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La ginecóloga que rompe barreras

miércoles 19 de diciembre de 2018 - 15:54 UTC

Nieves Luisa González González

Nieves Luisa González González podría presumir de lo que ha conseguido: ser la primera mujer en ocupar una cátedra de Obstetricia y Ginecología en España, algo que ha sido posible, además, en la Universidad de La Laguna (ULL), donde esta profesora e investigadora, experta en medicina materno-filial, ha encontrado todo lo que necesita para trabajar. Sin embargo, no lo hace. Todo lo contrario. A pesar de haber conquistado un terreno acotado a los hombres por el que ya han empezado a transitar las mujeres, González resta importancia a su logro explicando que su objetivo nunca fue la consecución de la cátedra: “Si estás enamorada de tu trabajo acabas entregándote y vas entusiasmándote porque, si haces lo que haces a gusto y trabajando duro, vas avanzando de manera natural”.

Y ese trabajo y entusiasmo permanente lo ha volcado siempre en dos mundos complementarios y paralelos: el de la medicina asistencial en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), ‒donde lleva 38 años‒, y el de la docencia e investigación. Entre ambos mundos ha surgido en los últimos años “un muro que hay que romper”, y para el que reclama una comunicación fluida entre hospitales y universidades. “Las instituciones sanitarias no reconocen el valor del médico con tareas universitarias; es más, realizar las dos tareas se puede ver como algo peyorativo porque creen que ese médico solo investiga y ese tiempo gastado en investigación es un tiempo de la comunidad“.

Sin embargo, no concibe la medicina de esa forma; no ve la diferencia entre la asistencia sanitaria y la investigación. “Hay que hacer la asistencia enseñando lo que sabes y generar la inquietud necesaria para hacerlo mejor”. Por eso, ahora, su misión es animar a los que vienen detrás a investigar, porque la investigación no tiene otro objetivo que proteger y mejorar la salud. Así, lo que se hace redunda en beneficio del paciente, como sucede con el proyecto de investigación en el que está inmersa, becado por el prestigioso Instituto de Salud Carlos III, y que busca aclarar qué posibles efectos negativos puede tener la diabetes sobre los hijos.

Embarazo y diabetes

En la línea de otros proyectos en los que ha trabajado con el mismo equipo de neuropediatras del HUC, estudiará el desarrollo neurológico fetal, tanto en madres diabéticas como en madres que desarrollen diabetes, así como en madres que presenten obesidad durante el embarazo. “Lo que ya hemos podido ver es que hay una correlación directa entre el grado de control metabólico de la madre y la salud de sus hijos. Si la madre tiene un buen control metabólico durante el embarazo, los riesgos se minimizan”.

Lo cierto es que una madre obesa puede tener una hija con mayor riesgo de obesidad, y “la obesidad y la diabetes tipo 2 (el tipo más común) están directamente imbricadas”, comenta Nieves Luisa González, no con el ánimo de alarmar a nadie, sino todo lo contrario, de concienciar. Por eso es tan importante que una mujer con sobrepeso logre normalizar su peso antes de quedarse embarazada, porque el posible efecto no se verá cuando nazca el niño, sino en la vida adulta del individuo. De ahí que, como obstetra y ginecóloga, reclame la instauración de las consultas preconcepcionales, ‒aún no contempladas en el sistema sanitario español‒, que permiten a los ginecólogos evaluar el estado de salud de las mujeres antes de quedarse embarazadas.

Se trata de la mejor forma de reducir los posibles factores de riesgo, si los hubiera, algo que está en consonancia con las líneas de investigación que se desarrollan actualmente, amparadas bajo el nombre de programación fetal de la salud del adulto: durante el embarazo se pueden producir cambios epigenéticos, es decir, aquellos que alteran la genética, y que “se expresan generando patologías cuando el individuo es adulto”.

Una de esas patologías es la obesidad. Y Canarias es una de las comunidades autónomas donde se registra uno de los mayores índices de obesidad infantil de España. Por este motivo es tan importante este proyecto, en el que trabaja un equipo multidisciplinar compuesto por neuropediatras, genetistas y matemáticos, encargados de valorar el desarrollo neurológico durante los dos primeros años de vida de los bebés. “Es algo sumamente difícil, ya que hasta el primer año de vida no se acaba de formar el cerebro. Es un auténtico privilegio poder trabajar con estos equipos humanos y técnicos con los que contamos en el HUC, la Universidad de La Laguna y el Instituto Tecnológico de Tenerife (ITER)”.

Abriendo caminos

Que su padre, a pesar de haber estudiado también en la universidad, no quisiera que entrase en medicina porque era una carrera “muy dura”, no fue un freno para su vocación. Esa oposición inicial se convirtió en un apoyo absoluto e incondicional que la llevó a convertirse en la primera mujer que entró con plaza de MIR (Médico Interno Residente) en el HUC, donde se sintió bien acogida, y no una rara avis, cuando todavía la cirugía ginecológica estaba reservada exclusivamente a los hombres. “Sí que me ha tocado ir rompiendo barreras. Después de que yo entré, la segunda que lo hizo fue también una mujer, y actualmente todos los residentes que tenemos son mujeres”.

Afortunadamente, el panorama hoy en día es bien distinto y ha cambiado mucho desde la década de los ochenta, cuando Nieves Luisa González estudiaba medicina. “Ahora la especialidad empieza a estar desequilibrada. De todos los médicos que hay en formación y en plantilla en el Departamento de Obstetricia y Ginecología del HUC, la gran mayoría son mujeres”. Algo que corroboran las cifras actuales: la presencia femenina en las carreras de ciencias vinculadas a la salud, como medicina, biología y farmacia, es mayor y llega a superar el 50%.

A pesar de la escasísima presencia de colegas mujeres en sus inicios, siempre se ha sentido bien acogida, no solo en su ingreso en el HUC, sino durante los años en que era la única mujer ginecóloga que asistía a las reuniones convocadas en Madrid por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia de España. Y lo hizo como presidenta y vicepresidenta de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Canarias, puestos que ocupó durante ocho años, que ahora (la presidencia) vuelven a estar ocupados por mujeres.

En ese camino, en el que ha tenido que saltar obstáculos en numerosas ocasiones, se encontró con el apoyo de alguien fundamental en su vida, junto con su familia. Su jefe, gran maestro e “impulsor de la ginecología en Tenerife”, el doctor, profesor e investigador Javier Parache Hernández, su referente y el responsable de que decidiera ser lo que es hoy: “Si yo soy ginecóloga es por él, y no solo yo, sino la mayoría de los ginecólogos que ejercen actualmente en Canarias, y que fueron también alumnos suyos”.

Su figura como profesor fue importantísima. “Era capaz de conseguir que te enamoraras de la asignatura”. Este “maestro cinco estrellas lujo” sabía cómo “dejar crecer a sus alumnos”, y con ella lo hizo apoyándola y animándola en todo momento a publicar sus trabajos fuera, primero en Alemania, donde él se había formado, y después en las principales revistas europeas y americanas de la especialidad, en las que prácticamente nadie de la ULL publicaba entonces.

Una jornada normal

Su labor investigadora la ha desarrollado en sus ratos libres, quitándole tiempo a su familia, a sus hijos, que tocaban a la puerta de pequeños pidiéndole permiso para entrar, conscientes de que mamá estaba ocupada. “La jornada de trabajo no da para más”. Las mañanas de los médicos que tienen tareas asistenciales comienzan con el cambio de guardia, que contempla una parte docente en la que intervienen los alumnos de prácticas. Después se inicia la asistencia a los pacientes y se continúa con las clases, que se imparten al final de la mañana.

“Mientras se hace la asistencia siempre tenemos alumnos que se están formando, un número limitado, porque también contamos con los médicos residentes”. Y a todo ello hay que sumar las guardias de 24 horas, cuando corresponde hacerlas. Solo tras culminar una jornada así es cuando se puede considerar la idea de hacer un trabajo de investigación, o no. “Esa es nuestra realidad, un poco complicada, pero es así”, explica.

Otra de las realidades que no quiere dejar pasar, y gracias a la cual ha podido avanzar la mujer, ha sido “el control de la natalidad; la aparición de la píldora, a la que muchas veces no se le da importancia. Mientras la mujer no pudo decidir cuántos hijos quería tener y cuándo los quería tener, no se pudo liberar. ¿Cómo se iba a dedicar la mujer a ser catedrática de esa manera? Ahora, sin embargo, no se sabe “cómo seguiremos porque hay una contradicción social: queremos cuidar mucho a la mujer y a su hijo durante su reproducción, pero cuanto más alto es el nivel cultural de la mujer, más retrasa la maternidad, y esto supone incrementar los riesgos del embarazo para ella y para su hijo”.

Líneas de investigación

Como obstetra, González no pierde de vista que su obligación es que la madre llegue en el mejor momento de salud al embarazo. Aunque “se ha avanzado muchísimo” en este sentido, se siguen haciendo “grandes esfuerzos” durante el primer trimestre por “despistar” los tres grandes riesgos del embarazo: la prematuridad, la hipertensión y la diabetes. “Hay muchas líneas de investigación abiertas en este sentido, así como en el desarrollo de medidas que, una vez identificados los factores de riesgo, te permitan actuar previniendo las complicaciones”.

Esos avances no serían posibles sin la investigación, y en medicina perinatal Europa es “puntera”, apunta. “La investigación perinatal está tan avanzada aquí como en EEUU. Un centro pionero es el King´s College de Londres, donde tuve la oportunidad de estar y con el que seguimos colaborando”. En España, sus grandes referentes son el cirujano fetal Eduard Gratacós, del Hospital Clínic de Barcelona, José Luis Bartha, del Hospital Universitario La Paz, y Alberto Galindo, del hospital madrileño 12 de Octubre. Junto a ellos, hay otros muchos especialistas pertenecientes a equipos de investigación nacionales con los que ha tenido la “suerte” de trabajar. “Los perinatólogos españoles tenemos una conexión muy grande. Nos conocemos todos y tenemos amistad”.

Y es que los obstetras comparten algo muy especial: asisten a las madres y a sus hijos, en su desarrollo y nacimiento. “He visto mujeres embarazadas que han sido fetos que he controlado yo. Eso me emociona”. Son vivencias que la han acompañado a lo largo de su trayectoria profesional, a lo largo de una vida en la que las “relaciones humanas” y sus hijos, “como toda madre”, son lo más importante para esta ginecóloga, profesora e investigadora, que sigue rompiendo barreras y que defiende firmemente que se puede publicar en The American Journal of Medicine sin salir de la ULL.

Gabinete de Comunicación

 


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