El Observatorio de la Inmigración de Tenerife (Obiten) ha celebrado hoy, jueves 4 de diciembre de 2008 en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de La Laguna, su octava jornada técnica, que en esta ocasión abordó el tratamiento que los medios de comunicación realizan del fenómeno migratorio. Para ello, se ha contado con la presencia de especialistas tanto del mundo académico como de la profesión periodística, para abordar el asunto mediante conferencias, mesas redondas, exposiciones y proyecciones de documentales.
En el acto de inauguración estuvieron presentes la vicerrectora de Relaciones Universidad y Sociedad de la ULL, Mª Gracia Rodríguez Brito, y el consejero insular del Área de Economía y Competitividad del Cabildo Insular de Tenerife, Carlos Alonso Rodríguez.
La vicerrectora relató que la relación entre medios e inmigración había formado parte de todas las sesiones de Obiten desde su cuarto año, y por ello se había decidido que tenía la entidad suficiente para protagonizar una jornada completa de manera monográfica. Asimismo, resaltó que un evento como este, que relaciona un fenómeno tan actual como es la inmigración, con un sector tan determinante en la creación de opinión pública como es la prensa, demuestra el interés que existe por arte de las autoridades académicas por acoger actividades de clara implicación con los asuntos sociales.
Por su parte, Alonso Rodríguez reflexionó que durante años la sociedad tinerfeña ha vivido la realidad de África, que es su entorno geográfico más inmediato, con cierto ensimismamiento. “Conocíamos la realidad de esos países, pero en nuestra vida cotidiana nuestras relaciones sociales y económicas se centraban en los países del Norte, que representaban aquello a lo que aspirábamos”. La llegada de pateras y cayucos rompió es ensimismamiento, pues significó el “impacto local de un fenómeno global: la inmigración”.
Errores de los medios
Tras la presentación, Xavier Giró, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del Observatorio de la Cobertura de conflictos de dicha institución, ofreció la primera conferencia de la jornada. En ella ofreció datos de un estudio realizado hace algunos años sobre el tratamiento en prensa de la inmigración, y resaltó algunos de sus errores más comunes.
El estudio se centró entre octubre de 1999 y julio de 2002, y en el se analizaron fenómenos generales relacionados con la inmigración, como los episodios de ablación, la prostitución, los menores delincuentes y las pateras, y también la cobertura que se dio a casos concretos, como los conflictos en El Ejido, la oposición ala construcción de una mezquita en Premiá, la tramitación de la Ley d extranjería o los encierros de inmigrantes en iglesias catalanas, entre otros.
Se realizó un estudio exhaustivo de todo ese material informativo, intentando responder a tres cuestiones básicas: ¿Ha sido una cobertura compleja, profunda y plural? ¿Respeta la deontología periodística? ¿Refuerza o debilita las ideas racistas y xenófobas?
El especialista reconoció que se trata de un asunto difícil de abordar, y que algunos de los errores que se cometían estaban motivados por la buena fe de los periodistas, que yerran sin ser conscientes de ello. “Debemos ser capaces de autocrítica, y también de reconocer errores pero no tener miedo a cometerlos. Seguramente, si hoy leemos algo que escribimos hace cinco años nos asombraríamos con cosas que dijimos. En este asunto todos vamos cambiado con el tiempo”.
Entre los errores comunes, Giró mencionó que los medios hurtan la voz de los inmigrantes, para dejar que los políticos y sus argumentos frecuentemente electoralistas ocupen el primer plano. Tampoco se suele ofrecer el parecer de las ONG o los sindicatos, que son entidades públicas que también tienen algo que decir sobre el asunto. Y cuando participan, lo hacen para hablar “en lugar de” el inmigrante. “Los verdaderos protagonistas de la noticia rara vez participan. Se aducen problemas como el idioma, pero si hay interés, se puede resolver con traductores”.
Otra crítica es que se trata al inmigrante como sujeto económico, no como a un ser humano, momento en el que el ponente ironizó con la frase “queríamos trabajadores y nos vinieron personas”. En ese punto, condenó la visión utilitarista que se ofrece de este colectivo, ya que se defiende su llegada “porque son útiles” para la economía. “Pero, ¿qué pasará cuando no lo sean? Con estos argumentos, se sientan las bases par aun futuro rechazo”.
El ponente también recordó un error que, en este caso, no es exclusivo del tratamiento informativo de la inmigración, sino de todos los asuntos: la falta de seguimiento. Con ellos se refería a que cuando un hecho concluye, no se relatan sus consecuencias, normalmente porque estas son menos espectaculares y difíciles de vender mediáticamente. “Por ejemplo, nos informan de que detiene a una red de prostitución, pero nunca sabemos qué pasó luego con esas mujeres, si se fueron, si las encarcelaron, si buscaron otro trabajo”.
También es usual olvidar los derechos legales de los inmigrantes, incluso cuando estos ya han legalizado su estancia en el país. En el caso de la mezquita de Premiá, se hizo hincapié en los vecinos que se oponían a ella y en los argumentos de los musulmanes referidos a la libertad religiosa. Pero nunca se mencionó que la comunidad islámica había adquirido legalmente el solar y, por tanto, tenía derecho a construir lo que quisiera. “Finalmente, la mezquita no se hizo y la congregación acabó en una nave industrial a las afueras. Eso está ocurriendo mucho: se está echando a los musulmanes a rezar al extrarradio, impidiéndoles hacerlo en su vecindario. El que no quiera ver que ahí está germinado un conflicto, que no lo vea”, sentenció.
En ocasiones se da una visión del inmigrante como problema en sí mismo, sin dar información sobre su contexto y circunstancias. Así, los menores de esta condición son retratados como “conflictivos”, en lugar de “parte de un conflicto”. El matiz es importante para el ponente, que puso como ejemplo a los pedagogos: cuando un niño tiene dificultades de aprendizaje, nunca se le dice “eres mal estudiante”, sino que está haciendo algo mal. De este modo no se marca al individuo y se reconoce su capacidad para solucionar el problema, algo que no se ha hecho con los menores inmigrantes, tachados como ”malos” a secas.
El ponente reiteró las dificultades para presentar soluciones a estos problemas, ya que el tratamiento informativo está muy determinado por unos métodos de trabajo en los que la prisa y la necesidad de llenar espacio no ayudan. Reconoció que hay muchos desafíos por cumplir, como la terminología: ya no se habla de “ilegales”, sino de “irregulares”, pero en la práctica, para el público significan lo mismo “porque no se trata de cambiar la palabra, sino la idea que hay detrás, y eso es complicado”.
