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Preparando el cerebro ante la menopausia

martes 14 de julio de 2020 - 10:10 GMT+0000

La investigadora Catalina Valdés Baizabal.

La llegada de la menopausia conlleva una serie de cambios fisiológicos en las mujeres que, en ocasiones, pueden ir acompañados de algunos trastornos que generan no pocas incomodidades y molestias. Por ello, en las farmacias cada vez proliferan más los productos que ayudan a paliar algunos de estos efectos negativos, como los sofocos y otras secuelas periféricas. Sin embargo, algunos de esos trastornos están directamente relacionados con el sistema nervioso y pueden provocar depresión, cambios del estado de ánimo, insomnio, falta de memoria e, incluso, deterioro cognitivo.

Para mitigar esos trastornos no existe en la actualidad ningún producto específico, y eso es algo que intenta solucionar la investigadora mexicana Catalina Valdés Baizabal, que desde 2019 está trabajando en un proyecto de transferencia dentro del programa Agustín de Betancourt cuyo objetivo es desarrollar un nutraceútico (un complemento alimenticio) dirigido a mujeres en edad perimenopáusica (40-55 años) que prevenga estas alteraciones del sistema nervioso.

La convocatoria Agustín de Betancourt está enfocada en propiciar la transferencia de la investigación a la sociedad mediante la creación de productos y servicios que, basados en los trabajos científicos desarrollados por la Universidad de La Laguna, ofrezcan soluciones directas a problemas de las personas. Por ello, los responsables de esta clase de proyectos que cuentan con el apoyo del Cabildo Insular de Tenerife deben coordinar una investigación y desarrollo de producto en el que participen, por un lado, personal de la institución académica y, por otro, una o varias empresas o entidades del tejido productivo.

En este caso, la parte universitaria viene de la mano del grupo de investigación “Señalización celular en enfermedades neurodegenerativas”, que coordina la catedrática de Fisiología Raquel Marín, mientras que la mercantil la pone Oleum Dietética, una empresa creada en El Sauzal en 2009, centrada en la distribución de líneas de complemento nutricionales, con la cual el grupo universitario ya había desarrollado algún proyecto anterior y, como explica Catalina Valdés, posee una base sólida de conocimientos en el campo de los nutraceúticos, por lo que su asesoría ha sido muy útil a la hora de diseñar la dosificación del producto.

La interacción estrógenos-ácidos grasos

El proyecto aplicará en parte los resultados de una investigación anterior del grupo dirigido por Marín, que al estudiar las membranas celulares observó un fenómeno muy particular: en las ratas hembra, los estrógenos parecen tener una participación fundamental para la salud cerebral. “Realmente, eso es algo que se conocía ya, aunque cuando se oye hablar de estrógenos, se tiende a pensar en su función en la reproducción, por ser hormonas sexuales femeninas que se sintetizan en los ovarios”, explica Valdés. “Pero hay un gran campo de estudio sobre los estrógenos que se sintetizan en el cerebro, y la doctora Marín estuvo observando su interacción con los lípidos en las membranas celulares. Esa interacción parece ser muy importante para tener una salud cerebral y para un desarrollo y una funcionalidad cognitiva normales”.

Gracias a ese trabajo en ciencia básica, que consiguió una determinación de la interacción de esos dos elementos (estrógenos y ácidos grasos poliinsaturados de las membranas celulares), el grupo de investigación generó una patente que va a formar parte del nuevo producto nutraceútico que se está desarrollando ahora, que se combinará con un nuevo elemento más, que es justamente lo que ha estado investigando y desarrollando Valdés durante 2019, su primer año de contrato. “De ese elemento no puedo dar demasiados detalles por motivos de confidencialidad”, se excusa ante la parquedad de su explicación.

De la combinación de ambos elementos, más otros que completan la formulación, ha salido este complemento alimenticio que servirá, más que como tratamiento contra un trastorno, como preventivo ante el deterioro cognitivo. “Es algo que se puede empezar a ingerir con el inicio de la menopausia pero preferentemente antes, en la perimenopausia, alrededor de los 45 años, que es cuando empieza a haber una disminución de estrógenos”.

Un elemento novedoso de este complemento nutricional es que su formulación respeta el ciclo hormonal de la mujer. “Si bien hay varios productos que ya se venden para diversos trastornos periféricos y otros para la depresión y la ansiedad, ninguno suma las dos partes respetando ese ciclo hormonal. En este caso, hay unas dosis específicas para cada momento del ciclo”, detalla la investigadora Agustín de Betancourt.

Próximas fases

El producto ya ha sido formulado, por lo que en el momento de realizar este reportaje, a mediados de junio de 2020, estaba a punto de fabricarse el primer lote de productos para poder comenzar la segunda y crucial etapa: un ensayo clínico con pacientes humanas. El objetivo es poder tenerlo completo y con datos para su estudio en 2020, pero Valdés se muestra cautelosa porque, como ha ocurrido con tantas cosas, la declaración del estado de alarma con motivo del peligro de contagio por Covid-19 ha paralizado muchos planes que ahora deben retomarse con cautela.

Otra dificultad para la realización de los ensayos es la falta de presupuesto: el programa Agustín de Betancourt financia el contrato de los investigadores que desarrollan cada proyecto y, desde hace algunas ediciones, el Cabildo de Tenerife realiza también una pequeña aportación dineraria extra que permite realizar algunos trabajos. Sin embargo, no cuentan con una financiación específica para el desarrollo de los diferentes trabajos que son necesarios, por lo que Valdés está ahora mismo contactando con algunas empresas que pudieran estar interesadas en colaborar con el proyecto y pendiente de que se fallen algunas convocatorias de ayudas que ha solicitado, para de un modo u otro lograr los fondos que necesita para sufragar este estudio con humanos.

“El coste depende de cómo diseñemos el plan de trabajo y para cuántas personas hagamos el ensayo piloto”, detalla Valdés. “He intentado reducir en ese sentido, y también afinar las pruebas que haremos. Con esta reducción de variables tenemos más posibilidades de poder realizar las pruebas”.

En caso de que, tras el ensayo, si la formulación se revelara viable, es intención de Valdés protegerla bajo patente, lo cual supondrá de nuevo un periodo de espera, ya que el proceso de validación de esta figura de protección industrial puede prolongarse varios meses. Idealmente, otro paso deseable sería la creación de una empresa spin-off y, de hecho, en este proyecto se están desarrollando también otros productos, de tal modo que una eventual nueva empresa contaría con un catálogo algo más amplio que si saliera únicamente con el nutraceútico que está en desarrollo.

Sin embargo, la creación de una empresa podría dilatar aún más la llegada del producto al mercado, por lo que Valdés tampoco rechaza la posibilidad de que la patente sea licenciada a una empresa para su explotación comercial, de la cual la Universidad de La Laguna se llevaría su canon correspondiente.

Investigación en femenino

Dado el objetivo de este proyecto, es evidente que se podría considerar una investigación en clave femenina. “Los hombres también sintetizan estrógenos, pero quien tiene una mayor expresión de receptores para estrógenos es el cerebro de la mujer y, en la perimenopausia en particular, tiene una repercusión importante en su salud”. La investigadora calcula que, del total de mujeres en el mundo, el 20% son asintomáticas durante ese periodo, pero el 80% restante padece los síntomas y requiere un tratamiento “que muchas veces no se da porque no se ha considerado importante pese a que sí lo es”.

Y de ese porcentaje, el 70% está afectado por síntomas del sistema nervioso. “También hay que considerar que a los 45 años, y dado el aumento de la esperanza de vida, comienza una etapa que va a suponer un tercio de la vida de la mujer, por lo cual conviene ya desde las etapas tempranas asegurarse una salud cerebral que lleve a un envejecimiento saludable y que a esa esperanza de vida se añada una buena calidad de vida”, reflexiona Valdés.

El objeto de estudio de este proyecto se centra, pues, en una problemática estrictamente femenina y en ocasiones ha habido críticas acerca de que, en muchas ocasiones, la ciencia no se ha ocupado específicamente de ciertos problemas que atañen más intensamente a mujeres. Sobre este asunto, Valdés reconoce que existe alguna controversia: “Muchas veces, los estudios en laboratorio suelen hacerse predominantemente en animales macho. Pero, por supuesto, eso no obedece a un criterio machista, sino a que ha sido más fácil trabajar con ellos porque con las hembras, justamente por los ciclos hormonales, se pueden generar algunas fluctuaciones en los datos difíciles de explicar y con animales macho se reduce esa variable”. Aun así, explica que la tendencia es cada vez más a investigar con animales de ambos sexos para poder apreciar el dimorfismo sexual (es decir, las diferencias entre machos y hembras) en diversas funciones.

De México a Tenerife pasando por Salamanca

Catalina Valdés ha llegado a la Universidad de La Laguna como un paso más en una carrera investigadora que se ha centrado durante más de doce años en la electrofisiología. Más acostumbrada a proyectos de ciencia básica, este contrato Agustín de Betancourt supone un gran reto personal porque le lleva a adentrarse en un trabajo más relacionado con la transferencia de resultados y, además, le lleva a explorar la biología molecular. “Está siendo una experiencia de crecimiento profesional”, reconoce.

La investigadora mexicana comenzó su periplo científico en la Universidad Veracruzana, donde se licenció en Química Farmacéutica Biológica (una titulación que viene a equivaler a titulación en Farmacia española) y también realizó su maestría y doctorado en Ciencias Fisiológicas, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México. “Me inicié en la investigación haciendo ciencia básica en animales. Muy en los inicios estuve trabajando con el extracto de una planta que administraba a ratas para ver su efecto antidepresivo. Para esto hacía estudios conductuales”.

Durante su maestría y doctorado entró en contacto con un área que ocuparía gran parte de su tiempo: la neuromodulación en el sistema auditivo. “En el sistema nervioso hay determinadas sustancias que tienen efectos sobre la actividad neuronal: dopamina, endocanabinoides, serotonina, etc… sustancias que llamamos de manera genérica neurotransmisores, pero dado que realizan ajustes finos de la actividad de las neuronas postsinápticas, solemos denominarlos técnicamente como neuromoduladores”. Esas sustancias modifican la actividad neuronal y una forma de abordar cómo lo hacen, es estudiando cómo cambia la respuesta de las neuronas a estímulos eléctricos (corriente y voltaje), por acción de éstas sobre proteínas de la membrana que son receptores específicos de ellas, una práctica en la que Valdés se especializó como electrofisióloga.

Con este bagaje, Valdés comenzó estudiando trastornos afectivos y luego pasó a investigar la fisiología del sistema auditivo.Tras su fase doctoral recaló en España, en la Universidad de Salamanca durante casi cuatro años, en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León, y al finalizar su contrato en dicha institución, comenzó a buscar algún grupo donde poder seguir con su actividad. “Quería algo que tuviera que ver con señalización celular y encontré el grupo que Raquel Marín dirige en el Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de La Laguna. Me atrajo porque tiene una línea muy interesante de ciencia básica, de estudio de las membranas celulares y sus propiedades físicoquimicas, en especial la composición en microdominios lipídicos, que tiene que ver con el proyecto que desarrollo ahora”.

Fue Marín quien la animó a dar el salto a la transferencia y presentarse a la convocatoria Agustín de Betancourt de 2018, que logró y, desde 2019, le ha llevado a desarrollar este proyecto que ya ha superado positivamente el primer año de evaluación. “Me pareció interesante porque es un mundo diferente al que estoy acostumbrada, que va más allá del laboratorio, aunque sigue involucrando esa parte, así tengo acceso a las dos caras y, realmente, no dejo de considerar fundamental la ciencia básica: soy una abanderada de ella”.

Gabinete de Comunicación


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