La segunda sesión de las VIII Jornadas de Inspección de Servicios, que se desarrollan hasta hoy, viernes 24 de octubre, en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de La Laguna, acogió durante la mañana de hoy una mesa redonda en la que se discutió el seguimiento de la actividad docente en las instituciones académicas. El dictamen de Alfonso C. Davalillo, director de profesorado de la Universidad del País Vasco, fue contundente: Las universidades deben garantizar la calidad de su docencia porque la sociedad así lo demanda y nos obligará a ello. Si no nos adaptamos a las políticas de calidad, las instituciones públicas nos dejarán de financiar.
Además de Davalillo, participaron en el coloquio Ramón Piedra, docente e inspector de la Universidad de Sevilla, y Juan Javier Sánchez, con similar cargo en la Universidad Complutense de Madrid, moderados por el secretario general de la ULL, Fernando Rosa González. Los tres especialistas ofrecieron una panorámica de lo que se ha hecho en sus respectivas universidades, y cuáles son las perspectivas de futuro.
El profesor de la Universidad del País Vasco se centró especialmente en los retos del futuro. El Espacio Europeo de Educación Superior, que entrará en vigor en 2010, cambiará la forma de impartir docencia y, entre otras innovaciones, obligará a que el profesorado incorpore las medidas de calidad en su día a día. El ponente opina que hay cierto número de profesores que, por edad o por falta de motivación, son reticentes a este cambio, pero reiteró que, guste o no, es algo que habrá que asumir.
Ofreció una visión de la situación de la docencia actual bastante negativa, según la cual existe profesorado que no corrige los trabajos que manda, no especifica claramente los criterios de evaluación, propone exámenes arbitrarios y considera que la tutoría es una carga. Los centros, por su parte, no ejercen el control que debiera. Esta situación debe cambiar de cara a Europa, ya que, entre otras cosas, éste obliga a diseñar para cada titulación su Sistema de Garantía de Calidad.
Para Davalillo, es fundamental que este cambio sea asumido por los profesores, y que estos acepten como algo natural la búsqueda de la calidad, ya que no sería bueno llegar a las medidas coercitivas en caso de incumplimientos. Eso nunca es bueno, el autocontrol es la mejor medida de calidad.
El experto es consciente de que este cambio de cultura docente llevará tiempo, y aunque deberá implantarse en 2010, calcula que solamente pasada una década habrá un 50% de profesorado que lo cumpla y se lo crea de verdad. Ese momento será cuando de verdad la universidad española se podrá plantear competir con Harvard o La Sorbona.
En cuanto a los dos especialistas restantes, Sánchez explicó lo complejo que resulta introducir la cultura de la inspección entre el profesorado, ya que es un colectivo que frecuentemente muestra poca cultura corporativa: Habla de su asignatura, de su departamento, y a veces les falta sentido institucional, la idea de pertenecer a un ente más amplio. En la Universidad Complutense de Madrid se han realizado encuestas de seguimiento de la actividad docente que revelan una media del 4% de las clases se dejan de impartir. Pero el mayor problema parece residir en las tutorías, donde el porcentaje llega al 30%.
Por su parte, Piedraabundó en el sistema de control de asistencia del profesorado en la Universidad de Sevilla. El centro debe remitir un informe semanal sobre cuántas clases se han dejado de impartir y las justificaciones aducidas. Paralelamente, el servicio de inspección realiza cada cuatrimestre visitas sorpresa a todos los centros, para cotejar que los datos aportados se corresponden a la realidad. Otro elemento que se vigila es la publicación de las actas, es decir, si éstas se cumplimentan dentro del plazo establecido.

