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Descansamos en una paz fingida, una tranquilidad artificial que nos permite seguir adelante con nuestro día a día. Pensamos que si tenemos un accidente una ambulancia llegará pronto, que si nuestra casa arde los bomberos llegarán raudos y que si, por desdicha, un malote nos atraca, la policía acudirá a nuestro rescate. Lo mismo sucede con el conocimiento.
Pensamos que vivimos en un mundo donde la ciencia impera, donde tenemos asimilado que el conocimiento nos permite vivir con ciertas comodidades, que si nadie pone en duda que su móvil funciona gracias a la ciencia, tampoco pondrá en duda quien gira alrededor de quien en nuestro sistema solar. Pues créeme lector que la cosa no es así.
De la misma manera que podemos fallecer de un infarto esperando la ambulancia, muchas personas ponen en duda la realidad científica de hoy en día. No creen en la tierra redonda, en las predicciones meteorológicas o en las observaciones astronómicas. Se atreven, siendo neófitos absolutos, en poner en duda la opinión de los expertos. Y todo porque han accedido a una información privilegiada, oculta al resto de los mortales, censurada: youtube.
Llega el cometa 3I/Atlas
El cometa 3I/ATLAS (oficialmente catalogado como C/2019 Q4 (ATLAS) antes de su confirmación) es uno de los descubrimientos astronómicos más fascinantes de los últimos años, pues es el tercer objeto confirmado en haber viajado a través del vasto espacio interestelar para visitar nuestro Sistema Solar. Fue detectado en agosto de 2019 por el sistema robótico ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System). Lo que lo distingue de los cometas de nuestro propio sistema es su trayectoria hiperbólica, una curva que indica que su velocidad es demasiado alta para estar ligado gravitacionalmente al Sol. En términos sencillos, el 3I/ATLAS no se formó en nuestra nebulosa solar, sino que fue expulsado de otro sistema estelar y está en un camino que lo llevará a abandonar nuestro vecindario cósmico para siempre. El prefijo «3I/» lo clasifica como el tercer objeto interestelar conocido, después del asteroide 1I/ ‘Oumuamua y del cometa 2I/Borisov. A pesar de su origen exótico, las observaciones espectroscópicas mostraron desde el principio que el 3I/ATLAS exhibía una composición química sorprendentemente similar a la de los cometas formados en la Nube de Oort, la periferia de nuestro sistema, sugiriendo que los procesos de formación de cuerpos helados son similares en distintas regiones de la galaxia. Como un cometa activo, desarrolló una coma y una cola visibles, proporcionando a los astrónomos una muestra directa de material proveniente de otro sistema estelar, una oportunidad invaluable para la ciencia planetaria.
Este astro, cuya única característica “especial” es su procedencia lejana, ha desatado una histeria en ciertos foros magufos, observando en él una nave extraterrestre de excursión por nuestro Sistema Solar.
De dónde viene este problema
El origen de las sospechas y la consecuente controversia científica sobre la naturaleza de este objeto se gestaron en el primer objeto interestelar conocido, 1I/ Oumuamua. Al parecer este astro desarrolló una serie de “anomalías observacionales” que desafiaron las explicaciones convencionales.
Oumuamua fue descubierto en 2017 y, al igual que 3I/ATLAS, se confirmó que seguía una trayectoria hiperbólica, lo que probaba su origen fuera de nuestro Sistema Solar. Sin embargo, su comportamiento mientras pasaba cerca del Sol no encajaba con el de un asteroide o un cometa típico. A diferencia de la mayoría de los asteroides y cometas que tienen formas más o menos esféricas, las variaciones en el brillo de Oumuamua sugirieron una forma extremadamente **alargada y plana**, similar a un cigarro o un panqueque.
Esta fue la clave de la controversia. Tras superar su punto más cercano al Sol, Oumuamua aceleró ligeramente de forma inesperada. Esta aceleración supuestamente no podía explicarse únicamente por la gravedad del Sol y los planetas. Sin embargo, este efecto de aceleración se conoce desde hace mucho tiempo, y se debe a una desgasificación del objeto. A pesar de la aceleración no gravitacional, no se detectó ninguna coma, cola, o actividad cometaria que pudiera explicar la propulsión. Esto llevó a los científicos a debatir qué tipo de fuerza podría estar impulsándolo si no era la desgasificación. Sin embargo, lo que no cuentan los conspiranoicos es que no hay muchas imágenes de este objeto, ya que se descubrió cuando se alejaba de nosotros. Estos endebles misterios iniciales abrieron la puerta a que se propusieran hipótesis menos convencionales para explicar su movimiento.
El astrónomo Avi Loeb, profesor de la Universidad de Harvard y ex presidente de su departamento de Astronomía, se convirtió en la figura central de la controversia al proponer una explicación radical para las anomalías de ‘Oumuamua.
En una serie de artículos científicos y, más tarde, en el libro de divulgación “Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth” Loeb argumentó que la forma atípica de ‘Oumuamua y su inexplicable aceleración no gravitacional eran mejor explicadas si el objeto fuera una pieza de tecnología artificial, o un artefacto de una civilización extraterrestre avanzada. Loeb propuso que la aceleración anómala podría explicarse si Oumuamua fuera una “vela solar” (un objeto propulsado por la presión de la luz solar) extremadamente delgada. Si fuera lo suficientemente ligero y reflejante, la presión solar podría impulsarlo sin necesidad de liberar gases, lo que concordaría con la falta de una cola visible.
Las propuestas de Loeb generaron una intensa fricción dentro de la comunidad astronómica. La mayoría de los científicos rechazó esta hipótesis por considerarla especulativa, sensacionalista y por violar el principio de la Navaja de Ockham (de la que sabemos mucho en esta sección).
Después de la gran repercusión que tuvo su alocada teoría con el objeto de nombre hawayano, ahora ha vuelto al ataque con el 3I/Atlas. Lo que el astrónomo no ha ponderado (o si) es que al calor de su duda han surgido teorías disparatadas que afirman que el trozo de hielo es, en realidad, una nave extraterrestre. Tanto ha sido así que muchas personas se han confesado preocupadas por el destino del cometa ¿Será el fin del mundo?.
El peor daño que este tipo de conflictos genera no es el referido a este caso en concreto, al final el 3I/Atlas pasará y todos lo olvidaremos. La auténtica víctima de este caso es el descrédito al que se le ha sometido a la ciencia, una muesca más en su delicado estado de salud.
Autor: Juanjo Martín
Archivado en: Revista HipótesisEtiquetas: Artículo, Hipótesis, Universidad de La Lagun