Hoy miércoles 12 de marzo ha dado comienzo el apretado programa de actos de la VIII Semana de la Psicología y la Logopedia de la Universidad de La Laguna, una iniciativa académica que persigue mostrar la actividad docente e investigadora de la facultad que acoge estos estudios. La jornada se inició en el Aula Magna de Guajara con una breve presentación de las autoridades y un debate acerca del papel de la ética en la investigación. Los investigadores que participaron en esta actividad consideran que los protocolos existentes salvaguardan correctamente la seguridad e integridad de las personas y que, de hecho, el propio criterio autorregulador de los científicos hace que esto sea así. No obstante, echan de menos un mayor seguimiento y control en este ámbito toda vez que la investigación comienza a dar sus frutos.
Antes del inicio de este debate, tuvo lugar la presentación general de la semana. “Nos importa la imagen que la sociedad tiene de las profesiones de la psicología y logopedia”, afirmó el profesor Conrado Viña, coordinador de la comisión de proyección exterior de la Facultad de Psicología. “Estamos orgullosos de pertenecer a esta facultad, y queremos transmitir este orgullo al alumnado y a la sociedad en general”, prosiguió Viña. Esta semana incluye una feria de investigación en la que los grupos científicos exhibirán mañana jueves en el Aulario General de Guajara sus proyectos para comunicar lo que hacen. También se celebrará mañana el primer congreso de estudiantes, como forma de iniciar al estudiantado en la carrera científica a través de la presentación pública de sus trabajos reinvestigación.
La presentación de la semana contó además con la presencia del Colegio Oficial de Psicólogos de Las Palmas, la propia decana del centro y el rector de la institución. La responsable del centro, Elena Gámez, destacó como hecho relevante la participación de los alumnos en una actividad que hasta ahora siempre había sido planteada por el profesorado. Gámez tuvo palabras de recuerdo para el maestro de la psicología en España, José Luis Pinillos, fallecido recientemente. Honoris Causa por La Laguna en 2000, obtuvo cuatro años antes el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, amén de otros importantes reconocimientos.
El rector, Eduardo Doménech, señaló que la facultad anfitriona es pujante y tiene vitalidad, y eso se demuestra con la propia implicación de la delegación de alumnos. “Es bueno para la universidad, porque los estudiantes se sentirán más identificados con la profesión que han elegido”. Doménech resaltó la calidad investigadora de este centro, cuya proyección científica se sitúa entre las primeras de España.
Ética en la ciencia
Participaron en la mesa redonda Manuel de Vega, catedrático de Psicología Básica y director del proyecto Neurocog, pionero de la psicología cognitiva en las aulas de la ULL; José Barroso, catedrático de Psicobiología y también gran experto en neuropsicología; y Emilio Verche, neuropsicólogo y presidente de la asociación JINTE de Jóvenes Investigadores de Tenerife. El debate estuvo moderado por la decana del centro anfitrión, quien apuntó que se habla de la ética sobre todo en el ejercicio profesional, pero no tanto en la investigación.
De Vega relató que en las técnicas de imagen tiene que haber protocolos específicos, porque se somete a la persona a campos magnéticos muy intensos y de hecho muchas veces se desecha a candidatos por cuestiones de seguridad. “Estos procesos nos han sensibilizado a todos sobre la correcta aplicación de la investigación, que es mucho más que un diseño teórico”.
Por su parte, Barroso Ribal apuntó que su experiencia con los dos hospitales en investigación clínica es también muy positiva en la aplicación de los protocolos éticos, porque son muy rigurosos. “En general, y desde el campo de la neurociencia, el autocontrol de los investigadores es la norma. El problema es que una vez aprobado el proyecto no hay seguimiento del cumplimiento de estas premisas previas. No suele haber dotación de personal técnico que controle y verifique que se está cumpliendo con lo acordado”.
Verche se preguntó por qué es tan necesaria la presencia de los comités éticos, que añaden más burocracia al proceso, si ya está interiorizada la autorregulación por parte de los investigadores. Además, afirmó que en el fondo “hay muchos consentimientos informados que tienen mucho de consentimiento y poco de informados”.
¿Se puede investigar cualquier cosa?, preguntó la decana a los miembros de la mesa. José Barroso no cree que haya censura apriorística sobre cualquier hipótesis científica. ¿Pero se puede investigar de verdad en lo que uno quiere?, se cuestionó él mismo. Sin financiación, no, expuso.
Verche incidió en que en los másteres de la facultad no hay temario de ética en la investigación. “Creo que nos falta formación en este campo”, objetó. “Uno no investiga en lo que quiere, sino en lo que te van a financiar y en lo que te van a publicar”, añadió.
De Vega también sostuvo que todo es investigable: “La investigación sirve para hacer avanzar el conocimiento humano”. En estos momentos hay un enorme filtro de las fuentes de financiación, tanto en el ámbito nacional como internacional, repuso. De hecho, lo poco que queda en el Plan Nacional está muy dirigido, es decir, hay unas áreas de investigación muy específicas para las que sí existen recursos, “pero las que no entren en ellas probablemente no tengamos nada que hacer”.
Conocimiento caótico versus tecnocracia
La historia de la ciencia nos indica una y otra vez que la búsqueda desinteresada del conocimiento ha sido muy fructífera, prosiguió el director del Neurocog. Y, en su opinión, este principio también es válido para las ciencias humanas o las neurociencias. “La ciencia en Europa ha caído en manos de burócratas y tecnólogos”. En este punto De Vega añadió que el avance de la ciencia debe ser caótico, libre, “y ahora resulta que los diseñadores de los programas científicos parecen que creen saber adónde va la ciencia en todo momento”.
Verche se mostró partidario de que todo investigador que trabaje con dinero público debe comunicar lo que se hace. “La mayoría de los científicos no divulga al público en general, lo hace a través de su comunidad científica en revistas especializadas, pero no al resto”, explicó el presidente de JINTE.
Para Barroso, que compartió la idea de que la ciencia avanza de manera no organizada, sí le parece que alguien debe establecer prioridades. “Pero lo que no puede ser es que sólo se financie lo prioritario”, y añadió que se están produciendo sesgos que se van a pagar durante muchos años. En cuanto a la publicación en revistas científicas, Barroso agregó que son necesarias porque suponen un filtro de calidad, y que una vez superado el filtro la difusión debe llegar a la sociedad en general.
“La divulgación es casi más difícil que la propia investigación”, expuso, puesto que en su opinión contar en términos asequibles lo que se ha investigado es muy complicado. “Lo cierto es que cuando no sabes explicarlo es porque no dominas la materia”.
Manuel de Vega insistió en la idea de que tiene que haber un alto porcentaje de investigación libre. “De lo contrario estamos abocados a esa visión unitaria de la investigación”. Para el investigador, estamos cayendo en el fanatismo de las cifras de las revistas de impacto, en el sentido de que los investigadores se obsesionen por publicar en publicaciones de alto impacto. “La medida de impacto es necesaria, pero sin caer en la obsesión contable”.
Sostuvo el experto que está de acuerdo en que hay que hacer un gran esfuerzo de difusión entre el gran público. “Si eres persuasivo te irá mejor, pero es que además es una obligación”. Lo que está claro es que el buen divulgador debe ser un buen científico, afirmó. “Lo ideal es tener carisma de comunicador pero con una gran base científica”.
Para el director del Neurocog, en la actividad científica es tan importante el trabajo de los ‘seniors’ como de los recién llegados. Los primeros aportan su experiencia y son capaces de dirigir equipos, mientras que los segundos cuentan con mayor frescura y muestran mayor capacidad en el manejo de la nueva instrumentación científica. “En estos momentos, la penuria económica que vive la ciencia en España está haciendo que este trabajo en equipo sea imposible”.

