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Las cabras tienen la llave. La paleogenómica desvela la historia de los primeros pobladores de canarias

9 de enero de 2026

 

En la búsqueda por desentrañar el relato genético de los primeros pobladores de las Islas Canarias, la ciencia moderna ha encontrado un aliado inesperado: la cabra. Un reciente estudio paleogenómico ha utilizado la historia de este animal doméstico, crucial para la supervivencia aborigen, para obtener una visión complementaria a la información humana sobre la migración y la adaptación en el archipiélago.

En declaraciones al programa de Radio Nacional Doble Hélice 3.0 Rosa Fregel y Clara Díaz Pérez, investigadoras del área de genética de la Universidad de La Laguna, desvelaron las claves y conclusiones de su último estudio, que en esta ocasión tuvo a las cabras como pieza clave.

La Cabra: Eje de la Economía y Pista Genética

Cuando los primeros colonos llegaron a Canarias, lo hicieron con todos los medios necesarios para la supervivencia, incluyendo animales domésticos como ovejas, cerdos y, de forma crucial, la cabra. La cabra se convirtió en el principal ganado y un elemento central de la vida cotidiana indígena. Su importancia iba más allá del alimento, ya que proporcionaba carne, leche, pieles y fibra, e incluso sus huesos se usaban para fabricar herramientas. Además, Rosa Freguel señala que la cabra pudo haber tenido algún sentido ritual, dado que a veces se encuentran huesos de animales en los enterramientos.

El estudio paleogenómico analizó 52 mitogenomas completos de cabras antiguas procedentes de yacimientos que abarcan desde el periodo romano hasta la etapa colonial. El objetivo era obtener una visión complementaria a la historia humana, ya que la historia genética de los animales domésticos debe ser paralela a la de las personas que los trajeron.

Una de las conclusiones fundamentales del estudio es que las cabras indígenas canarias tienen un origen norteafricano y de Oriente Medio. Este hallazgo encaja con lo que ya se sabía sobre los colonos humanos, que también vinieron de poblaciones del noroeste de África. Clara Díaz Pérez aclara que la similitud con Oriente Próximo se debe a que, tras la domesticación de las cabras allí, hubo un retorno de estos animales domesticados por todo el norte de África. Los estudios, por tanto, apoyan las tesis actuales sobre la llegada de pobladores norteafricanos. Lo más lógico, según la información arqueológica y los datos genéticos, es pensar que las cabras provenían de las mismas poblaciones que los seres humanos.

Los datos sugieren que la llegada de los pobladores no fue un evento casual. Rosa Freguel subraya que cada vez está más claro que la colonización fue una «empresa colonizadora muy bien pensada y muy bien organizada». Los colonos lograron establecer y mantener poblaciones de animales en siete islas insulares a lo largo de 14 siglos. Llegaron con un número suficiente de cabras para establecerse, lo que descarta la idea de que fueran solo «un par de personas despistadas». Además de cabras, trajeron ovejas, cerdos, posiblemente perros y gatos, y plantas domésticas como cebada, avena e higueras.

Adaptación y Continuidad Genética

A pesar de que el archipiélago presentaba territorios muy duros y la supervivencia era difícil (lo que se evidencia en los restos momificados de los antiguos habitantes), los colonos tuvieron éxito en ambientes muy distintos, desde islas con más recursos como Gran Canaria o Tenerife, hasta las más limitadas como El Hierro, Lanzarote o Fuerteventura.

Las investigadoras observaron una continuidad temporal en los linajes genéticos de las cabras incluso después de la conquista. Rosa Freguel explica que los europeos adoptaron los rebaños aborígenes en lugar de traer los suyos, principalmente debido a la adaptación. Los europeos se dieron cuenta de que no tenía sentido intentar implementar rebaños de la península, ya que existía una especie local «extremadamente adaptada al medio» y explotada con «completa perfección» gracias a los conocimientos tradicionales aborígenes.

El análisis de ADN mitocondrial (estudiado primero porque hay muchas copias en cada célula, facilitando su rescate en material antiguo) reveló una baja diversidad genética en las cabras aborígenes. Esta baja diversidad apunta a un Efecto Fundador, explica Clara Díaz Pérez. Esto significa que, si bien en el continente existía un grupo muy grande y genéticamente diverso, solo un número reducido y menos diverso llegó a las islas.

Esta baja diversidad, junto con el hallazgo de tipos de mitocondrial derivados que son específicos de cada isla, sugiere que, a pesar de las colonizaciones iniciales, el flujo genético con el continente se interrumpió en algún momento. La excepción parcial se da entre Lanzarote y Fuerteventura, donde se detectaron tipos mitocondriales derivados compartidos, lo que podría apuntar a un movimiento entre estas dos islas cercanas.

Además, el estudio reveló un linaje genético que parece ser exclusivo de las cabras de Canarias, el linaje A8. Este nuevo haplogrupo fue encontrado tanto en las cabras aborígenes, como en las romanas, coloniales y actuales. Si bien el número de cabras analizado es limitado y el norte de África es una región poco estudiada, es probable que esta mutación se haya originado en Canarias, dada la llegada de un único tipo genético fundador, o que se detecte en el continente con futuros análisis.

Contactos Romanos y Retos Futuros

El estudio de restos encontrados en el Islote de Lobos, ocupado temporalmente por los romanos, arrojó pistas interesantes. Las cabras de Lobos pertenecían al mismo grupo genético exclusivo de Canarias. Clara Díaz Pérez considera que la hipótesis más probable es que los romanos, que estaban trabajando en Lobos, tuvieran contacto con los indígenas de Fuerteventura y tomaran cabras de esa isla para su consumo.

Mirando al futuro, las investigadoras ya están abordando el siguiente desafío. Aunque el ADN mitocondrial es más fácil de analizar, solo codifica un grupo determinado de genes. Para estudiar las características de adaptación que permitieron a las cabras sobrevivir en entornos como Lanzarote o Fuerteventura, es necesario obtener el genoma completo. Por ello, el equipo está empezando a analizar los genomas nucleares completos de estas cabras antiguas. Además, según Clara Díaz Pérez, han seguido intentando rescatar ADN de ovejas, un material que hasta ahora ha sido más difícil de obtener que el de las cabras.

Este estudio demuestra que, al seguir la pista del ganado doméstico, es posible reconstruir las complejidades de la historia migratoria y la capacidad de adaptación de los seres humanos.

Autor: Juanjo Martín


Archivado en: Revista Hipótesis
Etiquetas:  Artículo, Hipótesis, Universidad de La Lagun

Juanjo Martín
Redactor Hipótesis