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Comunicación al servicio de la ciencia y la ciudadanía

miércoles 07 de marzo de 2018 - 11:33 UTC

Magis Iglesias, entrevistada en la Facultad de Derecho de la ULL

Magis Iglesias es una periodista de dilatada experiencia profesional que ha desarrollado gran parte de su carrera en el grupo Vocento, especializada en información política y parlamentaria, que en los últimos años se ha centrado en la comunicación institucional, especialmente en la promoción de la Marca España. También tiene experiencia como docente universitaria y comunicación científica, y de todo ello pudo hablar en la Universidad de la Laguna, durante las Jornadas Doctorales que la Escuela de Doctorado y Estudios de Posgrado organizó en febrero.

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Hablemos de la ponencia que ha presentado, sobre las herramientas para la comunicación científica.

He situado la intervención en el trabajo de comunicación que es inherente a la propia labor de los investigadores, estudiosos e incluso de las instituciones. Es indudable que, si un estudio o un descubrimiento no se da a conocer a la sociedad donde ha surgido, apenas tendrá efecto. Ahí he utilizado el axioma de la comunicación “lo que no se conoce, no existe”, como motivación para que los investigadores entiendan que, al mismo tiempo que hacen un estudio, tienen que transmitirlo de una manera adecuada y, por lo menos, con un cierto criterio dentro de un parámetro sistemático, de un plan de comunicación.

 

En ese proceso, ¿intervendrían los profesionales del periodismo o tendría que ser el propio científico quien se encargara de la comunicación?

En el mundo actual, la comunicación es un diálogo permanente con distintos emisores y receptores interactuando de forma simultánea: el receptor se convierte en emisor y viceversa. En ese panorama, he distinguido el periodismo como una labor social, un compromiso del profesional para garantizar la información veraz. Por lo tanto, tenemos en ese espacio a los periodistas como profesionales cualificados.

Según las características del objetivo que tenga el investigador y de lo que quiera dar a conocer, de cómo quiera presentarse ante la sociedad o cómo quiere que sea percibido su trabajo, utilizará unas u otras herramientas. Pero yo entiendo que todas son complementarias. Sin duda, la más cualificada y la que tendrá mayor influencia será la intermediación periodística, pero hoy en día es imposible mantenerla aislada del resto de impactos. Por lo tanto, hay que hacer una estrategia global.

 

¿Qué papel tienen los medios 2.0 y su inmediatez en esta estrategia?

Como diría el profesor Javier Echevarría (que también intervino en las jornadas), el cambio tecnológico ha producido un cambio sistémico. El ocio se ha convertido en el rey del tiempo del ciudadano. Los hábitos de consumo, tanto de la cultura como del conocimiento, se han acercado mucho más al espacio de ocio y la búsqueda de la información veraz sólo se ha producido en una segunda ola.

Hoy en día el ciudadano receptor de la información está perdido porque no sabe distinguir dónde está la verdad de todo lo que le llega en ese flujo informativo permanente. Por tanto, quien sea capaz de etiquetarlo, empaquetarlo y presentarlo de la mejor manera posible y utilizar una fuente de buena calidad, triunfará. Pero tiene que saber hacerlo y tiene que saber colocarlo.

Los periodistas son los profesionales, pero es imposible que el investigador se aísle y lo deje todo en manos de los periodistas. Vivimos en un mundo globalizado donde los impactos de la información viven con nosotros. Por lo tanto, el periodismo es un elemento más –para mí, el de mayor influencia y el más valioso para posicionarse- pero el propio investigador tiene que plantear su trabajo y su estudio de acuerdo con esa respuesta que tiene que dar a la sociedad y demostrar que ha hecho algo útil y provechoso para todos. Y ahí es en donde está su responsabilidad en cuanto a la comunicación.

Según en qué caso, y eso es lo que he presentado hoy, sería necesario utilizar unos medios u otros, teniendo en cuenta que todos son complementarios. Lo ideal sería utilizar cada uno en el momento adecuado para conseguir el objetivo más idóneo para que la sociedad asuma, conozca y se comprometa con los proyectos que dan a la luz los investigadores, que son los que tiene la fuente, el material informativo, tiene lo más valioso.

 

Pero imagino que se producirán caso de que haya determinado tipo de investigación que se más fácil de comunicar que otros.

Sin ninguna duda, pero todo tiene una traducción, incluso las matemáticas o un algoritmo. Me explicaba un profesor que se ha descubierto que el tejido de las mujeres cuando hacen punto o telas, utiliza algoritmos que se están investigando con herramientas tecnológicas, porque ahí hay un conocimiento. Por lo tanto, todo es susceptible de ser traducido a la comunicación.

Hay que saber hacerlo, claro. Hay que saber buscar qué soy, qué quiero ser, qué quiero comunicar a la ciudadanía. Y luego la segunda parte: qué espera la ciudadanía de mí, qué me demanda.

Al ciudadano le interesa, fundamentalmente, la salud y la cartera. Todo puede ir por ahí, aunque luego hay, evidentemente, otros intereses como la ecología, los derechos, etc. Pero el investigador ya no puede vivir aislado, tiene que traducir todo lo que investiga en elementos que favorezcan o proporcionen más felicidad a la sociedad que le rodea.

 

En su opinión, ¿cómo considera que se está desarrollando la comunicación científica en España? ¿Cree que los organismos de investigación lo están haciendo bien?

Yo creo que se puede hacer bastante mejor, y no dejarlo todo en manos de los organismos de investigación. La divulgación es muy importante y significa salir del “gueto” de la investigación, de la seriedad del investigador, y hacer llegar la parte de ese trabajo que el usuario pude comprender y le va hacer la vida más fácil o le va ayudar a entender el mundo.

Puede ocurrir que el resultado de un estudio se trasforma en algo tangible, o como diría el profesor Echeverría, en el que tras investigar se llega a innovar. No es lo mismo tener la notica de un descubrimiento que provocar innovación; y para ese proceso, que es el que provoca cambio sistémico, es necesaria la comunicación.

 

Cambiado de tercio para hablar de su trayectoria. Hasta hace no mucho, llevó la comunicación de Marca España y estuvo vinculada al Ministerio de Exteriores. Pero antes, ha sido una periodista con larga experiencia parlamentaria. ¿Cómo se vive estar a un lado y a otro?

Es muy enriquecedor porque complementa de una manera clarísima el trabajo del periodista que busca una información para ser útil a la sociedad. Desde el otro lado, trabajas con exactamente los mismos principios de nunca mentir –que es uno de los mensajes que dejé hoy clarísimo- y nunca perder de vista el interés común, el interés de la sociedad a la que sirves. No hay otro jefe que pueda tener un comunicador que no sea la sociedad, es la autoridad a la que obedece. El periodista tiene que descubrir e investigar para hacer un control social. En cambio, el comunicador tiene que comunicar cosas buenas.

Yo no me he dedicado a la política, imagino que quienes se han dedicado a ella tendrían que comunicar los objetivos políticos de los líderes o de los partidos. Pero en este caso, yo hice coordinación de las casas del ministerio –Casa Asia, Casa América, Casa Sefarad, Casa Árabe, Casa Mediterráneo…- en un momento de crisis, en 2012, en el que las casas tenían que convertirse en agentes de comercialización del país, de búsqueda de riqueza para nuestras empresas y mejora de nuestra imagen en las distintas regiones del mundo. Por lo tanto, eso exigía un cambio total de enfoque de su comunicación, que es un poco de lo que he hablado: primero hay que preguntarse qué quiero ser, qué soy en el mundo, cómo me ven. Y luego, qué quiero hacer: si quiero definir la cultura o atender a los ciudadanos de esa región o, realmente, quiero vender España como un país en el que merezca la pena invertir, atender a sus líderes, ofrecer posibilidades de crecimiento.

A partir de ahí, monté un sistema de comunicación en el Alto Comisionado, una oficina instalada físicamente y dependiente orgánicamente del Ministerio de Exteriores, pero nombrada por el Consejo de Política Exterior, que debía aunar todos los intereses de España como país para su proyección exterior. Es una figura parecida a los altos comisionados que tiene, por ejemplo, la ONU para casos particulares y trabajan como una oficina autónoma. Posee una visión coordinada de todo porque Marca España no es solo la imagen de España en el exterior, sino en todo: turismo, agricultura, arte, innovación, etc.

La parte de innovación la trabajamos muchísimo, y hay un gran desconocimiento incluso en la propia población de los grandes talentos que tiene este país. La materia existe, sólo hay que saber difundirla. Y cuando llegué, encontré que había materia muy buena y cosas que nadie conocía. Incluso huellas que ha dejado la historia de España en otras partes del mundo que los propios españoles desconocemos y, en cambio, en esas partes del mundo sí tienen la referencia de los españoles. Hablo, por ejemplo, de Estados Unidos, donde tienen muy claro que les ayudó en su independencia un español, o que introdujo muchos elementos de su cultura que han asimilado como propios

Dar a conocer eso es un placer, pero hay que hacerlo de manera profesional. Nos quedan muchos años por delante porque es algo que no había hecho España nunca, mientras que todos los países avanzados tienen una marca-país y la están trabajando. No nos podemos quedar atrás.

 

Y hay que tener en cuenta que esta marca comenzó a trabajarse durante un periodo de crisis.

Es más complicado, pero también más gratificante. En estos cinco años -sin que tuviera nada que ver con mi trabajo, obviamente, no me lo puedo atribuir- España ha dado un salto impresionante en todos los ránquines mundiales en cuanto a la imagen que tenía durante la crisis, cuando estuvo a punto de entrar en quiebra rotunda y ser intervenida. En ese momento es cuando se crea la oficina y se empieza a ver que aquí hay cosas que tienen que ser valoradas y nos tienen que ayudar a salir de este agujero. Y la salida ha sido muy importante.

Yo no comparto que la recuperación sea total, porque los ciudadanos todavía padecen consecuencias de la crisis y creo que, por desgracia, nos ha colocado en una situación de una gran desigualdad, ha cambiado totalmente al país. Pero, sin embargo, de aquel agujero negro en el que estábamos logramos recuperarnos.

La crisis trajo un problema de autoestima y de identificación de nuestro país con un determinado partido, un determinado gobierno y una determinada ideología. Ese problema hay que resolver para lograr identificar el país con la sociedad, con cada uno de nosotros.

Y en el exterior fue percibido ese trabajo. En el segundo semestre de 2013 remontamos en todos los ránquines. Los últimos datos -yo creo que irrepetibles- de julio de este año, nos daban unas subidas y unos niveles por encima de los países nuestro entorno, con los que siempre nos hemos medido, y hemos estamos por encima de las percepciones.

 

Hablando de la crisis, quería preguntarle por su impacto en la profesión periodística, dado que ustedes han estado vinculados a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, fue la primera mujer que la presidió. ¿Cómo ha visto la evolución de la profesión en estos últimos años?

Siento decirle que he visto una catástrofe. Como si hubiera venido un tsunami. Cuando a mí me eligieron en 2008, justo al salir de la asamblea en la que fui votada por mis compañeros de toda España, nos llegó la noticia de un ERE de un grupo de comunicación. En la rueda de prensa me preguntaron por ello y lo único que se me ocurrió, por toda la información que tenía, era trasladar un estado de alerta y comunicar a la profesión que eso era la punta del iceberg y que el iceberg iba a emerger y nos iba a afectar a todos.

Pusimos en marcha un observatorio de la profesión, que estuvo activo, que yo sepa, durante cuatro años, y se ha visto la pérdida de 13.000 puestos de trabajo. Lo peor es que los puestos de trabajo que quedan no sólo son subempleos –que eso, por desgracia, ya los teníamos en la profesión y ha supuesto una gran explotación del periodista que toda la vida ha sido así,  porque es una profesión vocacional que uno ejerce 24 horas al día- sino que la situación de las empresas, el cambio del que hemos hablado con las nuevas tecnologías, ha arrasado con todo.

Hoy, por desgracia, es difícil encontrar buen periodismo. Pero soy optimista y creo que lo que dice el director del New York Times, algo que hemos visto los veteranos desde hace tiempo y he defendido y predicado a diestra y siniestra: que el ciudadano necesita información veraz y si hay una demanda del ciudadano en democracia, hay que dar una respuesta.

Sólo hace falta encontrar los emprendedores y los profesionales que sepan acertar con el modelo de negocio. O a lo mejor no debe ser un negocio: eso deberíamos estudiarlo también. Pero mientras eso no se produce, hay que seguir pensado que los valores del periodismo, los principios éticos y todos nuestros códigos están vigentes, porque la democracia está vigente.

Gabinete de Comunicación


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