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El plástico es, sin duda, el material que ha definido el último siglo. Desde la medicina hasta la alimentación, ha transformado nuestra vida para hacerla más fácil y segura. Sin embargo, su producción masiva y su resistencia al tiempo han generado una consecuencia alarmante: la fragmentación incesante en partículas diminutas que han invadido cada rincón del planeta.
Hablamos de los microplásticos y nanoplásticos. Para entender su tamaño, imagine un grano de arroz. Los microplásticos son partículas que no superan los 5 milímetros, el tamaño de ese grano, pero muchos son tan pequeños que solo se ven con microscopio. Los nanoplásticos son aún más diminutos, invisibles al ojo humano y comparables, en escala, a las moléculas de nuestro propio cuerpo.
La preocupación no es solo ambiental. La evidencia científica, que el equipo del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC) de la Universidad de La Laguna está ayudando a construir, demuestra que estas partículas han cruzado la barrera del ecosistema y ahora residen en nosotros.
La omnipresencia del plástico garantiza que no haya una única forma de que estas partículas entren en nuestro organismo. Las rutas más relevantes son dos: la digestiva y la respiratoria.
La vía digestiva: A través de la cadena alimentaria, el agua embotellada y la sal. Nuestro intestino está constantemente expuesto a estos invasores. La capacidad de las partículas para atravesar la pared del intestino depende de su tamaño; solo las más pequeñas, como los nanoplásticos, tienen la llave para cruzar esta frontera.
La vía respiratoria: Los procesos industriales, las actividades humanas y la propia degradación ambiental liberan microplásticos al aire. El aire de interiores y exteriores está contaminado, permitiendo que inhalemos estas partículas, que pueden alojarse en los pulmones.
Una vez dentro, el gran enigma es qué sucede con ellas. ¿Se limitan a pasar a través del sistema digestivo? ¿O son capaces de infiltrarse y viajar por el torrente sanguíneo? Este transporte interno o translocación abre la puerta a un escenario complejo, donde estas partículas podrían interactuar con las células y afectar el funcionamiento normal del organismo.
Comprender el impacto real de los plásticos en la salud humana es la tarea que asume la ciencia, pero no está exenta de desafíos. Uno de los mayores retos que enfrenta nuestro grupo de investigación en la ULL es la contaminación cruzada. Imagine intentar medir una partícula que está literalmente por todas partes: en los equipos de laboratorio, en el aire que respiramos y en la ropa que vestimos. Los plásticos están tan extendidos que existe un riesgo constante de que los resultados muestren falsos positivos, comprometiendo la fiabilidad del estudio.
Para combatir esto, la comunidad científica trabaja con honestidad y rigor en el desarrollo de protocolos estrictos. Es imperativo medir y cuantificar la presencia de estas partículas con la máxima precisión para asegurar que la evidencia sea sólida.
La investigación sobre los microplásticos nos lleva directamente al concepto One Health (Una Sola Salud), que es central para el IUETSPC. Esta idea reconoce que la salud humana, la salud animal y la salud del medio ambiente están inseparablemente conectadas. El plástico que contamina el océano es el mismo que acaba afectando al pez que comemos, y, potencialmente, a nuestra propia salud. En los próximos años, el desarrollo de técnicas analíticas más sensibles, como las que desarrollamos en la ULL, será clave. Este conocimiento riguroso permitirá al IUETSPC y a la ULL:
Informar políticas: Proporcionar la evidencia científica necesaria para establecer regulaciones más estrictas sobre el uso del plástico.
Reducir la exposición: Identificar las fuentes más críticas de exposición humana para tomar medidas preventivas.
Promover materiales seguros: Fomentar la investigación para el desarrollo de nuevos materiales menos persistentes y más seguros para la salud.
Esta investigación es un ejemplo de cómo la ULL y el IUETSPC se pone al servicio de la sociedad, ofreciendo el conocimiento necesario para tomar decisiones informadas sobre un reto global que afecta directamente a la calidad de vida y al futuro de nuestro entorno.
Autores: Cintia Hernández Sánchez, Cristina Villanova Solano, Cristopher Domínguez Hernández, Sergio J. Álvarez-Méndez, Javier González Sálamo y Javier Hernández Borges.
Grupo de Investigación en Química Analítica Aplicada (AChem). Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (ULL).
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Laguna
Obstetricia y Ginecología, Pediatría, Medicina Preventiva y Salud Pública, Toxicología, Medicina Legal y Forense y Parasitología
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