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Algunas reflexiones sobre el modelo turístico canario

martes 14 de noviembre de 2023 - 13:46 GMT+0000

Sin olvidar que el hervidero sísmico que sacudió El Hierro en 2011 fue un episodio inesperado que desencadenó una erupción submarina ‒la primera en España en cuatro décadas‒ y provocó una profunda crisis ambiental y socioeconómica en la isla del meridiano, Agustín Santana Talavera reconoce que no dejaba de estar pendiente, día sí, día también, por si el nuevo volcán brotaba un poco más. “Si hubiera crecido más y hubiera despuntado fuera del agua, El Hierro se hubiera convertido en una especie de ‘hucha’ debido a la gran atracción turística que habría despertado”. 

Y pese a que el volcán que situó a la isla del meridiano en el foco mundial no asomó hasta ese punto, el profesor del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna y director de PASOS,  Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, admite abiertamente que en Canarias no se podía haber pagado una campaña turística tan “efectiva y cara” como aquella. “En turismo los contratiempos más inesperados y sorprendentes se convierten muchas veces en grandes oportunidades, tal y como está pasando ahora con el volcán de La Palma: verlo se ha convertido en un reclamo turístico más para muchos de los turistas que visitan la isla”. 

Es un hecho que el sector turístico −a pesar de depender de distintos factores como el socioeconómico o ambiental− se recupera de una forma mucho más rápida que otros. Eventos azarosos de este tipo, al final tienen una impronta en la forma de vivir de la población y se convierten en un signo de identidad que termina por revertir la situación inicial. Sin embargo, como buen conocedor y estudioso del sistema turístico, Santana sabe que “todos los días hay algo nuevo. Tras hurgar un poco siempre hay algo que te sorprende y te das cuenta de que se pueden hacer muchas cosas para que ganemos todos”.

Las ganancias de Canarias, turísticamente hablando, se traducen en los casi 10 millones de turistas internacionales que han elegido este año las islas para disfrutar de sus vacaciones, un 10,3% más respecto al mismo periodo (enero-septiembre) de 2022, según datos de Frontur, así como en los 158 millones de euros que nuestros visitantes se han gastado en destino. Ambas cifras no hacen más que corroborar los buenos augurios que se habían pronosticado a comienzos de año. El de 2023 ha sido primer verano en el que se han superado con creces las cifras prepandémicas y se ha confirmado la recuperación de uno de los sectores más perjudicados por la COVID-19.

La excelente salud (y bonanza) de la que vuelve a gozar el sector turístico es ya toda una realidad. Sin embargo, desde el punto de vista de la antropología social, el experto apunta a la necesidad de ver siempre la situación turística de una manera más exacta, más extensa. “Nuestras investigaciones ven el territorio de forma integral. Trabajan el turismo, el empleo, la educación, la sanidad o el impacto medioambiental. Se baja al detalle todo lo que se puede, hasta el punto de delimitar los consumos en el interior de un hotel o en las poblaciones vecinas”.

Análisis turístico detallado

Al detalle es cómo se puede tomar el pulso y tener una radiografía completa de un modelo turístico en el que echa de menos esas voces que hablen alto y claro de los costes sociales, algo que lleva a su propio terreno para hacer autocrítica. “Estamos confundiendo el hecho de decir las cosas con la demonización del sistema turístico. Tenemos que hacer una mirada crítica hacia dentro y hacia el modelo turístico y económico, ir parándonos por puntos e invertir en un análisis de futuro. Y eso es algo que no se hace, ni si quiera en la propia universidad”. 

Ya sea por “trabas políticas” o por “autocomplacencia”, la carencia de un análisis reflexivo y profundo se hace “muy necesario”, aunque el sistema siga dando muestras de que funciona “muy bien”. “Como decimos en Canarias, funciona como una puncha, lo que pasa es que está saturado y hay determinadas áreas en las que cada vez hay más gente, algo que empieza a afectar a las poblaciones residentes. Ya no es solo por la población local y su forma de vida. Estamos matando a la gallina de los huevos de oro porque no sabemos parar”. 

Solo hay que consultar los datos. El propio Gobierno de Canarias reconocía a finales del año pasado que si se ejecuta la planificación turística futura prevista en el archipiélago, las islas pasarían de tener 500.000 plazas a contar con 700.000, lo que supondría tener que albergar a 22,3 millones de turistas, unas cifras que según evidencia un estudio de la Consejería de Transición Ecológica, Planificación del Territorial y Lucha contra el Cambio Climático, obligan a pasar por un proceso de recuperación de suelo. 

“Tenemos que empezar a hablar de límites de población, de capacidad de carga para las islas, algo que ya se ha implantado en destinos como Hawai y Malta, pero especialmente en Hawai, un archipiélago en el que dependen, para todo, del ámbito exterior. Hasta hace poco en Canarias se estaba diciendo que sobraban camas y considerando la posibilidad de reconvertir las que hay. Solo hay que recordar la polémica en torno a la construcción, ahora paralizada, del proyecto Cuna del Alma, en Adeje, o del aumento de la planta hotelera de cuatro estrellas en Gran Canaria”.

El doctor en Antropología Social por la Universidad de La Laguna no duda en defender el modelo turístico canario (turismo de masas) pero con menos cantidad de turistas en vez de los más de seis millones que están entrando en el archipiélago. “Seguiríamos hablando de turismo de masas y de economía de escala, pero con un modelo distinto”. El modelo de ocupación del territorio sería, por tanto, diferente y más sostenible. 

Medidas como cobrar por acceder al Teide, de nuevo sobre la mesa, no son “nada fáciles de aplicar porque el problema estriba en la limitación del número de accesos o aforo. La población local no prevé ir al Teide, sin embargo, los operadores sí pueden prever con anticipación el número de turistas que irá de visita. El Teide es un elemento identitario de la isla y hay una especie de vínculo cultural y casi de posesión. Así es como lo ve la población. Hay formas de gestionar la saturación, pero lo primero es gestionar el número”. 

Efectuar cambios como este, a pesar de ser medidas extendidas y muy comunes en muchos destinos turísticos, resulta un tanto complicado. “En turismo parece que las reglas están escritas en lo que supondría apostar por un turismo menos masivo, sin embargo, es más fácil conseguir 1.000 turistas que paguen 100 euros, y tremendamente difícil captar 100 visitantes que se gasten 1.000 euros, porque cuando más poder adquisitivo tiene una persona, más se abre su rango de elección”. 

Planificación a largo plazo

En este punto, recalca que el segmento turístico por el que han apostado las islas Canarias −turistas de nivel adquisitivo medio, ya que son pocos los visitantes que se mueven en el segmento del lujo− funciona porque está en manos de los turoperadores. “Son los TTOO son los que llenan los hoteles, pero si queremos cambiar de modelo turístico tenemos que ver hasta dónde queremos llegar y hacer algo a largo plazo. Y para hacer esa planificación hay que ser muy valiente, de hecho, en Canarias nunca se ha realizado”. 

Abordar esa visión de futuro requiere de una programación detallada, una gestión rigurosa y mucho trabajo “mano a mano con la gente” para poder llegar a solucionar problemas en territorios limitados como las islas. Y pese a todo ello, no hay fórmulas mágicas que dinamicen o posicionen un producto turístico. “Los modelos turísticos no son cajas que se pueden transportar con facilidad de un lado para otro. Cuando se ve desde fuera, el modelo deseado es el nuestro, el canario, aunque ahora han entrado en juego otras cosas a las que hay que prestar atención, como los residuos, la huella de carbono, el agua, las energías renovables o los costes sociales”.

A todo ello hay que añadir los retos a los que ha de enfrentarse el turismo del siglo XXI. Desde la mejora del proceso de la experiencia del cliente, asociado a la tecnología e inteligencia turística, la convivencia con los ya asentados modelos colaborativos, la gestión adecuada del Big Data o la consecución de una oferta turística más sostenible. Muchos frentes abiertos en los que el objetivo a conseguir es convertirse en un destino diferenciado.

“El cliente viene a Canarias fundamentalmente por clima, pero también a disfrutar de las actividades del entorno, de la oferta complementaria que, aunque está muy dispersa, es de muy buena calidad porque su rango de precios es muy amplio y se adapta al tipo de cliente que nos visita. Hay una parte de clientes repetidores que ya conocen muy bien las islas y vienen buscando algo concreto”. 

Y aunque “no se trata de vivir en un escenario o en un parque temático” es importante que los servicios complementarios existentes estén acordes con el modelo turístico planificado. Y los de Canarias, si los comparamos con los de otros destinos, están muy bien. Es algo que se dice poco, pero nuestro sistema de alojamiento es muy bueno, la calidad y el servicio prestado también lo son, y hay que decir que cada vez hay más gente formada trabajando en el sector”. 

Hacia un modelo sostenible

La apuesta por un turismo de calidad pasa por proteger el entorno. Hoy en día resulta inconcebible atraer turistas a un destino sin pensar en la repercusión que su entrada pueda tener en el territorio. El planteamiento del turismo masivo, ese de cuantos más visitantes lleguen, mejor, conlleva la construcción de más infraestructuras de todo tipo y choca frontalmente con la concepción de un modelo más respetuoso que abogue por la identidad sociocultural y la protección del medio ambiente.

En un archipiélago que alberga cuatro parques nacionales, y en el que seis islas y un macizo, la cordillera de Anaga, han sido declaradas Reserva de la Biosfera, es necesario “replantearse ciertas cosas”. “Fuerteventura es una isla que hemos trabajado mucho, y en muchos aspectos distintos. La isla entera, que es Reserva de la Biosfera, tiene una tasa turística por habitante y día que triplica la de Tenerife, y eso ha comenzado a generar problemas sociales y económicos que se tapan porque la economía tiene que funcionar, pero a lo mejor de otra manera. No se trata de hablar de legislatura en legislatura, se trata de hablar de problemas medioambientales que son tanto endógenos como exógenos y plantear soluciones a largo plazo”, aclara Agustín Santana.

Otra Reserva de la Biosfera y parque rural, el macizo de Anaga (Tenerife), “tiene saturación de coches y personas”. “Se oye hablar muchísimo de los problemas que genera el turismo en Anaga, pero no los que pueda tener la gente del lugar, que son bastantes. Además de la necesaria regulación de los accesos, hay muchísimas viviendas vacacionales, viviendas ya edificadas como segundas residencias que se han declarado vacacionales. El cambio sociocultural que se ha dado en la zona es tremendo”.

Para el integrante de los grupos de investigación Pesca, Turismo y Gestión de Recursos Naturales (PESCATUR)Laboratorio de Análisis del Turismo (TURILAB) habría que empezar a hablar a largo plazo porque las islas son finitas, territorios limitados con recursos limitados. “Es necesario buscar especialistas en distintos ámbitos para planificar una acción de futuro. Empujar esos recursos restringidos para que entren dentro del sistema turístico seria provocar una inflación sobre esos mismos productos”.

Son asuntos como estos los que requieren de una investigación a fondo, pero es “complicado” que se concedan proyectos a los investigadores para este tipo de cosas. “Es cierto que medimos mucho los proyectos en los que nos metemos, pero vemos que la gente que está trabajando con nosotros podría estar cubriendo ámbitos locales. Vivimos del turismo y debería haber más proyectos relacionados con el sector turístico”.

Los problemas del alquiler vacacional

Entre esos proyectos estarían los que aborden la situación de la vivienda vacacional, otro de los asuntos que ha llegado a convertirse en un verdadero problema en ciertas zonas de España, y al que Santana no es ajeno. La proliferación de viviendas vacacionales ha llegado a tal punto que el Gobierno de Canarias ha anunciado que las limitará en las que ha calificado como “zonas tensionadas”, mientras la mayoría de los ayuntamientos de Cataluña comenzará a exigir una licencia urbanística, además de la turística, para albergar estos pisos. Una medida con la que poner freno a los alquileres ilegales. 

El investigador no olvida que hace bastantes años, en una reunión de expertos en Barcelona, alguien preguntaba cómo poder desincentivar las visitas turísticas, algo que se alejaba por completo del cuantos más, mejor de la época y no encajaba en absoluto con la concepción del modelo turístico masivo, tan instaurado y laureado. “No es cierto que, al menos en el caso de Barcelona, no lo tuvieran ya en la cabeza, pero como siempre, en economía las decisiones son muy difíciles de tomar y a veces producen rupturas, y eso nadie lo quiere”.

“Decir que la vivienda vacacional redistribuye la riqueza es algo que queda muy bonito, pero hoy en día ese mensaje se ha desvirtuado por completo. Nosotros hicimos un estudio de casi un año con las cifras de la empresa que analiza los datos de la plataforma Airbnb, y lo que pudimos observar es que, dependiendo de las islas, había gestores que llevaban 100 casas, 200 e incluso 250, mientras que los de menos de 10 no representaban prácticamente nada en número de camas”.

Años después del nacimiento, evolución y asentamiento del modelo vacacional, las cosas han cambiado sustancialmente. Mientras en España las personas que se hospedaron en viviendas vacacionales hasta el mes de septiembre de este año experimentaron un aumento del 40,2%, ciudades como Nueva York han aprobado una ley para comenzar a limitar los alquileres vacacionales de corta duración en plataformas como Airbnb.

En este punto, el experto de la ULL alude a los problemas añadidos generados y al hecho de que la redistribución continúa siendo baja. “La distribución de los beneficios en el territorio es algo que en Canarias se ha descuidado mucho, ya desde fases tempranas. Lo que se ha hecho en el archipiélago es exportar el modelo económico del monocultivo al turismo y, por tanto, no hay una adaptación de un modelo externo que funcione, sino una sustitución de un modelo por otro, y antes de la entrada en escena de los TTOO”.

El turismo del mar

Otro de los asuntos en los que la Universidad de La Laguna ha ahondado en los últimos años ha sido en la oferta turística que existe en el entorno marino. ¿Se ha descuidado un poco la oferta turística no alojativa, como las rutas en barco, excursiones para ver cetáceos, práctica de deportes como buceo o surf, o la prestación de servicios en las playas, entre otras? Como investigador principal del proyecto Inteligencia Turística para un Turismo Marino Responsable (INTURMAR) Santana considera que sí, que habría que mejorar la gobernanza pública. 

“Hablamos de un terreno demasiado desorganizado y muy atomizado, hay mucho trabajo solapado, en unas islas más que en otras. El problema de algunas de estas empresas que están trabajando fuera de la legalidad es que lo hacen en zonas peligrosas y sin seguro. Hay islas donde se ha actuado más que en otras. Algo que comprobamos durante el desarrollo del proyecto fue la diferencia de gestión y organización de unas islas a otras”. 

Mientras la oferta alojativa, de restauración y comercio “se ha trabajado y cuidado mucho” en las islas a lo largo de todos estos años, las actividades complementarias en torno al mar no se han tratado con el mismo control y mimo. Por eso Agustín Santana insiste en que hay que empezar a ver más allá del entorno estrictamente turístico, y contemplar también las áreas afectadas para lograr esa visión integral tan necesaria. “Las administraciones se dedican a mover papeles. Hay un vacío de análisis a largo plazo y cualquier cosa que pase, como el cierre de una playa, puede dañar una imagen de millones de euros. Porque se puede saber mucho de turismo y no conocer el turismo del destino. Y eso es lo que falta desde mi punto de vista”.

Gabinete de Comunicación


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