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Las amebas de vida libre son microorganismos unicelulares que habitan en casi todos los rincones acuáticos de nuestro planeta, desde el suelo hasta el agua dulce. La mayoría son inofensivas, pero algunas especies, bajo ciertas condiciones, pueden ser causantes de infecciones graves en humanos. Entre ellas, ninguna despierta tanto temor como Naegleria fowleri, mundialmente conocida como la «ameba comecerebros».
Este aterrador apodo, si bien dramático, no es exagerado. Este patógeno es el responsable de la meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una infección cerebral fulminante cuya letalidad es altísima: supera el 97% de los casos documentados. Afortunadamente, es una enfermedad extremadamente rara, con poco más de 400 casos reportados globalmente hasta la fecha.
El Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC) de la Universidad de La Laguna, se ha posicionado como un centro de referencia en el estudio de este parásito, aportando conocimiento esencial tanto para el diagnóstico como para la urgente búsqueda de tratamientos eficaces.
La clave de la persistencia de Naegleria fowleri es su capacidad para adoptar tres «disfraces» o estadios fenotípicos para sobrevivir:
Trofozoíto: Es la forma activa y voraz, la que se alimenta y se reproduce. Es también la única forma infecciosa.
Quiste: Es la forma de resistencia. El parásito se envuelve en una cáscara protectora para sobrevivir a condiciones adversas, como la sequía o la presencia de desinfectantes.
Flagelado: Una forma móvil que utiliza dos «colas» (flagelos) para nadar rápidamente en el agua.
La infección humana ocurre de forma específica y accidental, generalmente cuando una persona nada o se zambulle en aguas dulces templadas (ríos, lagos, piscinas mal cloradas). La ameba asciende a través de la nariz hasta el cerebro por medio del nervio olfatorio. Una vez allí, el parásito se alimenta del tejido cerebral, causando la inflamación masiva y el daño neurológico que lleva a la muerte en cuestión de días. Es fundamental recalcar que la ameba no se transmite por beber agua contaminada.
Dado que el MAP avanza de forma tan rápida y agresiva, la ausencia de un tratamiento totalmente seguro y eficaz es el mayor problema. El fármaco de referencia, la Anfotericina B, tiene efectos secundarios muy graves y su eficacia es limitada una vez que la enfermedad ha avanzado.
Ante este panorama, la investigación del IUETSPC se ha centrado en la búsqueda de nuevos compuestos antiamebianos, utilizando el conocimiento genético y molecular para probar si moléculas ya disponibles o nuevos fármacos podrían servir como alternativa. Este enfoque, basado en la apertura mental y el valor supremo de la evidencia, ha revelado que algunos medicamentos usados para otras patologías podrían ser eficaces frente a Naegleria fowleri, mostrando niveles de actividad comparables a los de los fármacos más conocidos.
Este trabajo pone de manifiesto una necesidad crucial: la de invertir en la investigación de enfermedades raras pero devastadoras. La Universidad de La Laguna contribuye a este esfuerzo, no solo generando conocimiento, sino buscando activamente soluciones que puedan mejorar el pronóstico de los pacientes afectados.
Aunque Naegleria fowleri es más común en regiones cálidas, el cambio climático podría favorecer la expansión de su hábitat a nuevas zonas geográficas, incluyendo regiones que tradicionalmente han sido más frías. Este escenario obliga a incrementar la conciencia diagnóstica y a reforzar las medidas de prevención.
La prevención es la única herramienta 100% eficaz. El Centro de Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE. UU. recomienda evitar actividades acuáticas en aguas templadas estancadas o, si se realizan, utilizar pinzas nasales para impedir la entrada del parásito.
Aunque sea una enfermedad inusual, su alta letalidad y la escasez de tratamientos eficaces la convierten en un problema de salud pública que requiere mayor atención e inversión. La labor del IUETSPC es clave para educar a la población y a los clínicos, dotarlos de herramientas diagnósticas rápidas y fomentar el desarrollo de estrategias terapéuticas que puedan salvar vidas en el futuro.
Autores:
Javier Chao-Pellicer, José E. Piñero y Jacob Lorenzo-Morales
Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias (IUETSPC), Universidad de La Laguna (ULL) y CIBER de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC).
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Laguna