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Cada año, la leishmaniasis amenaza a millones de personas, siendo catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las enfermedades tropicales desatendidas. Aunque solemos asociarla a países lejanos, es crucial entender que España es un área endémica y que el parásito está presente en el archipiélago.
Esta enfermedad es causada por parásitos del género Leishmania, que se transmiten al ser humano a través de la picadura de un pequeño insecto, el flebótomo, similar a un mosquito. La infección puede manifestarse de varias formas: desde lesiones cutáneas (la más común) hasta la leishmaniasis visceral, la más grave y potencialmente mortal, que ataca órganos vitales como el hígado y el bazo.
La situación es especialmente delicada en nuestro entorno porque los perros infectados actúan como los principales reservorios del parásito, convirtiéndose en una fuente clave de transmisión para las personas. Esto resulta particularmente preocupante para aquellos con un sistema inmunitario debilitado, que tienen un riesgo mayor de desarrollar las formas más severas de la enfermedad.
El Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC) de la Universidad de La Laguna se dedica a desentrañar los mecanismos biológicos de este parásito para encontrar nuevas estrategias de tratamiento. Nuestro trabajo se centra en comprender una batalla que ocurre a nivel microscópico: la lucha entre el parásito y las células de nuestras defensas.
Cuando el parásito Leishmania infantum (responsable de la leishmaniasis visceral) entra en el cuerpo, su objetivo principal son los macrófagos. Estas son células de nuestro sistema inmunitario cuya función natural es devorar y destruir a los invasores. Sin embargo, Leishmania es un maestro del engaño: en lugar de ser eliminado, sobrevive y se multiplica dentro del macrófago.
¿Cómo lo consigue? La respuesta está en el metabolismo. Imagine que el macrófago es una cocina celular: contiene todos los ingredientes y la maquinaria para vivir. El parásito, como un cocinero intruso, reprograma el metabolismo de la célula anfitriona para obligarla a producir los nutrientes específicos (como ciertos aminoácidos y lípidos) que él necesita para multiplicarse y sobrevivir.
En esencia, el parásito toma el control de la cocina del macrófago, asegurando su propio alimento y, al mismo tiempo, debilitando la respuesta inmune de la célula anfitriona. Este proceso de manipulación bioquímica es clave para que la infección se establezca y progrese.
En el IUETSPC, nuestra investigación se centra en identificar qué señales bioquímicas y qué procesos metabólicos son alterados por el parásito L. infantum. El objetivo es encontrar una forma de revertir esa manipulación.
Si logramos entender los cambios metabólicos e inmunológicos que caracterizan la infección, podremos identificar moléculas que sirvan como dianas terapéuticas. Esto nos permitiría actuar en dos frentes simultáneos:
Matar al parásito de forma más efectiva y reprogramar el sistema inmunitario del huésped para que recupere su capacidad de defensa, favoreciendo la curación y controlando la infección de manera más eficiente.
Este conocimiento no solo nos permite comprender mejor el comportamiento del parásito y la respuesta del organismo, sino que abre la puerta a soluciones innovadoras para una enfermedad que actualmente depende de tratamientos prolongados y, a menudo, tóxicos.
Autores: Elva Vega García y Emma Carmelo Pascual.
Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC), Universidad de La Laguna (ULL) y CIBER de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC).
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Laguna
Obstetricia y Ginecología, Pediatría, Medicina Preventiva y Salud Pública, Toxicología, Medicina Legal y Forense y Parasitología
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