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En las Islas Canarias, el agua es un recurso tan vital como escaso. La naturaleza volcánica y la limitada pluviometría han impuesto históricamente restricciones al acceso al agua dulce. Esta realidad, agravada por el cambio climático y un régimen de lluvias cada vez más irregular, ha obligado a la sociedad a desarrollar una cultura de aprovechamiento ingeniosa, siendo el reciclaje del agua una de sus soluciones más importantes.
Hablamos de las aguas regeneradas, aquellas que, tras ser utilizadas, son sometidas a tratamientos avanzados para volver a ser empleadas, principalmente en la agricultura, pero también en el riego de parques, jardines y campos de golf. Esta práctica, que se ha consolidado en las últimas tres décadas con la mejora de las infraestructuras de depuración, es fundamental para aliviar la presión sobre los acuíferos y disminuir el impacto ambiental de los vertidos, especialmente en el medio marino.
Pero, ¿quién garantiza que esta agua sea segura? Es aquí donde entra en juego el Laboratorio de Agua y Medio Ambiente, un espacio dentro del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC) de la Universidad de La Laguna. Su misión es doble: compaginar la investigación científica con la prestación de servicios especializados para supervisar esta calidad hídrica.
La principal tarea del laboratorio es garantizar la seguridad biológica del agua regenerada, un compromiso fundamental con la salud pública. Esto se consigue a través del control biológico de la calidad del agua.
El equipo del laboratorio supervisa rigurosamente que el agua que regresa a los sistemas de riego esté libre de patógenos (agentes infecciosos) y cumpla con todos los estándares microbiológicos exigidos por la legislación vigente. En este sentido, la vigilancia es constante y detallada, abarcando desde las aguas regeneradas hasta las aguas naturales y residuales, e incluso otras matrices ambientales.
La ciencia, a través de la evidencia rigurosa, asegura que esta práctica sostenible no comprometa la salud de las personas ni del medio ambiente. Este trabajo de control es un ejemplo de cómo la Universidad de La Laguna rinde cuentas a la sociedad canaria, ofreciendo el conocimiento que sostiene la seguridad de un recurso tan preciado.
El trabajo del laboratorio va más allá del control hídrico. Como parte integral del IUETSPC, su investigación se extiende a la calidad del aire, un factor ambiental crítico en las islas, especialmente por la frecuente presencia de calima.
Las intrusiones de polvo sahariano modifican de forma significativa la concentración y diversidad de los microorganismos que flotan en el aire. El equipo de investigación se enfoca en entender cómo la compleja orografía de Tenerife —con sus fuertes variaciones de altitud y orientación— influye en la distribución de estas comunidades microbianas, que varían según el origen de las masas de aire.
Para abordar este reto, el laboratorio practica el encuentro entre las ciencias y trabaja de forma multidisciplinar. Colaboran estrechamente con otros grupos de la ULL, como el de Observación de la Tierra y la Atmósfera (GOTA) y el Laboratorio de Física Médica y Radiactividad Ambiental (FIMERALL). Esta visión integral permite evaluar las implicaciones de la calidad del aire sobre la salud humana y el medio ambiente desde perspectivas diferentes pero complementarias.
Además, el compromiso de la ULL trasciende el ámbito local, participando en colaboraciones internacionales de prestigio. Por ejemplo, estudian aspectos tan interesantes como la evolución de la comunidad microbiana en el aire sahariano durante su viaje transatlántico.
Autores: Equipo del Laboratorio de Agua y Medio Ambiente. Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC), Universidad de La Laguna (ULL).
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Laguna