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Europa y América estrechan lazos universitarios

lunes 27 de agosto de 2018 - 08:10 UTC

Ray Green

Ray Green, ex director del programa español de estudios de la Universidad de Boston, fue uno de los participantes en el encuentro entre universidades españolas y americanas celebrado en la Universidad de La Laguna hace unos meses, organizado en colaboración con la Asociación de Programas Universitarios Norteamericanos en España (APUNE), de la cual Green ha sido director. Se doctoró en Literatura Medieval Española en la Universidad Johns Hopkins, primero dio clases en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee y finalmente pasó a la Universidad de Boston. Desde 1985, y hasta la reciente fecha de su jubilación, ha sido el director del programa de estudios de este último centro en España.

¿Qué le hizo aceptar la propuesta de Boston para venirse a España y aceptar ser el director de sus estudios en este país?

Siempre me ha interesado la idea de explorar, de salir de un territorio muy reducido y conocer otras cosas. Con los años he ido viendo que para los estudiantes norteamericanos es fundamental, porque empiezan a creerse que tienen lo mejor, que es el único país donde las cosas funcionan bien. Obviamente, cuando mis alumnos llegan a Madrid se quedan alucinados, porque aquí se pueden conseguir más cosas que en algunos lugares de su país de origen.

¿Pero entonces por qué es tan bajo el porcentaje de estudiantes de EEUU que estudian fuera?

No es muy alto, es cierto. En parte se debe a los requisitos de los estudios universitarios. Resulta complicado que un estudiante falte seis meses si su currículo está muy estructurado. Si es un estudiante de Humanidades, es más fácil conseguir en España una clase de Historia o de Literatura, que se puede convalidar fácilmente en su universidad americana, pero en los departamentos de Física o de Derecho (que en EE.UU. tiene, obviamente, distinto contenido) hace que sea más complicado ausentarse si quieren terminar su grado en tiempo y forma. Los que lo hacen acuden a programas donde tienen ya la convalidación garantizada. APUNE ha insistido a lo largo de su historia en esto: hay que lograr que las materias puedan ser convalidadas, el alumnado tiene que tener la seguridad de que eso va a ser así.

En España tenemos la imagen estereotipada del estudiante norteamericano como alguien sumamente inculto, poco conocedor de la cultura europea y ajeno a los grandes movimientos históricos o sociales que no conciernan a su país. ¿Qué opinión le merece?

Algo de esto hay. Yo mismo he comprobado que mis alumnos no tenían ningún concepto sobre el desarrollo de la humanidad, no sabían ni quiénes fueron los romanos. En Estados Unidos se ponen mucho énfasis en la historia de su nación, pero no del resto, y por eso es tan importante que salgan fuera. Siempre hay estudiantes curiosos, con interés, pero el alumnado medio va por la ruta más fácil. Con todo, detecto más interés hoy por conocer otros lugares; antes el estadounidense se limitaba a viajar por su país o por Canadá, y alguna vez al Caribe o a México. Hoy es algo muy popular, quieren viajar fuera, pero eso sí: con todo organizado, la comodidad les importa mucho. Son poco aventureros y eso se debe, en parte, a su falta de conocimiento de idiomas.

Green ha sido presidente de la asociación APUNE.
Foto: Emeterio Suárez (CC BY 3.0)

 

La enseñanza internacional presenta todavía grandes retos poco explorados. ¿Podría descifrarnos algunos de ellos?

Está claro que la tecnología ha revolucionado en mundo de la enseñanza en general pero, en el plano internacional, ha sido decisiva porque se abre la posibilidad de animar a los estudiantes a conocer lo que ven en la pantalla. La experiencia vital no la da la tecnología, pero facilita su alcance, propicia que la gente se anime y dé el paso de salir fuera. También hay que poner en marcha nuevas formas de enseñar, basándonos en la tecnología. No podemos olvidar que los alumnos acceden a la información por el teléfono o el portátil. Todo lo hacen con Internet.

Cuando los estudiantes de Estados Unidos venían a España en los años ochenta, llamar a su país era carísimo. La gente se comunicaba por cartas, de tanto en tanto. Lo malo de hoy es que no desconectan nunca.

Hoy se puede viajar a toda Europa por precios muy asequibles y eso es algo muy notable, que antes no se podía hacer. Estos programas de estudios intentan favorecer que viajen por España, que conozcan distintas partes, su historia, su cultura.

Los estudiantes norteamericanos que acceden a este tipo de programas, ¿están satisfechos con el servicio que reciben en España?

Los directores de programas americanos en Españas notamos que el sistema ha mejorado muchísimo en los últimos veinte años. Hubo una época en que resultaba muy difícil que nuestros alumnos se integraran y estuvieran en clase como los demás, con los españoles. Las universidades preferían entonces tener clases diseñadas específicamente para este estudiantado, pero ya son muchas las que los integran, con algunas clases para ellos, eso es cierto. Ahora hay un sistema más combinado. Como cada vez hay más asignaturas y libros en inglés, resulta más sencillo.

Cuáles son las principales diferencias entre universidades públicas y privadas en Estados Unidos.

Las privadas son más antiguas, todas comenzaron con su origen ligado a alguna iglesia. Tenían un formato de instituto, pero con los años, siguiendo el modelo alemán, se iban convirtiendo en instituciones más sofisticadas, con una oferta mucho más amplia. Harvard o Princeton comenzaron así, impartiendo clases de literatura, griego y algo de literatura clásica. Harvard fue creada a principios del siglo XVII, mientras que las primeras públicas aparecen a finales del XVIII.

¿La elección entre lo público y lo privado está motivada por el prestigio o son enseñanzas complementarias?

Hay varios motivos, y desde luego el prestigio es un motivo fundamental. La Facultad de Derecho de Harvard, aunque sea un posgrado, tiene una fama mundial y algunos padres creen que vale la pena invertir una cantidad bárbara de dinero para que su hijo o hija tenga la compañía de los otros alumnos que un día van a ser los grandes líderes americanos. Los presidentes y los grandes directivos vienen casi todos preparados de estas universidades.

Esto es así, pero también es cierto que un alumno bien preparado, aunque no tenga dinero, puede conseguir entrar en estos centros de elite, en los que hay una política de becas específica para ayudar a los estudiantes más brillantes.

¿Cómo funciona el mecenazgo en estos centros?

El mecenazgo funciona tanto en las privadas como en las públicas, pero es cierto que se adapta mejor al modelo de las primeras. Harvard tiene un departamento de captación de fondos que consigue más fondos que el PIB de un país pequeño. Estamos hablando de miles de millones de dólares y eso es algo que sucede históricamente, porque como son centros que producen alumnos brillantes que han hecho mucho dinero, parte de su patrimonio lo donan a la universidad y encima les desgrava.

Al margen de la desgravación, hay también en ese gesto una cuestión de empatía con el centro donde se formaron.

Es una cuestión individual, algunos están enfadados y no dan nada, pero otros son enormemente generosos. Cuando uno ve los ránquines de universidades, es cierto que en los primeros puestos siempre están Harvard y Yale, por ejemplo, pero también figuran centros públicos como California-Berkeley o de Carolina del Norte, y que también tienen mucho dinero donado por los que fueron sus estudiantes.

Por otra parte, muchas universidades públicas tienen unas ligas de deporte muy poderosas, muy apreciadas por los estudiantes, sobre todo cuando reclutan jugadores buenos y ganan torneos. Así que muchas veces, las donaciones van directamente a este tipo de eventos deportivos, con los controles pertinentes, no tanto a los torneos pero sí a las instalaciones deportivas, de forma que sean también un atractivo para los propios jugadores a la hora de elegir centro universitario.

 

Gabinete de Comunicación


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