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Imaginemos las Islas Canarias, un archipiélago donde la bruma amarilla de la calima es tan característica como sus playas de arena negra. Esta intrusión de polvo sahariano es más que una molestia visual; es un vehículo que transporta, además de arena, una carga biológica invisible: miles de millones de bacterias, hongos y virus del desierto. En un entorno donde el asma afecta a casi dos de cada diez canarios, entender cómo este «material viajero» desequilibra la salud respiratoria no es solo un reto científico, sino una necesidad de salud pública urgente.
Pocos temas ilustran mejor el encuentro entre ciencia y emoción que el aire que respiramos. La Universidad de La Laguna, a través del IUETSPC, ha abierto una nueva ventana para entender la conexión entre este fenómeno atmosférico, nuestra microbiota (la comunidad de microorganismos que vive en nosotros) y el asma.
En la boca y la garganta de toda persona habita un ecosistema delicado: la microbiota orofaríngea. Piense en ella como un jardín microscópico donde bacterias y hongos mantienen un equilibrio constante. Nuestro grupo de investigación se preguntó: ¿Qué sucede con este jardín cuando le llega una tormenta de polvo africano?
Mediante un estudio riguroso con 211 pacientes asmáticos canarios, analizamos las muestras de la vía aérea para medir la cantidad de material genético (ADN) de bacterias y hongos. Lo que encontramos fue revelador: la calima actúa como un disruptor de este ecosistema.
Observamos un incremento en la cantidad de ADN bacteriano y, simultáneamente, una reducción en el ADN fúngico. Es decir, el equilibrio se rompe, favoreciendo la presencia bacteriana a expensas de los hongos. Este desequilibrio no es inmediato, sino que se manifiesta con el tiempo: primero una caída de hongos (en los primeros 1 a 3 días) y luego un aumento de bacterias (de 4 a 10 días). Este patrón sugiere que el polvo del desierto no solo introduce nuevos microorganismos, sino que afecta la capacidad de supervivencia de los ya existentes.
La ciencia moderna nos enseña que no solo el ambiente importa, sino cómo responde nuestro cuerpo a él. Por ello, el estudio no se detuvo en la calima; también incorporó el análisis de una pieza de nuestro código genético: el gen SERPINA1. Este gen es el encargado de producir una proteína llamada Alfa-1 antitripsina (AAT), cuyo trabajo es modular, o amortiguar, la respuesta inflamatoria del cuerpo.
De manera fascinante, identificamos una variante específica en este gen que parece actuar como un escudo genético49. En pacientes con esta variante, el desequilibrio del microbioma inducido por la calima era significativamente menor. Esta interacción entre el ADN que heredamos (SERPINA1) y un factor ambiental extremo (la calima) subraya que el asma no es una enfermedad de una sola causa, sino un complejo diálogo entre nuestra biología y nuestro entorno. Este desequilibrio microbiano, a su vez, podría ser un factor que contribuye a la inflamación persistente y a la exacerbación de los síntomas asmáticos.
La contribución más prometedora de esta investigación, gestada en la ULL, es la metodología. El uso de la proporción entre el ADN de bacterias y el ADN de hongos como un indicador sencillo y sensible es una idea innovadora que simplifica la detección de cambios en el microbioma respiratorio.
Este enfoque integrado —que combina meteorología, genética y microbiología— proporciona al IUETSPC una herramienta poderosa para el monitoreo y la prevención. Los resultados no solo fortalecen la lucha de HIPÓTESIS contra el pensamiento irracional al basar las conclusiones en la evidencia rigurosa, sino que sientan las bases para el desarrollo de nuevas terapias. El futuro podría pasar por diseñar tratamientos que restablezcan ese jardín microscópico afectado, mejorando radicalmente la calidad de vida de los pacientes asmáticos de Canarias a través de una medicina realmente personalizada.
Autores:
Ainhoa Escuela-Escobar, Mario Andrés González Carracedo y José Antonio Pérez Pérez
Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, Universidad de La Laguna.
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Laguna