster y volvamos a nuestros países de origen nos enfrentarnos a la incertidumbre de si encontraremos trabajo o no. Tendremos que pelear y empezar de nuevo”.

Ellos terminan en junio, salvo la estudiante caboverdiana, a la que le queda otro año más. “Todos nosotros somos africanistas, y amamos nuestros países, pero comprendemos perfectamente a la gente que no quiere volver. Hasta nuestras propias familias se extrañan de que queramos regresar”.

Gabinete de Comunicación


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